Drenando ando…

“¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana!

Cuando vi la cara eufórico-arrecha de la señora que me gritaba esa consigna como respuesta a mi planteamiento, entendí que estaba perdiendo el tiempo”

Hoy tenía una cita con mi tocaya OlgaK () en los Palos Grandes. Como hacemos desde que nos conocimos, hace tanto tiempo como el que tiene este gobierno en el poder, nos citamos para conversar e intercambiar impresiones sobre lo que está sucediendo. La amistad de OlgaK es una de las grandes adquisiciones que debo a esta etapa política de Venezuela.

Camino a la cita, llegando al distribuidor Altamira, saqué mi celular, a riesgo de un robo o una multa, para fotografiar una cantidad impresionante de vehículos oficiales, identificados como “Unidades de Patrullaje Inteligente” que estaban estacionados en la zona del módulo en el distribuidor y en la esquina del Banco del Libro, subiendo hacia Altamira. Un poco más adelante, en la cola que estaba armada antes de llegar a la Plaza Francia, las monté directamente en twitter. (Fueron 3 tuits, aunque sólo dos llegaron a salir, y los podrán ver, con fotos, en mi TL @olgaramos)

Estando estacionada en la cola, se me acercó un muchacho a entregarme un volante sobre la protesta que estaba adelante. Bajé el vidrio y me fijé, en la distancia, que una camionetica por puesto que tenía rato viendo, parada en la Francisco de Miranda, aún no había cruzado la protesta, por lo que le comenté al muchacho, que entendía la protesta, pero que era importante pensar en esa gente que iba en la camionetica que, seguramente, mucha de ella se había levantado a las 4 de la mañana para llegar a su trabajo y garantizar la comida de sus hijos ese día, y que a esa hora iba de regreso a su casa, cansada, quizá sin comer bien, parada en esa camionetica con fatiga y que así no les iba a llegar el mensaje que querían comunicar con motivo de su protesta y mucho menos iban a poder ganárselos para la lucha. El chico, muy amablemente, me dijo que entendía, pero que los muchachos que estaban en la intersección estaban haciendo un embudo y decidían cuando pasaba la gente.

El chico siguió haciendo sus entregas y yo seguí estacionada en mi cola.

En eso pasaron dos chamos que parecían estudiantes. Los llamé y les pregunté que si estaban en la protesta. Como me dijeron que sí, comencé a comentarles lo mismo que a su compañero, utilizando de ejemplo la misma camionetica que aún no se había movido. Estos dos me miraron con cara de “¿qué le pasará a la vieja esta?” y cuando insistí en que era importante lograr la empatía con la gente, uno de ellos señaló la trompa de mi carro, vi que el carro de adelante se había movido un metro y me dijo, en tono de burla, “fíjese, Usted está trancando el tránsito, muévase”, se dio media vuelta, chocó los 5 con su amigo y ambos se fueron riendo calle abajo, en dirección a la Torre Británica.

Adelanté un metro, al rato apareció otra chica y un poco más atrás había otro muchacho haciendo lo mismo, repartiendo el mismo volante a los carros, cuando ella se acercó a mi ventana, adivinen lo que hice: le expliqué de nuevo la importancia de generar empatía con el que piensa diferente, les comenté, ya a ambos, porque el otro muchacho también se acercó, que pensaba que muchos de los que no estaban en la lucha no eran precisamente indiferentes y que había que buscar formas más creativas e inteligentes de llegarles. Les propuse que, en lugar de hacer el embudo trancando el paso, que podrían dejar un canal abierto para que pasaran más rápido todos, en especial las camioneticas, autobuses y metrobuses y que ellos podrían irse a 5 cuadras de la plaza, montarse en las unidades de transporte, repartir directamente en las unidades los volantes a las personas y conversar un poco con ellos, para generar acercamiento y bajarse cuando llegaran a la plaza para mantener su punto de protesta. La chica me dijo que era usuaria de las camioneticas y que entendía como se podían sentir esas personas, por lo que le dijo a su compañero que le parecía razonable mi lógica y se fue a la esquina a hablar con otros muchachos.

Como no tenía otra cosa que hacer, mientras estaba en la cola, me puse a hablar con estudiante, joven y manifestante que tuviera cerca, hasta que finalmente llegué a la intersección. Allí, como me quedé en la mitad sin poder avanzar, comencé a conversar con tres personas de las que estaban en la calle. A ellos les comenté la importancia de la empatía, les dije lo mismo que a los anteriores, pero esta vez no corrí con tanta suerte y los señores, esta vez no eran muchachos, comenzaron a increparme. Les expliqué que tenía muchos años en ésto y que a mi no tenían que convencerme de la importancia de la protesta, pero ellos seguían subiendo el tono y terminamos discutiendo a todo volumen. Uno de los manifestantes argumentaba que si la gente que iba en las camioneticas se paraba a trabajar a las 4 am, y estaba agotada a esa hora, que él se había parado a manifestar a las 5 am. Confieso que aún no entiendo la lógica de su argumento.

En medio de la acalorada discusión, unas mujeres comenzaron a corear, con cara de arrechera y mirándome: ¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana! Como dije al principio de este escrito, cuando les vi la cara, entendí que estaba perdiendo mi tiempo, no era esa la manera, ni el lugar de llegarles, por lo que me monté en el carro para irme. Esperando que se abriera el paso, ellos seguían gritando y me chocó un motorizado, que siguió como si nada. Obviamente, me bajé molesta a ver lo que le había pasado a mi carrito y en ese momento, un grupo de estudiantes se acercó y pedí conversar con ellos de nuevo.

A pesar de que entre ellos seguía el Sr que argumentaba que él estaba ahí desde las 5 am y, en ese momento me dijo que si ya sabe que hay protesta, “no suba a esta hora por aquí”; en esta última conversación dos cosas marcaron la diferencia: la primera de ellas, fue la actitud de uno de los estudiantes que mostró estar abierto a escuchar y me dijo que entendía mi punto de vista, que ellos estaban haciendo las cosas como creían correcto, pero que obviamente que cometían errores, y que estaban trabajando para mejorar. Él, como los muchachos de antes, los estudiantes (salvo los dos resabiados burlones), tenía una actitud respetuosa de las diferencias y la disposición a conversar con argumentos. A él, como a los otros, agradezco muchísimo su actitud.

La otra cosa que marcó la diferencia y que fue la que realmente calmó a los que seguían cayéndome a gritos para tratar de “convencerme” no sé exactamente de qué, fue que una señora de las que estaba en la manifestación, se acercó y me preguntó: ¿Usted es la de educación, verdad? y yo le dije que sí, a lo que ella se volteó al grupo y les dijo, ella es la de educación, y algo así como que ella es de los nuestros y le ha echado muchas bolas. Agradezco muchísimo también a esa señora, por su amabilidad, pero me preocupó notablemente que no fueron los argumentos ni la actitud abierta del estudiante lo que calmó a los eufórico-arrechos. Si no llego a ser “la de educación”, sino cualquier otra persona, los argumentos no hubiesen valido de nada para el resto de los manifestantes y esa persona hubiese tenido que marcharse con los gritos a cuestas y callarse ante la arbitrariedad de los exaltados.

Al llegar a la Plaza de los Palos Grandes, le comenté lo sucedido a mi tocaya y también le narré como el día que se paró el metro por un daño en un riel y tuvieron que prestar el servicio mediante autobuses de PDV y metrobuses, pasó algo similar; aunque esa noche sólo discutí con una amiga que insistía que era suficiente con lo poco que los dejaban pasar, porque, para ella, el gesto era que los dejaran pasar de vez en cuando.

Le comentaba a mi tocaya que conversé sobre ello con algunos de los presentes, y que me había puesto en el lugar de los que venían parados en las unidades de transporte para tratar de imaginar lo que podían haber sentido al ver a un pocotón de manifestantes detener el tráfico, pensando en lo cada vez más riesgoso que podría ser atrasar la hora de llegada a su zona y el trayecto entre la estación del metro a su casa, que para muchos de ellos, llegar a pie a sus casas, a partir de cierta hora, literalmente, pone en riesgo sus vidas.

Pensé además, en cómo se sentirían rodeados por un grupo grande de manifestantes que les gritaban consignas y me imaginé que me pasara algo similar pero en medio de una manifestación del oficialismo, que sabiéndome opositora o suponiéndome “indiferente”, trataran de convencerme a pleno grito, de que debía pensar como ellos y bajarme del bus para unirme a su lucha.

Pensé en que una “invitación” eufórica y a gritos, probablemente podría producir miedo en cualquiera y en el mejor de los casos, rechazo.

Hoy, experimenté en carne propia, lo que puede sentirse recibiendo ese tratamiento, pero identificándome como opositora en una manifestación en la que un grupito estaba ganado por ese tenor. No puedo imaginar el temor que pueden sentir los no alineados, los desconfiados, los indiferentes y los oficialistas, experimentando como tales, una situación similar.

Esa noche fue muy reveladora. Tuve también otra imagen que me dejó preocupada, sobre todo porque no era la primera vez que la tenía, aunque esta vez identifiqué algo con lo que poder ilustrarla.

A esa hora, era ya de noche y había mucha gente en la Plaza Francia.

Había una clase de medicina, espectacular, no sólo por el tipo de protesta, sino por el excelente profesor que la daba; había grupos haciendo oración y recordando con respeto a los asesinados durante los largos días de protestas; había gente mirando y había gente manifestando.

La mayoría de los manifestantes estaban congregados en la esquina sureste de la plaza. En ese nutridísimo grupo, me llamó poderosamente la atención la cantidad de personas que estaban con pancartas sólo mostrándoselas a los otros que también estaban mostrando sus pancartas, en algunos casos, los más desafortunados, se las mostraban solamente a las espaldas de las personas que estaban delante de ellos protestando, con o sin pancartas.

Muchos de los manifestantes gritaban consignas, algunos lo hacían eufóricos. Mientras estuve allí, vi con mucho interés cómo había manifestantes que se acercaban a los autobuses y les pintaban SOS Venezuela, entre otras cosas, en las ventanas, debo confesar que se veían especialmente simpáticos los autobuses de PDV con esas pintas.

Tomé una foto de un metrobus luciendo un SOS Venezuela en su parabrisas y la subí a twitter con la leyenda “interesante…”.

Pero como les comenté hace poco, me preocupaba la cantidad de gente parada en los autobuses que estaban atrapados en un tráfico detenido por una protesta.

Pensaba en ellos y también en los eufóricos -los eufóricos-arrechos y los simplemente eufóricos-, pensaba en el encuentro de esas dos realidades y lo que podían estar sintiendo los que pensaban diferente atrapados en un autobús, rodeados de gente gritando consignas a esa hora de la noche, y, por alguna razón, me acordé de los trabajadores de los peajes de las autopistas -cuando existían peajes, se cobraba por transitar y el cobro se mediaba con la entrega de una tarjeta (seguramente muy pocas personas recuerdan los peajes y las tarjetas).

La imagen que me asaltó desde mis recuerdos, fue la de una de las tantas largas y lentas colas que se formaban en el peaje de salida de Caracas o el de llegada a Valencia, en la que los trabajadores salían de la caseta y comenzaban a abanicar frenéticamente la tarjeta que tenían en la mano, como si con ese sencillo acto, contribuyeran a aligerar y progresivamente eliminar la cola, mientras para cualquier espectador atrapado en la cola sin poder moverse, o avanzando muy lentamente en su carro, se trataba sólo de una imagen inexplicable, una persona blandiendo una tarjeta al viento, derrochando energía inútilmente, drenando adrenalina para sentirse que podía contribuir efectivamente con su trabajo. (Para quiénes no recuerden esa época, basta con que piensen en un fiscal de tránsito, agitando su mano y sonando su pito, en medio de una tranca…)

Y fue justamente esa imagen la que le comentaba a mi tocaya que me impresionó más de aquella noche y que la he visto repetidas veces a lo largo de estas protestas, la imagen de gente que en lugar de enfocar sus energías en acciones creativas, que puedan generar empatía, que tengan un objetivo claro, derrochan sus energías drenando su rabia, su indignación por lo que todos los días sucede y su impotencia ante un gobierno que cada vez hace más derroches de abuso de poder.

Y está bien drenar de vez en cuando, porque somos seres humanos y es sano drenar, pero hay formas y lugares para drenar y la protesta no puede convertirse en uno permanente para ello.

Quiero llamar la atención sobre ésto, porque es importante que se entienda que hay una diferencia abismal entre enfocar la energía en la protesta, pacífica, constructiva, generadora de una salida viable para Venezuela y enfocarse en drenar la rabia y la indignación, corriendo entre otras, el riesgo de echar para atrás a gritos, lo que otros construyen con mucho esfuerzo, que es generar ese espacio de empatía con el que piensa diferente o con el que coincide con nosotros en los motivos, pero no comparte nuestra lucha o nuestra forma de protesta; y también porque tenemos que entender que la lucha es por la democracia, no en contra del que muchos denominan “indiferente”, o de aquel que, por la razón que sea, no nos acompaña en la calle. Tenemos que entender que a todos ellos, nos los tenemos que ganar con perseverancia e inteligencia.

Inteligencia como la que, por ejemplo, se desplegó ayer en la Plaza Brión de Chacaito, con la actividad promovida por los estudiantes y denominada: El que va ganando no tranca la mesa.

Gritarle al otro “despierta”, “reacciona”, “indiferente”, en lugar de sumar, resta.

Generar empatía, construir un espacio de lucha común y superar la tendencia al “drenando ando”, de cada uno de nosotros depende.

Una nota al margen, no tan al margen:

Como dirigente estudiantil que fui en mis tiempos universitarios, creo en los jóvenes de los liceos y de las universidades, creo en su capacidad organizativa, en su capacidad para analizar política y estratégicamente las luchas y trazar rutas creativas, acertadas y empáticas. Creo que son interlocutores válidos y valiosos para cualquier dirigente político de trayectoria, así se lo he hecho saber a algunos amigos que se me han acercado a plantearme la necesidad de “hablar con los muchachos” para “orientarlos”.

Porque creo en ello, cuando converso o discuto con alguno de ellos, los valoro como actores políticos que son y me dirijo a ellos de tú a tú, como pares, como ciudadanos que son, en ejercicio legítimo y valioso de sus derechos políticos y ciudadanos. Espero lo mismo de ellos y de cualquier ciudadano.

Con ellos, como con cualquiera de nuestros representantes electos, o los diversos líderes políticos que hoy tenemos, soy exigente, porque creo en un liderazgo político serio y diferente.

Creo que todos tenemos la responsabilidad y el deber de hacerlo, de tratarlos como líderes y ciudadanos que son, de plantarnos a su lado, de tú a tú, de discutir sobre lo que está sucediendo y la forma que están tomando las acciones de calle, todas, las que nos parecen creativas y las que consideramos pueden convertirse en un error; tenemos la responsabilidad y el deber de hacerles saber que hay muchas muestras de madurez, creatividad e irreverencia en sus acciones de calle, pero también que aún deben discutir más para consolidar la unidad de sus grupos, porque en estos días se aprecian algunas obvias divergencias.

Tenemos la responsabilidad y el deber de debatir con ellos y construir juntos la lógica y el tenor de esta lucha. 

Y tenemos la responsabilidad y el deber de exigirles a ellos, al liderazgo social y al político partidista, que se sienten juntos a debatir y a construir una salida política viable para Venezuela.

 

 

 

¡Menos mal, regresó la normalidad!

Leo algunos mensajes en twitter y facebook que advierten el peligro, o plantean el temor, de que la gente deje las calles y el país vuelva a la “normalidad“. También leo mensajes de algunos oficialistas que celebran, con la llamada “toma militar de Altamira“, el regreso a ella.

Quienes tienen ese temor, o esa satisfacción, dependiendo del caso, creo que no entienden que ésta, la dinámica de protestas y represión que vivimos, es la nueva “normalidad” que tenemos y tendremos, es la única “normalidad” posible en la Venezuela “revolucionaria”, la única “normalidad” viable para garantizar la supervivencia de quién excluye y desconoce al que piensa diferente y sólo sobrevive cuando logra asfixiar, hasta desaparecer, toda disidencia.

Si cesaran las protestas o cediéramos la calle, lo que vendría no sería jamás una vuelta a una “normalidad” precedente. Ni a la pasada reciente que esperan algunos oficialistas, ni a la pasada remota que añoran y desean algunos opositores.

Lo que vendría sería una evolución de la “normalidad” que vivimos, que obviamente, representaría una involución mayor en nuestra vida republicana.

En esa “normalidad” seguiría profundizándose la crisis económica, las empresas seguirían quebrando, los anaqueles estarían más vacíos, las colas se harían más incómodas y recurrentes y la gente se pelearía por agarrar el pollo que le corresponde esa semana, de acuerdo a lo que dice su tarjeta de racionamiento.

Nuestros jóvenes seguirían emigrando, pero lo harían por tierra, ya que sería más difícil conseguir pasaje en los pocos vuelos que entren y salgan de Venezuela. Mientras tanto, los “enchufaos” de turno pasearían por el mundo con dólares preferenciales o haciendo derroche de recursos mal habidos.

La delincuencia seguiría desatada, pero sentiría el reimpulso de la impunidad renovada, que le daría haber sido protagonista y artífice del éxito oficialista, a puños y tiros, en algunas de las batallas de esta guerra que el gobierno tiene con el pueblo. La Guardia Nacional y la Policía Nacional seguirían en las calles, en las salidas de los metros, en las paradas de buses, en las puertas de las universidades y en las esquinas, “sembrando paz“, requisando a todo el que circula y susurrando temor a sus oídos para que no se le ocurra pensar diferente.

Las cárceles seguirían en franco deterioro y los presos, políticos y no políticos, hacinados y con sus derechos humanos violados, frente al descarado y creciente privilegio que seguirían teniendo los pranes y sus mafias.

Las escuelas seguirían, algunas en terribles condiciones y otras remachadas y retocadas, pero en todas los docentes se verían obligados a aprender y replicar la religión-política, que coloca a Hugo Chavez a la derecha de Dios Padre, o en su lugar, según sea la tendencia.

Los hospitales seguirían sin insumos y las colas de enfermos esperando tratamiento u operaciones, crecería en medida inversamente proporcional a sus esperanzas.

En su esfuerzo por apagar toda opinión libre y disonante, veríamos más intentos de borrar la presencia de las voces disidentes en la Asamblea, allanando la inmunidad parlamentaria de nuestros diputados e imputándoles cargos de traición a la patria por defender nuestros derechos; también seríamos testigos todos los días, de esfuerzos para anular la acción de las personas y organizaciones encargadas de defender los derechos humanos; seguiría la confiscación del poder de las instancias de gobierno de los Estados y Municipios donde no ganó el oficialismo, a través de la reducción de sus presupuestos y de la instrumentación de mecanismos inconstitucionales de “gobierno” paralelo; y continuaría la expansión del monopolio gubernamental de los medios de comunicación, aumentarían las horas de amenazas e insultos en cadena nacional y se incrementaría la mordaza que se impone a periodistas y medios que se atreven a contar al país o al mundo, algo de lo que aquí realmente sucede.

Los empleados públicos seguirían siendo obligados a bajar la cabeza, a vestirse de rojo y a profesar lealtad a la “revolución” apoyando sus actos públicos y privados; terminaríamos de entregar la soberanía y el petróleo a Cuba y tendríamos comisarios políticos y soplones, cubanos y venezolanos, por todos lados. Crecería el número de “beneficiados” por las misiones, pero, por falta de recursos, su instrumentación apelaría a un método de asignación intermitente que dejaría a todos con la esperanza de que su cheque o su beneficio, saliera efectivamente en la tanda siguiente.

En esa evolución de la “normalidad” revolucionaria, se seguiría tejiendo, con la práctica, una instrumentación de la Constitución a la medida, que terminaría violando toda letra que resultara incómoda a la “revolución“; la renovación de los poderes públicos se haría con la señal de costumbre, dejando en los cargos de confianza a los que corresponda, según lo largo del enroque, o a nuevos militantes, tan leales a la “revolución” o más, que sus ocupantes precedentes.

En ella, el odio y la división se profundizarían y el enfrentamiento sería convenientemente callado, por el terror de las armas.

Aparentemente, nada cambiaría, pero todo sería progresivamente diferente.

Así que con la normalidad que tenemos o con la que le seguiría, en la lógica “revolucionaria“, sería imposible volver a algo que se le pareciera a la “normalidad” que unos desean o la que otros recordamos, con o sin nostalgia, porque el pasado, es pasado y ya no vuelve y porque la única “normalidad” posible con esta “revolución” es una que esté alineada a sus ideas y alineada con la sumisión.

Sin embargo, si asumimos al presente y al pasado como oportunidades de aprendizaje, hay una “normalidad” diferente, que sería posible y que, entre todos, podemos construir y hacer viable.

Una “normalidad” en la que Venezuela sean en efecto una República, con ciudadanos responsables y gobernantes, eficaces, eficientes, probos y éticos; con una institucionalidad, en teoría y práctica democrática; un país productor, próspero y creativo, con un Estado que garantice los derechos de todos, sin distingo, que trabaje a fondo por eliminar las desigualdades y la división social y que se encargue de promover una elevada calidad de vida para todos.

Construir esa “normalidad” requiere tiempo, dedicación y esfuerzo, entrega y sacrificios; requiere mantener nuestra voz de protesta, y simultáneamente, reconocer, respetar y aceptar al otro, para iniciar un cambio profundo juntos; requiere, en la intimidad, revisarnos en detalle y dejar los viejos hábitos que constituyen la “viveza del venezolano“; requiere salir a la calle día tras día a ser y construir un país diferente.

Que tengamos una u otra “normalidad“, de nosotros depende.

¡Nos vemos en la calle!

PS: Tal como dicta la “normalidad” y por sugerencia de algunos lectores, hice unos cambios en la “vista” del blog, pero las limitaciones de las plantillas disponibles, no dieron los resultados esperados, así que seguiré buscando opciones y mientras, disculpen el grotesco tamaño del encabezado y de las letras.

Guerra asimétrica como política de Estado

Cuando dos grupos están en conflicto y uno de ellos utiliza estrategias de guerra para la confrontación, estamos en guerra.

En nuestro caso, aunque no queramos asumirlo, el gobierno nos tiene sumidos en una descarnada guerra, una salvaje guerra asimétrica: Paramilitares, GNB y PNB, contra ciudadanos en protesta pacífica.

Opositores al gobierno convocan una manifestación y el gobierno convoca otra. Los opositores anuncian que se trata de una marcha con un objetivo y una ruta determinada, el gobierno, haciendo alarde de su total abuso de poder, no sólo niega el permiso para transitar por esa ruta, sino que convoca su manifestación hacia el mismo punto, o hacia uno que resulte más emblemático para demostrar que sus partidarios tienen pase de cortesía hasta para Miraflores, mientras que todo el que se le oponga tendrá el paso restringido o bloqueado.

Para “neutralizar” la capacidad de movilización de la oposición, el gobierno anuncia la toma de espacios públicos y realización de conciertos, pero también dice, sin que medie pudor alguno, que para manifestar, un municipio caraqueño gobernado por un alcalde de su tolda política, es espacio vedado para la oposición.

Cuanto más restricciones se imponen desde el poder, más manifestaciones convocan y realizan los opositores. El gobierno, para completar su cerco, decide sin motivo, cerrar buena parte de las estaciones del metro para evitar el traslado “inconveniente” de quién quiere protestar en estos momentos.

Pero esta dimensión de la guerra asimétrica tiene otra terrible cara. En las manifestaciones pacíficas de los opositores, ante cualquier excusa y sin previo aviso, la GNB desata una lluvia de gases lacrimógenos de diverso tipo.

Si, ante la lluvia de gases, a los opositores no les da por salir corriendo, les salen también sus dosis de perdigones, aderezados con metras o a disparados a quemarropa.

Pero como la represión no es sólo labor de la GNB o de la PNB, es muy común que las manifestaciones sean agredidas por los grupos paramilitares afectos al gobierno, que hemos visto en innumerables oportunidades protegidos y escoltados por la GNB.

En los enfrentamientos resultantes de la represión a las manifestaciones, muchos periodistas son agredidos y su material es decomisado, para que ni el país ni el mundo se enteren, de primera mano y de buena fuente, lo que aquí ocurre. Algunos han sido detenidos y otros están amenazados por la violencia de los grupos paramilitares.

Estos periodistas, por cierto, como parte de esa guerra asimétrica, tienen restringida también su libertad para informar, ya que la mayoría de los medios de comunicación han pasado a estar controlados por el Gobierno, algunos de los que no están totalmente controlados, se aplican autocensura, y porque las restricciones, como la de no otorgar los dólares para la compra de papel con el que se imprimen los periódicos, ha hecho que varios medios hayan tenido que cerrar y otros, disminuir a su mínima expresión sus versiones impresas.

Pero como si eso no fuera poco, los medios también son acusados de conspiración por el gobierno, y en más de una oportunidad han tenido que enfrentar denuncias ante los tribunales.

Como colofón de la guerra asimétrica en su dimensión comunicacional, es importante recordar que mientras la oposición hace maromas para poder comunicar lo que aquí sucede, utilizando fundamentalmente, SMS, internet y las redes sociales, el gobierno, haciendo alarde de todo su poder y control, realiza interminables cadenas de radio y televisión en las que presenta, no sólo su lectura de la historia, sino su versión de lo que sucede en la cotidianidad, a modo de “historia contemporánea oficial“, aprovechando para insultar y amenazar, para no perder la costumbre, a todo el que ose manifestar o pensar diferente.

En las últimas semanas, tal como sucediera el 11 de abril de 2002, esas cadenas casualmente coinciden con una fuerte embestida de los grupos paramilitares o de la GNB y la PNB a algún grupo de manifestantes, de los que se mantienen a toda hora en las calle haciendo ejercicio de sus derechos políticos.

Esta guerra asimétrica, hasta la fecha, ha tenido cientos de heridos, más de dos decenas de muertos -varios de ellos por tiros en la cabeza-, y muchos detenidos, de los cuales, muchos también han sido torturados. Las cifras con detalle y precisión las llevan actualizadas las organizaciones de defensa de los derechos humanos que han hecho un magnífico y duro trabajo en estos difíciles años y especialmente en estas últimas semanas.

A los jóvenes que protagonizan las protestas, se les persigue, golpea y detiene.

Cuando cae la noche y hasta la madrugada, los grupos paramilitares y la GNB arremeten contra diversos espacios en los que los manifestantes se mantienen haciendo resistencia y como consecuencia del uso ilegal y desmedido de la fuerza, muchos niños y ancianos son afectados, así como todos los ciudadanos que se encuentran resguardados en sus hogares y no están participando de ninguna forma en la protesta. En estas arremetidas se practican allanamientos sin orden judicial, que son ilegales y también violan los derechos humanos de los ciudadanos.

Para rematar este dantesco panorama, ayer Nicolás Maduro, anunció que emplearía “medidas drásticas” para extinguir las protestas. Así el gobierno asume con firmeza su declaración de guerra a quién ose disentir y reclamar y como debe ser poco asimétrica a sus ojos esta guerra, promete darle mayor intensidad.

Pero es menester recordar que esta guerra asimétrica no comenzó el pasado 12 de febrero, ni el 2 o el 4, en respuesta a las manifestaciones de los estudiantes, esta guerra de los violentos contra el país, tiene ya varios años, ha evolucionado en intensidad y forma y se ha nutrido, por una parte, con el discurso incendiario y de odio que han empleado desde antes del inicio de esta etapa, sus voceros, comenzando por el ex-presidente Chavez que desde su campaña electoral, en 1998, profería amenazas contra los políticos del estatus quo; que posterior a su toma de posesión, desde la presidencia, se encargó de insultar y amenazar al sector con el que se planteara el conflicto de turno, incluyendo a la iglesia, para mantener la efervescencia de su mandato.

También se ha nutrido de la promoción del enfrentamiento permanente utilizado como táctica para fomentar la división nacional. Esta tuvo como uno de sus primeros eventos y seguramente ya olvidado por muchos, cuando por televisión, Chavez increpó a Elías Santana, como representante de las organizaciones de la Sociedad Civil en ese momento, a encontrarse, cada uno y frente a frente con su “Sociedad Civil” en una esquina y así medir sus dimensiones y fuerzas.

Pero uno de los alimentos más funestos de esta guerra, ha sido el visto bueno que el gobierno le dio a sus grupos de choque, de “liberación” o de guerrilla, y ahora autodenominados “colectivos”. A esos grupos, totalmente irregulares en la lógica institucional de un Estado, el gobierno, desde sus diversos frentes, los promovió, armó, apoyó y hasta les ha dado informalmente “competencias”, en cadena nacional, para “resguardar el orden”.

Estos grupos paramilitares, que tienen mucho tiempo operando y organizándose a la sombra y con el visto bueno del gobierno, tuvieron como precedente de anuencia para actuar en la calle, en contra de las manifestaciones opositoras, en el 2002, el día que los grupos armados dirigidos por Lina Ron se apostaron frente a una manifestación opositora que protestaba pacíficamente a las afueras de la sede del TSJ, y ante los ojos de la policía y la guardia, la atacaron para sacarla de allí.

Estos grupos paramilitares, se han convertido en el soporte del gobierno y, cada vez mejor armados y organizados, han sido protagonistas también del incremento de la inseguridad en el país y corresponsables de los más de 200.000 asesinatos que hemos tenido en los últimos 15 años. (*)

Estos grupos gozan de total impunidad, ante la mirada cada día menos incrédula de la población.

Impunidad para los paramilitares, como para los pistoleros de Puente Llaguno en el 2002, mientras quién disiente puede tener garantía de cárcel, a pesar de que no medie, para ello, un juicio justo o apegado a derecho. En algunos casos hemos visto con total indignación, como frente a un abuso de poder y violación de los derechos humanos de algún manifestante, el brazo judicial del gobierno en esta guerra asimétrica, termina incriminando a las víctimas y endilgándoles algún delito para garantizar su juicio y potencial condena.

La criminalización de la protesta es también una táctica empleada en esta guerra asimétrica del poder contra la población.

Actualmente, el brazo judicial del poder, tiene el descaro de ordenar a algunos Alcaldes el desmantelamiento de las barricadas ubicadas en sus municipios, omitiendo la que debería ser una orden, sino previa, simultánea, al gobierno nacional, de desarmar a los grupos paramilitares autodenominados colectivos.

Pero la asimetría de esta guerra, en la dimensión judicial, no se restringe a la impunidad de unos y la incriminación de otros, sino que se extiende al mundo de los privados de libertad.

Ya son conocidas por todos, las precarias condiciones en las que se encuentran las cárceles venezolanas y el terrible hacinamiento de los privados de libertad, pero, esta situación por una parte, contrasta con los privilegios que reciben los pranes que en ella habitan y a los que, en muchos casos, el gobierno ha cedido de hecho el control de las cárceles; y por la otra, se hace peligrosamente grave con el trato vejatorio e inhumano al que son sometidos algunos privados de libertad cuyos casos están vinculados con hechos políticos y que, han tenido como consecuencia el riesgo de la salud y hasta de la vida de los mismos. Esta situación en las prisiones, contraviene a todas luces, lo establecido en las convenciones sobre derechos humanos de los privados de libertad.

Pero la progresión de esta guerra asimétrica, tiene muchas otras dimensiones.

Una de ellas se manifiesta, específicamente en los momentos electorales. En esos casos y a lo largo de todo el proceso electoral, hemos estado en presencia de tácticas de guerra asimétrica en las que el gobierno hace uso descarado de los recursos públicos para garantizar la penetración de su campaña por todos los medios -inclusive utilizando regalos masivos de bienes e insumos con la pretensión de obtener votos- y la movilización de los votantes a los centros el día de las elecciones.

Esta movilización, por cierto, está acompañada de una logística previa y en el momento de la votación, que incluye la ubicación de personas, con nombre y apellido y lugar de residencia, el despliegue de una red de búsqueda y traslado a los centros de votación y el pase de asistencia, con firma del votante incluida en los kioskos denominados “puntos rojos” que se ubican en las cercanías de los centros electorales, y también, la vigilancia del votante en el momento de emitir el voto, para que no se “confunda” en su elección.

Estas tácticas electorales son complementadas con las amenazas de rigor, para que los funcionarios públicos y los beneficiarios de las misiones asistan a los actos de campaña organizados por el gobierno; para que, en el momento de la votación, no se quede ninguno de los de sus listas sin votar; y para los quienes tengan preferencia por opciones diferentes a las del gobierno, no puedan ejercer su voto libremente.

A lo largo del día, estas tácticas electorales son acompañadas por acciones de amedrentamiento protagonizadas por los grupos paramilitares del gobierno, que en sus motos recorren las ciudades y que, en horas de la noche, cuando no se han cerrado las mesas o se comienzan a realizar los escrutinios, se apostan afuera de los centros electorales para atemorizar a votantes, testigos y miembros de mesa.

Otra dimensión en la que se observa la progresión de esta guerra asimétrica, es en desarrollo institucional del Estado. En esta dimensión se conjugan múltiples tácticas que se entrelazan con otras dimensiones. Pero específicamente, es importante mencionar la violación permanente de lo establecido en la legislación que establece las bases y las reglas del juego institucional en Venezuela, comenzando por los convenios sobre derechos humanos y por lo establecido en la propia Constitución.

Si nos ponemos a enunciar las violaciones y distorsiones que hemos presenciado en estos 15 años, la lista sería larga. Pero quizá baste como ejemplo, con citar a una de las más ilustrativas de la distorsión institucional que se deriva de esta nefasta práctica, que es la aprobación de un plan de la nación que, en lugar de constituir un proyecto para un país que debe garantizar inclusión y pluralidad política, tal como se establece en la Constitución, se convierte en un instrumento para desarrollar un proyecto partidista específico, el proyecto del partido que se encuentra ejerciendo el gobierno.

Las violaciones registradas en este campo, son agravadas por una instrumentación recurrente del mecanismo habilitante para dejar en manos del poder ejecutivo la elaboración y modificación de los textos legales, desplazando del debate de los representantes del pueblo, electos en cada Estado, y traspasando al ejecutivo el poder para legislar. Y también por una distorsión de la dinámica natural de los espacios parlamentarios, cuando se trata de neutralizar el trabajo de los diputados de los grupos opositores y de todo diputado que disienta del poder establecido, con prácticas vejatorias y antidemocráticas que han incluido restricciones en el derecho de palabra, insultos, abucheos por parte del público presente en las sesiones de la Asamblea Nacional, amenazas y hasta agresiones violentas por parte de otros parlamentarios o de individuos ajenos al parlamento que entraron con la anuencia de la directiva de turno de ese poder.

En esta dimensión, por cierto, se han dado tácticas que se cruzan con la dimensión comunicacional de esta guerra, cuando se ha limitado la entrada a algunos medios y periodistas para cubrir las sesiones de discusión en la Asamblea Nacional.

Son 15 años de una instrumentación progresiva de tácticas y mecanismos que han terminado sumiendo a Venezuela en una terrible guerra asimétrica que tiende a agudizarse en estas últimas semanas con la salida permanente de la población a protestar en las calles y el empeño del gobierno de arremeter contra ellas, en lugar de buscar mecanismos para el entendimiento nacional y la solución a los múltiples problemas que dan origen y sustento a estas protestas.

Frente a eso, por cierto, algunos se preguntarán por la actuación de los otros poderes públicos en los que se debería sustentar la defensa del pueblo y la preparación de los casos en los que se deberían enjuiciar a quiénes comenten delitos y violan los derechos humanos de la población.

Bueno, nuestra historia en esa dimensión está marcada por notable inexistencia de división entre los poderes públicos que hace que la Fiscalía actúe como un instrumento del ejecutivo para dar forma a la criminalización de la protesta y de la disidencia y que la Defensoría pretenda actuar como Fiscalía en algunos casos, pero que termine actuando como Procuraduría en todos, pero en lugar de defender al Estado, se comporte como el abogado defensor del partido de gobierno y sus prácticas de abuso de poder. Para corroborar ésto, basta con escuchar la presentación reciente del informe de la Defensoría del Pueblo sobre las denuncias hechas por las organizaciones que defienden los derechos humanos y ver cómo dedicó gran parte de su intervención a presentar “la historia oficial” de los hechos, y no la información que sustenta los casos de violación de los derechos humanos de los ciudadanos.

Aún faltan por mencionar otras dimensiones en las que se desarrollan y se han desarrollado, durante estos 15 años las tácticas que han sustentado y nos han llevado a este estado de guerra asimétrica. Sin embargo, mencionarlas todas haría demasiado extenso este escrito.

No obstante, hay una dimensión en la que la asimetría de esta guerra, a pesar de estar en su contra, juega a favor de los opositores, esa es la dimensión de las acciones de calle, y aunque parezca paradójico viendo lo que sucede, juega a favor, cuando la ventaja se expresa en otras unidades, porque frente al poderío de las armas del gobierno, frente al constante abuso de poder y la impunidad de los grupos paramilitares, se yergue inteligencia y persistencia incansable de jóvenes estudiantes, liceístas y universitarios; la creatividad de artistas que ponen su grano de arena para promover la reflexión en las calles; la insistencia de los ciudadanos indignados y cansados del descalabro institucional, económico y político en al que se ha llevado el país y el empuje de un liderazgo político que se reconstruye en medio de este proceso, todos ellos, con sus errores y sus aciertos, con sus malas y buenas tácticas, dan un espacio de respiro a la esperanza.

Pero para que este espacio de respiro no se asfixie, requiere revisarse y emprender una ruta de encuentro, desde las bases y con total humildad y reconocimiento del otro, con quiénes, desde otras historias de vida y por razones totalmente valederas, se aproximan a la dinámica del país, desde otra perspectiva, con otras prioridades y otras tácticas.

#SOSVenezuela

(*) Aquí encontrarán una progresión de las cifras de fallecidos por año.

¡Caballos de hierro sitian la ciudad!

El año chino del caballo, comienza con una manada de caballos de hierro sitiando la ciudad.

Hoy la ciudad está revuelta, asustada. El país está enredado tratando de procesar el potencial de los motorizados como comunidad, con sus propias reglas, que es capaz de organizarse y protestar.

Motorizados Unidos de Venezuela se llama la organización que se hizo vocera de la protesta de este viernes.

Su vocero dijo cuatro cosas en sus declaraciones (*) que no podemos perder de vista:

1. “Hemos sido punta de lanza de este proceso, muchas veces hemos tenido choque con la oposición en los momentos políticos que se han dado en Venezuela”

2. “Nos ponen como interlocutor a Gerardo Blyde junto con Capriles Radonski, para que tome una decisión en contra de los motorizados bolivarianos”

En estas dos primeras afirmaciones es obvia la distorsión de lo que sucede. Un problema que es de seguridad y que está abordado por las autoridades con competencia para ello, es planteado como un problema partidista, para el que esta organización pretende “escoger” a sus interlocutores.

Las otras dos afirmaciones, tomadas de la misma fuente:

3. “Nosotros en la calle podemos dar buenos resultados,  tenemos planes de seguridad e inteligencia”

4. “Somos los que estamos en la calle, sabemos cómo,  cuándo y hasta quiénes cometen los delutos”

También presentan una distorsión del problema y la institucionalidad asociada. Los cuerpos de seguridad del Estado son los encargados de los planes de seguridad e inteligencia, pero ellos, los motorizados oficialistas, que son los que están en la calle -ambas cosas dichas por su vocero- tienen sus propios planes. ¿Qué significa ésto para la institucionalidad y en qué se traduce para la seguridad ciudadana? ¿Será que alguno piensa que los ciudadanos tendremos que acudir a ellos cuando uno de sus colegas motorizados no ataque, nos robe o golpee nuestro carro, o cuando saqueen una gandola como la del distribuidor de Los Ruices,  con la muerte del conductor incluida?

Pero la última afirmación es la más grave de todas: ellos saben “hasta quienes cometen los delitos” y me pregunto, ¿lo saben y no lo han dicho a las autoridades? ¿su ética revolucionaria permite que contribuyan con la seguridad, señalando a los que cometen los delitos?

Ellos, como atienden a su propia lógica y enfoque del problema, entregaron un documento al INTT, con exigencias sobre la regulación de horarios y seguridad. Ellos escogieron a su interlocutor, para que les garantice incidir en las decisiones.  No respetan los canales institucionales, pero dicen llamar al “diálogo”. En otro medio, se dice que “los motorizados elevan su voz por la pacificación y una mejor patria”. (**)

Habrá que preguntarles qué significa eso para ellos y si no recuerdan el reglamento parcial de la Ley de Transporte y Tránsito Terrestre promulgada por Hugo Chavez en octubre de 2010 (GO 39.771), en la que se regulaban los términos de circulación de motos y se prohibían cosas obvias, como no circular por las aceras o llevar menores de 10 años en moto, que son cosas que vemos a diario, tres años después,  en la ciudad.

También habrá que preguntarles como calza su visión de “pacificación y mejor patria” con la acción de los motorizados en Ocumare del Tuy, el pasado miércoles, que “protestaban” por el “ajusticiamiento” de uno se los promotores del Movimiento por la Paz y la Vida, portando armas, en una acción que los habitantes denominaron como un “toque de queda hamponil”. (***)

Estas protestas, y esta visión distorsionada del problema y su institucionalidad, es producto de las reglas de juego que los motorizados han “construido” con el poder de turno, para garantizar el binomio adhesión- complacencia.

Esas reglas informales son ilegales, en la mayoría de los casos, y algunas, violatorias de la Constitución,  pero son tan reales como cualquier otra y ese es un gran problema a resolver, por la distorsión institucional fraguada esta última década.

Estamos, como país, entrampados  en las consecuencias de un populismo-autoritarismo, que pretende esconderse en la ilusión de “democracia participativa”.

Pero nos toca lidiar con ello y re-construir una visión del problema y de la institucionalidad relacionada, de manera urgente, pero señores motorizados oficialistas, respetando la institucionalidad, sin amenazas y menos frente a sus armas.

(*) Ultimas Noticias
(**) Venezuela al Día
(***) Toma de Ocumare del Tuy

PS: esta mañana, 01022014, encontré este relato que describe al motivo de la protesta de Ocumare, en sus propias palabras. Al leerlo me pregunto, si ese es el tipo de planes de seguridad al que se refirió el vocero de la protesta de motorizados de ayer en Caracas: “Nosotros somos más malos que el hampa”

PS2: responsablemente modifiqué la referencia (***) debido a que la fuente citada inicialmente, contenía una foto que no se correspondía a ese día.

Un par de referencias más de lo que ha vivido Ocumare en estos días y que nos hace reiterar la pregunta: ¿eso es lo que estos grupos entienden por planes de seguridad, por pacificación y por patria nueva?

En El Nacional

En El Universal

Un poco de realismo!

Ayer, una amiga muy querida me contaba con firmeza como había dejado de seguir a Henrique Capriles en Twitter a raíz del intercambio que se había dado más temprano entre él y Diego Arria. Como en los viejos tiempos -como siempre- le dí mi opinión sobre lo sucedido, con la poca información que tenía. Conversamos, tuvimos acuerdos y diferencias, con mucho cariño y respeto como siempre ha sido entre nosotras.

Hoy, paseando por Facebook,  encontré una compilación del intercambio entre Capriles y Arria que me permitió retomar el tema, revisar sus TL y leer sus mensajes. A raíz de ello, compartí una reflexión por Twitter, que incluyó algunos intercambios breves y que aquí les dejo compilada.

Va sin retoques -aunque con unos comentarios agregados que se reconocen por estar entre paréntesis- por lo que no se trata de un artículo, así que requiere redondear y desarrollar algunas ideas, pero eso lo haré con más calma después.

Agradezco a todos los que se tomaron el tiempo para leer, comentar o hacer RT de mis tuits y sólo espero que sea un granito de arena más, en este momento.

¡Un poco de realismo!

Lo natural en política es la diversidad de posiciones y la pluralidad de enfoques y de ideas. Eso es lo que da vida a la democracia!

Diversidad y pluralidad en entornos como el que vivimos están obligadas a debatir y negociar para construir posiciones comunes.

La oposición de este país es democrática y por tanto, no es extraño que manifieste permanentemente diversidad y pluralismo.

No obstante, la oposición está obligada a sentarse, debatir y negociar para unificar posiciones, rutas, estrategias y tácticas.

Espacios como la MUD y la coordinadora, en su momento, on todos sus defectos y problemas, buscaban ser la mesa de encuentro entre factores.

Pero, el trabajo para lograrlo, no sólo depende de que exista, sino de encontrar fórmulas para incluir y acordar, con mayor efectividad

También hay que tener claro que para actuar, hay que tener rutas claras y liderazgo, pero también viabilidad política en las acciones.

La viabilidad política se construye, pero no con discursos o con activismo en las redes sociales,  se construye con trabajo de base.

La viabilidad política se construye organizando las bases, haciendo crecer a los partidos,  organizaciones sociales, el tejido social.

Sin una sociedad tejida y comprometida, las buenas ideas y las rutas maravillosas y visionarias, están condenadas al fracaso.

Promover rutas sin contar con viabilidad política o trabajar por su construcción, es una acción irresponsable para cualquiera con ética.

@Diego_Arria es tan insultante que te digan dinosaurio, como que llames a los políticos “dirigentes a sueldo”. @hcapriles y tú erraron igual

@Diego_Arria creo también que el trabajo que hiciste como gobernador en los barrios fue hace mucho y sería muy acertado que vinieras ahora.

(Creo que hay que valorar el esfuerzo que todo el mundo ha hecho, pero el momento actual requiere presencia y trabajo cotidiano con la gente)

@Diego_Arria también que te sentaras a construir las reglas y acuerdos, para que no te pongas al margen como en las primarias presidenciales.

(Creo que entre las cosas que debemos recordar está la imposibilidad que hubo para construir unas reglas de juego en las primarias presidenciales con las que todos se sintieran satisfechos, así como las diversas actitudes asumidas que incluyeron la de Diego Arria negándose a participar y la de Henrique Capriles y Leopoldo López, que, en lugar de anunciar su alianza antes del foro para que los tiempos se redistribuyeran, haciendo justicia los acuerdos y respetando a candidatos y espectadores, esperaron al foro habiendo tomado la decisión el día anterior. Detalles que es bueno que todos, en especial ellos, siempre tengan presentes)

Apreciado @YonGoicoechea, me encanta tu llamado a @hcapriles porque se nota que aprendiste de cuando a ti te dio por desconocer los acuerdos.

@YonGoicoechea la tolerancia es una ruta de vida que incluye a los que más adversamos,  no sólo a los que nos conviene aliarnos. Aún falta.

(Yon es un político joven que nos enseñó tanto el buen talante y la integridad cuando estaba al frente de movimiento estudiantil,  como las consecuencias del ego cuando rechazó el acuerdo en las elecciones legislativas. Pero su incansable trabajo y vocación podrá más que las tentaciones del ego de las que todos hemos sufrido con frecuencia)

Mi estimado @hcapriles, entiendo, comparto y respaldo tu estrategia y entrega, pero creo que te falta un toque de respeto a cualquiera.

(Creo que como pocos Henrique ha arriesgado generosamente su capital político, a pesar de estar consciente de los costos. Pero Henrique, la tolerancia implica respeto por encima de todo, porque tu insulto a otro político, es un irrespeto a sus seguidores también.  A veces es mejor omitir un comentario que responder, ese es parte del costo de asumir el rol de dirigente)

@hcapriles @MariaCorinamYa @leopoldolopez confiamos en que lleguen a acuerdos necesarios para construirle viabilidad política a #LaSalida

(Mucha gente aprecia las diferencias como ruptura y división. Creo que esto quedará en característica de un momento, cuando se sienten y lleguen a los acuerdos necesarios. Confío en Ustedes y en que el acuerdo es posible, beneficioso y se dará)

Para mi, #LaSalida incluye las asambleas de calle como espacios de construcción de tejido social, de ampliación de organización y acuerdo

Pero también, #LaSalida sus asambleas deben incorporar acciones de encuentro con el otro, que es el espacio más real de conciliación posible

#LaSalida es calle y negociación a la vez porque #Venezuela una y estamos obligados a convivir y entendernos. Aprender de otros países.

Sin embargo, me preocupa que a esta altura hayamos crecido poco como liderazgo y ciudadanos. Bueno, poco o menos que lo que necesitamos.

Lo que nos toca vivir es y seguirá siendo difícil y complejo. No existe salida fácil ni inmediata. Y requiere viabilidad para sostenerse.

Cualquier cambio sin bases sociales estructuradas y sin un mínimo de conciliación duraría horas y nos llevaría a algo peor, siempre posible.

Si ahora mucha gente se molesta con quienes acudieron a Miraflores, no quiero imaginar sus reacciones con indultos y acuerdos para gobernar.

Creo que la ilusión de que un cambio lleva a un paraíso, nos hace mucho daño. Los cambios nos llevarán a tiempos mejores pero muy difíciles

Creo que necesitamos dosis de realismo intensivo para poder construir una ruta viable, por la que trabajemos todos y con persistencia.

(Hasta aquí los tuits de la reflexión.  En otra entrega ampliaré la dosis de realismo, especialmente con lo que creo que debemos tener claro sobre cualquier después)

Ahora les dejo, al estilo Twitter, algunos de los intercambios que se dieron durante la reflexión:

Con Florangel y Virginia

@olgaramos Lo natural en política es la diversidad de posiciones y la pluralidad de enfoques y de ideas. Eso es lo que da vida a la democracia!

@florangel_q @olgaramos ¡Claro en democracia! Esto es autocracia ramplona.

@olgaramos @florangel_q por lo que como tal, requiere mayor inteligencia y trabajo para salir de ella…

@olgaramos No obstante, la oposición está obligada a sentarse, debatir y negociar para unificar posiciones, rutas, estrategias y tácticas.

@florangel_q: @olgaramos yo le sumaría otro verbo: ¡actuar!

@olgaramos “@florangel_q: @olgaramos yo le sumaría otro verbo: ¡actuar!” // actuar con estrategia y viabilidad política! Sin ellas, es fracaso seguro

@vkeinemann @olgaramos @florangel_q @olgaramos  Salir el 2F, a Defender el Pais Vezula.

@olgaramos @vkeinemann el 2F salir a organizarnos para que las acciones de defensa tengan viabilidad política y prosperen @florangel_q

Con Maibet

@olgaramos La viabilidad política se construye, pero no con discursos o con activismo en las redes sociales,  se construye con trabajo de base.

@maibnunez DETALLITO @olgaramos Viabilidad política se construye, pero no con discursos o con activismo en las redes sociales, …con trabajo de base

@olgaramos @maibnunez así es, por eso siempre saludar y apoyaré a quienes ocupan su tiempo en eso!!

Con Nadine

@olgaramos La viabilidad política se construye, pero no con discursos o con activismo en las redes sociales,  se construye con trabajo de base.

@nadinecuba @olgaramos @ Todo  es importante no se puede abandonar nada

@olgaramos @nadinecuba obviamente que todo es importante,  pero hay que ver que es lo que contribuye mejor. Hay que mejorar activismo el en las redes

@nadinecuba: @olgaramos @ Si hay que mejorar el activismo en las redes y en las bases tambien sin descuidar absolutamente nada

@olgaramos @nadinecuba totalmente de acuerdo!

Con Juan Carlos

@olgaramos Promover rutas sin contar con viabilidad política o trabajar por su construcción, es una acción irresponsable para cualquiera con ética

@juancdula @olgaramos La única ruta para enfrentar al totalitarismo/militarista es  la organización de la sociedad. Desgraciadamente no hay partidos

@olgaramos @juancdula Juan Carlos, los partidos están disminuidos,  pero algunos están haciendo trabajo de base para crecer y hay que apoyarlos!

Con Any

@olgaramos Para mi, #LaSalida incluye las asambleas de calle como espacios de construcción de tejido social, de ampliación de organización y acuerdo

@daamy entre otras cosas RT @olgaramos: Para mi, #LaSalida incluye las asambleas de calle como espacios de (cont) http://tl.gd/n_1s061dt

@olgaramos @daamy así es! Hay muchas cosas que afinar en la estrategia.

Con José Alberto

@josemanarez @olgaramos segun ud la salida es protestar hasta miraflores es decir golpe? porq si llegan a miraflores va a ver gente reprimida

@josemanarez José Alberto, nunca me escuchará o leerá promoviendo un golpe porque va en contra de mis principios.

@josemanarez @olgaramos un ok asi asi.. disculpame como esty viendo q estan promoviendo q van para miraflores? con que objetivo?

@olgaramos @josemanarez tranquilo! No hay nada por lo que pedir disculpas. Quién está llamando a Miraflores?

Con Lidia

@olgaramos Si ahora mucha gente se molesta con quienes acudieron a Miraflores, no quiero imaginar sus reacciones con indultos y acuerdos para gobernar.

@lidiacoronado: @olgaramos inmadurez política. +mandela -castro

@olgaramos “@lidiacoronado: @olgaramos inmadurez política. +mandela -castro” / así es, gente cita a Mandela y a Gandhi sin conocer la mitad de su lucha

Politizando el asesinato de Mónica y Thomas

Hace un rato decía en FB y Twitter que desde que leí sobre el abominable asesinato de Mónica Spears y su esposo esta madrugada, no hago más que pensar en esa criatura de 5 años con una herida de bala en la pierna y los cuerpos sin vida de sus padres a su lado, abandonada a su suerte en una carretera… para ella, a partir de hoy, seguridad, Venezuela y vida serán vocablos con un muy diferente significado.

Sin embargo, ahora dedicaré estas líneas a contribuir con la “politización” del hecho.

Señores de los medios, hablen claro y dejen la autocensura pacata:

1. Mónica y Thomas fueron brutalmente asesinados y su hija sobrevivió a un terrible episodio de violencia protagonizado por unos antisociales.

2. Ustedes como todos, saben que las vías en Carabobo están en pésimo estado y cuando baja el sol se convierten en zonas altamente peligrosas en la que los delincuentes estilan lanzar objetos a los carros o colocar obstáculos, para obligarlos a parar y asaltarlos. Eso es demasiado frecuente como para no tener un reporte con estadísticas y que los organismos de seguridad tengan políticas para eliminar esos permanentes riesgos. Además, vendrían bien unos reportajes con fotos de las troneras y el reclamo de un plan de asfaltado general de esas vías.

Señores del gobierno, simpatizantes de los gobernantes y ciudadanos que le temen a la “politización”:

1. La vida y la seguridad son derechos humanos y como ciudadanos no sólo tenemos el derecho a que se nos garanticen, sino el deber de exigir que se garanticen para todos; mientras que el Estado, a través de los organismos competentes tiene el deber de garantizarlos a todos sin ningún tipo de discriminación. Así son las cosas con los derechos humanos, les gusten o no.

2. El derecho a la vida y a la seguridad son asuntos políticos, se desarrollan con legislaciones y políticas públicas. Como tales son asunto de todos y en nuestro caso, el artículo 62 de la Constitución consagra el derecho de todo ciudadano a participar en la definición y evaluación de dichas normas y políticas.

3. Lo que no se puede hacer ni con los derechos humanos, ni con el Estado, ni el gobierno, es partidizar su garantía o su gestión, como estamos cansados de verlo en estos 15 años. Tampoco está permitido utilizar los recursos del Estado y del gobierno para instigar a otros a violar las leyes o los derechos humanos, ni promover el uso de la violencia, con hechos y discursos desde el poder. Eso es contrario a los derechos humanos y a la institucionalidad democrática.

Así se llaman a las cosas por su nombre y se polítiza lo que se tiene que politizar.

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¡Las cartas están echadas!

Cuando, como ahora, las bajas pasiones y nuestros demonios personales y sociales se exhiben, tendemos naturalmente a sentirnos ajenos a lo que sucede y a perder la esperanza.

Sin embargo, eso que puede resultarnos decepcionante, vergonzoso y desesperanzador, es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque aunque lo rechacemos, nos resulte ajeno y lo veamos contrario a nuestra naturaleza ciudadana y social, eso, lamentablemente también es parte de la Venezuela que somos. Es nuestra cara oculta, nuestra configuración oscura. Una configuración que, hasta ahora, estaba visible sólo en algunos, pero que,  obviamente, estaba latente en muchos otros. Esa, en estas circunstancias, afloró y lo hizo en magnitudes preocupantes.

Digo que es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque las sociedades, esencialmente, muestran su naturaleza de forma engañosa. Manifestan unas creencias, exhiben una cualidades y simultáneamente, ocultan otras. Las que se exhiben forman parte de los rasgos predominantes y socialmente aceptados. Pero a veces, hay unas para las que, la forma en la que se exhiben puede también resultar engañosa, haciendo que sean socialmente aceptadas conductas que encierran o se sustentan en rasgos socialmente cuestionados, por lo que, cuando aflora su naturaleza y se expresan de la forma más burda, resulta altamente esclarecedor sobre lo que tenemos y queremos como sociedad.

Es como la utilidad de los “espejos de aumento”: en ellos se ve magnificado lo que nos gusta y queremos ser y también lo que rechazamos y no queremos en nuestras vidas.

En nuestro caso hay rasgos que siempre estuvieron ahí, lo que sabemos incluso por el uso de algunas costumbres y refranes, que ahora están mostrándose en su peor manifestación.

¿Ejemplos?

“Se acata pero no se cumple” por mencionar el más nombrado, que, a la vez, es el más utilizado por la mayoría, independientemente del color político, cuando se está frente a un desacuerdo. O entre las prácticas, la “viveza del venezolano”, utilizado por muchos también.

Pero ¿qué cosas podemos identificar en lo que nos está sucediendo? Desde mi punto de vista, creo que las más relevantes serían:

1. Falta de probidad.

2. Locus de control externo.

3. Baja estima y desconfianza.

4. Falta de pertenencia.

5. Menosprecio al conocimiento – superficialidad.

6. Menosprecio al trabajo y a la impecabilidad.

Éstas dan origen, entre otras, a la baja cohesión social, al desconocimiento y falta de reconocimiento del otro; a la baja productividad; a la desesperanza aprendida; a la prepotencia y la chapucería; y a esa mezcla de oportunismo, facilismo, miedo, anomia y sumisión que se ha expresado con mucha fuerza últimamente.

Ésta Venezuela que vemos que también somos y que ahora podemos reconocer claramente que no queremos ser, nos da todas las pistas de la tarea pendiente si de verdad apostamos por una Venezuela con la que nos sintamos identificados y en la que queramos vivir.

Y ahora te pregunto:

1. ¿Cuál de los rasgos que rechazas, sientes que puede estar presente o que ha formado parte de tus prácticas ciudadanas en el pasado o en el presente?

2. ¿Crees que Venezuela somos todos? Si es así, ¿Qué crees que tenemos que hacer para constituirnos en una Nación?

3. ¿Crees que para que el país cambie los otros, los que actúan como no te gusta, son ellos, sólo ellos los que deben cambiar?

4. ¿Crees que una Venezuela diferente se construye sólo cambiando de gobernantes? Si no lo crees, ¿con cuáles cambios estás dispuesto a contribuir como ciudadano?

5. ¿Cuánto tiempo crees que nos tomará tener una Venezuela unida, proba, responsable, comprometida y productiva?

6. ¿Ya metiste la acción ciudadana para reconstruir a Venezuela como parte de tu agenda? ¿Cuántas horas pretendes dedicarle y en que piensas emplearlas?

7. ¿Cuántas personas que piensan y actúan diferente forman parte de tu familia y de tu círculo de amigos? ¿Cómo piensas hacer para reconstruir tus relaciones con ellos y para ampliar ese círculo? ¿Cómo piensas hacer para dejar de pelear con ellos y encontrar espacios en los que se pueda restablecer la confianza, el afecto y dónde se puedan comenzar a construir algunos acuerdos?

Hay diferentes dimensiones y niveles en la reconstrucción de Venezuela, pero el cambio no será posible, ni duradero, si no trabajamos la dimensión humana y social cotidianamente, nosotros mismos.

Esa es nuestra responsabilidad.

¡Yo la asumí!

¿Tú estás dispuesto a asumirla?

¡El momento llegó!

Hora de mi receso vespertino, para variar lo uso para ponerme al día con las noticias del momento, veo con tristeza y preocupación que la situación tiene el mismo tenor que ayer, por lo que, para poder volver al trabajo, con la necesaria concentración, uso la escritura para expresarme. Algunos ya leyeron buena parte de ésto mientras lo escribía en twitter, pero para quiénes no lo hayan leído o para quiénes prefieran verlo completo y revisado, publico este post.

¡Buenas tardes #Twitterlandia!

Hoy era un día para amanecer chalequeando a los caraquistas o sólo concentrada en la llegada de mi hermanita que viene a visitarnos después algún tiempo de haber tomado la decisión de establecer su vida en otros predios, donde estuviera garantizado el derecho a la seguridad y a la vida.

Sin embargo, en Venezuela y en estos tiempos, los motivos de felicidad siempre están acompañados por otros que indignan y preocupan: Venta de leche y azúcar por cucharadas; guarimbas y “protestas” montadas artificialmente para impedir la manifestación de otros, acompañadas de amenazas y amedrentamiento, todo ello protegido por quienes tienen el deber de garantizar los #DDHH de todos (que si a ver vamos, si coinciden manifestaciones de protesta, que coincidan y coexistan, que el derecho a la protesta sea ejercido por todos y garantizado por los órganos de seguridad del Estado y no que la protesta sea criminalizada o protegida, dependiendo de a quién beneficie su presencia) y para rematar, la continuación de la guerra del miedo, ahora empapelando del centro de la ciudad con estos afiches, en los que se pretende convertir en “enemigos” de la gente y “culpables” de lo está sucediendo, a los principales líderes de la oposición (@hcapriles, @MariaCorinaYA y @leopoldolopez).

Racionamiento, abuso de poder y amedrentamiento, dibujan un claro ambiente de promoción de la violencia que sólo hace sonreír a los que se valen del miedo para conservar el poder, o a los que se aferran a todo lo que pueda prefigurar una salida mágica que les devuelva el poder perdido o que restablezca un “orden” añorado.

A algunos de ellos, los podemos identificar por sus claros discursos y a otros, porque tienen semanas llamando a la abstención desde el anonimato o haciendo gala de su acostumbrada práctica de sólo reclamo y no acción, en una computadora ubicada en el país o cómodamente en el exterior.

Pero quienes promueven la violencia para justificar o provocar sus salidas deseadas, sólo tendrán éxito si les hacemos el juego, sólo si caemos en la dinámica de la violencia, el miedo, el ensañamiento y la confrontación.

De nosotros depende el camino que tomemos.

Aunque no lo parezca, éste es un momento crucial, el momento de tomar partido, el momento de asumir un rumbo y sostener la decisión; el momento de decidir si le hacemos el juego a los que sólo entienden la violencia y el enfrentamiento como forma de coexistencia, o si optamos por la construcción de una Venezuela diferente, que sea de verdad incluyente, en la que todos, a partir de las diferencias que existen y que tenemos que reconocer y respetar, construyamos un espacio de convivencia.

Venezuela, aunque le disguste a algunos, debe ser hogar para todos, y todos que tenemos el deber y oportunidad de hacerla posible.

¡Este es un momento de definiciones, toma tu decisión y actúa en consecuencia!

La barbarie que nos ha alcanzado

Ayer, Caracas amaneció trancada, para variar.

Esta vez, la causa era una gandola que, ignorando o desconociendo, la regulación de altura del puente de Los Ruices, se empotró y quedó atascada. Esa fue la versión inicial de una de las más terribles noticias que hemos presenciado en nuestra historia contemporánea.

Un poco más tarde, supimos que las autoridades se estaban haciendo cargo de la congestión y estaban organizando la extracción del vehículo atascado. Poco después nos enteramos de que, antes de llegar las autoridades, un grupo de “necesitados” se habían dado a la tarea de “saquear” la carga del camión, mientras un grupo de malandros, se ocupaba de atracar a los carros que quedaron atrapados en la tranca.

Hasta ahí, la noticia era realmente inaceptable e indignante para cualquier persona con un mínimo de espíritu cívico o que se precie de llamarse ciudadano. Pero ahí no quedó la noticia. Posteriormente, nos enteramos que, mientras ocurría el saqueo, el conductor estaba muerto, o aún muriendo, en la cabina.

En esta foto publicada en su cuenta por @dnnymdn podemos ver como los saqueadores tenían que subirse a la cabina para poder robarse la mercancía. Literalmente, tenían que montarse en los hombros del conductor y pisarlo, contribuyendo con la presión de la carga que le ocasionó la muerte.

¿Qué le pasó a esa gente que no fue capaz de conmoverse y tratar de sacar al conductor antes de iniciar su destemplado saqueo? ¿A dónde carajo fue a parar la incondicional solidaridad de los venezolanos?

Muchas fueron las reacciones de indignación ciudadana que pude leer en las redes -no así, por cierto, las de dirigentes políticos y las autoridades-. Muchas, aunque, para la importancia de lo sucedido, absolutamente insuficientes. Finalmente, frente a la parálisis colectiva, nos alcanzó la barbarie.

Mientras trataba de procesar lo sucedido, y comentaba una nota publicada por la actriz Carlota Sosa en su muro de Facebook, se plagó mi memoria de escenas que me permitieron recordar que esa barbarie que vimos expresarse ayer, existía en el país hace más de 20 años. Entonces, era sólo una minúscula partícula de barbarie latente que mostraba su cara todos los jueves en las puertas de la UCV, ante la mirada atónita e indignada de buena parte de la comunidad universitaria, siempre de mano de la capucha que ocultaba a alguno de los que hoy nos gobiernan.

Con frecuencia secuestraba y saqueaba camiones de pollo; amenazaba a transeúntes, policías y estudiantes, por igual; y afortunadamente, no con tanta frecuencia, aunque demasiada para mi gusto, se llevaba la vida o la salud de alguien, en la punta de una bala. A veces se trataba de uno de los suyos que “utilizaba como carne de cañón” y quedaba atrapado en medio del fuego en algún enfrentamiento, otras, las más terribles, se trataba de algún inocente que se atravesaba la trayectoria de las balas, sin querer. Por cierto, uno de los sitios preferidos de “manifestación” de estos bárbaros, era la entrada de la UCV que llevaba al clínico.

Esa minúscula partícula de barbarie, tenía sus réplicas en la UDO, en LUZ y en la ULA -los principales o preferidos espacios del “foquismo” “revolucionario” que vivimos en décadas pasadas- desplegaba llamaradas en sus reiteradas quemas de cauchos y se paseaba por las manifestaciones estudiantiles con sus morrales llenos de bombas molotov, esperando la orden de su “dirigencia” para romper filas, torcer la ruta de la marcha y provocar el tan ansiado y “revolucionario” “enfrentamiento” con la policía.

Todos conocíamos sus intenciones y, por supuesto, su existencia. Algunos se hacían la vista gorda por miedo, otros por complicidad o conveniencia y unos pocos, los confrontábamos sin tapujos en las reuniones nacionales de coordinación de las instancias de representación estudiantil, en las asambleas nacionales, o en las “ocultas” reuniones de “factores políticos” que se daban paralelas a las oficiales, antes de las marchas, en las que siempre la “negociación” se planteaba en los convenientes términos: “si la marcha pasa de tantas personas, seguimos hasta el ministerio”

Esa minúscula partícula de barbarie que se expandía por momentos para luego volver a su acostumbrada latencia, tuvo su máxima expansión en febrero de 1989 cuando presenciamos el horror de la violencia y el saqueo generalizado, pero recibió luz verde desde el inicio del gobierno pasado, cuando el recién electo presidente Hugo Chavez, dijo en los Próceres que estaba bien robar, si se hacía por necesidad y continuó su “oficialización” con el espaldarazo dado a las organizaciones armadas, “frentes liberadores”, colectivos y malandros en general, que hacen vida -”política” y delincuente- a plena luz, bajo la mirada cómplice y alcahueta de los organismos de seguridad del Estado y de las instancias de gobierno con competencia en la materia.

Esa que fue sólo una minúscula partícula de barbarie latente; hoy, expandida, desplegada y apoyada, contamina nuestra cotidianidad y nos resquebraja de tristeza los ojos del alma.

Mientras trataba de procesar lo ocurrido, también leí una publicación en el blog “Panfleto Negro, titulada: “Apuntes sobre la humanidad, o la falta de que desde aquí pueden leer y recordé una publicada en la madrugada del 9 de diciembre de 2009, en mi antiguo blog “Ciudadanía Política“, a raíz del asesinato de un estudiante, que a continuación les copio.

miércoles, diciembre 09, 2009

Intentando exorcizar el escalofrío de la violencia

A la memoria de Gonzalo Jaurena y
de Jesús Eduardo Ramírez Bello,
dos caras de una triste moneda

 

Días como hoy hacen presente el escalofrío sentido cuando nos enteramos de la “masacre de tazón” en 1985, el mismo sentido unos años más tarde cuando la policía detuvo manifestando a Gonzalo Jaurena, lo torturó y devolvió a su familia asesinado.

El escalofrío que en esa época sentimos muchos, ante la terrible muerte del “Hippie” quién fue víctima de sus amigos, los encapuchados, que lo entusiasmaron, a quiénes inocente y románticamente acompañó, y quiénes, sin proponérselo, le quitaron, de un tiro, la vida.

El mismo que también sentimos, cuando un salvaje pesado merideño, cegó de un tiro la vida a un estudiante, sólo porque se atrevió a orinar en la esquina de su casa.

O también el sentido cuando fuimos al Congreso Nacional y coincidió nuestra visita con la denuncia de unos torturados por razones políticas, quienes mostraban a Diputados y Senadores sus torsos morados, porque fueron molidos a coñazos en la DISIP.

También fue el mismo escalofrío sentido cuando nos apuntaba una pistola de la DIM a la cabeza, mientras un agente de civil nos pedía la cédula y nos dejaba seguir porque, creemos nosotros, no cabíamos en el Jeep en el que se llevaron detenidos a 4 de nuestros compañeros, que por largas horas no existían para los cuerpos de seguridad y sólo supimos dónde estaban detenidos, gracias a la amable y solidaria intermediación del Rector de la USB y de unos Diputados masistas.

Por cierto, nada diferente al escalofrío sentido cuando metieron preso a Tony y lo golpearon para tratar de que contara algo sobre lo que nada sabía.

Ese escalofrío que sigue grabado en mis recuerdos, también debería estarlo en muchos de los que hoy justifican o taparean salvajadas similares desde el gobierno.

Claro, ese escalofrío, pero más profundo, está también grabado en mis recuerdos del primer día en el que los grupos violentos del oficialismo decidieron que tenían derecho a atacar cualquier manifestación de protesta que en el país se hiciera. Ese día estábamos en el TSJ, acompañando al Sr Merhi en una huelga de hambre y llegó Lina Ron con sus grupos a atacarnos. Era como si pretendieran marcar el territorio y tomarlo por la fuerza. Y de hecho eso hicieron!

Ese día se instauró la violencia en las calles y la ciudad comenzó a fraccionarse en especies de ghettos.

Desde ese día, lo queramos aceptar o no, los violentos, guapos y apoyaos, nos declararon abierta y descaradamente la guerra.

Desde ese día el escalofrío es una sensación casi permanente y mi corazón se declaró de luto porque agonizan la paz y la democracia.

Pero ese día también tiene sus antecedentes en aquellos días de mediados a finales de los años ochenta, cuando el escalofrío lo sentíamos por el abuso de poder de los gobiernos, pero también por las manifestaciones que vaticinaban lo que hoy tenemos, el abuso de la fuerza y de la violencia.

Abuso que nos hizo sentir un profundo escalofrío la noche que estábamos en la FCU de la UCV en una reunión nacional y llegó un compañero con la cabeza reventada gracias a un cachazo que, por arrechera, le propinara uno de los miembros del violento grupo Venceremos que, en ese momento, hacía vida en esa casa de estudios.

O que sentían a diario los estudiantes de la UCV cuando los encapuchados armados caminaban libre y retadoramente por los pasillos o por la tierra de nadie, amedrentándolos sólo para demostrar que ellos eran los que mandaban en esos predios.

O cuando los llamados “los 12 del patíbulo” celebraban sus episodios de “foquismo”, sus capítulos de su “lucha armada”, regularmente los jueves… de ellos, recuerdo con especial escalofrío, el día que hirieron a Ingrid quién, estudiaba en la UCV, pero por precaución y porque no pudo entrar a tiempo, estaba viendo la manifestación desde afuera, detrás de la policía y a quién, desde su alma máter, alcanzó una revolucionaria bala.

Ellos, los que siempre se defendían diciendo que no tenían armas, protagonizaron el evento que, de todos esos, recuerdo con más escalofrío: el día que, en medio de uno de los tristes “capítulos de la lucha armada”, la herida fue una niña de 8 años, a quién la bala le llegó, como a Ingrid, desde dentro de la casa de estudios, pero le pegó por la espalda.

Allí estaba el germen de lo que vivimos en estos días y quizá, algunos no recuerden el escalofrío porque no lo sintieron y también quizá, para muchos otros, el escalofrío que compartimos, sólo lo sintieron porque, en ese momento, estaban de este lado de la cerca.

Olga Ramos
09122009 (en la madrugada)