Así actúa la #DictaduraEnVenezuela

Anoche cuando se me estaba acabando el saldo del teléfono por quinta o sexta vez esta semana, escuché unas detonaciones a lo lejos. Parecían tiros y eran demasiados como para pensar que era la policía frustrando un robo.

 
Como tenía muy poco saldo, en lugar de revisar en Twitter lo que pasaba, seguí intentando recargar por la app del teléfono. 

 
Al rato, entró un mensaje de mi hermana preguntando cómo estaba todo, minutos mas tarde, el de una amiga que vive relativamente cerca que decía solamente: ¿Estás bien?

 
Obviamente, algo pasaba cerca. Ella me contó que por su zona, a esa hora, se había prendido un cacerolazo, en rechazo a la acción de un grupo de paramilitares(*) que estaban atacando en una zona muy cerca. 

 
A esa hora había reseñas de protestas de opositores, pero también violencia y saqueos por parte de los paramilitares financiados, sostenidos y apoyados por la #DictaduraEnVenezuela. Circulaba mucha información basura, pero también información seria y de fuentes confiables. 

 
Al rato, otra ráfaga de detonaciones a la misma distancia.

 
Luego, otra amiga que emigró, y con la que había tenido un intercambio 4 horas antes, me escribe: Hola, ¿Esta todo bien por tu casa? Chateando con ella, volvieron a sonar disparos. 

 
Pensaba, ahora los disparos suenan lejos, pero pronto podría pasar como a la gente de El Valle, por poner un ejemplo, y sonar al otro lado de la puerta de tu casa.

 
En ese momento, recordé parte de lo que le había escrito 4 horas antes, como respuesta a la recurrente pregunta ¿cómo ves todo? que nos hacemos a diario los venezolanos. 

 
Aquí les dejo como lo veo. Es un texto sencillo, escrito #ModoChat y bastante simple. Está copiado casi idéntico, aunque tiene unos detalles añadidos hace un rato, cuando lo compartía con otro amigo, que también emigró, pero hace mucho tiempo.

 
Así veo a la #DictaduraEnVenezuela: 



¿El gobierno está escalando el conflicto, está buscando la violencia máxima? ¿Cómo los ayuda eso?

Violencia = caos + pérdida de legitimidad de opositores => chavismo se mantiene en el poder con esquema dictatorial.

 

La violencia es promovida por ellos en acción y en discurso. 

 
En acción con restricciones a la AN, abuso de poder en el ejecutivo, represión y uso desmedido e ilegal de la fuerza por parte de organismos de seguridad, detenciones arbitrarias, confiscación de bienes, saqueos y violencia por sus grupos paramilitares y para policiales. 

 
En discurso por amenazas, amedrentamiento, criminalización de opositores, generación de caos, angustia y desesperanza a través de rumores y tergiversación de los hechos.

 
¿Hay otras opciones?



Otras opciones = Restablecer el Estado de derecho (reconocer que no hay separación de poderes (permitir remoción de magistrados del TSJ y nombramiento de unos que cumplan los requisitos)) o llamar a elecciones con CNE institucional o respetar la Constitución => chavismo pierde el poder



Al perder el poder pierden acceso a recursos y esquema de impunidad = no tienen como financiar a sus paramilitares + no pueden usar a los militares + se pueden desarticular mafias y pranatos + pueden ir presos aquí y en el exterior + pérdida de capitales producto de corrupción por repatración.



Conclusión, pierden demasiado por lo que harán todo lo que puedan por no salir del poder. 



El problema con ellos es que está tan extendidas las violaciones a la institucionalidad y los derechos humanos, la corrupción y las mafias que, dentro de ellos, no hay prácticamente de quién agarrarse para impulsar un cambio.

 
Mientras copiaba el texto ordenado para publicarlo aquí y escribía el relato introductorio, pensaba en que quedaría mejor con un final que muestre un resquicio de salida o de esperanzas, pero no puedo decir nada optimista o diferente a que como se ven las cosas, si el oficialismo insiste en escalar el conflicto y aumentar la violencia, al resto sólo nos sale seguir resistiendo, protestando, organizándonos y haciendo escuchar nuestra voz adentro y afuera.

(*) Ella dijo “colectivos” pero insisto en que a las cosas hay que denominarlas como son y esos son grupos irregulares, paramilitares o parapoliciales. 

Una agenda educativa para diputados

Desde el poder legislativo se pueden hacer muchas cosas para contribuir con la garantía del derecho a la educación en Venezuela, y con la mejora del desempeño que el Estado ha tenido hasta el momento. Sin pretender agotar la agenda al respecto, tocaré 4 asuntos imprescindibles, que incluyen algunas deudas que el Estado tiene con el país.

I. La legislación pendiente

La promulgación de la Ley Orgánica de educación entre gallos y medianoche, en pleno período vacacional, en agosto del 2009, nos dejó un documento en términos generales mediocre, en el que, por citar algunas cosas, se dio al traste con la estructuración de un modelo de gestión descentralizado, al concentrar el poder en los ministerios de educación; y se desdibujaron los principios del sistema con una pésima y enredada redacción de artículos y temas fundamentales, en los que, en algunos casos, intentaron conjugar conceptos contrapuestos y excluyentes vaciando de significado y sentido la norma que pretendían desarrollar.

Ese documento, requiere una revisión que permita mejorar o modificar, cuando corresponda, la institucionalidad que pretende definir, así como aclarar y precisar aspectos y temas borrosos, pero sobre todo que permita limpiarla de elementos que están cercanos a la inconstitucionalidad. Sin embargo, esta no es la deuda más urgente.

Más urgente, tanto que debería formar parte de las primeras acciones que se esperaría de la próxima gestión legislativa, es la discusión y aprobación de las Leyes especiales de Educación Básica y de Educación Universitaria, así como de la Ley de Carrera Docente, que, de acuerdo a las disposiciones transitorias de la LOE, deberían tener más de 5 años aprobadas.

La ausencia de estos instrumentos normativos, ha dificultado la gestión de los dos subsistemas de educación y ha facilitado la instrumentación de medidas provisionales, con débil institucionalidad y en muchos casos con visos inconstitucionales, a través de resoluciones temporales que terminan convirtiéndose en permanentes. Ejemplo de ello, son las resoluciones que se han utilizado durante los últimos 8 años, para el ingreso y evaluación del personal docente de las escuelas; y la controversial Resolución 058 que sustituyó el régimen de comunidades educativas, por una figura engorrosa de difícil instrumentación, que, además de presentar problemas de inconstitucionalidad en algunos aspectos, incluye la “delegación de funciones” a comités en las escuelas, imposibles de cumplir porque no se les dota ni de capacidad de decisión, ni de recursos para ejercer efectivamente la gestión en temas tan delicados y estratégicos como el mantenimiento y la alimentación escolar, por ejemplo.

La discusión y aprobación de estas 3 leyes son deudas de la Asamblea Nacional con el país, que una próxima gestión deberá considerar urgentes.

En el marco de la discusión y aprobación de la Ley de Educación Básica, tendría que retomarse la discusión sobre la descentralización del sistema educativo iniciada en la década de los 90s y que tuvo como consecuencia el inicio de un proceso de transferencia de competencias y escuelas, que fue congelado y sufrió un lamentable retroceso en los últimos 17 años.

En cuanto a la Ley de Educación Universitaria, hay documentos que se han debatido y presentado ante la Asamblea Nacional, por lo que la discusión no partiría de cero, pero es imprescindible que en el debate se incluyan temas que permitan redefinir los modelos que se desarrollan en las diversas instituciones que hoy forman parte del sistema, pero sobre todo, corregir las desviaciones que hacen que muchas de las nuevas organizaciones denominadas “universidades”, no sean más que “liceos” grandes en los que se otorgan títulos que, en algunos casos, no cuentan con estándares mínimos que garanticen calidad en la formación profesional, ni con el aval del organismo encargado de dar el visto bueno a la oferta educativa en ese nivel.

Con relación a la Ley de Carrera Docente, hay un par de temas relacionados con las condiciones laborales de los docentes que, en algunos aspectos, pueden no resultar del agrado de parte de los gremios existentes, pero que deben ser discutidos con ellos con la profundidad y sinceridad que el país requiere. El primero de ellos es la naturaleza de los estándares que constituyen el sistema de evaluación para el ingreso y ascenso de los profesionales de la educación. El debate en este tema debe considerar, en primer lugar, la exclusión de todos los indicadores y elementos incluidos en las normas utilizadas en estos últimos años, que evalúan más la adscripción partidista de los docentes, que su formación o desempeño; y en segundo lugar, la incorporación de estándares que reflejen el desempeño profesional y los resultados en el aprendizaje de los estudiantes. Estos estándares deben ir más allá de las tradicionales verificaciones sobre el cumplimiento de aspectos administrativos (asistencia, puntualidad, elaboración de planificación, etc) y obviamente, deben constituir un sistema que permita e incentive el aprendizaje y la mejora permanente, pero también que premie a los profesionales que con esfuerzo y dedicación, logran el mejor desempeño y aprendizaje en los estudiantes.

El segundo tema, implica la discusión de un nuevo arreglo contractual que, no se mate de entrada citando derechos adquiridos, sino que permita negociar, con incremento en los beneficios sociales y económicos de los docentes, la cantidad de días hábiles de vacaciones al año, ya que, con los 60 días hábiles que corresponden al gremio, como beneficio adquirido, más los días feriados de cada año, se ha hecho imposible extender la duración del año escolar para contar con 200 días de clases. Y nos referimos a 200 días de clase, más los días necesarios para las demás actividades docentes, no, a la norma tibia contenida en el artículo 49 de la actual LOE que establece una duración del año escolar de 200 días hábiles que, como todos sabemos, incluyen los días de clases, más los períodos correspondientes de actividades administrativas con las que se inician y cierran los lapsos y el año escolar.

II. El presupuesto educativo

La discusión y aprobación de las leyes de presupuesto, se ha convertido en un acto simbólico en el que el ejecutivo presenta una propuesta, a todas luces, deficitaria en términos económicos, pero deficitaria también como propuesta de gestión de los órganos de la administración pública. Este segundo aspecto, es consecuencia de la forma y contenidos que han tomado los Planes Operativos del ejecutivo, en el caso de educación, de los ministerios rectores.

En este aspecto, la Asamblea Nacional como parte de sus funciones de control del gobierno y la administración pública, podría promover la definición de estándares que permitieran mejorar los planes operativos de los ministerios, así como su gestión y sus resultados; y en su función legislativa, debería exigir al ejecutivo que sincerara las solicitudes presupuestarias.

Pero en función de mejorar el financiamiento del sistema educativo, la Asamblea Nacional también, podría trabajar en la redefinición de algunas reglas de juego, específicamente, en la recuperación del mecanismo de la LOCTI que permitía a las universidades, junto con el sector productivo, diseñar y ejecutar proyectos de innovación e investigación con los recursos destinados para ello en dicho instrumento normativo. Este mecanismo fue secuestrado por el ejecutivo, privando a las universidades de financiamiento y al sector productivo de conocimientos e innovaciones, con el agravante de que, desde hace algún tiempo, se desconoce el destino los recursos recaudados por esa vía.

Además, el poder legislativo, podría estudiar y considerar la aplicación de nuevos esquemas, como el existente en Uruguay que permite el financiamiento de la educación primaria con un impuesto inmobiliario, cuya recaudación es asignada de forma directa al funcionamiento de las escuelas de este nivel.

III. Sistema de evaluación de la calidad de la educación

Como es del conocimiento de los actuales diputados de la Asamblea, y debe serlo de los actuales candidatos, en el texto de la recién aprobada Ley de Presupuesto, hay un proyecto del MPPE denominado “Creación del Observatorio del Sistema de Educación Básica”. La siguiente captura de pantalla contiene el enunciado de dicho proyecto, tal como está incluido en la Ley.

proyecto observatorio 1

En la presentación de inicial que se hace de los proyectos, en ese mismo capítulo, el MPPE incluye la siguiente y breve justificación:

proyecto observatorio 2

Al respecto, es importante recordar:

a) Que el sistema educativo contaba con el SINEA (Sistema Nacional de Evaluación de los Aprendizajes) a finales de la década de los 90s. El SINEA fue diseñado en el país y se comenzó a administrar en las escuelas que ofrecían educación primaria y secundaria. Ese sistema, era perfectible como todo mecanismo de evaluación en desarrollo, estaba constituido por una batería de pruebas e indicadores de contexto valiosos e interesantes. En sus primeras aplicaciones arrojó bajo desempeño de las escuelas y de los estudiantes y sus resultados pudieron utilizarse como insumos para reorientar la política educativa, pero, en su lugar, en el momento en el que los resultados indicaban que el modelo de Escuelas Bolivarianas tenía menor desempeño que el resto de los modelos de escuelas del sistema, el ministerio decidió dejar de aplicar las pruebas y suspenderlo indefinidamente sin justificación, ni evaluación que avalara esa decisión.

Con respecto a sistemas de evaluación similares que respondan a acuerdos internacionales suscritos por el país, también es importante resaltar, que Venezuela no ha participado en las cuatro ediciones del sistema instrumentado en América Latina por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de UNESCO, sistema en el que han participado casi todos los países de la región, incluyendo a Cuba, por cierto.

De la misma manera, y aunque no se encuentra en el marco de convenios suscritos por el país, Venezuela se ha negado a participar en pruebas internacionales como PISA, en las que también participan casi todos los países de la región y en la que de forma autónoma y con mucho trabajo para conseguir los recursos para su financiamiento, participó recientemente, la Gobernación del Estado Miranda.

En todo caso, con pruebas nacionales, internacionales o con una combinación de ambas, como se hace en múltiples países, es imprescindible que existan mecanismos que permitan evaluar periódicamente el desempeño de los estudiantes para poder corregir y reorientar el trabajo de enseñanza en las escuelas.

b) Que con la incorporación de los sistemas de información digitales, el ministerio contaba, a finales de la década de los 90s, con el SISE (Sistema de Información del Sistema Educativo) que, si bien no se encontraba disponible para el acceso público en internet en ese momento, podía ser solicitado y utilizado por cualquier ciudadano para analizar el estatus de la oferta educativa, consultando variables asociadas a las características de infraestructura y dotación de las escuelas, a la matrícula y proyectos desarrollados; incluso, en sus inicios se podía tener con precisión la nómina docente que trabajaba en el sistema escolar por escuela, independientemente de la dependencia de éstas.

Ese sistema evolucionó y se puso a disposición del país en internet. Pasó por varias denominaciones y, la última versión de acceso público, incluía dos mecanismos: uno de consulta, público para todos los ciudadanos que quisieran conocer las características de las escuelas, plantel por plantel, o hacer consultas por unidades territoriales o tipos de escuelas; y uno cerrado para el ingreso de los datos de cada plantel, al que los directivos encargados de cargar la data, accedían con una clave. Ese sistema, a partir del 2005, fue dejando progresivamente de ofrecer algunos datos y en el 2010 fue cerrado totalmente al público, como mecanismo de consulta y acceso a la información. Hasta hace pocos meses, al consultar la página, aparecía un mensaje notificando que el sistema estaba en mantenimiento -el mantenimiento más largo de la historia de los sistemas, desde que existe internet-. Actualmente, las páginas relacionadas con ese sistema dan error y lo único a lo que se tiene acceso, es a un mecanismo para que las escuelas puedan cargar la data, pero sin la posibilidad de realizar ningún tipo de consulta.

Si como dice el objetivo específico del proyecto, el ministerio quisiera contribuir con la democratización del acceso a la información, poniendo a disposición de la ciudadanía las estadísticas y los datos detallados que dice que ofrecerá con la constitución de ese observatorio, podría comenzar por colgar en internet los textos de las memorias y cuentas, incluyendo el capítulo de estadísticas y activar el mecanismo de consulta del sistema de información que desactivó en el 2010.

c) Más que un observatorio para suministrar datos que permitan sustentar la planificación educativa, tal como dice el texto de la justificación de este proyecto, -datos que dicho sea de paso, ya existen en el ministerio aunque no sean conocidos por la ciudadanía, ni tengan la calidad deseable- lo que el país necesita es un sistema de evaluación del desempeño del sistema educativo que tenga dos dimensiones: una que responda al enfoque de derecho y permita valorar que tan cerca estamos, como sociedad, de garantizar la realización del derecho a una educación de calidad para todos, y una que responda a las necesidades de formación que se desprendan de la Constitución y el Plan de la Nación, para verificar si los ciudadanos, al egresar de cada uno de los niveles del sistema, han logrado desarrollar las competencias y construir los aprendizajes que se ofrecen en ellos y que se estiman como deseables para la sociedad venezolana.

Ese observatorio debería, entre otras cosas, tener independencia del poder ejecutivo, es decir, ser autónomo como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) creado en México en el 2002, o como el INEED Uruguayo creado en el 2012. Además de su autonomía, y dado que la certificación de aprendizajes en Venezuela, la realiza de forma particular cada escuela (*), la institución que se cree, debería tener mecanismos de evaluación que permitan mejorar la gestión escolar en sus dimensiones administrativa y pedagógica, pero que también permitan conocer si las escuelas están logrando los objetivos educativos que se plantean y los que, en términos de formación de su ciudadanía, se plantea el país en general.

Vistas las carencias del sistema educativo en cuanto a la producción y acceso a la información y en cuanto a la evaluación de su desempeño, tanto en la garantía y realización del derecho a la educación, como en el logro de la educación deseada, una de las acciones que debería tomar la Asamblea Nacional, es la discusión y creación de un sistema de evaluación del desempeño, autónomo como los existentes en Uruguay o en México, que dé cuenta al país sobre la calidad de la educación que se ofrece y sirva de mecanismo de control del ejecutivo y de referencia al momento de diseñar las políticas públicas educativas.

IV. Consistencia de los planes nacionales con la Constitución

Finalmente, como parte la de su función legislativa, la Asamblea Nacional, tiene el deber de corregir el uso político-partidista que se ha hecho de los documentos aprobados como Planes de la Nación. Este es un aspecto que abarca a todos los sectores de la vida nacional, pero en el caso del sector educativo se relaciona con aspectos muy específicos que, en términos de contenidos y mandatos, no pueden formar parte de esos planes porque constituyen violaciones a los principios y definiciones establecidos en el texto constitucional, y son contrarios a lo consagrado en los acuerdos y pactos internacionales que definen el marco en el que debe garantizarse el derecho a la educación.

La próxima Asamblea Nacional debe devolverle el apego a la Constitución a los Planes de la Nación y debe promover la eliminación de los sesgos político-partidistas que afectan, entre otras, la política educativa y la naturaleza del derecho a la educación en Venezuela.

(*) Al respecto, es importante recordar que, aunque existen programas obligatorios, cada escuela y cada docente diseña su planificación y su evaluación, por lo no que hay parámetros que permitan afirmar con certeza, que dos bachilleres egresados de dos escuelas diferentes, que obtengan la misma calificación como resultado de sus evaluaciones, tengan una formación equivalente en logros y calidad, lo cual deja sin referentes de evaluación de resultados reales al sistema.

 

¡Las cartas están echadas!

Cuando, como ahora, las bajas pasiones y nuestros demonios personales y sociales se exhiben, tendemos naturalmente a sentirnos ajenos a lo que sucede y a perder la esperanza.

Sin embargo, eso que puede resultarnos decepcionante, vergonzoso y desesperanzador, es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque aunque lo rechacemos, nos resulte ajeno y lo veamos contrario a nuestra naturaleza ciudadana y social, eso, lamentablemente también es parte de la Venezuela que somos. Es nuestra cara oculta, nuestra configuración oscura. Una configuración que, hasta ahora, estaba visible sólo en algunos, pero que,  obviamente, estaba latente en muchos otros. Esa, en estas circunstancias, afloró y lo hizo en magnitudes preocupantes.

Digo que es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque las sociedades, esencialmente, muestran su naturaleza de forma engañosa. Manifestan unas creencias, exhiben una cualidades y simultáneamente, ocultan otras. Las que se exhiben forman parte de los rasgos predominantes y socialmente aceptados. Pero a veces, hay unas para las que, la forma en la que se exhiben puede también resultar engañosa, haciendo que sean socialmente aceptadas conductas que encierran o se sustentan en rasgos socialmente cuestionados, por lo que, cuando aflora su naturaleza y se expresan de la forma más burda, resulta altamente esclarecedor sobre lo que tenemos y queremos como sociedad.

Es como la utilidad de los “espejos de aumento”: en ellos se ve magnificado lo que nos gusta y queremos ser y también lo que rechazamos y no queremos en nuestras vidas.

En nuestro caso hay rasgos que siempre estuvieron ahí, lo que sabemos incluso por el uso de algunas costumbres y refranes, que ahora están mostrándose en su peor manifestación.

¿Ejemplos?

“Se acata pero no se cumple” por mencionar el más nombrado, que, a la vez, es el más utilizado por la mayoría, independientemente del color político, cuando se está frente a un desacuerdo. O entre las prácticas, la “viveza del venezolano”, utilizado por muchos también.

Pero ¿qué cosas podemos identificar en lo que nos está sucediendo? Desde mi punto de vista, creo que las más relevantes serían:

1. Falta de probidad.

2. Locus de control externo.

3. Baja estima y desconfianza.

4. Falta de pertenencia.

5. Menosprecio al conocimiento – superficialidad.

6. Menosprecio al trabajo y a la impecabilidad.

Éstas dan origen, entre otras, a la baja cohesión social, al desconocimiento y falta de reconocimiento del otro; a la baja productividad; a la desesperanza aprendida; a la prepotencia y la chapucería; y a esa mezcla de oportunismo, facilismo, miedo, anomia y sumisión que se ha expresado con mucha fuerza últimamente.

Ésta Venezuela que vemos que también somos y que ahora podemos reconocer claramente que no queremos ser, nos da todas las pistas de la tarea pendiente si de verdad apostamos por una Venezuela con la que nos sintamos identificados y en la que queramos vivir.

Y ahora te pregunto:

1. ¿Cuál de los rasgos que rechazas, sientes que puede estar presente o que ha formado parte de tus prácticas ciudadanas en el pasado o en el presente?

2. ¿Crees que Venezuela somos todos? Si es así, ¿Qué crees que tenemos que hacer para constituirnos en una Nación?

3. ¿Crees que para que el país cambie los otros, los que actúan como no te gusta, son ellos, sólo ellos los que deben cambiar?

4. ¿Crees que una Venezuela diferente se construye sólo cambiando de gobernantes? Si no lo crees, ¿con cuáles cambios estás dispuesto a contribuir como ciudadano?

5. ¿Cuánto tiempo crees que nos tomará tener una Venezuela unida, proba, responsable, comprometida y productiva?

6. ¿Ya metiste la acción ciudadana para reconstruir a Venezuela como parte de tu agenda? ¿Cuántas horas pretendes dedicarle y en que piensas emplearlas?

7. ¿Cuántas personas que piensan y actúan diferente forman parte de tu familia y de tu círculo de amigos? ¿Cómo piensas hacer para reconstruir tus relaciones con ellos y para ampliar ese círculo? ¿Cómo piensas hacer para dejar de pelear con ellos y encontrar espacios en los que se pueda restablecer la confianza, el afecto y dónde se puedan comenzar a construir algunos acuerdos?

Hay diferentes dimensiones y niveles en la reconstrucción de Venezuela, pero el cambio no será posible, ni duradero, si no trabajamos la dimensión humana y social cotidianamente, nosotros mismos.

Esa es nuestra responsabilidad.

¡Yo la asumí!

¿Tú estás dispuesto a asumirla?

¡El momento llegó!

Hora de mi receso vespertino, para variar lo uso para ponerme al día con las noticias del momento, veo con tristeza y preocupación que la situación tiene el mismo tenor que ayer, por lo que, para poder volver al trabajo, con la necesaria concentración, uso la escritura para expresarme. Algunos ya leyeron buena parte de ésto mientras lo escribía en twitter, pero para quiénes no lo hayan leído o para quiénes prefieran verlo completo y revisado, publico este post.

¡Buenas tardes #Twitterlandia!

Hoy era un día para amanecer chalequeando a los caraquistas o sólo concentrada en la llegada de mi hermanita que viene a visitarnos después algún tiempo de haber tomado la decisión de establecer su vida en otros predios, donde estuviera garantizado el derecho a la seguridad y a la vida.

Sin embargo, en Venezuela y en estos tiempos, los motivos de felicidad siempre están acompañados por otros que indignan y preocupan: Venta de leche y azúcar por cucharadas; guarimbas y “protestas” montadas artificialmente para impedir la manifestación de otros, acompañadas de amenazas y amedrentamiento, todo ello protegido por quienes tienen el deber de garantizar los #DDHH de todos (que si a ver vamos, si coinciden manifestaciones de protesta, que coincidan y coexistan, que el derecho a la protesta sea ejercido por todos y garantizado por los órganos de seguridad del Estado y no que la protesta sea criminalizada o protegida, dependiendo de a quién beneficie su presencia) y para rematar, la continuación de la guerra del miedo, ahora empapelando del centro de la ciudad con estos afiches, en los que se pretende convertir en “enemigos” de la gente y “culpables” de lo está sucediendo, a los principales líderes de la oposición (@hcapriles, @MariaCorinaYA y @leopoldolopez).

Racionamiento, abuso de poder y amedrentamiento, dibujan un claro ambiente de promoción de la violencia que sólo hace sonreír a los que se valen del miedo para conservar el poder, o a los que se aferran a todo lo que pueda prefigurar una salida mágica que les devuelva el poder perdido o que restablezca un “orden” añorado.

A algunos de ellos, los podemos identificar por sus claros discursos y a otros, porque tienen semanas llamando a la abstención desde el anonimato o haciendo gala de su acostumbrada práctica de sólo reclamo y no acción, en una computadora ubicada en el país o cómodamente en el exterior.

Pero quienes promueven la violencia para justificar o provocar sus salidas deseadas, sólo tendrán éxito si les hacemos el juego, sólo si caemos en la dinámica de la violencia, el miedo, el ensañamiento y la confrontación.

De nosotros depende el camino que tomemos.

Aunque no lo parezca, éste es un momento crucial, el momento de tomar partido, el momento de asumir un rumbo y sostener la decisión; el momento de decidir si le hacemos el juego a los que sólo entienden la violencia y el enfrentamiento como forma de coexistencia, o si optamos por la construcción de una Venezuela diferente, que sea de verdad incluyente, en la que todos, a partir de las diferencias que existen y que tenemos que reconocer y respetar, construyamos un espacio de convivencia.

Venezuela, aunque le disguste a algunos, debe ser hogar para todos, y todos que tenemos el deber y oportunidad de hacerla posible.

¡Este es un momento de definiciones, toma tu decisión y actúa en consecuencia!

La lluvia, como la tristeza, no cesa.

Como si fuera día de elecciones, me desperté este domingo de madrugada.

Aún no había salido el sol y el sonido de la lluvia, el de un torrente aguacero, me trasladó a mis días de infancia.

Sin salir de la cama, para variar, porque debo confesar mi adicción a la información, me puse a revisar el twitter y las noticias, mientras me preguntaba si estaban a buen resguardo los libros en la Feria de la Lectura de Altamira y pensaba, como de costumbre cuando llueve, en cómo estarían quiénes no tienen un buen techo para resguardarse o aquellos cuyo techo está ubicado en zonas con riesgo de derrumbe o inundación.

Amaneció y se develó un cielo del mismo gris nube-aguacero que tantas veces disfruté, en otro tiempo, pero a la misma hora, en Villa de Cura.

Sin embargo, a diferencia de aquellos días, la de hoy es una mañana triste.

Triste porque paseando por los 140 caracteres de mis panas, encontré el video que documenta la agresión a la Red de Observadores Electorales de Asamblea de Educación (@observa14a), el día de las elecciones. En él, reconozco el talante paciente y pacífico de mis colegas, especialmente el de José Domingo Mujica que, como se ve en el video, fue el que salió desde el principio a ver qué pasaba y trató de “negociar” paz en tan inaceptable incursión. Lástima que no se grabó el audio, porque las imágenes no dicen los mismo sin él. Al final, les dejo el video para que Ustedes lo vean.

Triste también, porque pensando en esa agresión, tan extraña y fuera de lugar el día de las elecciones, no podía sacar de mi mente las imágenes del Diputado Suplente del PSUV, arremetiendo a “coñazo” limpio y con furia desmedida a sus colegas opositores. Ese “carajito” como diría mi padre, es “docente”, preside el Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial en el estado Aragua , (Sinafum), y es villacurano, -aunque a la luz de los hechos, creo que le sale más decir que es “villano”- para vergüenza de todos los que, aunque no oriundos, nos criamos o pasamos por ese pueblo, el del Santo Sepulcro y el abuelo de Bolívar.

Triste porque ese episodio fue la “respuesta” que la bancada oficialilsta pudo dar, ante el reclamo por un hecho que, por sí sólo, revestía una gravedad inconmensurable: la decisión reiterada del Diputado Presidente de la Asamblea Nacional, de volarse la institucionalidad para “silenciar” a buena parte del país, negando la intervención en el debate a los diputados opositores, en una clara y flagrante violación a nuestros derechos políticos.

Y finalmente, para no hacer la lista más larga, triste porque iniciando el Día Mundial por la Libertad de Prensa, fue asesinado un periodista, Johny González reportero del diario Líder, saliendo de su trabajo al terminar su guardia. Triste la pérdida, tristes las condiciones en la que se produjo, pero más triste e indignante la reacción de Nicolás con sus declaraciones poco serias y “paranoicas” a juro, vieja estrategia castrista por cierto, totalmente fuera de lugar en el país, en éste y todo momento y que produjo una oleada de indignación en mucha gente, recogida y reconocida, cuando #ECDTMNM se convirtió en TT en twitter anoche. Afortunadamente, frente a este hecho, hay muchas posiciones razonables, entre las que se encuentra la reacción de su gremio.

Termino de escribir y la lluvia, como la tristeza, no cesa.

El video

Al que no le guste, que se vaya!

Hoy tuve el placer de escuchar una maravillosa tertulia, con la excusa del libro Armando el rompecabezas de un paísde @EdicionesBVzla, entre Cesar Miguel Rondón @cmrondon, Colette Capriles @cocap y Alberto Barrera Tyszka @Barreratyszka.

Como una buena tertulia puso a danzar varias ideas al ritmo de la necesidad de comprensión y profundidad. Tuvimos mucha suerte los que allí nos citamos, pero espero que alguien la haya grabado formalmente –además de un par de chicas que lo hacían con sus celulares-, la transcriba y la ponga a disposición de todos, para que muchos más tengan la oportunidad de pasearse por esas reflexiones y permitan que les orienten las propias.

En mi caso, hay un par de hipótesis que tengo y que quiero comentar.

1. No podemos confundir polarización política con identidad nacional fracturada

La polarización política, en este momento, ha cobrado la forma de dos grandes opciones electorales, dos grupos casi iguales de electores, en magnitud. Esta expresión es el producto, por una parte, de la evolución del proyecto personal de Chavez y por la otra, del esfuerzo por concretar una alternativa de gobierno fraguada desde la mesa de la unidad. La primera con una cohesión que se ha puesto en alto riesgo a partir de la desaparición física de Chavez y la segunda, con una cohesión en consolidación, a partir de la emergencia de un liderazgo claro y reconocido encarnado en el candidato presidencial y los principales voceros de la unidad.

Hablo de opciones electorales y no de visiones de país, porque creo que, a pesar de que ahora está mejor dibujada la unidad opositora en términos de la visión nacional que persigue, aún no se trata de un proyecto de país, claro, sólido y compartido por todos, por una parte; y porque, por la otra, dentro de las filas del oficialismo, con la desaparición física de Chavez, se perdió la cohesión en torno a un grupo de ideas que por muy desestructurado y contradictorio que haya resultado durante estos 14 años, constituía un proyecto político, personalísimo, pero que dibujaba algunos rasgos de un país deseado.

Hasta aquí podemos decir que tenemos dos grupos electorales en pugna por el poder, con visiones de país en construcción o en destrucción, según el caso.

En términos de visiones de país, la opción opositora construye su cuerpo de ideas en un espacio de debate signado por el pluralismo político. Esta construcción, dada la diversidad ideológica presente, no ha resultado muy fácil, pero se ha identificado un grupo de ideas base. En ésta, los millones de electores que la forman, aún no tienen unidad sobre las ideas identificadas. Sin embargo, el liderazgo emergente de su candidato presidencial y de sus principales voceros, ha marcado algunas importantes pautas. La cohesión está dada por la existencia de un liderazgo claro y reconocido.

Por su parte, la opción oficialista, que hasta hace poco derivaba su cuerpo de ideas de lo dicho por su líder máximo, ahora, en ausencia de una plataforma pluralista que reconozca y legitime sus facciones, se revuelve en pugnas internas, que formalmente, no hace aguas, mientras la necesidad de defender su permanencia en el poder los obliga a mantenerse cohesionados en contra de los opositores. En este grupo, las ideas de país en sus bases, se mantienen alineadas con las promesas, incumplidas, pero idealizadas del proyecto vendido por quién fuera su líder máximo. La fuente de cohesión se perdió y ahora se trata de mantener, a duras penas, por la fuerza.

Está claro entonces que existe polarización y fuerte fractura política, sin embargo, en términos de identidad nacional, la cosa es de otro tenor.

2. Vivimos un esfuerzo de imposición de una nueva narrativa

Al respecto voy a comenzar diciendo que concuerdo con Colette cuando afirma que vivimos la intención de imponer, por parte del grupo que detenta el poder, una nueva identidad nacional que desconoce y excluye todo lo que le resulta diferente e inconveniente.

Sin embargo, particularmente pienso, que este esfuerzo más que intentar construir e imponer nuevos rasgos de una identidad nacional, plantea la imposición de una nueva narrativa sustentada en una re-lectura o una lectura fabricada nuestra historia y de los rasgos constitutivos de nuestra cultura, que no recoge aspectos muy relevantes de lo que somos, porque solamente está dirigida a sustentar la polarización política y no tanto a producir una real transformación social, a partir del reconocimiento e inclusión en nuestra identidad de rasgos y fragmentos integrantes de la venezolanidad que también definen lo que somos, pero que han sido recurrentemente excluidos.

Esta narrativa, está concebida como una nueva interpretación de nuestra estructura y dinámica social que, por su afán polarizador, está constituida por la confrontación de dos facciones, fabricadas para sustentar la polarización y la división política, los pobres excluidos contra los traidores a la patria vendidos al imperialismo.

Esta narrativa no asoma, ni por equivocación, la complejidad de nuestra estructura socio-cultural, producto, entre muchas otras cosas, de nuestra larga tradición de migraciones, ni nuestra intrincada dinámica social y política, signada por un toque de adolescencia en nuestro nivel de madurez republicano-ciudadana. No las asoma, y mucho menos las refiere como base necesaria para comprendernos y a partir de ellas y de otras, reconstruir la idea de venezolanidad.

Pero insisto, es más una narrativa a la que, recientemente se le ha respondido con otra narrativa mucho más consistente con la lectura de nuestra dinámica social y política cotidiana, que una identidad nacional nueva, aunque en dicha narrativa se apele a algunos ingredientes que podrían formar parte de un referente de identidad.

3. La anti-identidad como identidad nacional

Como dije antes, el asunto de la identidad nacional, es de un tenor diferente tanto al de la polarización política, como al de la narrativa que pretende sustentarla. De hecho, el tema de la identidad nacional es tan complejo que sería pretencioso tratar de plasmar su problemática en pocas líneas. Por ello, sólo voy a esbozar un par de ideas que creo debemos considerar en el debate.

La primera es que, después de mucho tiempo y de haber tenido unos claros rasgos con los que orgullosamente la mayoría de los venezolanos nos identificábamos, actualmente, una de nuestras mayores coincidencias, en términos de identidad, es que nos sentimos extranjeros en nuestra patria, ya sea que nos sentimos extranjeros gran parte del tiempo o que nos sentimos así en parte importante de su territorio. Es decir, nos define la “no pertenencia” como cualidad de vinculación con el territorio y su gente.

Esta “no pertenencia” es propia de la estructura de guetos que experimentamos de forma generalizada durante los últimos años y que, a pesar de que una parte de la población que se encontraba excluida podía haberla experimentado desde hace muchos más años, se convirtió en un rasgo generalizado, bajo el impulso de la polarización política. Esta, que, en un primer momento, hacía que nos sintiéramos extranjeros en partes específicas del territorio, con el tiempo, se ha magnificado y hemos terminado sintiéndonos ajenos al país.

Este rasgo es más importante en algunos grupos sociales que en otros, pero todos sufrimos una especie de desarraigo de la patria, porque, en este momento, no se parece a la que ninguno de nosotros soñó. Ese desarraigo, constituye un nivel de escisión de la identidad muy profundo y personal porque no está construido por grupos de personas cohesionados que se identifican entre sí, pero que no se reconocen en grupos distintos, sino que se desprende de una ruptura de cada persona con su sueño de país que, a falta de proyectos compartidos, se produce desde la intimidad del ser.

La segunda es que, a esa sensación de no pertenencia nueva para algunos y de vieja data para otros, se une el vacío por la inexistencia de una “idea” compartida que nos dé un nuevo sentido de identidad nacional, esa especie de engrudo que nos permite tener cohesión como país, a pesar de la diversidad y las diferencias. Pero la inexistencia de una “idea” compartida, buena parte de ese vacío que sentimos, creo que es más el producto del empeño en desconocer y menospreciar al otro que de la real ausencia de elementos que puedan constituirse en esa “idea” de nos compartida; empeño que, por cierto, a pesar de que ya existía como un rasgo latente en nuestra idiosincrasia, se ha exacerbado, extendido y arraigado como una más de las consecuencias de la polarización política.

Así tenemos como identidad un sentimiento de no pertenencia, unido a un rechazo al otro al que soy incapaz de reconocerle virtudes aunque tenga las mismas que yo me reconozco y de paso, le achaco todos los males y le endilgo todos mis defectos sin reconocerme reflejado en ellos; es decir, “ni pertenezco” “ni me identifico” se perfilan contradictoriamente, como dos de los rasgos comunes de identidad que tenemos actualmente los venezolanos.

No obstante, si pudiéramos mapear socio-cultural y geográficamente a nuestra sociedad, podríamos dibujar un mapa de grupos con rasgos culturales diversos, distribuidos en guetos a nivel espacial, que no se reconocen mutuamente, pero en los que podemos identificar superpuesta una red de valores y de creencias compartidas y cruzadas. Obviamente, aun cuando en términos espaciales están bastante claros los bordes, en términos socio-culturales, no podríamos identificarlos con tanta claridad, porque la superposición los permea y los trasciende, como también los traspasa la sensación de no pertenencia.

Finalmente, la tercera idea, es que a pesar de que no nos gustan y de que no las queremos reconocer como propias, en este momento hay una serie de creencias que son en las que coincidimos con mayor fuerza y las que, de hecho, podemos reconocer como parte de nuestra identidad. Creencias como: “Las reglas del juego están hechas para ser violadas cuando no me convengan, pero si las viola otro, y eso me afecta, lo considero una afrenta y reclamo su no cumplimiento”; y “Venezuela es un territorio en disputa, el que gane se queda y el que pierda, se asimila y si no le gusta, se va”; son creencias que están de diversa manera y con distintos niveles arraigadas en nuestro pensamiento, que se manifiestan, más de lo que aceptamos, cotidianamente y muchas veces en acciones que pasan desapercibidas porque no nos resultan relevantes. Pero son creencias que están ahí y si ponemos atención podremos sentir su presencia abrumadora.

La “no pertenencia”, la “no identificación” y nuestro “lado oscuro”, lamentablemente, son ideas comunes que actualmente, aunque no queramos, nos identifican y sobre ellas tenemos que actuar, comenzando por reconocer su existencia, para poner la reconstrucción de la identidad nacional en otro plano y poder comenzar efectivamente a trabajar sobre ella.

Del pensamiento único al pluralismo político

En estos días, vivimos un pico en la tensión política del país muy pocas veces, o nunca, experimentado. Esa tensión, como es obvio y normal que suceda, nos está forzando a poner el foco de nuestra atención en la polarización y el conflicto, haciendo que se desvíe de aspectos que son fundamentales para salir de esta crisis y para comprender la naturaleza de lo que nos está sucediendo.

Esto es obvio, porque el candidato del oficialismo, juramentado como presidente de forma apresurada en estos días, ha asumido la misma estrategia que utilizaba con mucha frecuencia Chavez, apelar a la “paz” insultando y amenazando, colocando en “el otro bando” y señalando de “traición y conspiración” a todo el que piense diferente. Y como en algunas de las más tristes épocas de nuestra historia contemporánea, el discurso es aderezado con una “cacería de brujas” que busca identificar y excluir a aquellos que han pasado agachados en su expresión política pública, pero que han manifestado su desacuerdo político mediante el voto. Pésima estrategia en un país cada vez más claramente fracturado en dos mitades prácticamente iguales y peor aún siendo la estrategia de quién debería encabezar, urgentemente, un gran esfuerzo de reconciliación y reconstrucción de espacios de convivencia entre los venezolanos.

Hay muchas cosas que explican esa conducta. Pero de ellas, quiero llamar la atención sobre una en particular.

El pluralismo político que forma parte de nuestra tradición republicana y que es una de las características reconocidas de nuestra república en la Constitución aprobada en 1999, en este momento, no es más que una cualidad emergente del sistema. Es decir, tal como se entendería en el pensamiento complejo o en la teoría de la complejidad, se trata de una cualidad que no se aprecia en las partes que constituyen al sistema, pero que emerge, como cualidad del mismo, cuando se le trata como un todo. Si lo vemos con ojos republicanos, el sistema no reconoce, en la práctica, la existencia del pluralismo político como una expresión natural de los ciudadanos, organizados y no organizados, y de su pensamiento político, a la vez que las instituciones del sistema expresan polarización a ultranza adoptando una de las variantes de la misma; pero el espíritu ciudadano está impregnado de pluralismo a tal punto, que cada vez es mucho más una cualidad que se aprecia en diversos elementos del comportamiento del sistema.

El opacamiento del pluralismo como cualidad del sistema, sucedió a pesar de nuestra idiosincrasia y tradición porque, por una parte, los oficialistas nunca entendieron que la preferencia electoral por un candidato, incluso el apoyo reiterado y el reconocimiento de un liderazgo, no es nunca igual a la construcción de una alternativa única ni en términos de preferencia electoral, ni en términos de organización política y mucho menos en términos de pensamiento político. Muchos esfuerzos han realizado para aglutinar a su gente y para hacerlo de forma organizada desde el nacimiento del MBR, su paso por el MVR y la constitución de los círculos bolivarianos, hasta la actual selección del PSUV como opción electoral del oficialismo y la pretensión de utilizar a las milicias, las comunas y otras figuras de organización de base, como expresión organizada de la población a favor del movimiento oficialista.

Por su parte, el aglutinamiento de los “anti” forjó diversos esfuerzos de unidad que se iniciaron con la Coordinadora Democrática y que hoy se expresan en la MUD. En ese ámbito fueron muchos los que tampoco entendieron la naturaleza del pluralismo a la primera y hay aún muchos que aún no la comprenden, a pesar de que fue justamente ese espíritu es el que orientó la conformación de sus estructuras. En el movimiento opositor, esa falta de comprensión se ha expresado y aún se expresa en algunos casos, en dos tipos de conductas, aquellas de los que pretenden capitalizar los esfuerzos de la unidad a favor de una organización específica y aquellas de los que quieren la anulación de todos, en discurso y propuesta, en favor de un discurso específico y único, que casualmente es el suyo.

En ambos casos, la visión que impera en ellos, oficialistas y opositores, es la que ve a la sociedad expresada como la lucha de un pensamiento-cultura-poder hegemónico versus uno contrahegemónico, una visión anacrónica que nos acompaña hasta nuestros días.

La buena noticia en este caso, es que a pesar de que quiénes están en el liderazgo del oficialismo mantienen esta visión anacrónica, no es el caso de lo que se fragua en la alternativa democrática. Lo vemos en la conducta de quiénes encabezan la vocería de la MUD y de muchas de sus organizaciones y en el discurso y conducta de quién asumió su liderazgo como candidato. Pero también se expresa en la conducta de la ciudadanía como electorado que claramente ha ido evolucionando en la expresión de sus preferencias, tal como se aprecia en esta infografía.

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Todavía, sin completar la auditoría solicitada, podemos ratificar que el pluralismo político definitivamente se está convirtiendo en una cualidad emergente del sistema, así lo expresan, entre muchas otras cosas, el voto de cientos de miles de ciudadanos que en 2012 dieron apoyaban al oficialismo y que el 14 de abril cambiaron su preferencia, porque el nuevo candidato ya no los convencía o sencillamente porque quería darle la oportunidad a una alternativa en el poder, dado lo malo que ha sido el actual oficialismo en el gobierno. Una alternativa justamente caracterizada por la diversidad, por ser una alianza entre diversos y diferentes.

Creo que una de las cosas en las que debemos poner nuestro foco de atención es en que, a pesar de todos los esfuerzos sostenidos fieramente y con abuso de recursos durante estos 14 años, los venezolanos somos diversos por naturaleza; nuestras organizaciones políticas están constituidas por gente que coincide en algunas cosas y diverge en muchas otras.

Dada esa naturaleza, nuestro punto, nuestro reto, en primer lugar es la reconciliación y el reencuentro y, en segundo lugar, es cómo hacer para construir, más allá del discurso y de estas primeras prácticas, una alternativa política viable, una opción real de poder que se fragüe en torno a las coincidencias y que sea capaz de incorporar las diferencias y propiciar dicho reencuentro; como lograr que ese espíritu, que es el que orientó la conformación de la MUD y se expresa claramente en el discurso de los máximos exponentes del liderazgo de la alternativa democrática, permee para que su expresión llegue realmente hasta las bases y pueda estructurarse en reglas de convivencia claras que nos permitan impulsar el reencuentro y la reconstrucción del país desde ya y también, para que se constituya en cimientos, a la hora de ejercer el poder y ser gobierno.

Ventana de oportunidad vs política a la machimberra

El ciberespacio, el twitter y los medios de comunicación están plagados de interesantes, y no tan interesantes, análisis y opiniones sobre lo sucedido ayer.

En efecto, hay mucho que procesar y que decir, aunque hay cosas que, desde mi punto de vista, son incuestionables y sobre las que no pienso abundar.

La primera de ellas es la consolidación del liderazgo político de Henrique Capriles y su discurso de primeras horas de la madrugada es la mejor muestra del crecimiento y consolidación del mismo.

La segunda, es el despertar de las redes organizadas del movimiento opositor, que incluyen desde una mejor organización de la MUD y de las estruturas partidistas -las viejas, las no tan viejas y las nuevas- que hicieron la diferencia en el cuidado de los votos y en la participación de un importante grupo de Observadores Internacionales y que garantizaron testigos y logística para el desarrollo del proceso, así como varias declaraciones serias y oportunas en momentos clave; hasta una organización relámpago y voluntaria de los ciudadanos no militantes, en torno a sus familias y grupos de relación directa, para cuidar centros, acompañar a la logística de testigos y votantes y garantizar el traslado de las personas a votar. Creo que por fin estamos entendiendo que la ciudadanía política no se restringe solamente a tener opinión propia y poder expresarla, sino a organizarnos y trabajar, juntos y cotidianamente, para construir una mejor Venezuela.

Y la tercera, es que se afinó el dibujo de la distribución de Venezuela de acuerdo a sus preferencias políticas, ratificando que estamos divididos en dos opciones que se miran de tú a tú, y que una de ellas, no cesa de crecer.

Pero a lo que si me quiero referir con un poco más de detalle, es a que ayer se perfiló más claramente el contenido y mensaje de cada una de esas dos opciones: la opción de una Venezuela del progreso, de la paz y del reencuentro, pero con firmeza, seriedad y vocación de rescate institucional vs la de una Venezuela de la machimberra, la amenaza, el amedrentamiento, la división, la violencia y el manipuleo. Y quiero contrastar esta dimensión de lo sucedido, porque coincido con quiénes opinan que la reconstrucción de Venezuela, pasa obligatoriamente por la reconstrucción de un espacio de encuentro y convivencia entre sus habitantes, aunque, a la luz de lo sucedido ayer, es natural que mucha gente no vea ni esta tarea como factible, ni que ayer se amplió la ventana de oportunidad que tenemos para ello.

Y, para no perder la costumbre, puedo imaginar a todo el que llegado este punto dice: ¿y qué hace Olga  escribiendo en este tono, en lugar de estar caceroleando o en la calle? Pues debo decir que la proclamación ilegítima me interrumpió, pero después de escucharla disciplinadamente, retomo la escritura y sí, se amplió la ventana de oportunidad para la reconstrucción de un espacio de encuentro y convivencia en Venezuela. ¿A qué me refiero con ésto?

El contraste de las dos opciones en Venezuela, se expresó en los discursos, pero fundamentalmente en la narrativa que se puede leer en algunas intervenciones y especialmente en las prácticas utilizadas. Además, la expresión de esas opciones se puede apreciar también en diversos niveles, que son los mismos en los que debemos analizar si se puede y cómo construir el espacio de encuentro y convivencia en el país.

Sin la pretensión de hacer una taxonomía al respecto, podemos identificar 3 niveles de relación entre las partes: el alto liderazgo político, la vanguardia activa y la ciudadanía en general.

Voy a comenzar por el nivel de relación entre el liderazgo político de una y otra opción. Fueron muy claros los discursos de la madrugada, el del candidato del gobierno, el de Henrique Capriles y el del alto mando militar.

El centro del discurso de candidato del gobierno, fue el mantenimiento de la división como política desde el Estado, de la separación entre los “malos” y los “buenos”, la típica visión maniquea de la política y la exclusión obligada de la mitad del país, en consecuencia. Para este candidato, no importa la cantidad de quiénes no favorecemos su opción política, porque para él la minúscula diferencia señalada por el CNE en su conteo, se lee como una “amplia” mayoría que tiene todo el derecho del mundo a imponer a la minoría su proyecto y su punto de vista. Eso aderezado de cursilería y amenazas que no son novedad en su discurso, indica una precaria o inexistente visión de lo que significa vivir en democracia. (Les confieso que pensé que iba a tener que modificar alguna letra de este párrafo después de escuchar a Nicolás en la “proclamación ilegítima”, pero más de lo mismo, aderezado con lo que ya vivimos ayer, el apuro por “darle visos de institucionalidad” a algo que es ilegítimo y una expresión de la copia a su ídolo, la vocación por “reescribir” la historia).

Por su parte, el alto mando militar, quién constitucionalmente, así como el CNE (que triste el papelito de Tibisay hoy, por cierto), le corresponde mantener su imparcialidad y garantizar el reino de la institucionalidad, obligatoriamente tiene que incluirse como parte del liderazgo político de una de las dos opciones, porque desde hace tiempo, pero cada vez con más fuerza, se ha expresado abiertamente como seguidor de uno de los dos grupos.

Su vocería incluyó dos elementos que vale la pena mencionar: el primero es la absoluta contradicción al decir que haría respetar la voluntad del pueblo, pero, acto seguido, proclamando y felicitando el “triunfo” del candidato del gobierno; y el segundo fueron las “clases” sobre democracia que intentaron impartirnos. Es obvio que en eso, como país, no hemos cambiado nadita, porque siempre en nuestra Fuerza Armada, hay un grupo de efectivos que tienen vocación de “hermano mayor” de los ciudadanos, en cuanto a la construcción de la vida democrática del país, pero que en el fondo se creen con el poder y la moral para decidir nuestro destino. El problema de siempre agudizado porque, en este caso, no tienen mucha idea de lo que significa una vida en democracia. Creo que no les vendría mal tomar unas clasecitas con Elías Pino, por ejemplo.

Tanto el candidato del gobierno como los militares, en sus intervenciones, hicieron referencia a la Constitución, incluso blandieron el librito azul. No obstante, parece que no les queda claro que sabemos que no basta con mencionarla o blandirla como bandera, hay que cumplirla para poder comenzar a hablar de ella y de institucionalidad.

En contraste con esos discursos, el del candidato Hernique Capriles fue apegado a la institucionalidad y firme, sin remilgos ni cursilerías, retando al poder a jugar de verdad dentro de la democracia.

Pero en ese nivel, el del liderazgo, no sólo apreciamos la actuación y los discursos de los candidatos y el alto mando, sino también otros voceros. Ayer, los voceros del Comando Simón Bolívar y de la MUD, en su mayoría hicieron muy bien su trabajo con intervenciones oportunas, sensatas y bien argumentadas. Fue así ayer, pero también en los días precedentes en los que destacó por su seriedad y contenido, el acto de los Artistas en apoyo a Henrique Capriles, en el que hubo impecables intervenciones, entre las que destacan las de Elías Pino y Leonardo Padrón.

El tuit de la ministro

Eso no es precisamente lo que podemos decir de los voceros del gobierno y el alto mando que llenaron de insultos y amenazas sus intervenciones durante el tiempo de campaña. Los militares declarando su adscripción a una opción política específica, lo cual, como ya mencioné y todos sabemos, es violatorio de la Constitución y los civiles, con múltiples y descaradas intervenciones haciendo campaña durante el proceso electoral y fraguando amenazas abiertas y soterradas, hasta con chistecitos tristes como el de una ministro que, más que un chiste, constituye una apología a la violencia. (Aquí les dejo esta captura de pantalla para los que no sepan a qué me refiero)

Antes de pasar al segundo y tercer nivel de esta relación, debo agregar que, en este momento, se está iniciando una nueva violación, por parte del liderazgo del grupo del gobierno, de la institucionalidad del país, al forzar y apurar la proclamación de su candidato como presidente electo. Una clara maniobra por tratar de imponer a la machimberra un resultado electoral dudoso, pretendiendo ganar con fuera de las urnas unas elecciones altamente cuestionadas. (algunos agregados que encontrarán entre paréntesis los acabo de poner a propósito de la “proclamación ilegítima”)

El segundo nivel sobre el que quiero hacer algunas apreciaciones, es al que denomino la vanguardia activa. Se trata de un nivel intermedio de relación entre los dos grupos, que se da entre los exponentes de los activistas, militantes o no, de ambos sectores.

En este nivel, por un lado tenemos a los voluntarios, cientos de miles de personas que participaron como testigos que cuidaron las mesas, grupos organizados que trabajaron en la logística de los centros, en las salas situacionales organizando el apoyo y recopilando las denuncias, movilizadores de sus grupos de familiares y amigos o de desconocidos y por el otro, a los malandros de oficio, armados, paseándose a pié o en moto, encapuchados o no, amedrentando a la gente para que no se quedara sin votar, pero obligándola a marcar la cara de un candidato.

En este segundo nivel es importante aclarar que hay voluntarios que actúan de buena fe en los grupos que apoyan al candidato del gobierno, pero, lamentablemente, en ese ámbito, son una minoría, porque entre ellos predominan los “activistas a sueldo” y los “malandros de oficio”, que pueden ser pagados o no, pero que están armados y se divierten cumpliendo su labor de amedrentar.

En este nivel vivimos las más claras expresiones de diferencia entre las prácticas de ambas opciones, porque, por una parte tuvimos el placer de apreciar la entrega y madurez de muchos, su dedicación a pesar del temor que podían sentir por cumplir con su voluntariado en situaciones de riesgo, de tensión o simplemente adversas; y por la otra, vivimos la saña y agresión de los violentos, tratando de conservar el espacio político del grupo de gobierno, en las calles y con amedrentamiento.

Vimos grupos de motorizados pasando a amedrentar desde tempranas horas por los centros electorales, vimos personeros del gobierno plantados en algunos centros obligando a los ciudadanos a practicar un “voto asistido”, vimos a los malandros amenazar, disparar, agredir. Muchos son los casos, las denuncias, los videos, los relatos y las fotos que nos quedaron de ello. Vimos como también, esas prácticas aumentaban en la medida que avanzaba el día y se acercaban los escrutinios, pero vimos como se arreciaron a la hora del conteo y los cierres de mesa, cuando se agredieron a testigos para sacarlos de los centros y evitar que se hicieran las auditorías. No se trató de hechos aislados, sino de una práctica orquestada y organizada desde el poder.

En este nivel hay muchas cosas que decir, pero quiero hacer referencia a tres que creo deben prender más nuestras alarmas: la primera es la agresión a las personas que estaban presentes a la hora del cierre de los centros y que, como en el caso del Liceo Bicentenario de Turmero del Estado Aragua, sacaron a tiro limpio. Lo sucedido lo pueden ver en este par de videos (video 1 y video 2).

La segunda es la, sin precedentes, agresión a la sede donde estaba funcionando la Red de Observación Electoral que coordina Asamblea de Educación. En ese caso específico, llegaron 20 motorizados armados, a agredir a los voluntarios que allí prestaban su colaboración recibiendo y procesando el desarrollo del proceso electoral en una muestra de centros, en los que la Red despliega sus Observadores y documentando las irregularidades que se producían a lo largo del proceso. Una Red de Observadores acreditada por el CNE con una larga tradición cumpliendo esa función en nuestros procesos electorales. Allí llegaron, amenazaron, golpearon a uno de los que trató de oponerse a su agresión, rompieron y robaron equipos. No pudieron paralizar el trabajo de la Observación Electoral, porque se encontraron con un grupo de gente que no más salieron los malandros por la puerta, con mucha indignación y temor, pero con mucho más entereza y carácter, se reintegraron a sus funciones, recuperaron la estructura de la operación y continuaron cumpliendo con su trabajo. Quiero aquí expresar mi agradecimiento y reconocimiento a todos ellos. Aquí pueden leer una reseña de lo sucedido.

Y la tercera, es a la unidad “cívico-militar” que tanto ha sido cacareada por esta gobierno como parte estructurante de su propuesta política y que ayer se expresó, lamentablemente, con el apoyo irrestricto de algunos grupos de militares y milicianos a los actos de agresión a amedrentamiento de los malandros, aunque estuvieran encapuchados. Esta actuación, además de ilegal, es inadmisible en cualquier país que se denomine democrático, porque no es más que la expresión de la puesta de las armas al servicio de una parcialidad política y condena a todo el que no se identifique a la imposibilidad de participación.

Este nivel se ilustra en el contraste de estas dos fotos:

Los voluntarios de la Red de Observadores Electorales cumpliendo con su trabajo

Los voluntarios de la Red de Observadores Electorales cumpliendo con su trabajo

¿Esta es la única cara que tiene para mostrar la tan cacareada unidad cívico-militar?

¿Esta es la única cara que tiene para mostrar la tan cacareada unidad cívico-militar?

Este nivel obviamente, contrasta por la naturaleza de sus prácticas. No resulta fácil el encuentro y en algunos casos, lo posible, tendrá espacio cuando se recobre la institucionalidad y las cosas se llamen y se traten por sus nombres.

Y finalmente, hay un tercer nivel, el más importante, el nivel de relación ciudadano-ciudadano que es dónde estoy segura que podemos fraguar con mucha más firmeza nuestro espacio de encuentro, éste es, aunque no lo parezca, el más importante, el que permite reconstruir los puentes para la convivencia de verdad, pero además, es el que podemos trabajar directa y cotidianamente. Este, en el que se puede concentrar el mayor desconcierto y la molestia, es el nivel en el que tenemos la mayor ventana de oportunidad para el reencuentro con el otro. 

Y para reencontrarnos, no tenemos que ignorar las cosas que nos separan o nos enfrentan políticamente. No, por el contrario, tenemos que reconocernos diferentes, pero también identificar las coincidencias y trabajar a partir de ellas. Podemos estar ejerciendo nuestro derecho a la protesta, exigiendo la auditoría del 100% de los votos como estamos convocados para hacerlo en estos días, pero debemos hacerlo dialogando con el otro, expresando nuestras razones y debatiendo argumentos.

Ese es parte de nuestro trabajo ahora. Así como hablamos de convencer al que pensaba diferente y conquistar votos de los que apoyaban al gobierno pero eran sus críticos en estas elecciones, nos corresponde ahora, conversar con todos los que tengamos cerca y podamos explicarles por qué no se puede ignorar el resultado de estas elecciones y qué tipo de dinámica debería promoverse desde el poder para construir un país en el que entremos todos.

En este nivel, aunque provoque, no podemos dejarnos llevar por las pasiones y seguirle el juego a los violentos, encabezados en su discurso por el candidato del gobierno (así lo seguiré llamando hasta que se terminen de realizar las auditorías) En éste, estamos todos como ciudadanos y por ello estamos llamados a ubicar a nuestros familiares, amigos y conocidos que piensan diferente y que ayer expresaron su voluntad con o sin presiones y conversar con ellos sobre lo sucedido, sobre los resultados y sobre la intención del gobierno de legitimar, por la vía de la imposición, un resultado electoral sobre el que ellos mismos tienen dudas e invitarlos a participar con nosotros.

En éste nivel, podemos, con nuestras prácticas democráticas desmontar poco a poco la dinámica de la mentira, del miedo y la violencia como política de Estado y acompañar a nuestro liderazgo en la tarea que se propuso, con la que coincidimos y en la que aún se mantiene. 

En este nivel, de tú a tú, tenemos una ventana de oportunidad que aprovechar.

El país que tenemos #16D

Con mucho cariño para mi querida @Indileonor

“Tenemos el país que tenemos, no otro. Lo formamos todos y todos somos responsables de la forma que toma! Mucho que reflexionar y crecer #16D”

Ese fue mi primer comentario en twitter vistos los resultados de las elecciones regionales y creo que resume muy bien lo que pienso que es el aprendizaje más importante que tenemos los venezolanos en estos tiempos.

A casi 24 horas del cierre de las mesas, abundan los artículos y mensajes “reflexivos” -obviamente, unos con más reflexión y otros con más reacción-. Es el tiempo del reajuste de expectativas, del acuse de recibo y del trago grueso para todos, los que ganamos y los que perdimos. Hay muchos mensajes cargados de una emoción visceral, cosa que es normal dado lo sucedido, pero especialmente, por la incomprensión generalizada que tenemos sobre la realidad en la que vivimos. Y esa -aumentar la comprensión sobre la realidad que vivimos- es quizá la tarea más importante que debemos emprender todos en este tiempo.

Hay algunos datos interesantes que pueden ayudarnos a comprender esa realidad, pero resalta entre ellos, la cantidad de gobernaciones en las que ganó un candidato militar y aunque sería muy fácil asumir como explicación que su victoria se debe a que era el candidato designado por Chavez y aunque no dejo de pensar en la vieja y arraigada creencia popular de que, ante la necesidad de poner orden, los venezolanos apuestan por un militar, creo que la respuesta no es trivial ni obvia. Un dato de ese calibre requiere un análisis detallado y profundo que no es al que voy a apuntar en este momento, en este espacio, pero lo menciono para apuntar a una necesaria reflexión posterior. (Claro, también lo menciono porque sería genial que alguien como Graciela Soriano @grasoriano, Ruth Capriles @veedoramadre, Colette Capriles @cocap, Ricardo Sucre @rsucre o Humberto Njaim, les diera por ayudarnos con eso)

Las elecciones de ayer nos enseñaron que tenemos el país que tenemos y no otro, bueno, eso nos ratificaron.

Una de las cualidades de este país que tenemos, como ya dije, es la incomprensión generalizada sobre la realidad en la que vivimos. Otra de sus cualidades, íntimamente relacionada con la anterior, es la inmadurez política tanto de los ciudadanos como de su dirigencia. Obviamente, no de todos los ciudadanos, ni de toda la dirigencia política, pero, en ambos grupos, no logramos la masa crítica mínima que nos permita un cambio de cualidad al respecto.

La falta de madurez se evidencia de muchas maneras. En este momento, se evidencia especialmente, en el foco que toman muchos de los comentarios y análisis que se leen en los medios y en la red. Muchos se enfocan en buscar o señalar culpables, en acusar al otro de los males que nos aquejan y que se profundizarán, sin que medie el debido reconocimiento de la responsabilidad de todos en la construcción del país que hoy tenemos. Para no variar, nos centramos en las personas, en las otras, no en nosotros; más en las personas y menos en las prácticas, pero cuando ponemos el foco en las prácticas, lo hacemos en las que nos molestan de los otros y no vemos lo que pueden haber contribuido las nuestras o como, en muchos casos, cuando repetimos esas mismas prácticas que criticamos, ni las vemos.

Es importante poner el foco donde es.

Creo que, ante lo que vivimos, nos sale enfocarnos en nuestras prácticas, las que nos gustan, pero especialmente, las que no nos gustan y sólo somos capaces de identificar en los otros.

Como se trata de algo complejo y extenso y sin pretensiones de abarcar su complejidad, voy a mencionar algunas cosas que son las que me parecen más importantes en este momento.

1. Lo que sucede en el país es responsabilidad de todos.

Lo primero que mencionaré es que lo que sucede en el país es responsabilidad de todos, no es culpa de algunos. Esto, aunque suene reiterativo, es importante que todos lo asumamos, porque por acción o por omisión, todos contribuimos a tener la Venezuela que tenemos.

Hay un cambio en la naturaleza de la ciudadanía que es necesario asimilar y que se deriva de cómo se concibe la distribución del poder y su relación con la responsabilidad. Me refiero a un cambio en la concepción de la consciencia ciudadana, en la comprensión del rol que cada quién cumple y debe cumplir en la determinación de su destino como parte de una comunidad nacional.

Voy a tratar de ilustrarlo con un ejemplo y aunque el ejemplo que utilizaré puede no ser el mejor, creo que puede ser útil.

La diferencia que tenemos que apreciar en la consciencia ciudadana, es como la que existe en la responsabilidad sobre las decisiones, las acciones, y su resultante sobre la calidad de vida, cuando se pasan unos días en un hotel, en contraste de la que se tiene y sus consecuencias, cuando los días se pasan en un hogar propio.

El hotel tiene unos dueños y unas reglas definidas por ellos, uno lo elige para pasar unos días por la oferta que tiene, se ajusta a las reglas y disfruta de la oferta. La calidad de vida que se obtiene está determinada por la capacidad para acertar en la elección del hotel.

En contraste, un hogar tiene unos miembros y, aunque entre ellos exista una jerarquía para la toma de decisiones y la distribución de responsabilidades esté establecida de forma diferenciada entre sus miembros, su conformación y dinámica es responsabilidad de todos los miembros; hay mecanismos para mediar en la toma de decisiones y en la determinación de las reglas y condiciones de vida, pero su construcción depende del aporte y la participación de todos.

El país no es como un hotel, sino que funciona más como un hogar en el que todos somos responsables de lo que sucede y de la calidad de vida que nos damos y tenemos.

Si comenzamos a asumir a Venezuela como nuestro hogar, en el que lo que suceda es concurso y responsabilidad de todos, cambiaremos nuestra consciencia de ciudadanía y por tanto, nuestra actitud y nuestras prácticas.

2. Con un país fracturado no podemos construir una mejor Venezuela.

Lo segundo que mencionaré y también estaré reiterando algo previamente dicho, es que tenemos un país fracturado que es incapaz de reconocerse entre sí y que mientras no lo haga, no podrá avanzar.

A pesar de que muchas personas no quieren verlo de esta manera, tenemos una profunda fractura. Miramos al país desde ópticas diferentes y por mucho que nos parezca inconcebible la óptica del otro o por muy irreconciliables que éstas parezcan, son ópticas válidas.

En este campo no es ni posible, ni deseable, identificarnos como malos o buenos, como acertados o equivocados. Es menester reconocer tanto la existencia del otro, como la validez de su punto de vista, de su perspectiva sobre el país, su presente y su futuro.

Incluso, es importante reconocer la coexistencia de marcos de valores, de principios y éticas diversas como punto de partida imprescindible para poder reconstruir, a partir de ese reconocimiento, un marco de principios y valores comunes y una identidad en la que todos nos veamos reflejados.

Podemos identificar algunas creencias que son clave para reconstruir nuestra identidad y nuestras prácticas, y que nos hacen mantener el foco en otro lado.

Por ejemplo, a esta altura, tenemos un país que no entiende que la lógica del triunfo electoral que garantiza la hegemonía de un grupo sobre el resto, no funciona en una sociedad con estas fracturas. -Bueno, no funciona en estos tiempos, ni en un marco realmente democrático, pero mucho menos, en una sociedad con estas fracturas-. No entendemos, que no se trata de recuperar el tiempo “cuando éramos felices y no lo sabíamos” o de hacer una relectura de la historia o una reconstrucción de la identidad nacional, a imagen y semejanza de un grupo específico.

Se trata de reencontrarnos y reconocernos, para lo cual, tenemos que poder reenfocar nuestra forma de comprender la distribución del poder político, el juego y los resultados electorales.

Una elección y sus resultados tienen que convertirse en un espacio para reconstruir nuestros nortes comunes, no sólo para disputarlos y ver cuál tiene mayor peso, eso no es efectivamente democrático, pero en esta situación especialmente, cuando sabemos que lo que está determinando el contenido del voto, no es precisamente el apoyo a un proyecto específico o a una visión de país o de región.

No, lo que está determinando el contenido del voto es la apuesta por un arreglo que garantice la supervivencia de unos con respecto a las pretensiones que asumimos, o que en efecto tienen los otros.

Sin embargo, lo que no entendemos es que sólo es posible garantizar nuestra supervivencia, si garantizamos la supervivencia del otro. Sólo es posible garantizar nuestro bienestar o nuestra calidad de vida, si garantizamos el bienestar y la calidad de vida del otro, pero no de acuerdo a la visión que cada uno tenga de bienestar o calidad de vida, sino con respecto a una visión compartida de bienestar y calidad de vida que tenemos con construir o reconstruir con el concurso de los unos y los otros.

Es desde esta óptica que tenemos que reconcebir nuestra visión y consciencia de ciudadanía, nuestro pase de la creencia de que vivimos en un hotel en los que la dinámica y los estándares de calidad de la oferta los determinan otros, a la comprensión de que habitamos un país, nuestro hogar, en el que la calidad de vida de todos, depende de la responsabilidad y el esfuerzo que asuma cada uno.

3. Miramos la paja sólo en el ojo ajeno

Un tercer elemento que traeré a colación, es esa costumbre muy nuestra de mirar sólo la paja en el ojo ajeno.

Se colea el otro, hace tráfico de influencias el otro, es corrupto el otro, viola la ley o cualquier regla de juego el otro, es clientelista la conducta del otro, el oportunista es el otro, el excluyente es el otro.

En esto caemos todos en algún momento y no ponemos atención a nuestras prácticas cotidianas, comenzando por algo tan sencillo como las palabras que utilizamos para referirnos al que no nos gusta o con el que no estamos de acuerdo.

Si nos damos un paseo por los comentarios pre y post electorales, podremos ver millones de ejemplos, o mejor dicho, algunos ejemplos repetidos millones de veces, del menosprecio al otro, sin ir más lejos, identificando rasgos o conductas que, en otro contexto y en otro momento, seguramente, hemos tenido o hemos aceptado y avalado por venir de alguien de “los nuestros” o, porque en aquel contexto, “el fin justificaba los medios”.

Al parecer, no hemos entendido cuál es el tenor de nuestra lucha ciudadana. No se trata de elegir “un liderazgo” identificado como un grupo diferente de hombres y mujeres, en los que, si analizamos las prácticas, podemos ver como repiten las del “liderazgo” que no queremos, sino de apostar por un liderazgo con una ética política y unas prácticas diferentes. Donde no imperen, por ejemplo, la discriminación política, el acomodo, el clientelismo, la corrupción, sea de la magnitud o del signo que sean.

Pero además, no se trata de elegir o tener un liderazgo político diferente, si no tenemos una ciudadanía diferente. Por tanto, el tenor de nuestra lucha ciudadana, no puede apuntar solamente a las cualidades del liderazgo que queremos, sino a las cualidades del ciudadano que tenemos y que debemos transformar. Es una lucha en todos los terrenos, en la que, nuestra visión de ciudadanía, nuestras prácticas y nuestro autoconcepto, deben tener un rol estelar.

4. La dirigencia política no da la talla

Pero así como digo que nuestra visión de ciudadanía y nuestras prácticas deben tener un rol estelar en nuestra lucha cotidiana. También es necesario reconocer que, a pesar de las excepciones y de los grandes esfuerzos, nuestra dirigencia política aún no da la talla para la magnitud de la tarea que como país tenemos.

Y cuando hablo de la dirigencia política, me refiero a toda, a la que está en el gobierno y a la que está en la oposición, a los dirigentes de talla nacional y también a los dirigentes locales y comunales, porque toda ella debería haber entendido, a esta altura, que lo planteado en los tres puntos anteriores les toca y está en sus manos orientar al país en el proceso de reconstrucción para superar la fractura y para crecer y madurar política y socialmente.

Aunque suene duro y cueste asimilarlo, tenemos una ciudadanía políticamente inmadura y una ciudadanía inmadura es incapaz de reconocer y asumir su responsabilidad y propiciar el reencuentro por sí sola.

En nuestro caso, es obvio que como ciudadanos diversos y diferentes no tenemos la madurez para reconocer la dimensión de nuestra necesidad y ceder ante ella y que nuestra dirigencia, en su mayoría, tampoco tiene la madurez política para hacerlo o promoverlo.

De hecho, en una situación como la nuestra se requiere de una dirigencia política que entienda el tenor de su rol y que esté dispuesta a trabajar para ello, sacrificando espacios de confort tradicionales, poniendo de lado la tentación de la defensa de su “parcela” y también la tentación de conseguir el aplauso fácil.

Requerimos que nuestra dirigencia política también madure y dé la talla, porque con la visión y las prácticas con las que se manejan actualmente, no lograrán apuntar hacia el problema de fondo, sino que repetirán una y otra vez, los mismos errores y prácticas.

Esto implica, entre otras cosas un cambio de cualidad en las prácticas de dicha dirigencia en todos sus niveles y requerimos que la misma apueste por asumir un verdadero liderazgo que oriente en la adversidad.