Patrimonio intangible: Entre Villa de Cura y San Francisco

Nada como despertarse un domingo y dirigir la atención -sin anestesia, ni desayuno- a twitter y de allí, al país.

Un elefante y para colmo enfermo, es la imagen recurrente con la que @Leonardo_Padron, en su crónica -magnífica como siempre pero irremediablemente triste- nos entrelaza relatos que deben sonarnos a todos cotidianos. Entre ellos, llama mi atención la despedida de alguien que deja el país por falta de oportunidad.

Una hora más tarde, me descubro con los ojos pegados al texto del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura que, amablemente, compartió @giselakozak en su cuenta de twitter esta mañana. Después de una primera lectura y sin ánimos de análisis, mi vista se pasea entre los artículos 3, 4 y 42.

Entre ellos se lee que “la cultura venezolana es multiétnica, pluricultural, diversa, intercultural, dinámica”, (art. 3) que por ello, el Estado y los particulares tenemos el deber de fomentar el diálogo intercultural para lo que “todas las culturas populares constitutivas de la venezolanidad serán especialmente protegidas y promovidas, reconociéndose y respetándose bajo el principio de igualdad de las culturas”, (art. 4) y si alguien osara dañar “Patrimonio Cultural tangible e intangible de la nación” será sancionado moralmente (art. 42)

Mientras hacía ese recorrido recurrentemente, varias imágenes vinieron a mi memoria:

La casa de Inocencio Utrera, una especie de sabio que vivía frente a la Panadería Bolívar en Villa de Cura.  Recuerdo que era una persona tranquila y pausada y que su casa parecía un oscuro e inquietante laberinto lleno de cosas, entre las que resaltaban libros por todas partes y unas viejas máquinas de escribir. Más allá de su casa, Inocencio era un personaje respetado y admirado por la comunidad de la Villa.

A unas cuadras de allí, también en el mundo de las palabras, quedaba la oscura Librería Principal. El librero, el Sr Echeverría, un vasco -conocido como el comunista- era un hombre muy simpático con una conversa muy interesante.

Los domingos, después de misa, se citaban en una mesa de la Panadería Bolívar, los tres curas del pueblo, el Padre Marcos, el Padre Felipe y el Padre Salvador, este último el artífice de los Niños Cantores de Villa de Cura, los tres promotores de la escuela artesanal y de un par de excelentes escuelas en la Villa -una ellas tenía un internado en el que becaban a jóvenes que no tenían recursos para que pudieran estudiar. La retórica usada en sus sermones y algunas conversas en la panadería, tuvieron como consecuencia que me declarara “atea” a los 9 años. A pesar de ello, siempre contaron con mi respeto y admiración por su trabajo.

En esa misma panadería, otras tardes, recuerdo prepararle el café a los amigos de la familia que pasaban de visita, mientras Saúl, un villacurano que comenzó como ayudante de panadero y terminó comprando la panadería, colocaba los dulces en la nevera. Preparar café, poner la cantidad de café adecuada, compactada dependiendo del tipo de café; calentar la leche y sacarle espuma sin el exceso de vapor que la pusiera “aguada”; aprender la combinación y el gusto de cada cliente-amigo; era un arte que se me daba bien, al decir, entre otros, del Sr Silva -un simpático amigo portugués, dueño de una ferretería, de ojos verde claros y conversa inteligente.

Nadia, una amiga de la familia, creo que libanesa, pasaba de vez en cuando por la casa con su maleta repleta de “trapos” para la venta. Si querías comprar muebles, ibas a la mueblería del Sr Jorge, que era Sirio o Libanés, pero si de hacer mercado se trataba, lo que salía era ir al supermercado chino.

El Señor Marcos, esta vez no el cura sino el del transporte que nos llevaba a la escuela, tenía 23 hijos de su propia cosecha y de la misma madre. En su autobús, con Waleska Hernández y su pequeña hermana Sarahy, aprendí a tocar cuatro y a cantar hermosas tonadas; también aprendí muchas canciones -tonadas, pasajes, joropos y valses- en clases y fuera de ellas con las “Señoritas” Tibisay y Gisela, las maestras de quinto y sexto grado de mi escuela primaria. Gracias a ellas, por cierto, salíamos de parranda en navidad -tocando y cantando- en la parte de atrás de un camión por toda la Villa -que peligro-. Mientras en casa, al compás del Laud de mi padre, aprendí a tocar guitarra y timple, a cantar isas, folías, malagueñas canarias, así como a apreciar la música clásica y hasta la pop del momento, pegada del tocadiscos de casa, con la colección de discos de mis padres. A cantar serenatas aprendí con mi Tío Neptalí, un tremendo serenatero de gran corazón y piel aceitunada, con una aterciopelada voz y una buena guitarra. Unos años más tarde, de la mano del maestro Bino Ruta, aprendí a tocar piano y conocí a maravillosos acordeonistas italianos como Salvador y María Pía Vona.

Con una mezcla de tiempos, a lo largo de mi infancia, esas y otras muy parecidas, eran las imágenes de mi pueblo, la Villa de Cura en la que crecí. En ella, a un lado de la Iglesia, hay o había un busto de Bolívar y Villegas, el abuelo del Libertador; muy cerca por cierto, de la casa del Santo Sepulcro donde se dice que se vio alguna vez a Zamora y del lado opuesto de la iglesia al que se encuentra la gruta donde se dice que la Virgen de Lourdes apareció una vez y por la que miles de peregrinos, todos los años, se dan cita en el pueblo.

Alternando con esas imágenes, recuerdo un par de opuestos ríos de gente cruzándose diagonalmente en una esquina al cambiar el semáforo.

Una imagen imponente que nos dejó congelados contemplándolos.

Desde el primer peldaño de la escalera del autobús que nos llevó del aeropuerto al hotel, tenía la impresión de estar en la India, en China, en Ecuador o Bolivia, en algún país europeo, en Japón, todo mezclado e intermitente.

Así fue mi llegada a San Francisco. No de Asís que quedaba a pocos kilómetros del Villa de Cura, sino a San Francisco en Estados Unidos.

Los pocos días que estuve allí, los dediqué a las reuniones y actividades del curso por el que llegué a aquellas tierras y a recorrer la ciudad a pié que es como mejor se conocen los lugares y su gente. En mis paseos por San Francisco, tenía la misma sensación que cuando vivía en Villa de Cura, pero obviamente magnificada por las dimensiones de la ciudad, por el tipo de actividades y su nivel de desarrollo y también porque la gama de su diversidad cultural era mucho más amplia. Se que suena loco o extraño, en el mejor de los casos, pero es cuestión de esencias.

(Aquí va mi confesión en este post: desde que comencé a escribir me he reído mucho imaginando la cara de algunos lectores, ante mi osadía de comparar a San Francisco con Villa de Cura, aunque no menos de lo que me he reído de mi osadía)

De hecho, pensándolo bien, esa es una de las razones por las que San Francisco me atrae como ciudad, porque, en esencia tiene el mismo atributo que Villa de Cura, es un lugar de encuentro, un espacio de mezcla, intercambio, coexistencia y convivencia, que no es precisamente lo mismo.

Si tuviera que identificar lo que para mi define la venezolanidad diría, sin duda alguna y a los ojos de mi experiencia en Villa de Cura, que la diversidad cultural es una de sus cualidades fundamentales, pero no sólo con el tamiz de los ojos “ancestrales” con el que se ha pretendido acotar en estos últimos años, sino con la riqueza de la construcción y reconstrucción permanente que le han imprimido tanto las oleadas de emigrantes que nos hemos dado cita en estas tierras, como la reconocida “hospitalidad” y “calidez” del venezolano, originario -o emigrante de varias generaciones y con varias combinaciones y mezclas- Esa, que se ha bombardeado a mansalva últimamente, es parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado.

Pero me refiero a la diversidad en acción, en intercambio, en convivencia, no simplemente en coexistencia que, amable u hostil, no implica ni el reconocimiento y aceptación que la preceden, ni la integración que se requiere para que podamos hablar de una diversidad efectiva.

Esa cualidad existe, a pesar de que está resquebrajada por la evolución de nuestra dinámica socio-política teniendo como consecuencia que, en lugar de ampliarse el espacio de intercambio y encuentro, se profundicen el desconocimiento y el desencuentro.

Esa es una cualidad que se puede identificar como emergente del sistema porque es el producto de la interacción de las diversas culturas que lo conforman y que forma parte importante de la venezolanidad, por lo que debe ser reconocida e integrada en lo que asumamos como “nuestro patrimonio” -con el perdón de las precisiones técnicas y de la UNESCO- o, si lo ponemos en términos de identidad, como nuestra “conciencia histórica” (*).

Esa, que como dije antes, considero parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado, es la más hermosa imagen que podemos reconocer cuando, como habitantes de esta nación, nos miramos al espejo.

(*) Asumiendo la precisión propuesta por Gisela Kozak @giselakozak y recogida por Michelle Roche @michiroche en su Álbum de Familia, me refiero a la definición de Manuel Caballero.

La lluvia, como la tristeza, no cesa.

Como si fuera día de elecciones, me desperté este domingo de madrugada.

Aún no había salido el sol y el sonido de la lluvia, el de un torrente aguacero, me trasladó a mis días de infancia.

Sin salir de la cama, para variar, porque debo confesar mi adicción a la información, me puse a revisar el twitter y las noticias, mientras me preguntaba si estaban a buen resguardo los libros en la Feria de la Lectura de Altamira y pensaba, como de costumbre cuando llueve, en cómo estarían quiénes no tienen un buen techo para resguardarse o aquellos cuyo techo está ubicado en zonas con riesgo de derrumbe o inundación.

Amaneció y se develó un cielo del mismo gris nube-aguacero que tantas veces disfruté, en otro tiempo, pero a la misma hora, en Villa de Cura.

Sin embargo, a diferencia de aquellos días, la de hoy es una mañana triste.

Triste porque paseando por los 140 caracteres de mis panas, encontré el video que documenta la agresión a la Red de Observadores Electorales de Asamblea de Educación (@observa14a), el día de las elecciones. En él, reconozco el talante paciente y pacífico de mis colegas, especialmente el de José Domingo Mujica que, como se ve en el video, fue el que salió desde el principio a ver qué pasaba y trató de “negociar” paz en tan inaceptable incursión. Lástima que no se grabó el audio, porque las imágenes no dicen los mismo sin él. Al final, les dejo el video para que Ustedes lo vean.

Triste también, porque pensando en esa agresión, tan extraña y fuera de lugar el día de las elecciones, no podía sacar de mi mente las imágenes del Diputado Suplente del PSUV, arremetiendo a “coñazo” limpio y con furia desmedida a sus colegas opositores. Ese “carajito” como diría mi padre, es ”docente”, preside el Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial en el estado Aragua , (Sinafum), y es villacurano, -aunque a la luz de los hechos, creo que le sale más decir que es “villano”- para vergüenza de todos los que, aunque no oriundos, nos criamos o pasamos por ese pueblo, el del Santo Sepulcro y el abuelo de Bolívar.

Triste porque ese episodio fue la “respuesta” que la bancada oficialilsta pudo dar, ante el reclamo por un hecho que, por sí sólo, revestía una gravedad inconmensurable: la decisión reiterada del Diputado Presidente de la Asamblea Nacional, de volarse la institucionalidad para “silenciar” a buena parte del país, negando la intervención en el debate a los diputados opositores, en una clara y flagrante violación a nuestros derechos políticos.

Y finalmente, para no hacer la lista más larga, triste porque iniciando el Día Mundial por la Libertad de Prensa, fue asesinado un periodista, Johny González reportero del diario Líder, saliendo de su trabajo al terminar su guardia. Triste la pérdida, tristes las condiciones en la que se produjo, pero más triste e indignante la reacción de Nicolás con sus declaraciones poco serias y “paranoicas” a juro, vieja estrategia castrista por cierto, totalmente fuera de lugar en el país, en éste y todo momento y que produjo una oleada de indignación en mucha gente, recogida y reconocida, cuando #ECDTMNM se convirtió en TT en twitter anoche. Afortunadamente, frente a este hecho, hay muchas posiciones razonables, entre las que se encuentra la reacción de su gremio.

Termino de escribir y la lluvia, como la tristeza, no cesa.

El video

Al que no le guste, que se vaya!

Hoy tuve el placer de escuchar una maravillosa tertulia, con la excusa del libro Armando el rompecabezas de un paísde @EdicionesBVzla, entre Cesar Miguel Rondón @cmrondon, Colette Capriles @cocap y Alberto Barrera Tyszka @Barreratyszka.

Como una buena tertulia puso a danzar varias ideas al ritmo de la necesidad de comprensión y profundidad. Tuvimos mucha suerte los que allí nos citamos, pero espero que alguien la haya grabado formalmente –además de un par de chicas que lo hacían con sus celulares-, la transcriba y la ponga a disposición de todos, para que muchos más tengan la oportunidad de pasearse por esas reflexiones y permitan que les orienten las propias.

En mi caso, hay un par de hipótesis que tengo y que quiero comentar.

1. No podemos confundir polarización política con identidad nacional fracturada

La polarización política, en este momento, ha cobrado la forma de dos grandes opciones electorales, dos grupos casi iguales de electores, en magnitud. Esta expresión es el producto, por una parte, de la evolución del proyecto personal de Chavez y por la otra, del esfuerzo por concretar una alternativa de gobierno fraguada desde la mesa de la unidad. La primera con una cohesión que se ha puesto en alto riesgo a partir de la desaparición física de Chavez y la segunda, con una cohesión en consolidación, a partir de la emergencia de un liderazgo claro y reconocido encarnado en el candidato presidencial y los principales voceros de la unidad.

Hablo de opciones electorales y no de visiones de país, porque creo que, a pesar de que ahora está mejor dibujada la unidad opositora en términos de la visión nacional que persigue, aún no se trata de un proyecto de país, claro, sólido y compartido por todos, por una parte; y porque, por la otra, dentro de las filas del oficialismo, con la desaparición física de Chavez, se perdió la cohesión en torno a un grupo de ideas que por muy desestructurado y contradictorio que haya resultado durante estos 14 años, constituía un proyecto político, personalísimo, pero que dibujaba algunos rasgos de un país deseado.

Hasta aquí podemos decir que tenemos dos grupos electorales en pugna por el poder, con visiones de país en construcción o en destrucción, según el caso.

En términos de visiones de país, la opción opositora construye su cuerpo de ideas en un espacio de debate signado por el pluralismo político. Esta construcción, dada la diversidad ideológica presente, no ha resultado muy fácil, pero se ha identificado un grupo de ideas base. En ésta, los millones de electores que la forman, aún no tienen unidad sobre las ideas identificadas. Sin embargo, el liderazgo emergente de su candidato presidencial y de sus principales voceros, ha marcado algunas importantes pautas. La cohesión está dada por la existencia de un liderazgo claro y reconocido.

Por su parte, la opción oficialista, que hasta hace poco derivaba su cuerpo de ideas de lo dicho por su líder máximo, ahora, en ausencia de una plataforma pluralista que reconozca y legitime sus facciones, se revuelve en pugnas internas, que formalmente, no hace aguas, mientras la necesidad de defender su permanencia en el poder los obliga a mantenerse cohesionados en contra de los opositores. En este grupo, las ideas de país en sus bases, se mantienen alineadas con las promesas, incumplidas, pero idealizadas del proyecto vendido por quién fuera su líder máximo. La fuente de cohesión se perdió y ahora se trata de mantener, a duras penas, por la fuerza.

Está claro entonces que existe polarización y fuerte fractura política, sin embargo, en términos de identidad nacional, la cosa es de otro tenor.

2. Vivimos un esfuerzo de imposición de una nueva narrativa

Al respecto voy a comenzar diciendo que concuerdo con Colette cuando afirma que vivimos la intención de imponer, por parte del grupo que detenta el poder, una nueva identidad nacional que desconoce y excluye todo lo que le resulta diferente e inconveniente.

Sin embargo, particularmente pienso, que este esfuerzo más que intentar construir e imponer nuevos rasgos de una identidad nacional, plantea la imposición de una nueva narrativa sustentada en una re-lectura o una lectura fabricada nuestra historia y de los rasgos constitutivos de nuestra cultura, que no recoge aspectos muy relevantes de lo que somos, porque solamente está dirigida a sustentar la polarización política y no tanto a producir una real transformación social, a partir del reconocimiento e inclusión en nuestra identidad de rasgos y fragmentos integrantes de la venezolanidad que también definen lo que somos, pero que han sido recurrentemente excluidos.

Esta narrativa, está concebida como una nueva interpretación de nuestra estructura y dinámica social que, por su afán polarizador, está constituida por la confrontación de dos facciones, fabricadas para sustentar la polarización y la división política, los pobres excluidos contra los traidores a la patria vendidos al imperialismo.

Esta narrativa no asoma, ni por equivocación, la complejidad de nuestra estructura socio-cultural, producto, entre muchas otras cosas, de nuestra larga tradición de migraciones, ni nuestra intrincada dinámica social y política, signada por un toque de adolescencia en nuestro nivel de madurez republicano-ciudadana. No las asoma, y mucho menos las refiere como base necesaria para comprendernos y a partir de ellas y de otras, reconstruir la idea de venezolanidad.

Pero insisto, es más una narrativa a la que, recientemente se le ha respondido con otra narrativa mucho más consistente con la lectura de nuestra dinámica social y política cotidiana, que una identidad nacional nueva, aunque en dicha narrativa se apele a algunos ingredientes que podrían formar parte de un referente de identidad.

3. La anti-identidad como identidad nacional

Como dije antes, el asunto de la identidad nacional, es de un tenor diferente tanto al de la polarización política, como al de la narrativa que pretende sustentarla. De hecho, el tema de la identidad nacional es tan complejo que sería pretencioso tratar de plasmar su problemática en pocas líneas. Por ello, sólo voy a esbozar un par de ideas que creo debemos considerar en el debate.

La primera es que, después de mucho tiempo y de haber tenido unos claros rasgos con los que orgullosamente la mayoría de los venezolanos nos identificábamos, actualmente, una de nuestras mayores coincidencias, en términos de identidad, es que nos sentimos extranjeros en nuestra patria, ya sea que nos sentimos extranjeros gran parte del tiempo o que nos sentimos así en parte importante de su territorio. Es decir, nos define la “no pertenencia” como cualidad de vinculación con el territorio y su gente.

Esta “no pertenencia” es propia de la estructura de guetos que experimentamos de forma generalizada durante los últimos años y que, a pesar de que una parte de la población que se encontraba excluida podía haberla experimentado desde hace muchos más años, se convirtió en un rasgo generalizado, bajo el impulso de la polarización política. Esta, que, en un primer momento, hacía que nos sintiéramos extranjeros en partes específicas del territorio, con el tiempo, se ha magnificado y hemos terminado sintiéndonos ajenos al país.

Este rasgo es más importante en algunos grupos sociales que en otros, pero todos sufrimos una especie de desarraigo de la patria, porque, en este momento, no se parece a la que ninguno de nosotros soñó. Ese desarraigo, constituye un nivel de escisión de la identidad muy profundo y personal porque no está construido por grupos de personas cohesionados que se identifican entre sí, pero que no se reconocen en grupos distintos, sino que se desprende de una ruptura de cada persona con su sueño de país que, a falta de proyectos compartidos, se produce desde la intimidad del ser.

La segunda es que, a esa sensación de no pertenencia nueva para algunos y de vieja data para otros, se une el vacío por la inexistencia de una “idea” compartida que nos dé un nuevo sentido de identidad nacional, esa especie de engrudo que nos permite tener cohesión como país, a pesar de la diversidad y las diferencias. Pero la inexistencia de una “idea” compartida, buena parte de ese vacío que sentimos, creo que es más el producto del empeño en desconocer y menospreciar al otro que de la real ausencia de elementos que puedan constituirse en esa “idea” de nos compartida; empeño que, por cierto, a pesar de que ya existía como un rasgo latente en nuestra idiosincrasia, se ha exacerbado, extendido y arraigado como una más de las consecuencias de la polarización política.

Así tenemos como identidad un sentimiento de no pertenencia, unido a un rechazo al otro al que soy incapaz de reconocerle virtudes aunque tenga las mismas que yo me reconozco y de paso, le achaco todos los males y le endilgo todos mis defectos sin reconocerme reflejado en ellos; es decir, “ni pertenezco” “ni me identifico” se perfilan contradictoriamente, como dos de los rasgos comunes de identidad que tenemos actualmente los venezolanos.

No obstante, si pudiéramos mapear socio-cultural y geográficamente a nuestra sociedad, podríamos dibujar un mapa de grupos con rasgos culturales diversos, distribuidos en guetos a nivel espacial, que no se reconocen mutuamente, pero en los que podemos identificar superpuesta una red de valores y de creencias compartidas y cruzadas. Obviamente, aun cuando en términos espaciales están bastante claros los bordes, en términos socio-culturales, no podríamos identificarlos con tanta claridad, porque la superposición los permea y los trasciende, como también los traspasa la sensación de no pertenencia.

Finalmente, la tercera idea, es que a pesar de que no nos gustan y de que no las queremos reconocer como propias, en este momento hay una serie de creencias que son en las que coincidimos con mayor fuerza y las que, de hecho, podemos reconocer como parte de nuestra identidad. Creencias como: “Las reglas del juego están hechas para ser violadas cuando no me convengan, pero si las viola otro, y eso me afecta, lo considero una afrenta y reclamo su no cumplimiento”; y “Venezuela es un territorio en disputa, el que gane se queda y el que pierda, se asimila y si no le gusta, se va”; son creencias que están de diversa manera y con distintos niveles arraigadas en nuestro pensamiento, que se manifiestan, más de lo que aceptamos, cotidianamente y muchas veces en acciones que pasan desapercibidas porque no nos resultan relevantes. Pero son creencias que están ahí y si ponemos atención podremos sentir su presencia abrumadora.

La “no pertenencia”, la “no identificación” y nuestro “lado oscuro”, lamentablemente, son ideas comunes que actualmente, aunque no queramos, nos identifican y sobre ellas tenemos que actuar, comenzando por reconocer su existencia, para poner la reconstrucción de la identidad nacional en otro plano y poder comenzar efectivamente a trabajar sobre ella.

Del pensamiento único al pluralismo político

En estos días, vivimos un pico en la tensión política del país muy pocas veces, o nunca, experimentado. Esa tensión, como es obvio y normal que suceda, nos está forzando a poner el foco de nuestra atención en la polarización y el conflicto, haciendo que se desvíe de aspectos que son fundamentales para salir de esta crisis y para comprender la naturaleza de lo que nos está sucediendo.

Esto es obvio, porque el candidato del oficialismo, juramentado como presidente de forma apresurada en estos días, ha asumido la misma estrategia que utilizaba con mucha frecuencia Chavez, apelar a la “paz” insultando y amenazando, colocando en “el otro bando” y señalando de “traición y conspiración” a todo el que piense diferente. Y como en algunas de las más tristes épocas de nuestra historia contemporánea, el discurso es aderezado con una “cacería de brujas” que busca identificar y excluir a aquellos que han pasado agachados en su expresión política pública, pero que han manifestado su desacuerdo político mediante el voto. Pésima estrategia en un país cada vez más claramente fracturado en dos mitades prácticamente iguales y peor aún siendo la estrategia de quién debería encabezar, urgentemente, un gran esfuerzo de reconciliación y reconstrucción de espacios de convivencia entre los venezolanos.

Hay muchas cosas que explican esa conducta. Pero de ellas, quiero llamar la atención sobre una en particular.

El pluralismo político que forma parte de nuestra tradición republicana y que es una de las características reconocidas de nuestra república en la Constitución aprobada en 1999, en este momento, no es más que una cualidad emergente del sistema. Es decir, tal como se entendería en el pensamiento complejo o en la teoría de la complejidad, se trata de una cualidad que no se aprecia en las partes que constituyen al sistema, pero que emerge, como cualidad del mismo, cuando se le trata como un todo. Si lo vemos con ojos republicanos, el sistema no reconoce, en la práctica, la existencia del pluralismo político como una expresión natural de los ciudadanos, organizados y no organizados, y de su pensamiento político, a la vez que las instituciones del sistema expresan polarización a ultranza adoptando una de las variantes de la misma; pero el espíritu ciudadano está impregnado de pluralismo a tal punto, que cada vez es mucho más una cualidad que se aprecia en diversos elementos del comportamiento del sistema.

El opacamiento del pluralismo como cualidad del sistema, sucedió a pesar de nuestra idiosincrasia y tradición porque, por una parte, los oficialistas nunca entendieron que la preferencia electoral por un candidato, incluso el apoyo reiterado y el reconocimiento de un liderazgo, no es nunca igual a la construcción de una alternativa única ni en términos de preferencia electoral, ni en términos de organización política y mucho menos en términos de pensamiento político. Muchos esfuerzos han realizado para aglutinar a su gente y para hacerlo de forma organizada desde el nacimiento del MBR, su paso por el MVR y la constitución de los círculos bolivarianos, hasta la actual selección del PSUV como opción electoral del oficialismo y la pretensión de utilizar a las milicias, las comunas y otras figuras de organización de base, como expresión organizada de la población a favor del movimiento oficialista.

Por su parte, el aglutinamiento de los “anti” forjó diversos esfuerzos de unidad que se iniciaron con la Coordinadora Democrática y que hoy se expresan en la MUD. En ese ámbito fueron muchos los que tampoco entendieron la naturaleza del pluralismo a la primera y hay aún muchos que aún no la comprenden, a pesar de que fue justamente ese espíritu es el que orientó la conformación de sus estructuras. En el movimiento opositor, esa falta de comprensión se ha expresado y aún se expresa en algunos casos, en dos tipos de conductas, aquellas de los que pretenden capitalizar los esfuerzos de la unidad a favor de una organización específica y aquellas de los que quieren la anulación de todos, en discurso y propuesta, en favor de un discurso específico y único, que casualmente es el suyo.

En ambos casos, la visión que impera en ellos, oficialistas y opositores, es la que ve a la sociedad expresada como la lucha de un pensamiento-cultura-poder hegemónico versus uno contrahegemónico, una visión anacrónica que nos acompaña hasta nuestros días.

La buena noticia en este caso, es que a pesar de que quiénes están en el liderazgo del oficialismo mantienen esta visión anacrónica, no es el caso de lo que se fragua en la alternativa democrática. Lo vemos en la conducta de quiénes encabezan la vocería de la MUD y de muchas de sus organizaciones y en el discurso y conducta de quién asumió su liderazgo como candidato. Pero también se expresa en la conducta de la ciudadanía como electorado que claramente ha ido evolucionando en la expresión de sus preferencias, tal como se aprecia en esta infografía.

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Todavía, sin completar la auditoría solicitada, podemos ratificar que el pluralismo político definitivamente se está convirtiendo en una cualidad emergente del sistema, así lo expresan, entre muchas otras cosas, el voto de cientos de miles de ciudadanos que en 2012 dieron apoyaban al oficialismo y que el 14 de abril cambiaron su preferencia, porque el nuevo candidato ya no los convencía o sencillamente porque quería darle la oportunidad a una alternativa en el poder, dado lo malo que ha sido el actual oficialismo en el gobierno. Una alternativa justamente caracterizada por la diversidad, por ser una alianza entre diversos y diferentes.

Creo que una de las cosas en las que debemos poner nuestro foco de atención es en que, a pesar de todos los esfuerzos sostenidos fieramente y con abuso de recursos durante estos 14 años, los venezolanos somos diversos por naturaleza; nuestras organizaciones políticas están constituidas por gente que coincide en algunas cosas y diverge en muchas otras.

Dada esa naturaleza, nuestro punto, nuestro reto, en primer lugar es la reconciliación y el reencuentro y, en segundo lugar, es cómo hacer para construir, más allá del discurso y de estas primeras prácticas, una alternativa política viable, una opción real de poder que se fragüe en torno a las coincidencias y que sea capaz de incorporar las diferencias y propiciar dicho reencuentro; como lograr que ese espíritu, que es el que orientó la conformación de la MUD y se expresa claramente en el discurso de los máximos exponentes del liderazgo de la alternativa democrática, permee para que su expresión llegue realmente hasta las bases y pueda estructurarse en reglas de convivencia claras que nos permitan impulsar el reencuentro y la reconstrucción del país desde ya y también, para que se constituya en cimientos, a la hora de ejercer el poder y ser gobierno.

Ventana de oportunidad vs política a la machimberra

El ciberespacio, el twitter y los medios de comunicación están plagados de interesantes, y no tan interesantes, análisis y opiniones sobre lo sucedido ayer.

En efecto, hay mucho que procesar y que decir, aunque hay cosas que, desde mi punto de vista, son incuestionables y sobre las que no pienso abundar.

La primera de ellas es la consolidación del liderazgo político de Henrique Capriles y su discurso de primeras horas de la madrugada es la mejor muestra del crecimiento y consolidación del mismo.

La segunda, es el despertar de las redes organizadas del movimiento opositor, que incluyen desde una mejor organización de la MUD y de las estruturas partidistas -las viejas, las no tan viejas y las nuevas- que hicieron la diferencia en el cuidado de los votos y en la participación de un importante grupo de Observadores Internacionales y que garantizaron testigos y logística para el desarrollo del proceso, así como varias declaraciones serias y oportunas en momentos clave; hasta una organización relámpago y voluntaria de los ciudadanos no militantes, en torno a sus familias y grupos de relación directa, para cuidar centros, acompañar a la logística de testigos y votantes y garantizar el traslado de las personas a votar. Creo que por fin estamos entendiendo que la ciudadanía política no se restringe solamente a tener opinión propia y poder expresarla, sino a organizarnos y trabajar, juntos y cotidianamente, para construir una mejor Venezuela.

Y la tercera, es que se afinó el dibujo de la distribución de Venezuela de acuerdo a sus preferencias políticas, ratificando que estamos divididos en dos opciones que se miran de tú a tú, y que una de ellas, no cesa de crecer.

Pero a lo que si me quiero referir con un poco más de detalle, es a que ayer se perfiló más claramente el contenido y mensaje de cada una de esas dos opciones: la opción de una Venezuela del progreso, de la paz y del reencuentro, pero con firmeza, seriedad y vocación de rescate institucional vs la de una Venezuela de la machimberra, la amenaza, el amedrentamiento, la división, la violencia y el manipuleo. Y quiero contrastar esta dimensión de lo sucedido, porque coincido con quiénes opinan que la reconstrucción de Venezuela, pasa obligatoriamente por la reconstrucción de un espacio de encuentro y convivencia entre sus habitantes, aunque, a la luz de lo sucedido ayer, es natural que mucha gente no vea ni esta tarea como factible, ni que ayer se amplió la ventana de oportunidad que tenemos para ello.

Y, para no perder la costumbre, puedo imaginar a todo el que llegado este punto dice: ¿y qué hace Olga  escribiendo en este tono, en lugar de estar caceroleando o en la calle? Pues debo decir que la proclamación ilegítima me interrumpió, pero después de escucharla disciplinadamente, retomo la escritura y sí, se amplió la ventana de oportunidad para la reconstrucción de un espacio de encuentro y convivencia en Venezuela. ¿A qué me refiero con ésto?

El contraste de las dos opciones en Venezuela, se expresó en los discursos, pero fundamentalmente en la narrativa que se puede leer en algunas intervenciones y especialmente en las prácticas utilizadas. Además, la expresión de esas opciones se puede apreciar también en diversos niveles, que son los mismos en los que debemos analizar si se puede y cómo construir el espacio de encuentro y convivencia en el país.

Sin la pretensión de hacer una taxonomía al respecto, podemos identificar 3 niveles de relación entre las partes: el alto liderazgo político, la vanguardia activa y la ciudadanía en general.

Voy a comenzar por el nivel de relación entre el liderazgo político de una y otra opción. Fueron muy claros los discursos de la madrugada, el del candidato del gobierno, el de Henrique Capriles y el del alto mando militar.

El centro del discurso de candidato del gobierno, fue el mantenimiento de la división como política desde el Estado, de la separación entre los “malos” y los “buenos”, la típica visión maniquea de la política y la exclusión obligada de la mitad del país, en consecuencia. Para este candidato, no importa la cantidad de quiénes no favorecemos su opción política, porque para él la minúscula diferencia señalada por el CNE en su conteo, se lee como una “amplia” mayoría que tiene todo el derecho del mundo a imponer a la minoría su proyecto y su punto de vista. Eso aderezado de cursilería y amenazas que no son novedad en su discurso, indica una precaria o inexistente visión de lo que significa vivir en democracia. (Les confieso que pensé que iba a tener que modificar alguna letra de este párrafo después de escuchar a Nicolás en la “proclamación ilegítima”, pero más de lo mismo, aderezado con lo que ya vivimos ayer, el apuro por “darle visos de institucionalidad” a algo que es ilegítimo y una expresión de la copia a su ídolo, la vocación por “reescribir” la historia).

Por su parte, el alto mando militar, quién constitucionalmente, así como el CNE (que triste el papelito de Tibisay hoy, por cierto), le corresponde mantener su imparcialidad y garantizar el reino de la institucionalidad, obligatoriamente tiene que incluirse como parte del liderazgo político de una de las dos opciones, porque desde hace tiempo, pero cada vez con más fuerza, se ha expresado abiertamente como seguidor de uno de los dos grupos.

Su vocería incluyó dos elementos que vale la pena mencionar: el primero es la absoluta contradicción al decir que haría respetar la voluntad del pueblo, pero, acto seguido, proclamando y felicitando el “triunfo” del candidato del gobierno; y el segundo fueron las “clases” sobre democracia que intentaron impartirnos. Es obvio que en eso, como país, no hemos cambiado nadita, porque siempre en nuestra Fuerza Armada, hay un grupo de efectivos que tienen vocación de “hermano mayor” de los ciudadanos, en cuanto a la construcción de la vida democrática del país, pero que en el fondo se creen con el poder y la moral para decidir nuestro destino. El problema de siempre agudizado porque, en este caso, no tienen mucha idea de lo que significa una vida en democracia. Creo que no les vendría mal tomar unas clasecitas con Elías Pino, por ejemplo.

Tanto el candidato del gobierno como los militares, en sus intervenciones, hicieron referencia a la Constitución, incluso blandieron el librito azul. No obstante, parece que no les queda claro que sabemos que no basta con mencionarla o blandirla como bandera, hay que cumplirla para poder comenzar a hablar de ella y de institucionalidad.

En contraste con esos discursos, el del candidato Hernique Capriles fue apegado a la institucionalidad y firme, sin remilgos ni cursilerías, retando al poder a jugar de verdad dentro de la democracia.

Pero en ese nivel, el del liderazgo, no sólo apreciamos la actuación y los discursos de los candidatos y el alto mando, sino también otros voceros. Ayer, los voceros del Comando Simón Bolívar y de la MUD, en su mayoría hicieron muy bien su trabajo con intervenciones oportunas, sensatas y bien argumentadas. Fue así ayer, pero también en los días precedentes en los que destacó por su seriedad y contenido, el acto de los Artistas en apoyo a Henrique Capriles, en el que hubo impecables intervenciones, entre las que destacan las de Elías Pino y Leonardo Padrón.

El tuit de la ministro

Eso no es precisamente lo que podemos decir de los voceros del gobierno y el alto mando que llenaron de insultos y amenazas sus intervenciones durante el tiempo de campaña. Los militares declarando su adscripción a una opción política específica, lo cual, como ya mencioné y todos sabemos, es violatorio de la Constitución y los civiles, con múltiples y descaradas intervenciones haciendo campaña durante el proceso electoral y fraguando amenazas abiertas y soterradas, hasta con chistecitos tristes como el de una ministro que, más que un chiste, constituye una apología a la violencia. (Aquí les dejo esta captura de pantalla para los que no sepan a qué me refiero)

Antes de pasar al segundo y tercer nivel de esta relación, debo agregar que, en este momento, se está iniciando una nueva violación, por parte del liderazgo del grupo del gobierno, de la institucionalidad del país, al forzar y apurar la proclamación de su candidato como presidente electo. Una clara maniobra por tratar de imponer a la machimberra un resultado electoral dudoso, pretendiendo ganar con fuera de las urnas unas elecciones altamente cuestionadas. (algunos agregados que encontrarán entre paréntesis los acabo de poner a propósito de la ”proclamación ilegítima”)

El segundo nivel sobre el que quiero hacer algunas apreciaciones, es al que denomino la vanguardia activa. Se trata de un nivel intermedio de relación entre los dos grupos, que se da entre los exponentes de los activistas, militantes o no, de ambos sectores.

En este nivel, por un lado tenemos a los voluntarios, cientos de miles de personas que participaron como testigos que cuidaron las mesas, grupos organizados que trabajaron en la logística de los centros, en las salas situacionales organizando el apoyo y recopilando las denuncias, movilizadores de sus grupos de familiares y amigos o de desconocidos y por el otro, a los malandros de oficio, armados, paseándose a pié o en moto, encapuchados o no, amedrentando a la gente para que no se quedara sin votar, pero obligándola a marcar la cara de un candidato.

En este segundo nivel es importante aclarar que hay voluntarios que actúan de buena fe en los grupos que apoyan al candidato del gobierno, pero, lamentablemente, en ese ámbito, son una minoría, porque entre ellos predominan los “activistas a sueldo” y los “malandros de oficio”, que pueden ser pagados o no, pero que están armados y se divierten cumpliendo su labor de amedrentar.

En este nivel vivimos las más claras expresiones de diferencia entre las prácticas de ambas opciones, porque, por una parte tuvimos el placer de apreciar la entrega y madurez de muchos, su dedicación a pesar del temor que podían sentir por cumplir con su voluntariado en situaciones de riesgo, de tensión o simplemente adversas; y por la otra, vivimos la saña y agresión de los violentos, tratando de conservar el espacio político del grupo de gobierno, en las calles y con amedrentamiento.

Vimos grupos de motorizados pasando a amedrentar desde tempranas horas por los centros electorales, vimos personeros del gobierno plantados en algunos centros obligando a los ciudadanos a practicar un “voto asistido”, vimos a los malandros amenazar, disparar, agredir. Muchos son los casos, las denuncias, los videos, los relatos y las fotos que nos quedaron de ello. Vimos como también, esas prácticas aumentaban en la medida que avanzaba el día y se acercaban los escrutinios, pero vimos como se arreciaron a la hora del conteo y los cierres de mesa, cuando se agredieron a testigos para sacarlos de los centros y evitar que se hicieran las auditorías. No se trató de hechos aislados, sino de una práctica orquestada y organizada desde el poder.

En este nivel hay muchas cosas que decir, pero quiero hacer referencia a tres que creo deben prender más nuestras alarmas: la primera es la agresión a las personas que estaban presentes a la hora del cierre de los centros y que, como en el caso del Liceo Bicentenario de Turmero del Estado Aragua, sacaron a tiro limpio. Lo sucedido lo pueden ver en este par de videos (video 1 y video 2).

La segunda es la, sin precedentes, agresión a la sede donde estaba funcionando la Red de Observación Electoral que coordina Asamblea de Educación. En ese caso específico, llegaron 20 motorizados armados, a agredir a los voluntarios que allí prestaban su colaboración recibiendo y procesando el desarrollo del proceso electoral en una muestra de centros, en los que la Red despliega sus Observadores y documentando las irregularidades que se producían a lo largo del proceso. Una Red de Observadores acreditada por el CNE con una larga tradición cumpliendo esa función en nuestros procesos electorales. Allí llegaron, amenazaron, golpearon a uno de los que trató de oponerse a su agresión, rompieron y robaron equipos. No pudieron paralizar el trabajo de la Observación Electoral, porque se encontraron con un grupo de gente que no más salieron los malandros por la puerta, con mucha indignación y temor, pero con mucho más entereza y carácter, se reintegraron a sus funciones, recuperaron la estructura de la operación y continuaron cumpliendo con su trabajo. Quiero aquí expresar mi agradecimiento y reconocimiento a todos ellos. Aquí pueden leer una reseña de lo sucedido.

Y la tercera, es a la unidad “cívico-militar” que tanto ha sido cacareada por esta gobierno como parte estructurante de su propuesta política y que ayer se expresó, lamentablemente, con el apoyo irrestricto de algunos grupos de militares y milicianos a los actos de agresión a amedrentamiento de los malandros, aunque estuvieran encapuchados. Esta actuación, además de ilegal, es inadmisible en cualquier país que se denomine democrático, porque no es más que la expresión de la puesta de las armas al servicio de una parcialidad política y condena a todo el que no se identifique a la imposibilidad de participación.

Este nivel se ilustra en el contraste de estas dos fotos:

Los voluntarios de la Red de Observadores Electorales cumpliendo con su trabajo

Los voluntarios de la Red de Observadores Electorales cumpliendo con su trabajo

¿Esta es la única cara que tiene para mostrar la tan cacareada unidad cívico-militar?

¿Esta es la única cara que tiene para mostrar la tan cacareada unidad cívico-militar?

Este nivel obviamente, contrasta por la naturaleza de sus prácticas. No resulta fácil el encuentro y en algunos casos, lo posible, tendrá espacio cuando se recobre la institucionalidad y las cosas se llamen y se traten por sus nombres.

Y finalmente, hay un tercer nivel, el más importante, el nivel de relación ciudadano-ciudadano que es dónde estoy segura que podemos fraguar con mucha más firmeza nuestro espacio de encuentro, éste es, aunque no lo parezca, el más importante, el que permite reconstruir los puentes para la convivencia de verdad, pero además, es el que podemos trabajar directa y cotidianamente. Este, en el que se puede concentrar el mayor desconcierto y la molestia, es el nivel en el que tenemos la mayor ventana de oportunidad para el reencuentro con el otro. 

Y para reencontrarnos, no tenemos que ignorar las cosas que nos separan o nos enfrentan políticamente. No, por el contrario, tenemos que reconocernos diferentes, pero también identificar las coincidencias y trabajar a partir de ellas. Podemos estar ejerciendo nuestro derecho a la protesta, exigiendo la auditoría del 100% de los votos como estamos convocados para hacerlo en estos días, pero debemos hacerlo dialogando con el otro, expresando nuestras razones y debatiendo argumentos.

Ese es parte de nuestro trabajo ahora. Así como hablamos de convencer al que pensaba diferente y conquistar votos de los que apoyaban al gobierno pero eran sus críticos en estas elecciones, nos corresponde ahora, conversar con todos los que tengamos cerca y podamos explicarles por qué no se puede ignorar el resultado de estas elecciones y qué tipo de dinámica debería promoverse desde el poder para construir un país en el que entremos todos.

En este nivel, aunque provoque, no podemos dejarnos llevar por las pasiones y seguirle el juego a los violentos, encabezados en su discurso por el candidato del gobierno (así lo seguiré llamando hasta que se terminen de realizar las auditorías) En éste, estamos todos como ciudadanos y por ello estamos llamados a ubicar a nuestros familiares, amigos y conocidos que piensan diferente y que ayer expresaron su voluntad con o sin presiones y conversar con ellos sobre lo sucedido, sobre los resultados y sobre la intención del gobierno de legitimar, por la vía de la imposición, un resultado electoral sobre el que ellos mismos tienen dudas e invitarlos a participar con nosotros.

En éste nivel, podemos, con nuestras prácticas democráticas desmontar poco a poco la dinámica de la mentira, del miedo y la violencia como política de Estado y acompañar a nuestro liderazgo en la tarea que se propuso, con la que coincidimos y en la que aún se mantiene. 

En este nivel, de tú a tú, tenemos una ventana de oportunidad que aprovechar.

Como la muerte anda en secreto…! (*)

En estos días he leído innumerables tuits y varios artículos, muchos para mi gusto, rondando y regodeándose en el tema de la muerte por razones, más que obvias, patrias.

De hecho, la muerte se convirtió en un tema recurrente para los venezolanos desde hace algunas semanas.

La muerte, la no revelada, la presumida o la temida, nos seguía por todas partes a pesar de que, como en mi caso, le sacáramos intencionalmente el cuerpo, y lo hacía sin contemplaciones independientemente, de otras muertes que nos rozaban y revolvían la vida.

Pero no creo que esa variante del tema se convirtiera en la recurrente porque no existieran otras, más personales e intensas que nos afectaran a diario gracias a la delincuencia, al estrés o a la mala vida que nos estábamos dando, sino porque un evento, la ausencia, la convirtió en el centro de mesa en todo momento. Es por eso que, aunque aumentaran las estadísticas de asaltos y muertes producto de la inseguridad, o aunque descubrieras en una funeraria que en 4 de las 6 capillas estaban siendo veladas personas que conocías directa o indirectamente, la pregunta de rigor ante casi cualquier encuentro, la que seguía al “Hola, ¿cómo estás?”, era : “dime, ¿tú crees que está vivo o muerto?

Cuando la muerte se convierte en una afrenta de esa naturaleza, se entiende que las cosas están realmente mal.

Mi relación con la muerte siempre ha sido muy sui géneris. Quiénes me conocen, desde siempre, saben que acostumbro a molestarme profundamente con todo el que quiero y que se atreve a morirse antes que yo, especialmente cuando lo hacer sin previo aviso; y también saben que acostumbro a hacer comentarios y chistes muy negros en torno a ella, específicamente, a las muertes más cercanas. Ojo, pero no se trata de los típicos chistecitos de funeraria, o de cualquier payasada que sirva para romper el hielo o aliviar el pesado aire del duelo, no, de esos no, porque para mi la muerte siempre ha sido un asunto muy serio, al que hay que tratarlo con el humor que se merece. De paso, también saben que muy poco soporto las cursilerías y los llantos fingidos y destemplados, pero respeto profundamente las lágrimas o el silencio producto del dolor desgarrado, porque puedo percibir su asfixia y eso me parte el alma.

Como es del conocimiento de todos los que he tenido cerca en los últimos meses, desde que mataron a mi amigo Carlos, la presencia de la muerte me tiene saturada, quizá por eso, por mi visión del humor negro que se merece la muerte y posteriormente, por toda la parafernalia tejida en torno a la “ausencia“, había decido no meter en mi agenda teatral a Matarile.

Debo confesar que viéndolo en retrospectiva, la razón del medio me quedó como petulante porque pude, sencillamente, confiar en la inteligencia reconocida  y respetada de Rebeca, en lugar de temer encontrarme con una pieza que no cumpliera mis expectativas sobre el tipo de humor deseado. Que feo me quedó eso… sorry Rebeca… Sin embargo, poniendo al margen mi petulancia y mi preferencia por el humor negro profundo, las otras dos razones, las que hacían que mi relación con la muerte estuviera un poco mellada en estos días, constituían una justificación más que válida para mantener mi decisión.

No obstante, la muerte, la que acabó con la ausencia, o mejor dicho, la que sacó de la ausencia al ausente, me jugó una interesante pasada y me modificó sin remedio la agenda de teatro, por lo que decidí, como era lógico, confiar en Rebeca, respirar a fondo mi saturación y lanzarme a ver Matarile.

Comienzo diciendo que tienen que ir a verla y que no se las voy a contar, porque ya saben que hacer eso no tiene chiste.

Continúo diciéndoles que obviamente cada cosa en su momento, pero menos mal que decidí confiar en la inteligencia y el trabajo que respeto y admiro de Rebeca Alemán (@rebecaaleman), Iraida Tapias (@iraidatapias) y toda la Gente de Agua (Water People Theater Company - @waterpeopletc) que es gente seria y que están en mi lista de #GQHLCB (Gente que hace las cosas bien), porque me reí y la disfruté a rabiar, casi tanto o más que ellos, que ya es decir. (Y aquí entre nos, ¿verdad que cuando uno va al teatro y percibe el disfrute de los actores interpretando, la experiencia es más intensa?)

Pero comencé a escribir estas líneas realmente, para decirles, que viendo Matarile pensaba en cosas que, quizá por triviales, escapan a nuestra consciencia cotidiana, como por ejemplo, lo común que es descuidar la salud hasta que la enfermedad nos alcanza y entonces, nos debatimos entre el miedo a la muerte, la nostalgia por todo lo que nos perderemos y el miedo a sufrir los rigores de la enfermedad. En algunos casos, el miedo se convierte en pavor y éste lleva a la negación, por lo que peleamos con lo que tenemos y retamos a la enfermedad o mejor dicho, por no asumirla y ponernos en tratamiento, terminamos retando a la muerte, como si tuviéramos un poder divino para vencerla. En este caso, creo que la “salud” escapa a nuestra consciencia cotidiana, porque pensamos en ella como ausencia de sintomatología, pero no como sinónimo de llevar una vida armónica y emocional y físicamente saludable.

Otra cosa en la que pensaba es en cómo escapa cotidianamente y para mucha gente, la propia consciencia de vivir la vida. Hay muchos momentos en los que las personas actúan como los estudiantes cuando tienen que entregar una tarea y sin pensar realmente en lo que tienen que aprender con ella, la hacen preocupados porque tienen que “entregar algo” que cumpla con unas pautas -o una receta, dependiendo del profesor- y que les permitirá obtener una “calificación” o una nota. Respiramos porque si no, nos morimos; comemos por ansiedad o para que no nos de una fatiga; damos los buenos días y preguntamos al otro ¿cómo estás? sin importarnos ni el buen deseo, ni la respuesta, por cortesía; escribimos el informe, para entregarlo; preguntamos al cliente ¿qué desea? por rutina; y hasta esquivamos la mirada para que no se nos vean las costuras…

Ver unos ojos brillando por la emoción y el disfrute por lo que se está haciendo, es poco común, o sucede por destellos. En su lugar, se percibe un vacío que torpemente se trata de llenar con la ejecución de rutinas que incluyen el beso y el abrazo que no se notan acolchados y sentidos. En la comunicación verbal, predominan frases pesimistas o disculpas por no tener ánimo en cada momento, cuando no las quejas o descargas por lo que estamos “sufriendo“. Es como si vivir, en este país, nos pesara demasiado, aunque creo que en el fondo, se nos olvidó lo que significa vivir y lo que nos pesa demasiado es tratar de sobrevivir.

Claro, después de esto más de uno pensará, pero Olga ¿no es obvio? ¿no está suficientemente jodida la vaina? ¿de qué cuernos hablas?

Y es que mientras veía Matarile, estaba pensando en nuestra reiterada manía de jugar a vernos en el espejo sin reconocernos que, en este caso, se traduce en no darnos cuenta de que nos estamos convirtiendo en un país de “muertos-vivientes“, de gente que perdió la noción y la consciencia de vida en su cotidianidad y que regalándole el poder al otro, deambula por los predios de su casa sin permitirse tocar la puerta, coger las riendas de su vida y entrar. Es decir, se puede vivir muriendo con cada acción cotidiana y ni enterarte.

Cuando se trata de la vida a nivel personal, el poner el poder en otro, quién quiera o lo que quiera que sea, nos aparta tanto de la responsabilidad sobre lo que nos sucede, como de la esperanza, como escribía en twitter en estos días, contrastándolo con la máxima que reza que hay que vivir cada día como si fuera el último, pero no porque sientes que se te acaba la vida, sino porque lo exprimes para disfrutar al máximo cada segundo que puedas respirar.

Pero cuando se trata de la vida en el contexto de la convivencia o la vida en comunidad, ya sea muy local o nacional, el colocar el poder en el otro no es más que una modalidad viciada del significado que se le da al “liderazgo”, que permite atribuirle a quiénes por legitimidad de alguna naturaleza, tienen el mandato o el reconocimiento para la conducción de alguna instancia de gobierno o de alguna agrupación política o social, y en lugar de ello, se pone la suerte del colectivo en sus manos cediendo por parte de sus miembros, el control que emana, tanto del poder de decisión, como del ejercicio de la responsabilidad ciudadana.

Lo interesante de este fenómeno, en nuestro caso, -aunque suene feo decir “lo interesante” en este contexto- es que el fenómeno es bastante generalizado y se expresa tanto en aquellos que entregan su poder poniendo en el otro la esperanza de tener una buena vida, como en aquellos que lo hacen achacándole al otro la responsabilidad por no tenerla. (Dos caras de la misma moneda, o nuestro reflejo visto en el espejo)

Escribiendo ésto, me acordaba de Martín-Baró, me preguntaba si este vivir muriendo, como personas o como país, cual muertos-vivientes, sin esperanza, es lo que él llamaba “desesperanza aprendida” y si de eso se trata, ¿cómo podemos hacer para superarla? ¿qué tanta capacidad tenemos en lo individual y en lo colectivo para retomar el poder y la conducción de nuestras vidas y del país?

Creo que las respuestas a esas preguntas son parte de nuestra tarea pendiente.

Por ahora me despido agradeciendo a Rebeca la sugerencia y al elenco de Matarile (Rebeca AlemánÁmbar DíazRolando Padilla y Dereck Blanco) por su excelente trabajo, por haber disfrutado tanto su interpretación -la mejor ilustración de lo que significa vivir con el fuego de la vida en el brillo de la mirada- y por haberme contagiado con su disfrute, pero especialmente por la energía que hizo que emergieran, de otra manera, algunas ideas sobre la vida y la muerte.

Y termino, como Matarile, afirmando ¡La muerte debe ser la hostia porque el que muere no vive más!

materile

(*) Para quién no la conozca, es el primer verso de la canción “Testamento” de Silvio Rodríguez. La primera canción relacionada con la muerte que canté a consciencia en mi vida. Aquí les dejo una página con una transcripción.

Entre Samsara y Baraka

Tenía muchos años sin experimentar la grata sensación de expansión que da ir a un cine a cielo abierto. La última vez que fui a una función así -porque pasar durante una proyección por la Plaza de los Palos Grandes no cuenta- fue seguramente en el cine del Club Puerto Azul, donde la película siempre estaba aderezada por el sonido de las olas rompiendo y el profundo olor a mar.

Pero este sábado, tuve el placer de atinar un tuit, provocar complicidades, cambiar mi agenda y encontrarme con Samsara.

El rito comenzó antes de salir de casa con la selección de abrigo, algo cómodo para sentarme y los ingredientes de la merienda de rigor para comer y beber durante la función. Llegar a Los Galpones, estacionar, saludar, ubicar el mejor ángulo y colonizar el espacio, fue la continuación a ese preámbulo, que terminó cuando los organizadores acomodaron el video beam, tomaron el micrófono para dar las gracias por nuestra asistencia y presentaron la película.

Por cierto, muy sencilla, pero buena la presentación que uno de los organizadores hizo de Samsara.

Como es más que obvio, no les voy a contar aquí la película, sería como una especie de sacrilegio. Ni les explicaré qué significa Samsara, quién la hizo y su relación con Baraka. (Para quiénes no tienen idea de la existencia de la película o su relación con Baraka y también para quiénes quieren informarse más, les dejo el enlace de la web oficial de Samsara. También pueden visitar y seguir el twitter oficial de la película @SamsaraFilm)

Lo que sí haré, será un par de comentarios y la solicitud a la gente de Los Galpones (@losgalpones) y a @cinemagarage para que la vuelvan a colar en su programación, porque como Baraka, esta es una película que vale la pena verla mucho más que una vez.

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Coincido con todo el que la ha visto y ha escrito sobre ella, en que Ron Fricke logró su cometido y la película es todo un poema visual. Hay que quitarse el sombrero con la calidad de su fotografía y dirección.

Sin embargo, entre Samsara y Baraka, hay una distancia marcada en dos sentidos, -uno lógico y esperado y otro que me sorprendió.

Lógica y esperada fue la evolución en la madurez del lenguaje y su expresión de Samsara en relación con Baraka, esa síntesis de la rueda de la vida que perseguía transmitir en cada fragmento, esa exaltación de la belleza que surge de la mano de la comunión de un grupo de seres o que se asoma en el orden que emerge del aparente caos.

Hay tanta belleza en la erupción de un volcán, como la hay en la intrincada filigrana que adorna un templo. La hay en la sutil sincronía de la danza como en los colores y formas en la mina, incluso, y a pesar de preguntarnos si los trabajadores no se están envenenando mientras los hacen, la hay en los movimientos para su extracción y traslado; hay belleza en el sufrimiento asociado al peso cargado en el hombro y a las cicatrices, los callos y las llagas.

En la mayoría del documental, la belleza de las imágenes te golpea, sin darte cuenta, el alma, te despierta interrogantes que aparecen en el momento, o que se decantan con el tiempo y emergen más tarde.

Esa dimensión de la distancia entre Samsara y Baraka, se disfruta tanto por bella, como por sutilmente ruda.

Pero va dejando caer al descuido, o ni tanto, la clave para descubrir la otra dimensión de la distancia, la que sugiere concretar las interrogantes en una sola, la que por alguna razón me sorprende, la que parece esconde con triste certeza un mensaje.

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Algunos detalles descarnados como el rosa en el “juguete” de esta niña, que nos habla de la naturalidad con que es asumida una lógica de guerra en la cultura de muchos grupos. O como son manos de mujeres las que se aprecian en la mayoría de las líneas de ensamblaje mostradas en la película, desde de las de un electrodoméstico, hasta la de las armas.

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

La belleza del ritmo y la geometría que son determinantes tanto en un desfile militar, como en un mandala, forman parte de estos detalles, entre los que rompe recurrentemente, como imagen, el empeño expreso de masificación y uniformidad que predomina en buena parte de las sociedades y que en cada contexto se “justifica” argumentando que es lo que se considera “correcto” o lo que parece que funciona. Aunque sea sólo desde un sólo punto de vista o para imponer un punto de vista.

Y en esa crítica a la masificación de todo, que incluye la producción masiva de comida y basura -dos caras de la misma moneda-, es donde emerge con más claridad la pregunta en la que se podrían sintetizar todas las interrogantes: ¿qué es lo que estamos haciendo como humanidad? (Bueno debo confesar que me sigue sonando mejor como la pensé inicialmente ¿qué coño es lo que estamos haciendo?)

Pero en Baraka, en la que esa pregunta también estaba sugerida, había dibujado un rastro más claro para forjar una ruta esperanzadora, porque señalaba espacios, ritos, destellos de conexión con la naturaleza, con nuestra humanidad, con la armonía y con la belleza de esa armonía. Ese rastro, creo que está ausente o muy escondido para mi gusto en Samsara.

Es por eso que para mí, como imagino que para muchos, el momento cumbre de la película, lo marca la lágrima que rueda por la mejilla de la Geisha.

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Y aunque no estoy segura de coincidir con las razones que tendrán otros para apreciarla como tal, en mi caso, esa imagen simboliza el apacible dolor de la humanidad ante la pérdida de la intimidad. Porque la porta una Geisha, representante del pasado, de la tradición, pero específicamente de la maestría del placer sin amor y la arroja ante la proliferación de la “solución” inerte y masificada que pretenden brindar los muñecos de satisfacción sexual, que intentan sustituir su arte con la satisfacción a secas, el placer superficial el acto vacío de intercambio, de interacción. Vacío de lo que, de acuerdo a los versos de Eugenio Montejo, es realmente “lo nuestro” (Al final les dejo el poema “Lo nuestro” para que, quién no lo conozca, sepa a que me refiero)

Lo que me sorprendió, entonces, es que al terminar la película, deja la sensación de que el autor se da por vencido, de que entre Baraka y Samsara parece haberse extraviado la esperanza.

Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando;
se despertó contigo una mañana
cuando quiso la tierra.

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires,
lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
es de la tierra.

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende
–eso es lo nuestro.

Eugenio Montejo, del poemario Adiós al siglo XX.

Perdida y postrada: la reina del desamor

Preludio

Una de las cosas que me apasiona del teatro es la proximidad de la historia, esa sensación de que si estiras la mano, puedes tocar una vida, un relato, una anécdota. Una vez en la sala, apuesto porque lo que allí suceda, en respuesta a mis pretensiones, estire la mano, toque mi alma, e independientemente de las emociones que me arranque, me estremezca, me deje pensando, afecte mi vida.

Ir al teatro, como un gran amor o como una buena conversa, carece de sentido si no desata la magia de cambiarme algo, una apreciación, una vivencia, una interpretación, una óptica, algo que contribuya a enriquecer, a transformar mi vida.

Otra de las cosas que me apasiona del teatro, del buen teatro, es poder estar frente a frente con el personaje. Y esto puede parecer sutil, extraño o hasta redundante, pero es con el personaje, no con un actor interpretándolo, por muy bien que parezca que lo haga, sino con el personaje, ese que emerge cuando el actor se desvanece para traspasar el umbral y entrar a escena. Obviamente, cuanto mejor construido esté el personaje, mayor verosimilitud le da a la historia y a su presencia en escena. Pero sólo si se produce el desvanecimiento del uno por la emergencia del otro, puedo tenerlo frente a frente y dialogar con él.

Es por ello que anoche, pude hablar con La Lupe.

De la Lupe tenía recuerdos vagos por haberla visto en mi infancia en alguna edición del Show de Renny o de Renny Presenta, por un par de anécdotas de su vida que leí algún momento, cuando trataba de conocer el espíritu detrás de la voz impactante y estilo irreverente de una cantante cubana que lograba conmoverme con sus canciones. Y no tan vagos de las canciones que me atraparon y que me han acompañado en muchos momentos en la vida.

Esos recuerdos, que me encantan los musicales, mi pasión por el teatro y mi gusto por un desgarrador bolero, me llevaron al Trasnocho a ver La Lupe. La reina del desamor un musical dirigido por Gabriel Díaz con Mariaca Sempún como La Lupe.

Una vez en la sala

La magia se asoma desde la atmósfera que la música comienza a construir en el preludio, se perfila en la delicada iluminación que la acompaña, se cuela entre los detalles esculpidos en la escenografía, pero estalla en todo su apogeo, cuando irrumpe la Yi Yi Yi.

(Y me perdonan que reitere, pero yo fui a ver una obra con Mariaca Sempún y por más que me esforcé y busqué, no logré encontrarla en escena, no era su energía sino la de Guadalupe Victoria la que atravesaba el escenario, no era su voz, sino la de la Lupe la que se escuchaba cantando. Todo mi respeto y admiración por Gabriel Díaz, su equipo de producción y los músicos, que fueron parte determinante de la calidad de la obra, pero especialmente, a Mariaca, quién fue la artífice del mágico milagro que separa “teatro” de “Buen Teatro”. Por ello, mil gracias.)

Perdida y postrada

Mi encuentro con Guadalupe estuvo signado por una mezcla de euforia y nostalgia. Desde su entrada, la podía ver como una maraña de frescura, inocencia y terquedad, mezclada con una combinación de empeño, determinación y esperanza, pero descansando sobre una cama de dificultades, rabia, rechazo y desesperanza. Ese entramado de adjetivos que definían su personalidad, se manifestaban con diversas intensidades a lo largo de su vida, dando lugar a arreglos de personalidad tan distantes como congruentes.

Sin embargo, era la conexión con la nostalgia como telón de fondo de su vida y de la obra, lo que me tenía atrapada.

Creo que esa conexión con la nostalgia que emanaba de la historia de la Lupe, nos tocó a todos los presentes, como señalaba Meña en la silenciosa conversa que tuvimos en el intermedio.

Por momentos, que incluyeron los transcurridos en Trasnocho terminada la obra, pensé que se derivaba de las sutiles alusiones políticas que el autor dejó caer al momento de narrar el destierro de la Lupe de Cuba y su visita a Venezuela, del riesgo de pasar por algo similar a lo vivido en Cuba o a no recuperar el espíritu y la dinámica democrática y libertaria que era cotidiana de Venezuela, incluso de la alusión al desarraigo, que recorre toda la obra.

No, no era eso, ni tampoco el crescendo sostenuto de tragedia y decadencia que se apoderaba de su vida, haciéndole perder un pretendido control que, obviamente, nunca tuvo nadie, ni la propia Lupe, sobre ella.

No, fue algo que entendí mientras manejaba camino a casa:

La inevitable sensación de estar mirándonos en un espejo, el desagradable paralelismo entre la decadencia de su vida y la de la vida de la adolescente Venezuela.

Y es que todos admiramos el espíritu libertario e indomable de la Lupe, pero ese, desde la euforia juvenil con la que asumía su vida, su pasión por el canto y la forma en que manejaba, o mejor dicho, se dejaba llevar por sus impulsos, siempre estuvo acompañado por su empeño en apalancarse en el afecto de otros, por su incapacidad para vivir la vida con mesura, para no dejarse llevar por su ego y su petulancia, para no reconocer lo decisivo del apoyo de algunos y el valor de las oportunidades que le brindó la vida, para asimilar la vida y las consecuencias de la fama.

Esa mezcla de cosas, que era explosiva por naturaleza, expresaba su desarraigo, pero no sólo el desarraigo por el destierro al que fue sometida en Cuba, o el que se derivó del constante transitar por nuevas tierras. En su caso, a ese lo profundizaba el desarraigo de sí, esa incapacidad de buscarse y encontrarse, de apalancarse en el Yo para relacionarse con el mundo.

Ese desarraigo, esa desconexión con el propio espíritu, le facilitaron su tránsito por el alcohol, las drogas y los cultos, en los que, sin éxito, intentaba rescatar y dar sentido a lo que pasaba en su vida.

En nuestro caso, el desarraigo se profundiza con la escisión de ser expresiones contradictorias de nuestro arreglo de “personalidad” a la vez. De ser simultáneamente lo que más odiamos y lo que más amamos, lo que admiramos y repudiamos, todo vibrando en diversas frecuencias, pero encerrado el mismo territorio.

Compartimos con la Lupe la pasión desmesurada y efervescente con la que transitamos por la vida, el empeño en poner en manos de otros la responsabilidad sobre lo que nos sucede, la incapacidad para conectarnos entre nosotros y con nuestra esencia, para tomar pausa, procesar y cambiar.

Nos mantenemos embistiendo el espejo en el que nos reflejamos, culpándolo por las heridas que nos producimos al estrellarnos y en cada caída, asiéndonos a esperanzas externas que, como por arte de magia, nos resolverán el problema, mientras, sólo rodamos más.

Al llegar a casa, pasé parte de la noche escribiendo, revelando unas fotos y preguntándome si seremos capaces de encontrarnos, levantarnos y revertir esta rodada, o si nuestra vida terminará como la de la Lupe sumida en la pobreza, la tristeza y la nostalgia de lo que se fue y por no haber podido desarrollar todo nuestro potencial.

Aquí les dejo este espejo:

La Lupe, la reina del desamor

 

(*) La fotografía captura una escena de “La Lupe. La reina del desamor” que se está presentando hasta finales de febrero en el Teatro Trasnocho, en Paseo Las Mercedes,  Caracas.

 

¿Religión y política ≠ Religión-Política?

Siempre es tentador el enlace, ese hilo travieso e imperceptible que relaciona unas cosas con otras tocándolas con sus puntas, o que, tomando forma de lazo, las agrupa, teje o clasifica por afinidad.

Extraña manía de poner orden que merodea por nuestra mente de forma cotidiana.

Gracias a ella, arribó mi tercer revelado como un regalo para mis amigos creyentes y devotos, que no son pocos.

Mientras escogía la foto a revelar, recordaba con mucho placer la calidez de los guaros que año a año se reúnen en Cumbres de Curumo a celebrar, una semana después del encuentro en Barquisimeto, su devoción por la Divina Pastora. (El resultado del revelado, para quiénes gusten, está en mi blog de fotografía, al que le llegan por este enlace: Mi tercer revelado: La Divina Pastora)

Como supondrán no soy creyente ni devota, mi relación con Dios y la energía universal, responde a reglas peculiares. Sin embargo, además de respetar a quiénes son devotos y creyentes, soy cultora de las tradiciones y me dejo conquistar y contagiar por la buena vibra que muchas de ellas tienen. Una buena vibra que logra lo que muchos quisieran, pero no tienen idea de cómo hacer, que es la unidad de base, en este caso, de buena parte de los venezolanos.

Es obvio que la historia de la humanidad está plagada de episodios en los que es precisamente la religión, el detonante de los conflictos, así como también la vida está llena de momentos en los que justamente esas creencias, permiten que se toquen o se unan corazones de procedencia antagónica o diversa.

Por eso, no pude evitar que, frente a las imágenes del encuentro por la Divina Pastora en Barquisimeto este año, el enlace, ese hilo imperceptible, recurrente y caprichoso, juntara en mi cabeza, las combinaciones de palabras “religión y política” y “religión-política“, pensando, a la vez, en cuantos corazones distanciados por razones políticas, estarían vibrando al unísono y sin proponérselo, darse cuenta o aceptarlo, en estos días por la Divina Pastora y en cuantos de esos mismos corazones la religión-política que, “convenientemente” cada día nos arropa más en Venezuela, levanta una coraza, desde dentro o desde fuera de dicha religión, que les impide ver al país con otros ojos y apuntar hacia una dinámica que de verdad permita nuestro encuentro y la construcción conjunta de una Venezuela en la que todos podamos vernos reflejados.

¡Cuando dejemos de “ofendernos” por todo y aceptemos el país y los ciudadanos que tenemos, podremos actuar de forma acertada para reconstruirlo!

El país que tenemos #16D

Con mucho cariño para mi querida @Indileonor

“Tenemos el país que tenemos, no otro. Lo formamos todos y todos somos responsables de la forma que toma! Mucho que reflexionar y crecer #16D”

Ese fue mi primer comentario en twitter vistos los resultados de las elecciones regionales y creo que resume muy bien lo que pienso que es el aprendizaje más importante que tenemos los venezolanos en estos tiempos.

A casi 24 horas del cierre de las mesas, abundan los artículos y mensajes “reflexivos” -obviamente, unos con más reflexión y otros con más reacción-. Es el tiempo del reajuste de expectativas, del acuse de recibo y del trago grueso para todos, los que ganamos y los que perdimos. Hay muchos mensajes cargados de una emoción visceral, cosa que es normal dado lo sucedido, pero especialmente, por la incomprensión generalizada que tenemos sobre la realidad en la que vivimos. Y esa -aumentar la comprensión sobre la realidad que vivimos- es quizá la tarea más importante que debemos emprender todos en este tiempo.

Hay algunos datos interesantes que pueden ayudarnos a comprender esa realidad, pero resalta entre ellos, la cantidad de gobernaciones en las que ganó un candidato militar y aunque sería muy fácil asumir como explicación que su victoria se debe a que era el candidato designado por Chavez y aunque no dejo de pensar en la vieja y arraigada creencia popular de que, ante la necesidad de poner orden, los venezolanos apuestan por un militar, creo que la respuesta no es trivial ni obvia. Un dato de ese calibre requiere un análisis detallado y profundo que no es al que voy a apuntar en este momento, en este espacio, pero lo menciono para apuntar a una necesaria reflexión posterior. (Claro, también lo menciono porque sería genial que alguien como Graciela Soriano @grasoriano, Ruth Capriles @veedoramadre, Colette Capriles @cocap, Ricardo Sucre @rsucre o Humberto Njaim, les diera por ayudarnos con eso)

Las elecciones de ayer nos enseñaron que tenemos el país que tenemos y no otro, bueno, eso nos ratificaron.

Una de las cualidades de este país que tenemos, como ya dije, es la incomprensión generalizada sobre la realidad en la que vivimos. Otra de sus cualidades, íntimamente relacionada con la anterior, es la inmadurez política tanto de los ciudadanos como de su dirigencia. Obviamente, no de todos los ciudadanos, ni de toda la dirigencia política, pero, en ambos grupos, no logramos la masa crítica mínima que nos permita un cambio de cualidad al respecto.

La falta de madurez se evidencia de muchas maneras. En este momento, se evidencia especialmente, en el foco que toman muchos de los comentarios y análisis que se leen en los medios y en la red. Muchos se enfocan en buscar o señalar culpables, en acusar al otro de los males que nos aquejan y que se profundizarán, sin que medie el debido reconocimiento de la responsabilidad de todos en la construcción del país que hoy tenemos. Para no variar, nos centramos en las personas, en las otras, no en nosotros; más en las personas y menos en las prácticas, pero cuando ponemos el foco en las prácticas, lo hacemos en las que nos molestan de los otros y no vemos lo que pueden haber contribuido las nuestras o como, en muchos casos, cuando repetimos esas mismas prácticas que criticamos, ni las vemos.

Es importante poner el foco donde es.

Creo que, ante lo que vivimos, nos sale enfocarnos en nuestras prácticas, las que nos gustan, pero especialmente, las que no nos gustan y sólo somos capaces de identificar en los otros.

Como se trata de algo complejo y extenso y sin pretensiones de abarcar su complejidad, voy a mencionar algunas cosas que son las que me parecen más importantes en este momento.

1. Lo que sucede en el país es responsabilidad de todos.

Lo primero que mencionaré es que lo que sucede en el país es responsabilidad de todos, no es culpa de algunos. Esto, aunque suene reiterativo, es importante que todos lo asumamos, porque por acción o por omisión, todos contribuimos a tener la Venezuela que tenemos.

Hay un cambio en la naturaleza de la ciudadanía que es necesario asimilar y que se deriva de cómo se concibe la distribución del poder y su relación con la responsabilidad. Me refiero a un cambio en la concepción de la consciencia ciudadana, en la comprensión del rol que cada quién cumple y debe cumplir en la determinación de su destino como parte de una comunidad nacional.

Voy a tratar de ilustrarlo con un ejemplo y aunque el ejemplo que utilizaré puede no ser el mejor, creo que puede ser útil.

La diferencia que tenemos que apreciar en la consciencia ciudadana, es como la que existe en la responsabilidad sobre las decisiones, las acciones, y su resultante sobre la calidad de vida, cuando se pasan unos días en un hotel, en contraste de la que se tiene y sus consecuencias, cuando los días se pasan en un hogar propio.

El hotel tiene unos dueños y unas reglas definidas por ellos, uno lo elige para pasar unos días por la oferta que tiene, se ajusta a las reglas y disfruta de la oferta. La calidad de vida que se obtiene está determinada por la capacidad para acertar en la elección del hotel.

En contraste, un hogar tiene unos miembros y, aunque entre ellos exista una jerarquía para la toma de decisiones y la distribución de responsabilidades esté establecida de forma diferenciada entre sus miembros, su conformación y dinámica es responsabilidad de todos los miembros; hay mecanismos para mediar en la toma de decisiones y en la determinación de las reglas y condiciones de vida, pero su construcción depende del aporte y la participación de todos.

El país no es como un hotel, sino que funciona más como un hogar en el que todos somos responsables de lo que sucede y de la calidad de vida que nos damos y tenemos.

Si comenzamos a asumir a Venezuela como nuestro hogar, en el que lo que suceda es concurso y responsabilidad de todos, cambiaremos nuestra consciencia de ciudadanía y por tanto, nuestra actitud y nuestras prácticas.

2. Con un país fracturado no podemos construir una mejor Venezuela.

Lo segundo que mencionaré y también estaré reiterando algo previamente dicho, es que tenemos un país fracturado que es incapaz de reconocerse entre sí y que mientras no lo haga, no podrá avanzar.

A pesar de que muchas personas no quieren verlo de esta manera, tenemos una profunda fractura. Miramos al país desde ópticas diferentes y por mucho que nos parezca inconcebible la óptica del otro o por muy irreconciliables que éstas parezcan, son ópticas válidas.

En este campo no es ni posible, ni deseable, identificarnos como malos o buenos, como acertados o equivocados. Es menester reconocer tanto la existencia del otro, como la validez de su punto de vista, de su perspectiva sobre el país, su presente y su futuro.

Incluso, es importante reconocer la coexistencia de marcos de valores, de principios y éticas diversas como punto de partida imprescindible para poder reconstruir, a partir de ese reconocimiento, un marco de principios y valores comunes y una identidad en la que todos nos veamos reflejados.

Podemos identificar algunas creencias que son clave para reconstruir nuestra identidad y nuestras prácticas, y que nos hacen mantener el foco en otro lado.

Por ejemplo, a esta altura, tenemos un país que no entiende que la lógica del triunfo electoral que garantiza la hegemonía de un grupo sobre el resto, no funciona en una sociedad con estas fracturas. -Bueno, no funciona en estos tiempos, ni en un marco realmente democrático, pero mucho menos, en una sociedad con estas fracturas-. No entendemos, que no se trata de recuperar el tiempo “cuando éramos felices y no lo sabíamos” o de hacer una relectura de la historia o una reconstrucción de la identidad nacional, a imagen y semejanza de un grupo específico.

Se trata de reencontrarnos y reconocernos, para lo cual, tenemos que poder reenfocar nuestra forma de comprender la distribución del poder político, el juego y los resultados electorales.

Una elección y sus resultados tienen que convertirse en un espacio para reconstruir nuestros nortes comunes, no sólo para disputarlos y ver cuál tiene mayor peso, eso no es efectivamente democrático, pero en esta situación especialmente, cuando sabemos que lo que está determinando el contenido del voto, no es precisamente el apoyo a un proyecto específico o a una visión de país o de región.

No, lo que está determinando el contenido del voto es la apuesta por un arreglo que garantice la supervivencia de unos con respecto a las pretensiones que asumimos, o que en efecto tienen los otros.

Sin embargo, lo que no entendemos es que sólo es posible garantizar nuestra supervivencia, si garantizamos la supervivencia del otro. Sólo es posible garantizar nuestro bienestar o nuestra calidad de vida, si garantizamos el bienestar y la calidad de vida del otro, pero no de acuerdo a la visión que cada uno tenga de bienestar o calidad de vida, sino con respecto a una visión compartida de bienestar y calidad de vida que tenemos con construir o reconstruir con el concurso de los unos y los otros.

Es desde esta óptica que tenemos que reconcebir nuestra visión y consciencia de ciudadanía, nuestro pase de la creencia de que vivimos en un hotel en los que la dinámica y los estándares de calidad de la oferta los determinan otros, a la comprensión de que habitamos un país, nuestro hogar, en el que la calidad de vida de todos, depende de la responsabilidad y el esfuerzo que asuma cada uno.

3. Miramos la paja sólo en el ojo ajeno

Un tercer elemento que traeré a colación, es esa costumbre muy nuestra de mirar sólo la paja en el ojo ajeno.

Se colea el otro, hace tráfico de influencias el otro, es corrupto el otro, viola la ley o cualquier regla de juego el otro, es clientelista la conducta del otro, el oportunista es el otro, el excluyente es el otro.

En esto caemos todos en algún momento y no ponemos atención a nuestras prácticas cotidianas, comenzando por algo tan sencillo como las palabras que utilizamos para referirnos al que no nos gusta o con el que no estamos de acuerdo.

Si nos damos un paseo por los comentarios pre y post electorales, podremos ver millones de ejemplos, o mejor dicho, algunos ejemplos repetidos millones de veces, del menosprecio al otro, sin ir más lejos, identificando rasgos o conductas que, en otro contexto y en otro momento, seguramente, hemos tenido o hemos aceptado y avalado por venir de alguien de “los nuestros” o, porque en aquel contexto, “el fin justificaba los medios”.

Al parecer, no hemos entendido cuál es el tenor de nuestra lucha ciudadana. No se trata de elegir “un liderazgo” identificado como un grupo diferente de hombres y mujeres, en los que, si analizamos las prácticas, podemos ver como repiten las del “liderazgo” que no queremos, sino de apostar por un liderazgo con una ética política y unas prácticas diferentes. Donde no imperen, por ejemplo, la discriminación política, el acomodo, el clientelismo, la corrupción, sea de la magnitud o del signo que sean.

Pero además, no se trata de elegir o tener un liderazgo político diferente, si no tenemos una ciudadanía diferente. Por tanto, el tenor de nuestra lucha ciudadana, no puede apuntar solamente a las cualidades del liderazgo que queremos, sino a las cualidades del ciudadano que tenemos y que debemos transformar. Es una lucha en todos los terrenos, en la que, nuestra visión de ciudadanía, nuestras prácticas y nuestro autoconcepto, deben tener un rol estelar.

4. La dirigencia política no da la talla

Pero así como digo que nuestra visión de ciudadanía y nuestras prácticas deben tener un rol estelar en nuestra lucha cotidiana. También es necesario reconocer que, a pesar de las excepciones y de los grandes esfuerzos, nuestra dirigencia política aún no da la talla para la magnitud de la tarea que como país tenemos.

Y cuando hablo de la dirigencia política, me refiero a toda, a la que está en el gobierno y a la que está en la oposición, a los dirigentes de talla nacional y también a los dirigentes locales y comunales, porque toda ella debería haber entendido, a esta altura, que lo planteado en los tres puntos anteriores les toca y está en sus manos orientar al país en el proceso de reconstrucción para superar la fractura y para crecer y madurar política y socialmente.

Aunque suene duro y cueste asimilarlo, tenemos una ciudadanía políticamente inmadura y una ciudadanía inmadura es incapaz de reconocer y asumir su responsabilidad y propiciar el reencuentro por sí sola.

En nuestro caso, es obvio que como ciudadanos diversos y diferentes no tenemos la madurez para reconocer la dimensión de nuestra necesidad y ceder ante ella y que nuestra dirigencia, en su mayoría, tampoco tiene la madurez política para hacerlo o promoverlo.

De hecho, en una situación como la nuestra se requiere de una dirigencia política que entienda el tenor de su rol y que esté dispuesta a trabajar para ello, sacrificando espacios de confort tradicionales, poniendo de lado la tentación de la defensa de su “parcela” y también la tentación de conseguir el aplauso fácil.

Requerimos que nuestra dirigencia política también madure y dé la talla, porque con la visión y las prácticas con las que se manejan actualmente, no lograrán apuntar hacia el problema de fondo, sino que repetirán una y otra vez, los mismos errores y prácticas.

Esto implica, entre otras cosas un cambio de cualidad en las prácticas de dicha dirigencia en todos sus niveles y requerimos que la misma apueste por asumir un verdadero liderazgo que oriente en la adversidad.