Entre Samsara y Baraka

Tenía muchos años sin experimentar la grata sensación de expansión que da ir a un cine a cielo abierto. La última vez que fui a una función así -porque pasar durante una proyección por la Plaza de los Palos Grandes no cuenta- fue seguramente en el cine del Club Puerto Azul, donde la película siempre estaba aderezada por el sonido de las olas rompiendo y el profundo olor a mar.

Pero este sábado, tuve el placer de atinar un tuit, provocar complicidades, cambiar mi agenda y encontrarme con Samsara.

El rito comenzó antes de salir de casa con la selección de abrigo, algo cómodo para sentarme y los ingredientes de la merienda de rigor para comer y beber durante la función. Llegar a Los Galpones, estacionar, saludar, ubicar el mejor ángulo y colonizar el espacio, fue la continuación a ese preámbulo, que terminó cuando los organizadores acomodaron el video beam, tomaron el micrófono para dar las gracias por nuestra asistencia y presentaron la película.

Por cierto, muy sencilla, pero buena la presentación que uno de los organizadores hizo de Samsara.

Como es más que obvio, no les voy a contar aquí la película, sería como una especie de sacrilegio. Ni les explicaré qué significa Samsara, quién la hizo y su relación con Baraka. (Para quiénes no tienen idea de la existencia de la película o su relación con Baraka y también para quiénes quieren informarse más, les dejo el enlace de la web oficial de Samsara. También pueden visitar y seguir el twitter oficial de la película @SamsaraFilm)

Lo que sí haré, será un par de comentarios y la solicitud a la gente de Los Galpones (@losgalpones) y a @cinemagarage para que la vuelvan a colar en su programación, porque como Baraka, esta es una película que vale la pena verla mucho más que una vez.

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Coincido con todo el que la ha visto y ha escrito sobre ella, en que Ron Fricke logró su cometido y la película es todo un poema visual. Hay que quitarse el sombrero con la calidad de su fotografía y dirección.

Sin embargo, entre Samsara y Baraka, hay una distancia marcada en dos sentidos, -uno lógico y esperado y otro que me sorprendió.

Lógica y esperada fue la evolución en la madurez del lenguaje y su expresión de Samsara en relación con Baraka, esa síntesis de la rueda de la vida que perseguía transmitir en cada fragmento, esa exaltación de la belleza que surge de la mano de la comunión de un grupo de seres o que se asoma en el orden que emerge del aparente caos.

Hay tanta belleza en la erupción de un volcán, como la hay en la intrincada filigrana que adorna un templo. La hay en la sutil sincronía de la danza como en los colores y formas en la mina, incluso, y a pesar de preguntarnos si los trabajadores no se están envenenando mientras los hacen, la hay en los movimientos para su extracción y traslado; hay belleza en el sufrimiento asociado al peso cargado en el hombro y a las cicatrices, los callos y las llagas.

En la mayoría del documental, la belleza de las imágenes te golpea, sin darte cuenta, el alma, te despierta interrogantes que aparecen en el momento, o que se decantan con el tiempo y emergen más tarde.

Esa dimensión de la distancia entre Samsara y Baraka, se disfruta tanto por bella, como por sutilmente ruda.

Pero va dejando caer al descuido, o ni tanto, la clave para descubrir la otra dimensión de la distancia, la que sugiere concretar las interrogantes en una sola, la que por alguna razón me sorprende, la que parece esconde con triste certeza un mensaje.

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Captura de pantalla del trailer de la película en http://barakasamsara.com/media

Algunos detalles descarnados como el rosa en el “juguete” de esta niña, que nos habla de la naturalidad con que es asumida una lógica de guerra en la cultura de muchos grupos. O como son manos de mujeres las que se aprecian en la mayoría de las líneas de ensamblaje mostradas en la película, desde de las de un electrodoméstico, hasta la de las armas.

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

La belleza del ritmo y la geometría que son determinantes tanto en un desfile militar, como en un mandala, forman parte de estos detalles, entre los que rompe recurrentemente, como imagen, el empeño expreso de masificación y uniformidad que predomina en buena parte de las sociedades y que en cada contexto se “justifica” argumentando que es lo que se considera “correcto” o lo que parece que funciona. Aunque sea sólo desde un sólo punto de vista o para imponer un punto de vista.

Y en esa crítica a la masificación de todo, que incluye la producción masiva de comida y basura -dos caras de la misma moneda-, es donde emerge con más claridad la pregunta en la que se podrían sintetizar todas las interrogantes: ¿qué es lo que estamos haciendo como humanidad? (Bueno debo confesar que me sigue sonando mejor como la pensé inicialmente ¿qué coño es lo que estamos haciendo?)

Pero en Baraka, en la que esa pregunta también estaba sugerida, había dibujado un rastro más claro para forjar una ruta esperanzadora, porque señalaba espacios, ritos, destellos de conexión con la naturaleza, con nuestra humanidad, con la armonía y con la belleza de esa armonía. Ese rastro, creo que está ausente o muy escondido para mi gusto en Samsara.

Es por eso que para mí, como imagino que para muchos, el momento cumbre de la película, lo marca la lágrima que rueda por la mejilla de la Geisha.

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Captura de pantalla del álbum de la película en FB. https://www.facebook.com/SamsaraFilm/photos_stream

Y aunque no estoy segura de coincidir con las razones que tendrán otros para apreciarla como tal, en mi caso, esa imagen simboliza el apacible dolor de la humanidad ante la pérdida de la intimidad. Porque la porta una Geisha, representante del pasado, de la tradición, pero específicamente de la maestría del placer sin amor y la arroja ante la proliferación de la “solución” inerte y masificada que pretenden brindar los muñecos de satisfacción sexual, que intentan sustituir su arte con la satisfacción a secas, el placer superficial el acto vacío de intercambio, de interacción. Vacío de lo que, de acuerdo a los versos de Eugenio Montejo, es realmente “lo nuestro” (Al final les dejo el poema “Lo nuestro” para que, quién no lo conozca, sepa a que me refiero)

Lo que me sorprendió, entonces, es que al terminar la película, deja la sensación de que el autor se da por vencido, de que entre Baraka y Samsara parece haberse extraviado la esperanza.

Tuyo es el tiempo cuando tu cuerpo pasa
con el temblor del mundo,
el tiempo, no tu cuerpo.
Tu cuerpo estaba aquí, tendido al sol, soñando;
se despertó contigo una mañana
cuando quiso la tierra.

Tuyo es el tacto de las manos, no las manos;
la luz llenándote los ojos, no los ojos;
acaso un árbol, un pájaro que mires,
lo demás es ajeno.
Cuanto la tierra presta aquí se queda,
es de la tierra.

Sólo trajimos el tiempo de estar vivos
entre el relámpago y el viento;
el tiempo en que tu cuerpo gira con el mundo,
el hoy, el grito delante del milagro;
la llama que arde con la vela, no la vela,
la nada de donde todo se suspende
–eso es lo nuestro.

Eugenio Montejo, del poemario Adiós al siglo XX.

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