Venezuela nos necesita a todos…

Me temo que las reacciones al discurso que Lorenzo Mendoza dio a los trabajadores de su empresa y que alguien socializó en las redes, responde más a una combinación de la necesidad de que aparezca el nuevo “líder indiscutible” o “salvador de la patria”, con la falta de reconocimiento al otro y de valoración a la diversidad, que implica todos podemos pensar diferente, y que tenemos derecho a hacerlo y a expresarlo; más una tendencia a la lectura, de hechos, textos y mensajes, descontextualizada y a la necesidad, también obvia, por supuesto, de no querer sentirse juzgado, por una parte, y de sentirse comprendido por todos y poder expresar la frustración y profundo dolor por lo que estamos viviendo y por la decisión que al respecto tomamos, sea emigrar o quedarnos.

Creo que lo más importante, en este caso, es que cada quién -los que se fueron y los que se quedaron, los que aplauden lo dicho por Mendoza atacando a los que se fueron, pero también los que atacan a Mendoza por lo dicho- evalúe su reacción y comprenda, asimile y procese sus causas, para que el debate que a raíz de ésto pueda darse, sea de mayor provecho para todos.

Creo también que es natural emigrar, que en ciertos momentos y contextos, es deseable para enriquecer nuestra formación y vivencias, como bien dijo la querida Kira Kariakin en su Facebook. Que en otros contextos, como el que vivimos ahora, también es lógico hacerlo por múltiples razones y que muchas veces emigrar, en momentos así, abre una ventana de ayuda para las familias, para la parte que se queda, que, desde otro país, puede ser apoyada y ayudada por quienes deciden emigrar. Eso lo debería tener muy claro este país, en el que la mayoría de la población somos bi – nacionales de primera, segunda o tercera generación.

Pero también creo que ni emigrar ni quedarse, son sinónimos de amor al país, que podemos hacer mucho aquí o desde fuera, y aún más, creo que no logramos nada quedándonos, sin hacer algo efectivo por la reconstrucción de la ciudadanía y de la nación. Sobre eso, sobre nuestra capacidad de comprender, nuestra capacidad de reconocer al que piensa diferente y respetarlo, sobre nuestras expectativas de futuro, nuestro papel y el tipo de cambio y liderazgo que esperamos y aspiramos; sobre nuestras reacciones y sus causas, sobre nuestros dolores, nuestras heridas personales y colectivas, sobre como drenar y sanar; y sobre nuestras acciones cotidianas y sus consecuencias en la construcción del país que tenemos y el que queremos, podrían girar muy bien nuestras reflexiones e intercambios a partir de lo dicho por Mendoza y sus secuelas.

Eso sería un gran avance.

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