Agudizar las contradicciones o the man in the mirror / Olga Ramos (TPyC)

Sólo a mi me da por ver Joyful Noise un domingo por la noche, bueno, por verla y pensar que voy a pasar lisa.

Joyful Noise es una película protagonizada por Queen Latifa, Dolly Parton y Keke Palmer que se estrenó este año. ¿Cómo no verla? Es un musical y es con Queen Latifa que, como dice Marcos, no hay película con ella que no pueda verse por mala.

Obviamente, la idea no es contarla en estas líneas, si quieren, mejor véanla. Lo que si les voy a contar es que el segundo número que interpretan es “Man in the mirror”, canción ampliamente conocida desde que Michael Jackson la incluyó en su disco BAD (1987).

La interpreta magistralmente Keke Palmer acompañada por el coro. Minutos más tarde y aún conmovida por la interpretación, tuve que parar la película, para sentarme a escribir estas líneas.

Como les dije, no voy a contarles la película -bueno, nunca lo haría, pero en este caso no podría hacerlo porque la interrumpí para escribir ;)- sólo diré que lo que motivó que la interrumpiera fue la inconsistencia entre el mensaje de la canción “Man in the mirror” y la conducta que inmediatamente asumen los personajes interpretados por Queen Latifa y Dolly Parton. Estoy segura de que esa inconsistencia es parte del argumento central de la trama que se sustenta en un conflicto entre ellas o entre sus egos. (Ya me enteraré cuando termine de verla)

Y como 2 + 2 = 4, es decir, conflicto de egos, más inconsistencia entre el mensaje que se quiere trasmitir y lo que realmente se hace, la realidad nacional interrumpió mi romántico contacto con una película musical.

Es que no dejo de pensar a dónde nos conduce la dinámica política que -unos por acción y otros por omisión- estamos construyendo.

Creo que se nos está pasando por alto un pequeño detalle, nada insignificante: para cambiar la sociedad hay que comenzar con la persona que veo en el espejo, como dice la canción escrita por Siedah Garrett y Glen Ballard, para Michael Jackson.

Para cualquier lado de la dinámica nacional que miremos, vemos un ejemplo claramente ilustrativo de cómo en lugar de reconocer y manejar nuestros conflictos, de reconocer y aceptar la existencia y la necesidad de convivencia con el otro, reforzamos nuestro punto de vista, buscamos y armamos argumentos, o la “jugada política adecuada” para tratar, por diversas vías, de imponer nuestra visión al otro. Estamos en una especie de apogeo de egos, en una pugna exclusivamente por el manejo del poder, en una dinámica de imposición a costa del otro.

Lo más paradójico de todo, es que la razón de ambos bandos, es exactamente la misma: aplastar al otro para no ser aplastado por él.

Los duros de la política, dirán que me estoy ablandando, que se me está saliendo el “comeflor”, y la verdad, eso no es lo que precisamente me va a quitar el sueño.

Lo que me quita el sueño es la inconsistencia entre lo que se dice que se quiere y lo que se hace para lograrlo.

Lo que me quita el sueño es esta especie de “agudización de las contradicciones” forzada, este empeño por profundizar la confrontación justamente en el momento en el que, los resultados electorales apuntan a que lo que tenemos que hacer es tratar de entendernos.

De un lado se iza como bandera a la “democracia participativa y protagónica” y del otro la Constitución y la lucha no violenta. Pero para los que la izan como bandera, la democracia es participativa, sólo para los partidarios y el protagonismo está reservado para una particular “élite”. Mientras que por otra parte, la lucha no violenta tiene sus baches en la inconsistencia de desconocer al otro y de la falta de voluntad política para comprenderlo, bajar la guardia y disponerse a construir con él.

A ambos les ha dado por “llamar a las cosas por su nombre“, esa es una interesante coincidencia que sería de muchísima utilidad si existiera, o se abriera, un espacio para la construcción colectiva, de forma participativa, de los significados que se asocian con “los nombres” que se le dan a las cosas; muchos se llevarían tremendas sorpresas.

Por cierto, otra cosa en la que hay una interesante coincidencia, es en la inconformidad de ambos con los resultados electorales obtenidos. Ambos, los evalúan como una derrota. En ambas bases, esa sensación se traduce en una especie de desesperanza que, cada una con sus lógica y a su estilo, tiene desencajados a sus partidarios; los de unos replicando los abusos de poder para no perder sus espacios, los de otros deprimidos y retraídos, casi que convencidos de que no hay forma de superarlos y con un guayabo post-electoral prolongado.

El juego está trancado por los dos lados, está prácticamente empatado y no hay manera de revolver las fichas que quedan para modificar estas condiciones.

Lo que sí podemos hacer es aceptarlo y cambiar el juego, porque es claro que el poder se tiene para ejercerlo, el poder en todas sus dimensiones incluyendo el del ciudadano de a pié que muchas veces no se da cuenta que lo tiene y por tanto, no se dispone a ejercerlo, la cuestión es cómo y para qué se ejerce.

En este momento, tengo la convicción de que nos sale, a todos, bajar la guardia, ceder y trabajar para cambiar el juego. Creo que a todos, a los que se autodenominan “humanistas” y a los duros de la realpolitik, nos sale cambiar los referentes y buscar la consistencia.

Muchos citan a Gandhi y a Mandela en estos contextos, y estoy de acuerdo con que se trata de dos excelentes referentes, aunque creo que hay que profundizar en su lectura o estudiarlos más a fondo para entender la importancia de la consistencia, en ambos casos, y de la persistencia en el trabajo para lograr sus objetivos; para responder preguntas orientadoras importantes como: ¿cuál era la motivación más frecuente que llevaba a Gandhi a declararse en huelga de hambre? o ¿cuál era el mensaje que Mandela intentaba dar seleccionando a los miembros de su escolta? (Por cierto, para los que aún están deprimidos: ¿se imaginan qué hubiese pasado si a Mandela le hubiese dado por dejarse ganar por la depresión cuando estaba preso?)

Para quiénes estén dispuestos a hacerlo, les sugiero ver la película Gandhi estrenada en 1982, en este enlace dice que está completa en un sólo video e Invictus estrenada en el 2009, en este enlace dice también que está completa en un sólo video y en español.

A modo de despedi, les dejo de regalo un video en el que Siedah Garrett, la autora de “Man in the mirror” la interpreta en un homenaje a Michael Jackson.

Espero que todos se dejen tocar por ella…

Les inserto el video completo, cuyos dos primeros minutos tienen la presentación de Siedah Garrett y sus palabras.

Olga Ramos (TPyC)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s