¿Religión y política ≠ Religión-Política?

Siempre es tentador el enlace, ese hilo travieso e imperceptible que relaciona unas cosas con otras tocándolas con sus puntas, o que, tomando forma de lazo, las agrupa, teje o clasifica por afinidad.

Extraña manía de poner orden que merodea por nuestra mente de forma cotidiana.

Gracias a ella, arribó mi tercer revelado como un regalo para mis amigos creyentes y devotos, que no son pocos.

Mientras escogía la foto a revelar, recordaba con mucho placer la calidez de los guaros que año a año se reúnen en Cumbres de Curumo a celebrar, una semana después del encuentro en Barquisimeto, su devoción por la Divina Pastora. (El resultado del revelado, para quiénes gusten, está en mi blog de fotografía, al que le llegan por este enlace: Mi tercer revelado: La Divina Pastora)

Como supondrán no soy creyente ni devota, mi relación con Dios y la energía universal, responde a reglas peculiares. Sin embargo, además de respetar a quiénes son devotos y creyentes, soy cultora de las tradiciones y me dejo conquistar y contagiar por la buena vibra que muchas de ellas tienen. Una buena vibra que logra lo que muchos quisieran, pero no tienen idea de cómo hacer, que es la unidad de base, en este caso, de buena parte de los venezolanos.

Es obvio que la historia de la humanidad está plagada de episodios en los que es precisamente la religión, el detonante de los conflictos, así como también la vida está llena de momentos en los que justamente esas creencias, permiten que se toquen o se unan corazones de procedencia antagónica o diversa.

Por eso, no pude evitar que, frente a las imágenes del encuentro por la Divina Pastora en Barquisimeto este año, el enlace, ese hilo imperceptible, recurrente y caprichoso, juntara en mi cabeza, las combinaciones de palabras “religión y política” y “religión-política“, pensando, a la vez, en cuantos corazones distanciados por razones políticas, estarían vibrando al unísono y sin proponérselo, darse cuenta o aceptarlo, en estos días por la Divina Pastora y en cuantos de esos mismos corazones la religión-política que, “convenientemente” cada día nos arropa más en Venezuela, levanta una coraza, desde dentro o desde fuera de dicha religión, que les impide ver al país con otros ojos y apuntar hacia una dinámica que de verdad permita nuestro encuentro y la construcción conjunta de una Venezuela en la que todos podamos vernos reflejados.

¡Cuando dejemos de “ofendernos” por todo y aceptemos el país y los ciudadanos que tenemos, podremos actuar de forma acertada para reconstruirlo!

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