Nobody Knows…

Hoy, día del urbanista, recuerdo a quiénes guiaron mis primeros pasos para comprender la complejidad de la convivencia y lo intrincada que podría ser la dinámica de la participación, especialmente para la toma de las decisiones que nos incumben y nos afectan a todos.

Con ellos aprendí también a leer la ciudad caminándola, viéndola retratada en los ojos de su gente, observando su dinámica, oliéndola, escuchándola y colectándola en los pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.

Gracias a ellos, profesores, compañeros estudiantes y colegas, caminar es una especie de experiencia mágica que me permite trasladarme a una dimensión diferente de la vida y ver más allá de lo que perciben mis ojos, mis sentidos.

Imagino, o quiero imaginar, que ese es parte del entrenamiento que se desarrolla estudiando urbanismo. Sí, porque es formación para ver ser, pero también entrenamiento para ver, para percibir.

Como urbanista aprendí que el alma de una ciudad, el de una comunidad, es la resultante de la convivencia de su gente, sea de la naturaleza que sea, la gente y su convivencia. El alma se respira en lo que se pisa su suelo. Se expresa en la armonía de sus colores -sea cual sea la lógica con la que se construye esa armonía-, en las expresiones de los rostros de su gente -en su alegría o en su ira-, en la forma en que nos inunda o nos arropa su ruido ensordecedor o su silencio.

El alma, con sus tonos y sus matices, está presente permanentemente en el fondo de los ojos de su gente.

Así también es el alma de un país.

La del mío hoy, está triste y fracturada, pero no en dos como mucha gente piensa. Está fracturada casi en añicos porque cada uno de sus componentes, ciudadanos o pueblo -como le guste llamarnos a nuestro variopinto “liderazgo político”- tiene el corazón roto porque desde siempre, desde hace unas décadas o desde hace 14 años, desde ahora, no se reconoce en él.

Y lo peor de todo, es que a pesar de algunos brotes de alegría, optimismo y empuje, la tristeza, la fractura de sus corazones es tan profunda, que no se vislumbra el momento de superarla, porque para ello, primero tenemos por aceptar que existe, que tenemos el corazón fracturado unos y otros, que los otros, los que reconocemos como diferentes y muchas veces indeseables, son parte de nuestras vidas, por lo que no hay forma de recomponer el alma colectiva, sin ayudar a que todos recompongamos la nuestra.

A propósito de esta lógica de corazones rotos, tenía días buscando una canción, no romántica, que me ayudara a ilustrar el alma fracturada en añicos del país, que sirviera a los lectores para contactar con su propio corazón roto (mi sobrina Daniela me ayudó muchísimo presentándome unos temas sobre los que escribiré en otro momento), pero hoy, de pasadas por la TV, re-escuché “Nobody Knows” interpretada por Pink y creo que ella ilustra casi a la perfección lo que quiero.

Por eso, hoy día del urbanista, como un homenaje a todos los que contribuyeron con esa parte de mi formación, les dejo “Nobody Knows”, dedicada con mucho amor a mi país, que creo que hace décadas perdió el camino, que llora, ya no a escondidas, pero al que la rabia no le deja escuchar su voz interior y por eso, lo que hace sólo contribuye a la fractura…

Aquí el video:

Y en este enlace, pueden encontrar la letra: http://www.azlyrics.com/lyrics/pink/nobodyknows.html

Anuncios

2 comentarios en “Nobody Knows…

  1. Tomorrow I’ll be there my friend
    I’ll wake up and start all over again
    When everybody else is gone
    Creo importante el hecho de que sigamos aquí, trabajando, luchando y aprendiendo, convencidos del poder de la perseverancia.
    Del árbol caido se hace leña.
    No seamos leña…

    Me gusta

  2. Constantino Cavafis
    POEMAS CANÓNICOS (1895-1915)

    LA CIUDAD
    Dijiste: “Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
    Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
    Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
    y está mi corazón – como un cadáver – sepultado.
    Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
    Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
    oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
    donde tantos años pasé y destruí y perdí”.
    Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
    La ciudad te seguirá. Vagarás
    por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
    y en estas mismas casas encanecerás.
    Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
    no hay barco para ti, no hay camino.
    Así como tu vida la arruinaste aquí
    en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

    TERMINADO
    En medio del temor y las sospechas,
    con espíritu agitado y ojos de pavor,
    nos consumimos y planeamos cómo hacer
    para evitar el seguro
    peligro que así terriblemente nos amenaza.
    Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino:
    falsos eran los mensajes (o no los escuchamos, o no los entendimos
    bien). Otra catástrofe, que no la imaginábamos,
    repentina, violenta cae sobre nosotros
    y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s