Fragmentada, parcelada, coyuntural y cortoplacista (*)

A mediados de los 90´s, el CONICIT inició un interesante proceso para definir el destino de los recursos que, desde el Estado, se invertirían en investigación. El mecanismo, denominado “agendas”, sentaba en una misma mesa a la comunidad científica con los grupos de interés -comunidades, organizaciones, empresarios y usuarios en general- a debatir sobre los temas en los que se requería investigación y sobre los problemas que deberían ser considerados como prioritarios para atender a las necesidades del país.

Las agendas eran espacios de encuentro para hacer converger miradas y esfuerzos, para construir consensos y compromisos, un mecanismo participativo que buscaba poner en sintonía la investigación que se realizaba, con la realidad del país, con las necesidades de la sociedad y, a la vez, promover una forma de trabajo interdisciplinaria, interinstitucional e intersectorial. (**)

En el marco de esas “agendas”, específicamente en la relativa a educación y en la primera reunión realizada, surgió una interesante coincidencia de visiones entre los actores convocados: la ausencia de una verdadera política de Estado. En efecto, los que allí participamos, sabíamos que el país estaba acostumbrado a tener una política educativa que cambiaba con el gobierno, con el ministro -que, para aquel momento, podía cambiar con mucha frecuencia- y en sus detalles,  hasta con el funcionario de turno en cualquiera de los cargos de confianza de la administración pública.

Esto sucedía, a pesar de la existencia de documentos como el Plan Decenal de Educación, que tenía la pretensión de orientar la política educativa hacia el largo plazo. De hecho, la dinámica de la administración pública era muy diferente, si nos internábamos en el Ministerio, podíamos encontrar que coexistían, por poner un ejemplo, 17 iniciativas de reforma para la educación media. Algunas focalizadas en aspectos específicos, un par de ellas de amplio espectro, todas aisladas y en pugna interna, esperando el mejor momento para ser consideradas e instrumentadas. La fragmentación y la coyuntura determinaban la orientación de la política pública en un sector signado por el largo plazo.

Con esa visión en mente, en 1997, cuando estábamos organizando la primera Asamblea Nacional de Educación, teníamos muy presente la necesidad de construir entre todos, de forma participativa e inclusiva, una política con horizonte de largo plazo. En el proceso de debate, que se desarrolló por todo el país, a lo largo de 2 años, con la participación directa de más de 60.000 personas, se tuvo especial cuidado de invitar a personas de todas las tendencias políticas para garantizar el debate constructivo de ideas y propuestas. El resultado fue una política constituida por 22 propuestas que permitían abordar la dinámica del sector educativo, en todas sus dimensiones. Ese fue quizá el aprendizaje más importante de ese proceso, la necesidad de que esa política de Estado, con visión de largo plazo, permitiera abordar de forma integral el funcionamiento del sistema educativo, superando los problemas que el abordaje parcelado y puntual de la realidad educativa, generaba en universidades y escuelas.

¿Qué es lo que esperábamos que tuvieran como resultado esos esfuerzos?

1. Una política construida a partir del consenso entre diversos actores de la sociedad. Una política que incorporara los elementos comunes de las diversas visiones y proyectos y que resolviera, de la mejor manera posible, las diferencias.

2. Como consecuencia de ello, una política respaldada por el país y asumida por el Estado, es decir, una política de Estado, no de gobiernos, una política inclusiva, no de parcialidades y un compromiso colectivo para desarrollarla.

3. Leyes, programas, presupuestos concebidos para el largo plazo y respaldados por un acuerdo nacional que permitiera darles continuidad más allá de los cambios derivados de los procesos electorales.

4. Una política pública que, además de tener visión de largo plazo, tuviera un enfoque integral, es decir, abordara el proceso educativo con todas sus dimensiones y variables sociales intervinientes, de forma interdisciplinaria, interinstitucional e intersectorial.

Ese era el aprendizaje que nos habían dejado tanto el proceso de Investigación Orientada como la Asamblea Nacional de Educación.

Posteriormente, uno de los ponentes recurrentes en la primera Asamblea Nacional de Educación, Carlos Lanz, se convirtió en el Coordinador de la Constituyente Educativa, uno de los tres denominados “Proyectos Bandera” del inicio de este gobierno. Ese esfuerzo tenía pretensiones fundacionales, pero estaba concebido para imponer la visión y las ideas de una parcialidad política sobre las demás. De hecho, en uno de sus documentos de divulgación queda claramente explícito que para poder participar en sus actividades, había que declararse partidario de la “revolución”. Ese proceso dio a luz un documento denominado Proyecto Educativo Nacional que recogía los resultados de la discusión, “sistematizados” (interpretados, de acuerdo a la propia definición del autor) por Carlos Lanz. El documento fue editado y difundido, pero corrió una suerte muy parecida a la del Plan Decenal de Educación, ya que, no se convirtió en la base para la política educativa del gobierno, mucho menos, en política de Estado.

A partir de allí, la dinámica imperante mantuvo casi todas las características que había que superar para tener una política pública de Estado en educación. La fragmentación interna, puso sobre el tapete importantes diferencias entre los grupos que hacían vida en torno al gobierno nacional, haciendo imposible, incluso elaborar una propuesta de reforma curricular con, al menos consenso interno, a lo largo de los 13 años que ha durado este gobierno. La actitud excluyente, cerró los espacios de diálogo y encuentro entre los diversos actores de la sociedad que se habían comenzado a fraguar. Los programas y proyectos diseñados han respondido fundamentalmente a la coyuntura y con suerte, están concebidos en un horizonte de corto plazo.

17 años después de iniciadas las “agendas” y a 15 años de la celebración de la primera Asamblea Nacional de Educación, en lugar de tener espacios de encuentro, alianzas y acuerdos construidos de forma inclusiva y con visión interdisciplinaria y de largo plazo, con acciones intersectoriales e interinstitucioales y con compromiso y el esfuerzo de todos para desarrollarlos, seguimos teniendo el estigma del corto plazo, de la coyuntura, la visión parcelada y la fragmentación.

(*) Dedicado a Rafael Fuentes, Dafne Gil (@DafneGil) y Catalina Ramos (@caramos61) artífices de las agendas desde la Gerencia de Investigación Orientada del CONICIT y al extinto Consejo Nacional de Educación, donde se fraguó la Primera Asamblea Nacional de Educación.

(**) Para conocer mayores detalles pueden revisar algunos de los Papeles de Fundacite Aragua, como el titulado Agendas de Investigación Orientada: un camino que acerca la investigación a la comunidad  escrito por Catalina Ramos en 1999, haciendo clic sobre el título, o en el siguiente enlace: Fondo Documental Electrónico

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6 comentarios en “Fragmentada, parcelada, coyuntural y cortoplacista (*)

  1. Estimada Olga,
    Hay otra variable que Venezuela no ha llevado de manera constante (no sólo en este gobierno, sino en los anteriores) y es el seguimiento (con cifras confiables) de la situación del Sistema Educativo del país. No sólo se cambiaban los planes en Educación de los Gobiernos, sino que muchos de esos cambios no estaban basados en un análisis real de la situación y, lo que es peor, no se les hacía el seguimiento adecuado
    La evaluación y el seguimiento serán claves si queremos cambiar la realidad educativa de nuestro país.
    Saludos cordiales,
    Aura L. López

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    1. Muchas gracias, por leer y por el comentario, estimada Aura.

      Así es, en ese campo hay un amplio y duro trabajo por hacer, comenzando por reconstruir un sistema de información que garantice data de calidad y por cambiar la visión que el sector tiene sobre la importancia y el uso de la evaluación.

      Tamaragua
      Olga Ramos

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  2. ¡Qué excelente que seas precisamente tú quien reseñe, después de 15 años, las “agendas” del CoNICIT! Esa fue una de las experiencias de política pública inclusiva más valiosas que se hayan hecho en el país. Ojalá muy pronto (¡y aquí si vale el corto plazo!), se puedan retomar procesos desde el nivel más alto que en su momento alcanzaron, y no volver a comenzar TODO desde el cero, como si este país nunca hubiese existido y no tuviese historia. Estoy a la orden, por si acaso…
    Rico recordar a Rafael, Dafne, Cathy, y tú…abrazos muy afectuosos y muchas gracias.

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    1. Ojalá, mi querida Colette! Hay muchas cosas que retomar, rescatar, reconstruir y transformar.

      Por supuesto, contamos contigo, no esperaba que fuera diferente!

      Un gran abrazo y más que un placer, es un deber que siempre hago gustosa!

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  3. Bravo Olguita!

    Para gente como yo, que se inicia en este camino de transformar y luchar por una mejor educación venezolana es grato leer este tipo de reseñas que nos hacen ver que sobretodo y a pesar de todo, existen personas con voluntad y una inmensa capacidad de hacer las cosas bien! … Con ese equipo de educación que conozco, cada día estoy más segura de que Hay un Camino! 😀 Y no me canso de creer en Venezuela! Un abrazo!

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