El gen de la corrupción

Hace un par de días entré a un supermercado a comprar cacao. Aprovechado que lo conseguí -cosa que, como sabrán, no sucede con frecuencia- tomé una cestita, agarré plátanos, cambures, ajo, una botella de agua y busqué la caja para clientes con pocos productos, para pagar.

Como no era hora de mucha gente, ninguna caja estaba habilitada para clientes con pocos productos. Por cierto, me llamó la atención que tampoco había una habilitada para la atención de personas con necesidades especiales, de hecho, sólo había 3 cajeros, cada uno con una larga cola.

En todas las colas había una mezcla de personas con un carro lleno y personas con 2 o 3 productos, de clientes jóvenes y adultos mayores, de gente sola haciendo su recorrido y de parejas haciendo cola y buscando productos a la vez.

Vistas las semejanzas, escogí una. El último de la fila escogida, ahora el penúltimo -sólo por 3 minutos- era un señor, como de mi edad, con un carrito ocupado a un cuarto de capacidad. Minutos más tarde, apareció una señora con un par de productos, los agregó al carrito y se fue a continuar la compra. Ellos eran de los hacían mercado juntos: mientras ella colectaba productos con calma, él “adelantaba” haciendo la cola.

La cola ocupaba todo el pasillo a lo largo, casi no se movía, y cuando avanzó un poco, ya tenía varias personas atrás. La chica que me seguía, solo llevaba de compra, un par de bandejitas.

En esta oportunidad y a diferencia de otras, estas eran colas silenciosas. Casi nadie hablaba, incluyendo los que iban en grupo o en pareja.

Ya a dos personas de pagar, apareció un hombre alto, flaco y con un casco en brazos, se acercó a la mujer de la pareja que me precedía y le pidió bajito que lo dejara pagar primero porque él tenía un sólo producto.

Mi mente de ciudadana ilusa, se imaginó la negativa de la mujer, acompañada de la invitación al personaje del casco, a que consultara al resto de las personas que estábamos en la larga cola, -varios con muy pocos productos, como la chica de las dos bandejitas- si estábamos de acuerdo con dejarlo pasar. Sin embargo, ella le dio permiso para colearse. Para ninguno de los dos parecía importar ese detalle a la hora de decidir y ni hablar de su acompañante, que no se dio ni por enterado.

Como era de esperarse, protesté directamente dirigiéndome a los dos. El hombre del casco se volteó hacia la caja y se hizo el loco para no darse por aludido. La mujer sólo atinó a repetir que lo hacía porque él tenía un solo producto que pagar y no lograba incorporar en la ecuación para su permiso de coleo, que la cola era larga, que todos teníamos tiempo haciéndola y que en ella había personas con también con pocos productos que, dado su criterio, también deberían pasar primero que ella.

El hombre del casco, para sentirse apoyado en su solicitud, le contó, también bajito, a una supervisora del supermercado que iba pasando, que él se iba a pagar sin hacer cola, porque tenia una sola cosa que comprar. La supervisora escuchó y no dijo nada como si le hubiera hecho un comentario irrelevante sobre el clima.

Durante la argumentación de mi protesta, una Señora que estaba como cuatro  puestos detrás de la chica de las dos bandejitas, y que obviamente pensaba que lo sucedido sólo era mi problema, me sugirió que aprovechara la disposición de la pareja precedente y que también pagara primero.

Ante ese comentario, me detuve a observar la cola y pude apreciar que había gente a la que le daba lo mismo la coleada, gente a la que le molestaba pero prefería no decir nada y gente, como la señora, a la que le parecía que lo justo era que yo también me coleara.

Por cosas como estas es que tenemos el país como lo tenemos, fue la frase más repetida y a la vez más incomprendida que repetí en mi conversa-protesta en la cola. La chica de las dos bandejitas, me daba la razón y hacía comentarios de protesta también bajitos, bueno, realmente, sólo los conversaba conmigo.

La mujer artífice del permiso para colear,  que en su esfuerzo por no sentirse cuestionada, paseaba su vista por el supermercado, detuvo horrorizada la mirada, cuando vio algo que le llamó la atención y que le parecía oportuno para hacer un comentario crítico.

En ese momento, se volteó y me dijo, también en voz baja.

– Mira, el tipo del supermercado le está entregando, encaletado, azúcar a un Guardia Nacional.

Lo dijo con cara y con tono, de “eso” es lo que tiene el país así. Y agregó un par de frases más que reforzaban la idea.

Como la estantería obstaculizaba mi ángulo de visión, me asomé al final del pasillo y pude ver la triste escena: un hombre, ataviado con el uniforme del supermercado estaba agachado detrás de unos muebles sacando unos paquetes de azúcar y efectivamente, entregándoselos a otro hombre con uniforme de la Guardia Nacional.

En ese momento, pensé que si se tratara de una venta previa que el GNB había dejado guardada allí, mientras trabajaba, seguramente estaría guardada en bolsas del supermercado y las habría reclamado en la taquilla correspondiente, factura en mano, por lo que, la escena, tal cual como se desarrollaba, resultaba demasiado sospechosa.

Pensé también que lo lógico, antes de concluir que no se trataba de una compra previa guardada, sino de una entrega encaletada, habría sido preguntar y una vez puesto el abuso en evidencia, elevar una clara y diáfana protesta.

Mientras me lamentaba mentalmente por haberme quedado sin pila en el celular para tomar una foto de esa curiosa escena y ejerciendo mi lógica plena, me volteé hacia la mujer y le dije, en voz clara y entendible, hasta por los protagonistas de la escena azucarada:

– El que el señor del supermercado le dé azúcar encaletada a un Guardia Nacional, es en el fondo, exactamente lo mismo que Usted deje que ese señor del casco se colee y eso es lo que tiene al país, como como lo tenemos.

Ella se volteó a la caja y todos guardaron silencio.

Me volví a asomar para ver como iba la entrega, pero ya el GNB y el trabajador del supermercado, habían terminado su faena y hecho mutis.

Mientras caminaba del supermercado un par de cuadras, hasta el estacionamiento en el que había dejado el carro, pensando en lo sucedido, decidí que iba a escribir un post sobre ello.

Al día siguiente, cuando comencé a ordenar las ideas para hacerlo, me tropecé por twitter con una extraña noticia “a Wilmito le disparan mientras pasea con su familia por Margarita”.

En ese momento, ante una frase como esa, mi mente, acostumbrada a usar los diminutivos por cariño, asoció la frase a la imagen de una familia, de un niño -“Wilmito”-, probablemente con hermanitos y de manos de papá y mamá. Así que decidí hacer una pausa en la tarea autoimpuesta, e investigar.

“Wilmito” resultó no ser un inocente niñito, resultó ser un “pran” -de acuerdo a la nota de Runrunes, el primero que existió en Venezuela- que estaba en Margarita de “vacaciones” con su familia.

En cualquier país, -sin saber que ese señor ha estado detenido en varias cárceles (Vista Hermosa, Tocuyito y Tocorón) como se recoge en la nota que, al respecto, hace El Nacional-, la gente se podría preguntar con absoluta naturalidad: ¿cómo puede ser que una persona que está presa, aparezca en otro estado, en una isla, a la que, para llegar necesitas tomar un avión y por tanto, pasar por los controles de la seguridad del Estado, sin ser detectado y detenido? ¿cómo pudo suceder ésto?

Bueno, para algunas personas, la explicación también la recoge la reseña previa: en diciembre, “Wilmito” fue “beneficiario” de un “régimen de confianza”, otorgado por la Ministro Varela (*).

Me imagino que, tal como recoge la noticia en la reseña hecha por el Efecto Cocuyo -citando información del Correo del Caroní- el fundamento de la decisión, además de lo que dice el documento, estará asociado a las características de su “gestión”: “su pranato se ha caracterizado por mantener una “paz armada” dentro de la cárcel, así como una amplia red de extorsión en el comercio local. Eran conocidas sus recurrentes entradas y salidas del penal, su trabajo para humanizar el centro de reclusión con actividades de esparcimiento y recreación, y hasta por tener una columna de opinión en un diario nacional”. (**)

Sin embargo, me llamó poderosamente la atención de que ese “régimen de confianza” incluyera vacaciones en la isla, por lo que me fui a los artículos citados en el documento y encontré que, de acuerdo al artículo 161, “Wilmito” debió haber sido “ubicado” en “una unidad de producción o un área especial del recinto penitenciario” en el que se encontraba cumpliendo la condena, por lo que, a menos de que exista una “unidad de producción” en Playa Parguito, el “régimen de confianza”, no le permitía andar de paseo vacacional con su familia, tranquilamente.

regimen-tutelado

Pero además, imagino que el paseo por Playa Parguito, si no se considera una fuga, al menos debe contar como “falta disciplinaria”, por lo que, de acuerdo al artículo 164, en este momento, se considerará terminado ese “régimen de confianza”, en consecuencia, “Wilmito” habrá perdido los “privilegios” ganados y sólo conservará los que como “pran” antes tenía.

Y a esta altura, quizá algún lector se preguntará porqué echo estos dos cuentos en el mismo post. ¿Qué tienen en común lo sucedido con “Wilmito”, con la historia de la mujer que colea al señor del casco y que se queja de la entrega de azúcar encaletada que hace un trabajador del supermercado a un GNB?

Pues que los tres eventos están signados por “el gen de la corrupción”.

Notas:

(*) El documento en el que queda registrado este acto, lo puedes ver en la imagen publicada por la periodista @MachadoSabrina en este tuit

(**) Para los que quieran leer un par de notas que amplían la información sobre “Wilmito”, dejo noticias publicadas en el Correo del Caroní: Noticia 1 y Noticia 2

PS: Muy agradecida al amigo @cnietopalma que después de publicar, me pasó este enlace del portal Runrunes, con muchos más detalles del caso

Lógica “económico-revolucionaria”

Pasamos 17 años sin hacer planificación, mantenimiento ni renovación del sistema eléctrico, sin mantener ni construir nuevas represas, sin cuidar los bosques ni reforestar y sin explorar ni emplear nuevas tecnologías para producir energía eléctrica, ni crear incentivos para que los empresarios en algunas áreas se autoabastezcan.

Cuando se necesita racionamiento, se reduce el horario de suministro a los centros comerciales que son consumidores de un bajo porcentaje de electricidad en las ciudades, pero que albergan a muchos comerciantes, especialmente medianos y pequeños que son buenas fuentes de empleo, y grandes comercios del sector alimentación,  que proveen a pesar de la escasez producida por la “política económica” revolucionaria.

Con horario reducido de suministro, los centros comerciales y los comercios que albergan, se ven obligados a reducir la jornada laboral y a aumentar inversión en vigilancia, dada la galopante inseguridad que tenemos y la ineficacia de los cuerpos de seguridad.

La disminución de los ingresos forzada por ésto, es el peor incentivo para lograr la inversión en fuentes de energía para autoabastecerse.

En su lugar, se quiebran comercios, se produce más desempleo y se reducen las opciones para comprar productos escasos.

La “causa revolucionaria” será que los empresarios no se autoabastecen de electricidad.

Lectura deseada: Dar luz a los centros comerciales para evitar estas consecuencias, sería quitar la luz a los pobres para dársela a los ricos.

“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón”

Después de una mañana de trabajo, interesante y productiva, nada como echarle una “ojeada” al twitter y al facebook para ver en que andan el país, la familia y los amigos. 

Una de las primeras cosas que me encontré fue un mensaje de la querida Rebeca Alemán (@rebecaaleman), recordando que hoy es el Día Internacional Contra la Homofobia (#DíaInternacionalContraLaHomofobia). 

Su tuit dice:

Hoy 17 de Mayo #DíaInternacionalContraLaHomofobia. Respeto, tolerancia e igualdad, de eso se trata vivir“.

Por cierto, ¿saben por qué se celebra este día?

Se celebra el 17 de mayo desde el año 2004, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió decretar esta fecha como Día Internacional de Lucha contra la Homofobia. Esa decisión de la ONU se tomó para recordar que el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales. Es decir, hasta 1990, se clasificaba a las personas homosexuales con la etiqueta de enfermo mental, de acuerdo a lo establecido en la OMS.

Bueno, todavía, hay muchos grupos sociales y personas que consideran a la homosexualidad como una aberración o como una enfermedad, así que nos falta mucho camino por recorrer como sociedad para que sea común pensar como decía Rebeca en su tuit “Respeto, tolerancia e igualdad, de eso se trata vivir”.

Y pensando en las dificultades que aún existen por todo el camino que nos falta recorrer, recordé que mi último post en Imaginario Cotidiano, lo escribí el año pasado, el día que se conmemoraba la muerte de uno de mis poetas favoritos: Federico García Lorca. Así que, como un aporte a la celebración del  #DíaInternacionalContraLaHomofobia y porque creo que lo dicho en ese post sigue cada día más vigente, les copio el texto titulado: 

 

lorca2“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón” (19 de agosto de 2013) 

Con interesantes paralelismos se escriben las historias: tal día como hoy, hace 77 años, a las 4:45 am, fue fusilado, en Granada, Federico García Lorca. Lo fusiló el franquismo, el fascismo en ejercicio del momento en España.

En el blog del Teatro del Norte (*), en un post firmado por Boni Ortiz (**) se lee: “Juan Luis Trescastro falangista, fanfarrón, putero y microcéfalo, alardeaba en un bar granadino a mediados de agosto de 1936: “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón“”

También el site del Atrio, en un post que data del 20 de Agosto de 2010 (***), dice: “Ramón “Ruiz Alonso se atribuyó en su día el crimen orgulloso diciendo “no era más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica”.”

El abuso de poder, estigmatizar al otro, la aniquilación política y física del que piensa y es diferente, son manifestaciones típicas del fascismo. Como también lo son las excusas inaceptables como la que dio Franco cuando fue interpelado al respecto en su momento. De acuerdo a las reseñas de los propios, Franco dijo que “ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra” (****)

Acciones y justificaciones que tejen historias, que se repiten y que, lamentablemente, no nos suenan tan ajenas, hemos de tenerlas frescas y presentes.

Federico, que como ya todos saben, es mi poeta favorito, dejó una extensa obra, poesía, canciones, teatro, relatos. De ella, para esta oportunidad, seleccioné dos poemas, el primero publicado en vida, en su poemario “Juegos” (Canciones 1921-1924) y el otro, publicado en 1984, como parte de su poemario “Sonetos del amor oscuro”, dos momentos de vida, dos ángulos, pero la misma historia. 

Vaya a ti, Federico, nuevamente mi homenaje:

 

Canción del Mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

firma garc°a lorca

(*) El post completo se puede leer en el siguiente enlace: Post del Teatro del Norte

(**) José Bonifacio Ortiz Cabello, crítico e investigador teatral español

(***) El post del Atrio se puede leer en el siguiente enlace: Post del Atrio

(****) Reseña publicada, foto mediante, por Emilio Silva Barrera (@EmilioSilva1965), en su cuenta de twitter el 19 de agosto del 2012

Tendencia Irreversible

Tendencia irreversible, como título, sin estar en época electoral, debe sonar un tanto extraño, pero en diciembre de 2013, fue aprobado y promulgado lo que debería ser -de acuerdo al artículo 187, numeral 8, de la Constitución- un plan de desarrollo económico y social de la nación.

Sin embargo, no fue eso lo que se aprobó, sino algo denominado “Líneas Generales del Plan de la Patria, Proyecto Nacional Simón Bolívar, Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2013-2019”, que de acuerdo al decreto publicado en Gaceta Oficial Extraordinaria número 6.118 del 4 de diciembre de 2013, tiene efecto jurídico, y es de obligatorio cumplimiento en todo el territorio nacional.

El texto aprobado, porque tuvo versiones previas en tiempo de campaña, ha sido mi lectura en estos días de Semana Santa. Decidí releerlo, ahora con más detenimiento y detalle, dada la “Consulta Educativa” que adelanta el Ministerio de Educación.

Tal como recordaba, a pesar de que en el cuarto considerando del decreto legislativo con el que se aprueba, dice que el plan “se fundamenta en los principios y valores de la Carta Magna”, hay dos cosas que resaltan en este texto: la primera, es una serie de objetivos que contravienen lo establecido en varios aspectos de la Constitución, por lo que atentan contra la ya precaria  institucionalidad que tenemos; y la segunda, totalmente consustancial con la primera, es que buena parte de este texto, no es más que un plan de trabajo del partido que está en el gobierno para consolidar un modelo político-cultural que pretende imponer a la sociedad.

Y es que como ya sabemos, el modelo de ejercicio de poder que tienen los que hoy están en el gobierno, establece un solapamiento entre Estado, gobierno, partido que hace que, entre muchas cosas, se utilicen tanto los recursos, como las instancias gubernamentales, para beneficio de la parcialidad política que ocupa los cargos públicos. Es la lógica de ejercicio de la hegemonía del Estado-gobierno-partido, sustentada en la legitimidad de origen del gobierno.

Sin embargo, la legitimidad de origen, que no es otra que la que se le confiere a un gobierno, por haber ganado unas elecciones -una o 19, a los efectos del modelo, es la misma cosa- no le da derecho a tomar por asalto el poder violando, de hecho y con cada hecho, lo establecido en la Constitución. Esa legitimidad no lo faculta para cambiar de facto la Constitución a través de leyes, ni de actos legislativos, judiciales y políticos de cualquier índole.

Dicho ésto, volvamos al texto del “plan”.

Desde el lenguaje presuntuoso y rimbombante, con el que este “plan” promete desde consolidar el proceso revolucionario en Venezuela hasta salvar el planeta y a través de sus 5 “objetivos históricos”, -desarrollados en 24 “objetivos nacionales” y éstos a su vez, en múltiples objetivos “estratégicos y generales”- se revela un modelo político-cultural basado, entre otras cosas, en un esquema de “guerra popular prolongada y asimétrica“.

La doctrina de seguridad y defensa nacional, la ética revolucionaria, el control efectivo del Estado, el desarrollo del “poder popular” consustanciado con las milicias, el empleo de las milicias en las funciones de apoyo al desarrollo nacional, el desdibujo de las organizaciones gremiales, la organización del pueblo para su participación en la defensa integral de la nación, la formación de cuadros, la modificación curricular para incluir estrategias de formación de valores socialistas y patrióticos, la irrupción de un “Nuevo Estado Democrático y Social, de Derecho y de Justicia”, la construcción colectiva del nuevo Estado Socialista, bajo el principio de “mandar, obedeciendo”; son elementos que dibujan, a lo largo del texto, un modelo que se sustenta en un enfoque belicoso de relación entre ciudadanos. (Para los resabiados, advierto que también el texto habla de paz y convivencia, pero una paz y convivencia construidas a partir de la identificación con el modelo revolucionario y forjadas en la guerra popular prolongada).

Podría dedicarme a citar punto por punto los elementos que constituyen este modelo y que están expresados en el plan, pero este texto quedaría innecesariamente largo. Además, no hay nada como leerlo de primera mano y descubrirlo de forma progresiva. (*)

Apuesto que, a esta altura, más de uno y con razón, se preguntará ¿qué tiene que ver el título con el texto? ¿por qué hablo del modelo político-cultural que promueve este plan y lo asocio con una tendencia irreversible?

Lo hago, porque creo que, dado el tenor de los acontecimientos que hemos vivido en estos días, hay una peligrosa tendencia que pudiera estar convirtiéndose en irreversible: la muerte de la Política y el predominio de la lógica de guerra como sustento de la dinámica social y de las relaciones de poder entre las personas. Creo que sobre eso tenemos que reflexionar.

Veamos algunos ejemplos:

Un día, los paramilitares del gobierno se meten en una Asamblea en la Facultad de Arquitectura de la UCV y persiguen, amedrentan y vejan a los estudiantes. Días más tarde, los mismos u otros paramilitares más descarados y mejor organizados, se instalan dentro de la UCV a sabotear una manifestación estudiantil y desnudan y vejan a un estudiante, agreden y roban a reporteros, siembran el terror en la Tierra de Nadie.

Al poco tiempo, un grupo de personas obstinadas por la falta de seguridad en Montalbán, agarran, vejan y desnudan a un ladrón, para luego entregarlo a las autoridades. Y algo tan reciente como ayer, un grupo de manifestantes o vecinos o ciudadanos indignados ante el atropello de un borracho oficialista a una señora que manifestaba pacíficamente, deciden tomar la justicia en sus manos, propinarle unos golpes al agresor y destrozarle su camioneta.

Unos con más argumentos que otros, con más indignación que otros, más organizados que otros, más armados que otros, con apoyo del gobierno o sin él, con el beneficio que da la impunidad o con la amenaza de ir presos, en algunos casos protegidos por un escapulario o un rosario y en otros, bajo la protección de la corte malandra; agreden, vejan y toman la justicia, o la venganza en sus manos. Formas muy similares que toma esta guerra popular prolongada, en la que consciente o inconscientemente, hay muchos participando.

Veamos otro ejemplo:

Un día una conocida y querida amiga, sale de su casa y encuentra una barricada, se baja del carro para quitar los obstáculos que le impiden pasar, es agredida por sus vecinos sin mediar razón, porque ellos se sienten propietarios de la calle y asistidos por la verdad de los nobles objetivos de la lucha. Ella, tan opositora y activa como ellos, pero participante de otra estrategia de lucha, responde con igual indignación que sus vecinos, porque si ellos tienen derecho a obstaculizar, ella tiene derecho a pasar. En todo caso, no medió previamente ningún acuerdo, por tanto, a unos y otros parece asistirlos el derecho, a circular y a protestar, al mismo tiempo. Gritos, insultos, empujones y amenazas mediante, hemos visto y conocido escenas como esa en múltiples ocasiones. El fondo de este desencuentro, revela la poca disposición de unos y otros para debatir y coordinar acciones y el entendido, nos guste o no, de que si creemos que nos asiste la razón, tenemos el derecho de imponerle la misma y sus consecuencias a los otros.

Si seguimos escudriñando cómo afloran los matices de esas premisas y esa conducta y nos trasladamos un rato a las redes sociales, encontramos una de sus mayores y más floridas expresiones de ejemplos, que van desde el “despierta” y “sal de tu indiferencia”, que presume que quién no nos acompaña en las acciones que consideramos adecuadas, son indiferentes o están dormidos y no se enteran de lo que sucede en el país (estas agresiones son simultáneas, por cierto, al uso, con mucha frecuencia, de imágenes de jóvenes mujeres “guerreras” y de estudiantes encapuchados en plena “batalla”, para identificar la conducta heroica y a la calificación de todo aquel que emprende una acción para la que parece imprescindible tener coraje, como alguien que sí tiene bolas); pasando por el “colaboracionista” en múltiples tonos y volumen, por el que se supone que todo el que emprende una acción que otro considera que puede favorecer al gobierno, está actuando en complicidad con el mismo y para obtener beneficios personales; hasta llegar a las múltiples y diversas acusaciones de culpabilidad que explican por qué, después de 15 años, aún seguimos con este gobierno.

Y en esta última variante, hay una expresión que se basa en la defensa de unos, a los que se considera que se están atacando injustamente, mediante el ataque férreo a otros, que alguna vinculación tienen o se presume que tienen con los que consideramos que están atacando a quién defendemos. Parece un trabalenguas, ¿verdad?

Pero no, se trata, entre otras combinaciones posibles, de los que defienden a Capriles o a la MUD, atacando con furia a Leopoldo o a María Corina y viceversa. Ataques que van y vienen, como si alguien tuviera una especie de “legitimidad” otorgada por la “lucha” para desconocer el esfuerzo y sacrificio que todos, con sus errores, garrafales o menores, esporádicos o reiterados, le han dedicado al país hasta este momento.

A esta altura, si aún se mantienen leyendo, es posible que muchos estarán arrechos con mi postura, y se preguntarán cómo se me ocurre comparar una cosa con la otra y meter todo en el mismo saco, pero creo que así debemos verlo, que hemos perdido la capacidad para ver la violencia y la lógica de guerra en nosotros, y por eso nos resulta tan fácil y sin cuestionamiento, jugar el juego del gobierno, el mismo juego que adversamos, el de la “guerra popular prolongada y asimétrica”.

Y antes de que se vayan a arrechar más, no se trata de no reconocer el sacrificio de todos y las vidas que han dado estudiantes y manifestantes, así como tampoco, ignorar que en el país hace tiempo que no hay justicia, que los malandros siempre salen premiados y que si los llegan a agarrar, los sueltan, mientras que a nuestros manifestantes, los agarran, los meten presos, los torturan y hasta los violan; que no tienen miramientos con los médicos y los abogados que sólo hacen su trabajo; que cada día las cosas se ponen más difíciles y que la última medida es que, para evitar que se divulgue lo que aquí está pasando, la orden es quitar los celulares a quienes manifiestan o andan por la zona; que estos tipos violan la Constitución a diestra y siniestra, usan el ventajismo y la impunidad para violar nuestros derechos y para que sus grupos paramilitares y los órganos de seguridad del Estado puedan amedrentarnos.

Tampoco se trata de desconocer que nuestros líderes, dentro y fuera de los partidos, excluidos de la toma de decisión formal en la MUD, o incluidos y aprovechándose de ello, han abusado de la confianza de la gente, y que a falta de espacios de entendimiento, en este tiempo todos, sin ninguna excepción, han participado en una batalla de agendas en los medios y en la calle, porque creen, a la vieja usanza, que quién impone la agenda en la calle, logra imponer los temas y la conducción de la agenda. Unos apuestan a un discurso más racional y otros a una acción más “contundente”, pero todos usan el mismo mecanismo de guerra para dirimir la agenda opositora, para lograr imponer liderazgos y estrategias, pero el resultado es la exclusión, cuando deberíamos estar construyendo un liderazgo colectivo y una estrategia coordinada, que se ha demostrado, son nuestros mejores fuertes.

Teniendo claro de qué se trata y de qué no, tenemos que preguntarnos si en efecto y hasta qué punto, la lógica de guerra nos tiene invadidos, si vamos a avalar a quiénes emulan lo que adversan con sus acciones, si esa es nuestra única posible respuesta.

La lógica mediante la que se lucha y por la que se toma del poder se sustenta en el mismo modelo ético-político con el que se ejerce el poder cuando se tiene. Pensemos si eso es lo que queremos para Venezuela.

Mirémonos en el espejo de aumento que tenemos hoy en el gobierno. Muchos de ellos, hace 3 décadas hacían guerrilla urbana para tomar el poder y hoy, atacan con grupos paramilitares para mantenerse en él; otros conspiraban en los cuarteles para tomar el poder y hoy, reprimen brutalmente a todo el que manifiesta.

Pensemos que ese modelo político-cultural que declara enemigo a todo con el que no estoy de acuerdo, no es exclusivo de los que se encuentran ejerciendo el gobierno en este momento. El odio se expande del que piensa diferente y apoya al gobierno, al que piensa diferente pero apoya a otro dentro de la oposición, que no es al que yo apoyo. El odio se expande en la medida que crece y se internaliza la práctica del maniqueísmo, de dividirnos en buenos y malos.

Mientras tanto, la inseguridad y el desabastecimiento crecen, así como crecen las restricciones y las horas haciendo cola. Aparecen dos muertos en el Guaire desechados en bolsas negras. Cada día caen más estudiantes presos, más tiempo pasa para los presos políticos que tienen meses y años en la cárcel.

Deberíamos estar todos solicitando la nulidad del “plan” por inconstitucional, pero, en su lugar, pareciera que el comportamiento que se desprende del modelo político-cultural que lo sustenta, representa, para muchos, una tendencia irreversible.

(*) Si no se lo ha leído, o se leyó una versión previa a la aprobada, aquí lo tiene para que lo pueda revisar en detalle.

La barbarie que nos ha alcanzado

Ayer, Caracas amaneció trancada, para variar.

Esta vez, la causa era una gandola que, ignorando o desconociendo, la regulación de altura del puente de Los Ruices, se empotró y quedó atascada. Esa fue la versión inicial de una de las más terribles noticias que hemos presenciado en nuestra historia contemporánea.

Un poco más tarde, supimos que las autoridades se estaban haciendo cargo de la congestión y estaban organizando la extracción del vehículo atascado. Poco después nos enteramos de que, antes de llegar las autoridades, un grupo de “necesitados” se habían dado a la tarea de “saquear” la carga del camión, mientras un grupo de malandros, se ocupaba de atracar a los carros que quedaron atrapados en la tranca.

Hasta ahí, la noticia era realmente inaceptable e indignante para cualquier persona con un mínimo de espíritu cívico o que se precie de llamarse ciudadano. Pero ahí no quedó la noticia. Posteriormente, nos enteramos que, mientras ocurría el saqueo, el conductor estaba muerto, o aún muriendo, en la cabina.

En esta foto publicada en su cuenta por @dnnymdn podemos ver como los saqueadores tenían que subirse a la cabina para poder robarse la mercancía. Literalmente, tenían que montarse en los hombros del conductor y pisarlo, contribuyendo con la presión de la carga que le ocasionó la muerte.

¿Qué le pasó a esa gente que no fue capaz de conmoverse y tratar de sacar al conductor antes de iniciar su destemplado saqueo? ¿A dónde carajo fue a parar la incondicional solidaridad de los venezolanos?

Muchas fueron las reacciones de indignación ciudadana que pude leer en las redes -no así, por cierto, las de dirigentes políticos y las autoridades-. Muchas, aunque, para la importancia de lo sucedido, absolutamente insuficientes. Finalmente, frente a la parálisis colectiva, nos alcanzó la barbarie.

Mientras trataba de procesar lo sucedido, y comentaba una nota publicada por la actriz Carlota Sosa en su muro de Facebook, se plagó mi memoria de escenas que me permitieron recordar que esa barbarie que vimos expresarse ayer, existía en el país hace más de 20 años. Entonces, era sólo una minúscula partícula de barbarie latente que mostraba su cara todos los jueves en las puertas de la UCV, ante la mirada atónita e indignada de buena parte de la comunidad universitaria, siempre de mano de la capucha que ocultaba a alguno de los que hoy nos gobiernan.

Con frecuencia secuestraba y saqueaba camiones de pollo; amenazaba a transeúntes, policías y estudiantes, por igual; y afortunadamente, no con tanta frecuencia, aunque demasiada para mi gusto, se llevaba la vida o la salud de alguien, en la punta de una bala. A veces se trataba de uno de los suyos que “utilizaba como carne de cañón” y quedaba atrapado en medio del fuego en algún enfrentamiento, otras, las más terribles, se trataba de algún inocente que se atravesaba la trayectoria de las balas, sin querer. Por cierto, uno de los sitios preferidos de “manifestación” de estos bárbaros, era la entrada de la UCV que llevaba al clínico.

Esa minúscula partícula de barbarie, tenía sus réplicas en la UDO, en LUZ y en la ULA -los principales o preferidos espacios del “foquismo” “revolucionario” que vivimos en décadas pasadas- desplegaba llamaradas en sus reiteradas quemas de cauchos y se paseaba por las manifestaciones estudiantiles con sus morrales llenos de bombas molotov, esperando la orden de su “dirigencia” para romper filas, torcer la ruta de la marcha y provocar el tan ansiado y “revolucionario” “enfrentamiento” con la policía.

Todos conocíamos sus intenciones y, por supuesto, su existencia. Algunos se hacían la vista gorda por miedo, otros por complicidad o conveniencia y unos pocos, los confrontábamos sin tapujos en las reuniones nacionales de coordinación de las instancias de representación estudiantil, en las asambleas nacionales, o en las “ocultas” reuniones de “factores políticos” que se daban paralelas a las oficiales, antes de las marchas, en las que siempre la “negociación” se planteaba en los convenientes términos: “si la marcha pasa de tantas personas, seguimos hasta el ministerio”

Esa minúscula partícula de barbarie que se expandía por momentos para luego volver a su acostumbrada latencia, tuvo su máxima expansión en febrero de 1989 cuando presenciamos el horror de la violencia y el saqueo generalizado, pero recibió luz verde desde el inicio del gobierno pasado, cuando el recién electo presidente Hugo Chavez, dijo en los Próceres que estaba bien robar, si se hacía por necesidad y continuó su “oficialización” con el espaldarazo dado a las organizaciones armadas, “frentes liberadores”, colectivos y malandros en general, que hacen vida -“política” y delincuente- a plena luz, bajo la mirada cómplice y alcahueta de los organismos de seguridad del Estado y de las instancias de gobierno con competencia en la materia.

Esa que fue sólo una minúscula partícula de barbarie latente; hoy, expandida, desplegada y apoyada, contamina nuestra cotidianidad y nos resquebraja de tristeza los ojos del alma.

Mientras trataba de procesar lo ocurrido, también leí una publicación en el blog “Panfleto Negro, titulada: “Apuntes sobre la humanidad, o la falta de que desde aquí pueden leer y recordé una publicada en la madrugada del 9 de diciembre de 2009, en mi antiguo blog Ciudadanía Política“, a raíz del asesinato de un estudiante, que a continuación les copio.

miércoles, diciembre 09, 2009

Intentando exorcizar el escalofrío de la violencia

A la memoria de Gonzalo Jaurena y
de Jesús Eduardo Ramírez Bello,
dos caras de una triste moneda

 

Días como hoy hacen presente el escalofrío sentido cuando nos enteramos de la “masacre de tazón” en 1985, el mismo sentido unos años más tarde cuando la policía detuvo manifestando a Gonzalo Jaurena, lo torturó y devolvió a su familia asesinado.

El escalofrío que en esa época sentimos muchos, ante la terrible muerte del “Hippie” quién fue víctima de sus amigos, los encapuchados, que lo entusiasmaron, a quiénes inocente y románticamente acompañó, y quiénes, sin proponérselo, le quitaron, de un tiro, la vida.

El mismo que también sentimos, cuando un salvaje pesado merideño, cegó de un tiro la vida a un estudiante, sólo porque se atrevió a orinar en la esquina de su casa.

O también el sentido cuando fuimos al Congreso Nacional y coincidió nuestra visita con la denuncia de unos torturados por razones políticas, quienes mostraban a Diputados y Senadores sus torsos morados, porque fueron molidos a coñazos en la DISIP.

También fue el mismo escalofrío sentido cuando nos apuntaba una pistola de la DIM a la cabeza, mientras un agente de civil nos pedía la cédula y nos dejaba seguir porque, creemos nosotros, no cabíamos en el Jeep en el que se llevaron detenidos a 4 de nuestros compañeros, que por largas horas no existían para los cuerpos de seguridad y sólo supimos dónde estaban detenidos, gracias a la amable y solidaria intermediación del Rector de la USB y de unos Diputados masistas.

Por cierto, nada diferente al escalofrío sentido cuando metieron preso a Tony y lo golpearon para tratar de que contara algo sobre lo que nada sabía.

Ese escalofrío que sigue grabado en mis recuerdos, también debería estarlo en muchos de los que hoy justifican o taparean salvajadas similares desde el gobierno.

Claro, ese escalofrío, pero más profundo, está también grabado en mis recuerdos del primer día en el que los grupos violentos del oficialismo decidieron que tenían derecho a atacar cualquier manifestación de protesta que en el país se hiciera. Ese día estábamos en el TSJ, acompañando al Sr Merhi en una huelga de hambre y llegó Lina Ron con sus grupos a atacarnos. Era como si pretendieran marcar el territorio y tomarlo por la fuerza. Y de hecho eso hicieron!

Ese día se instauró la violencia en las calles y la ciudad comenzó a fraccionarse en especies de ghettos.

Desde ese día, lo queramos aceptar o no, los violentos, guapos y apoyaos, nos declararon abierta y descaradamente la guerra.

Desde ese día el escalofrío es una sensación casi permanente y mi corazón se declaró de luto porque agonizan la paz y la democracia.

Pero ese día también tiene sus antecedentes en aquellos días de mediados a finales de los años ochenta, cuando el escalofrío lo sentíamos por el abuso de poder de los gobiernos, pero también por las manifestaciones que vaticinaban lo que hoy tenemos, el abuso de la fuerza y de la violencia.

Abuso que nos hizo sentir un profundo escalofrío la noche que estábamos en la FCU de la UCV en una reunión nacional y llegó un compañero con la cabeza reventada gracias a un cachazo que, por arrechera, le propinara uno de los miembros del violento grupo Venceremos que, en ese momento, hacía vida en esa casa de estudios.

O que sentían a diario los estudiantes de la UCV cuando los encapuchados armados caminaban libre y retadoramente por los pasillos o por la tierra de nadie, amedrentándolos sólo para demostrar que ellos eran los que mandaban en esos predios.

O cuando los llamados “los 12 del patíbulo” celebraban sus episodios de “foquismo”, sus capítulos de su “lucha armada”, regularmente los jueves… de ellos, recuerdo con especial escalofrío, el día que hirieron a Ingrid quién, estudiaba en la UCV, pero por precaución y porque no pudo entrar a tiempo, estaba viendo la manifestación desde afuera, detrás de la policía y a quién, desde su alma máter, alcanzó una revolucionaria bala.

Ellos, los que siempre se defendían diciendo que no tenían armas, protagonizaron el evento que, de todos esos, recuerdo con más escalofrío: el día que, en medio de uno de los tristes “capítulos de la lucha armada”, la herida fue una niña de 8 años, a quién la bala le llegó, como a Ingrid, desde dentro de la casa de estudios, pero le pegó por la espalda.

Allí estaba el germen de lo que vivimos en estos días y quizá, algunos no recuerden el escalofrío porque no lo sintieron y también quizá, para muchos otros, el escalofrío que compartimos, sólo lo sintieron porque, en ese momento, estaban de este lado de la cerca.

Olga Ramos
09122009 (en la madrugada)