El carnet de la sumisión

Hace un rato (entre 7 y 8 pm del lunes 27 de agosto) hice unas reflexiones, en forma de hilo por twitter, motivada por los intercambios que se han dado en estos días, sobre si sacarse o no, el carnet de la patria. Aquí las colecto, sin edición y se las dejo.

Cada vez que mis ojos se tropiezan con un intercambio sobre el carnet de la patria, recuerdo a Franklin Brito. Ayer, por ser el aniversario de su muerte, también pude leer este debate relacionado con su caso. El error de Franklin, luchar solo. El del resto, abandonarlo.

Quienes me conocen saben que, como dije cuando Franklin Brito y como lo dije siempre en mis tiempos universitarios, no comulgo con la huelga de hambre como acción de lucha. Pero eso no significa que deje de admirar la entrega y valentía de Franklin. Dicho ésto pregunto:

Pregunto a los que sugieren que todo el mundo se saque el carnet de la patria, para que el sistema colapse: ¿Creen que ya no ha colapsado lo suficiente como para demostrar que el colapso del sistema, no lleva a un cambio de gobierno? Porque país y sistema colapsaron hace rato.

¿O es que creen que hay un punto de colapso en el que sí se producirán protestas masivas y el gobierno se verá obligado a ceder? De ser así, ¿cuando es que va a pasar eso en Cuba? Porque a ellos seguro debe tocarles primero y más con restricciones en el regalo de petróleo.

A los que piensan que sacarse el carnet, puede ser un acto de resistencia para mantener la dignidad, pregunto: ¿cuál es el riesgo de que ese acto de resistencia por sumisión, se convierta en sólo otro gesto de sumisión sin consecuencias, que desdibuje y aplaste la resistencia?

Y para los que comparan el sacarse el carnet con los actos de supervivencia ante los nazis ¿qué le hubiera pasado a los sobrevivientes en los campos de concentración que “resistieron” sobreviviendo, si otros no hubieran luchado por ellos y los hubieran liberado antes de morir?

El error de Franklin fue haber luchado solo. El de todos los que optan por atravesar el continente para salvarse, en lugar de luchar aquí, es pensar en salvarse solos. Y el de los que sacan el carnet de la patria, es solo pensar en llevar el plato de comida o tener la medicina.

Y no lo digo porque no los entienda: yo superé un cáncer porque pagué durante años y con ayuda de mi familia un plan de medicina prepagada y porque muchos amigos y conocidos hicieron una colecta para comprar mi tratamiento. Pero eso no es generalizable y cada vez menos.

Si hubiera tenido que sacarme el carnet de la patria, hubiera emigrado buscando tratamiento o me hubiera muerto. Cuando sea imprescindible para comprar comida o para andar en metro, caminaré y pasaré hambre, o consideraré la opción de emigrar, de nuevo.

Pero el error siempre está en analizarlo como una acción puntual, y de ámbito personal o familiar. Ese es el problema. Cada acción individual que tomamos, tiene efectos individuales y colectivos e impacta nuestras vidas y al entorno, a corto, mediano y largo plazo.

Tampoco digo que hay que olvidarse del yo y de la familia, y hay que diluirse en el colectivo. No, esa es una fantasía romántica, sólo útil para los que apuestan a imponer su criterio, borrando el de cada persona, y cercenando la libertad. Me refiero es a tomar conciencia

Me refiero a que cada quien piense en cómo sus actos, impactan su vida y la de otros y si, lo que tendrá como resultado es el país o el sistema con el que sueña o en el que quiere vivir. ¿Quiere Usted vivir en un país en el que dependa del carnet de la patria para vivir?

¿Es esa su idea de resistencia, la sumisión política y humanitaria es su idea de resistencia? ¿Cuantos años cree que debe “sobrevivir” en sumisión para iniciar acciones conjuntas por la liberación? ¿Está pensando en cómo pasar de la sumisión política a la liberación de verdad?

Mire en su entorno, lea su Facebook y twitter ¿con cuántos de los que ha bloqueado y ha insultado, está en condiciones de conversar para tratar de construir acciones conjuntas para la liberación? ¿Es preferible ser sumiso con el carnet de la patria que conciliar para liberarnos?

Bueno, ya el hilo quedó largo, creo que lo voy a llevar al blog, para que quede todo juntito y publicarlo.

Corolario para los que piensan que enfocarse solo en “ayudar”, es suficiente. (Sí, es un #TuitAnticlimático y sé que necesitará más explicación, pero cuando la solidaridad sustituye al Estado, la resistencia también puede tornarse en sumisión)
Gobierno prohíbe que fundaciones lleven ayuda humanitaria a Amazonas

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Cortoelec no sabe que cable cortar

Ayer vi unas imágenes de protesta por la exclusión de Caracas del plan de racionamiento de Cortoelec.

En ellas el mensaje siempre fue: para que los sifrinos de Caracas puedan darse sus lujos, nosotros nos sacrificamos ahorrando.

Yo entiendo la arrechera del país ante una medida que es discriminatoria. Pero si el mensaje hubiera atacado el problema de fondo que produce la crisis eléctrica o hubiera estado dirigido a los enchufados, me hubiera parecido lógica su intención.  Pero como estaba presentado, me resultó innecesariamente antipático y fuera de foco.

Según los genios de Cortoelec, no hay racionamiento en Caracas, por ser la sede de los poderes públicos y eso tiene relativo sentido, porque se podría aplicar racionamiento selectivo, si tuvieran idea del diseño del cableado y supieran dónde cortar para no afectar las sedes de los poderes públicos.

Pero no, como los caraqueños sabemos por experiencia, la red es un desastre de cables cruzados y pésimo diseño. Recuerden que Cortoelec no supo como racionar en el 2010, en muchas zonas de Caracas, sin afectar los servicios de salud y las escuelas. Ahora tampoco tiene idea.

Y más allá de ese desastre, hay otro que muchos olvidan y que quizá otros desconocen. En Caracas, es tradición de décadas, que la única forma en que llega la luz a los sectores populares en expansión no controlada y a las invasiones, es por robo y autoconexión. Y aunque se emprendieron unos pocos esfuerzos por regularizar la situación en los 80s, no se logró ni remotamente, detener esa práctica y ordenar el sistema para que la luz llegara como al resto y que cada quien pagara por el servicio que tenía.

Producto de ello tenemos innumerables zonas en las que la luz sigue llegando gracias a esos precarios arreglos, a riesgo de que se produzcan accidentes de varios tipos por sobrecarga.

Para los que aún no entienden el caos eléctrico de Caracas, esta foto (de la que desconozco el autor y la tomé en préstamo del muro de Iruña) muestra el estilo popular de auto-acceso a la luz.

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¿Creen Ustedes que la exclusión de Caracas  del racionamiento es para no molestar a los sifrinos, o para impedir la paralización de los poderes públicos, que de hecho ya tienen horario reducido y viernes no laborables?

No, en Caracas no cortan la luz, porque en muchos sectores, especialmente los populares, no hay cuchilla que bajar y como dice el cartel, Cortoelec no sabe que cable cortar.

“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón”

Después de una mañana de trabajo, interesante y productiva, nada como echarle una “ojeada” al twitter y al facebook para ver en que andan el país, la familia y los amigos. 

Una de las primeras cosas que me encontré fue un mensaje de la querida Rebeca Alemán (@rebecaaleman), recordando que hoy es el Día Internacional Contra la Homofobia (#DíaInternacionalContraLaHomofobia). 

Su tuit dice:

Hoy 17 de Mayo #DíaInternacionalContraLaHomofobia. Respeto, tolerancia e igualdad, de eso se trata vivir“.

Por cierto, ¿saben por qué se celebra este día?

Se celebra el 17 de mayo desde el año 2004, cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió decretar esta fecha como Día Internacional de Lucha contra la Homofobia. Esa decisión de la ONU se tomó para recordar que el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales. Es decir, hasta 1990, se clasificaba a las personas homosexuales con la etiqueta de enfermo mental, de acuerdo a lo establecido en la OMS.

Bueno, todavía, hay muchos grupos sociales y personas que consideran a la homosexualidad como una aberración o como una enfermedad, así que nos falta mucho camino por recorrer como sociedad para que sea común pensar como decía Rebeca en su tuit “Respeto, tolerancia e igualdad, de eso se trata vivir”.

Y pensando en las dificultades que aún existen por todo el camino que nos falta recorrer, recordé que mi último post en Imaginario Cotidiano, lo escribí el año pasado, el día que se conmemoraba la muerte de uno de mis poetas favoritos: Federico García Lorca. Así que, como un aporte a la celebración del  #DíaInternacionalContraLaHomofobia y porque creo que lo dicho en ese post sigue cada día más vigente, les copio el texto titulado: 

 

lorca2“Accidentes naturales de la guerra” o “le metí dos tiros en el culo por maricón” (19 de agosto de 2013) 

Con interesantes paralelismos se escriben las historias: tal día como hoy, hace 77 años, a las 4:45 am, fue fusilado, en Granada, Federico García Lorca. Lo fusiló el franquismo, el fascismo en ejercicio del momento en España.

En el blog del Teatro del Norte (*), en un post firmado por Boni Ortiz (**) se lee: “Juan Luis Trescastro falangista, fanfarrón, putero y microcéfalo, alardeaba en un bar granadino a mediados de agosto de 1936: “Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón“”

También el site del Atrio, en un post que data del 20 de Agosto de 2010 (***), dice: “Ramón “Ruiz Alonso se atribuyó en su día el crimen orgulloso diciendo “no era más que un intelectual rojo, amigo de rojos y además marica”.”

El abuso de poder, estigmatizar al otro, la aniquilación política y física del que piensa y es diferente, son manifestaciones típicas del fascismo. Como también lo son las excusas inaceptables como la que dio Franco cuando fue interpelado al respecto en su momento. De acuerdo a las reseñas de los propios, Franco dijo que “ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra” (****)

Acciones y justificaciones que tejen historias, que se repiten y que, lamentablemente, no nos suenan tan ajenas, hemos de tenerlas frescas y presentes.

Federico, que como ya todos saben, es mi poeta favorito, dejó una extensa obra, poesía, canciones, teatro, relatos. De ella, para esta oportunidad, seleccioné dos poemas, el primero publicado en vida, en su poemario “Juegos” (Canciones 1921-1924) y el otro, publicado en 1984, como parte de su poemario “Sonetos del amor oscuro”, dos momentos de vida, dos ángulos, pero la misma historia. 

Vaya a ti, Federico, nuevamente mi homenaje:

 

Canción del Mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

El amor duerme en el pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

firma garc°a lorca

(*) El post completo se puede leer en el siguiente enlace: Post del Teatro del Norte

(**) José Bonifacio Ortiz Cabello, crítico e investigador teatral español

(***) El post del Atrio se puede leer en el siguiente enlace: Post del Atrio

(****) Reseña publicada, foto mediante, por Emilio Silva Barrera (@EmilioSilva1965), en su cuenta de twitter el 19 de agosto del 2012

¡Menos mal, regresó la normalidad!

Leo algunos mensajes en twitter y facebook que advierten el peligro, o plantean el temor, de que la gente deje las calles y el país vuelva a la “normalidad“. También leo mensajes de algunos oficialistas que celebran, con la llamada “toma militar de Altamira“, el regreso a ella.

Quienes tienen ese temor, o esa satisfacción, dependiendo del caso, creo que no entienden que ésta, la dinámica de protestas y represión que vivimos, es la nueva normalidad” que tenemos y tendremos, es la única “normalidad” posible en la Venezuela “revolucionaria”, la única “normalidad” viable para garantizar la supervivencia de quién excluye y desconoce al que piensa diferente y sólo sobrevive cuando logra asfixiar, hasta desaparecer, toda disidencia.

Si cesaran las protestas o cediéramos la calle, lo que vendría no sería jamás una vuelta a una “normalidad” precedente. Ni a la pasada reciente que esperan algunos oficialistas, ni a la pasada remota que añoran y desean algunos opositores.

Lo que vendría sería una evolución de la “normalidad” que vivimos, que obviamente, representaría una involución mayor en nuestra vida republicana.

En esa “normalidad” seguiría profundizándose la crisis económica, las empresas seguirían quebrando, los anaqueles estarían más vacíos, las colas se harían más incómodas y recurrentes y la gente se pelearía por agarrar el pollo que le corresponde esa semana, de acuerdo a lo que dice su tarjeta de racionamiento.

Nuestros jóvenes seguirían emigrando, pero lo harían por tierra, ya que sería más difícil conseguir pasaje en los pocos vuelos que entren y salgan de Venezuela. Mientras tanto, los “enchufaos” de turno pasearían por el mundo con dólares preferenciales o haciendo derroche de recursos mal habidos.

La delincuencia seguiría desatada, pero sentiría el reimpulso de la impunidad renovada, que le daría haber sido protagonista y artífice del éxito oficialista, a puños y tiros, en algunas de las batallas de esta guerra que el gobierno tiene con el pueblo. La Guardia Nacional y la Policía Nacional seguirían en las calles, en las salidas de los metros, en las paradas de buses, en las puertas de las universidades y en las esquinas, “sembrando paz“, requisando a todo el que circula y susurrando temor a sus oídos para que no se le ocurra pensar diferente.

Las cárceles seguirían en franco deterioro y los presos, políticos y no políticos, hacinados y con sus derechos humanos violados, frente al descarado y creciente privilegio que seguirían teniendo los pranes y sus mafias.

Las escuelas seguirían, algunas en terribles condiciones y otras remachadas y retocadas, pero en todas los docentes se verían obligados a aprender y replicar la religión-política, que coloca a Hugo Chavez a la derecha de Dios Padre, o en su lugar, según sea la tendencia.

Los hospitales seguirían sin insumos y las colas de enfermos esperando tratamiento u operaciones, crecería en medida inversamente proporcional a sus esperanzas.

En su esfuerzo por apagar toda opinión libre y disonante, veríamos más intentos de borrar la presencia de las voces disidentes en la Asamblea, allanando la inmunidad parlamentaria de nuestros diputados e imputándoles cargos de traición a la patria por defender nuestros derechos; también seríamos testigos todos los días, de esfuerzos para anular la acción de las personas y organizaciones encargadas de defender los derechos humanos; seguiría la confiscación del poder de las instancias de gobierno de los Estados y Municipios donde no ganó el oficialismo, a través de la reducción de sus presupuestos y de la instrumentación de mecanismos inconstitucionales de “gobierno” paralelo; y continuaría la expansión del monopolio gubernamental de los medios de comunicación, aumentarían las horas de amenazas e insultos en cadena nacional y se incrementaría la mordaza que se impone a periodistas y medios que se atreven a contar al país o al mundo, algo de lo que aquí realmente sucede.

Los empleados públicos seguirían siendo obligados a bajar la cabeza, a vestirse de rojo y a profesar lealtad a la “revolución” apoyando sus actos públicos y privados; terminaríamos de entregar la soberanía y el petróleo a Cuba y tendríamos comisarios políticos y soplones, cubanos y venezolanos, por todos lados. Crecería el número de “beneficiados” por las misiones, pero, por falta de recursos, su instrumentación apelaría a un método de asignación intermitente que dejaría a todos con la esperanza de que su cheque o su beneficio, saliera efectivamente en la tanda siguiente.

En esa evolución de la “normalidad” revolucionaria, se seguiría tejiendo, con la práctica, una instrumentación de la Constitución a la medida, que terminaría violando toda letra que resultara incómoda a la “revolución“; la renovación de los poderes públicos se haría con la señal de costumbre, dejando en los cargos de confianza a los que corresponda, según lo largo del enroque, o a nuevos militantes, tan leales a la “revolución” o más, que sus ocupantes precedentes.

En ella, el odio y la división se profundizarían y el enfrentamiento sería convenientemente callado, por el terror de las armas.

Aparentemente, nada cambiaría, pero todo sería progresivamente diferente.

Así que con la normalidad que tenemos o con la que le seguiría, en la lógica “revolucionaria“, sería imposible volver a algo que se le pareciera a la “normalidad” que unos desean o la que otros recordamos, con o sin nostalgia, porque el pasado, es pasado y ya no vuelve y porque la única “normalidad” posible con esta “revolución” es una que esté alineada a sus ideas y alineada con la sumisión.

Sin embargo, si asumimos al presente y al pasado como oportunidades de aprendizaje, hay una “normalidad” diferente, que sería posible y que, entre todos, podemos construir y hacer viable.

Una “normalidad” en la que Venezuela sean en efecto una República, con ciudadanos responsables y gobernantes, eficaces, eficientes, probos y éticos; con una institucionalidad, en teoría y práctica democrática; un país productor, próspero y creativo, con un Estado que garantice los derechos de todos, sin distingo, que trabaje a fondo por eliminar las desigualdades y la división social y que se encargue de promover una elevada calidad de vida para todos.

Construir esa “normalidad” requiere tiempo, dedicación y esfuerzo, entrega y sacrificios; requiere mantener nuestra voz de protesta, y simultáneamente, reconocer, respetar y aceptar al otro, para iniciar un cambio profundo juntos; requiere, en la intimidad, revisarnos en detalle y dejar los viejos hábitos que constituyen la “viveza del venezolano“; requiere salir a la calle día tras día a ser y construir un país diferente.

Que tengamos una u otra “normalidad“, de nosotros depende.

¡Nos vemos en la calle!

PS: Tal como dicta la “normalidad” y por sugerencia de algunos lectores, hice unos cambios en la “vista” del blog, pero las limitaciones de las plantillas disponibles, no dieron los resultados esperados, así que seguiré buscando opciones y mientras, disculpen el grotesco tamaño del encabezado y de las letras.

Politizando el asesinato de Mónica y Thomas

Hace un rato decía en FB y Twitter que desde que leí sobre el abominable asesinato de Mónica Spears y su esposo esta madrugada, no hago más que pensar en esa criatura de 5 años con una herida de bala en la pierna y los cuerpos sin vida de sus padres a su lado, abandonada a su suerte en una carretera… para ella, a partir de hoy, seguridad, Venezuela y vida serán vocablos con un muy diferente significado.

Sin embargo, ahora dedicaré estas líneas a contribuir con la “politización” del hecho.

Señores de los medios, hablen claro y dejen la autocensura pacata:

1. Mónica y Thomas fueron brutalmente asesinados y su hija sobrevivió a un terrible episodio de violencia protagonizado por unos antisociales.

2. Ustedes como todos, saben que las vías en Carabobo están en pésimo estado y cuando baja el sol se convierten en zonas altamente peligrosas en la que los delincuentes estilan lanzar objetos a los carros o colocar obstáculos, para obligarlos a parar y asaltarlos. Eso es demasiado frecuente como para no tener un reporte con estadísticas y que los organismos de seguridad tengan políticas para eliminar esos permanentes riesgos. Además, vendrían bien unos reportajes con fotos de las troneras y el reclamo de un plan de asfaltado general de esas vías.

Señores del gobierno, simpatizantes de los gobernantes y ciudadanos que le temen a la “politización”:

1. La vida y la seguridad son derechos humanos y como ciudadanos no sólo tenemos el derecho a que se nos garanticen, sino el deber de exigir que se garanticen para todos; mientras que el Estado, a través de los organismos competentes tiene el deber de garantizarlos a todos sin ningún tipo de discriminación. Así son las cosas con los derechos humanos, les gusten o no.

2. El derecho a la vida y a la seguridad son asuntos políticos, se desarrollan con legislaciones y políticas públicas. Como tales son asunto de todos y en nuestro caso, el artículo 62 de la Constitución consagra el derecho de todo ciudadano a participar en la definición y evaluación de dichas normas y políticas.

3. Lo que no se puede hacer ni con los derechos humanos, ni con el Estado, ni el gobierno, es partidizar su garantía o su gestión, como estamos cansados de verlo en estos 15 años. Tampoco está permitido utilizar los recursos del Estado y del gobierno para instigar a otros a violar las leyes o los derechos humanos, ni promover el uso de la violencia, con hechos y discursos desde el poder. Eso es contrario a los derechos humanos y a la institucionalidad democrática.

Así se llaman a las cosas por su nombre y se polítiza lo que se tiene que politizar.

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¡El momento llegó!

Hora de mi receso vespertino, para variar lo uso para ponerme al día con las noticias del momento, veo con tristeza y preocupación que la situación tiene el mismo tenor que ayer, por lo que, para poder volver al trabajo, con la necesaria concentración, uso la escritura para expresarme. Algunos ya leyeron buena parte de ésto mientras lo escribía en twitter, pero para quiénes no lo hayan leído o para quiénes prefieran verlo completo y revisado, publico este post.

¡Buenas tardes #Twitterlandia!

Hoy era un día para amanecer chalequeando a los caraquistas o sólo concentrada en la llegada de mi hermanita que viene a visitarnos después algún tiempo de haber tomado la decisión de establecer su vida en otros predios, donde estuviera garantizado el derecho a la seguridad y a la vida.

Sin embargo, en Venezuela y en estos tiempos, los motivos de felicidad siempre están acompañados por otros que indignan y preocupan: Venta de leche y azúcar por cucharadas; guarimbas y “protestas” montadas artificialmente para impedir la manifestación de otros, acompañadas de amenazas y amedrentamiento, todo ello protegido por quienes tienen el deber de garantizar los #DDHH de todos (que si a ver vamos, si coinciden manifestaciones de protesta, que coincidan y coexistan, que el derecho a la protesta sea ejercido por todos y garantizado por los órganos de seguridad del Estado y no que la protesta sea criminalizada o protegida, dependiendo de a quién beneficie su presencia) y para rematar, la continuación de la guerra del miedo, ahora empapelando del centro de la ciudad con estos afiches, en los que se pretende convertir en “enemigos” de la gente y “culpables” de lo está sucediendo, a los principales líderes de la oposición (@hcapriles, @MariaCorinaYA y @leopoldolopez).

Racionamiento, abuso de poder y amedrentamiento, dibujan un claro ambiente de promoción de la violencia que sólo hace sonreír a los que se valen del miedo para conservar el poder, o a los que se aferran a todo lo que pueda prefigurar una salida mágica que les devuelva el poder perdido o que restablezca un “orden” añorado.

A algunos de ellos, los podemos identificar por sus claros discursos y a otros, porque tienen semanas llamando a la abstención desde el anonimato o haciendo gala de su acostumbrada práctica de sólo reclamo y no acción, en una computadora ubicada en el país o cómodamente en el exterior.

Pero quienes promueven la violencia para justificar o provocar sus salidas deseadas, sólo tendrán éxito si les hacemos el juego, sólo si caemos en la dinámica de la violencia, el miedo, el ensañamiento y la confrontación.

De nosotros depende el camino que tomemos.

Aunque no lo parezca, éste es un momento crucial, el momento de tomar partido, el momento de asumir un rumbo y sostener la decisión; el momento de decidir si le hacemos el juego a los que sólo entienden la violencia y el enfrentamiento como forma de coexistencia, o si optamos por la construcción de una Venezuela diferente, que sea de verdad incluyente, en la que todos, a partir de las diferencias que existen y que tenemos que reconocer y respetar, construyamos un espacio de convivencia.

Venezuela, aunque le disguste a algunos, debe ser hogar para todos, y todos que tenemos el deber y oportunidad de hacerla posible.

¡Este es un momento de definiciones, toma tu decisión y actúa en consecuencia!

Cuatro minutos…

Cuatro Minutos (Vier Minuten), la película alemana de Chris Kraus del 2006, llegó al país por los caminos verdes como muchas otras. Cuando llegó, mi corredor vegetal de cine, me sugirió verla adelantándome que era la historia de una pianista que estaba presa. (aquí el enlace a la página oficial)

“Pianista” = película con alto componente musical, imaginé; pero “presa” = película ruda y cruda, por lo que pensé que, por mucho que me atraiga lo que se puede lograr en cine con el protagonismo de la música y más piano mediante, no era el momento para verla.

Sin embargo, la semana pasada, conversando con un par de ángeles que estaban en mi camino, volvió a escena la película y, aunque lo único adicional que dejaron salir en la conversa, fue que la consideraban buenísima, me dejé vencer por la curiosidad, la busqué, respiré profundo y me senté a verla.

Casi todas mis suposiciones se cumplieron. Acerté con la música que, en efecto, es una importante protagonista y se revela a través de una muy interesante banda sonora. También acerté, en lo dramáticamente ruda que es. Pero, como combinación está hermosamente lograda, por lo que en lugar de un posible desgarre, me sembró un impactante silencio en el alma.

Lo único que no calzaba con mi suposición previa, o con la presentación inicial de mi corredor vegetal, incluso, con una crítica que me tropecé en la web buscando la banda sonora, es que el centro de la película es la vida de una pianista presa.

Cuatro Minutos es una madeja de historias entretejidas por la cárcel como metáfora, historias que saltan en flashback o que, como destellos, insinúan vidas. Historias atrapadas en hilos, unos hechos con la fibra resultante de la sumisión -como combinación entre el abuso de poder y el miedo-, otros, con la resultante del maltrato -fraguado éste como venganza por una mezcla de odio e impotencia-; todas fibras cuyo sustrato es el prejuicio, el poder descentrado, la autoridad mal entendida y la institucionalidad vejada por la arbitrariedad resultante.

Podría pasearme por los ejemplos con los que la película ilustra cada combinación y cada caso, pero para eso es mejor que cada quién la vea, los encuentre y se interpele frente a ellos, porque Cuatro Minutos puede servirnos de espejo de aumento, de periscopio interior, para identificar nuestros propios demonios, los que cultivamos como sociedad achacándoselos al otro; los que escondemos como personas, sin asumirlo.

Y se me antojaría pensar que lo crucial de esta película es la rebeldía de una reclusa que se las juega torpemente y a ciegas por dar rienda suelta a su expresión, a su salvaje y hermoso espíritu interior, pero eso sería simplificar en extremo la historia, porque Cuatro Minutos es fundamentalmente la historia de un viaje al perdón. Un viaje mediado por el castigo autoinflingido  y la condena perenne; un viaje que nace y se sostiene en la traición, traición al amor de tu vida y a tu esencia simultáneamente; un viaje determinado por los arreglos sociales del momento que, como siempre, indican las razones para considerar quién es lo suficientemente bueno para merecer una vida digna. Un viaje sembrado de prejuicios heredados y adquiridos hasta que quedan tatuados en una conducta que se repite, en acción y en omisión, sin comprenderla, que se asume como “correcta”, aunque te cercene el alma.

Sólo el talento o el esfuerzo merecen atención o compasión, es la excusa que una de las protagonistas asume como premisa de vida; sólo la posesión de un don, entendido como regalo divino o designio superior, le permiten justificar las arbitrariedades que reconoce en su propia existencia.

Cuatro Minutos, nos enseña también, y reiteradamente, como el bien y el mal se traspasan, se trasvasan, se mezclan, cuando se trata de fraguar alianzas que permitan mantener la “línea de mando”, conseguir la atención perdida, o alcanzar un objetivo.

Cuatro Minutos parece una historia lejana, pero bien puede ser una parte de mi historia, de la tuya o de la nuestra, si nos miramos en ella, con detalle, como en un espejo de aumento y descubrimos los matices que, para sobrevivir cotidianamente, ignoramos.

Tomada de la web oficial de la película

Tomada de la web oficial de la película