Un domingo “electoral”

Quienes me conocen, saben muy bien que, por vocación democrática, he votado en todos los procesos electorales, incluyendo el del año 2005, cuando algunos decidieron y sin consulta impusieron, que no había que votar.

También saben que, desde el nacimiento de la Red de Veedores, hace casi dos décadas, formal o informalmente, hago observación electoral.

Hoy no podía ser diferente: apegada a mis principios democráticos decidí no participar como votante, es decir, no votar, porque éste es un proceso viciado de nulidad, al ser convocado por la Asamblea Constituyente, un ente ilegítimo que usurpa funciones a los organismos del Estado.

Y digo “no participar como votante“, porque, dada la ilegitimidad del proceso, decir que decidí “no ejercer mi derecho al voto” sería muy contradictorio con mi posición.

Lo expreso en estos términos, porque ayer, conversando con unos amigos, cuando expresé mi posición, uno de ellos, dijo: ah, “es una posición principista“, como si actuar en apego a los principios, le restara valor a una acción política.

Obviamente, también decidí hacer una vuelta de observación, pero muy informal, para verificar, de primera mano, lo que los medios y algunos amigos, estaban contando que veían en los centros.

Pero antes de contarles el resultado de mi recorrido, quiero agregar algo más al comentario de mi amigo sobre el motivo de mi decisión.

El país que tenemos

En el país, en este momento, la sociedad está más fracturada y entrópica que nunca. El liderazgo en todos los grupos está dividido y enfrentado. Las pugnas por el control del poder y del no poder (o de la ilusión de poder), son múltiples y simultáneas. Todos, en el gobierno y en la oposición, están jugando al control de sus espacios, cada quién como puede y como su ética política le dicta que debe o puede hacer.

En el oficialismo, se dan algunas batallas y pugnas internas que parecen favorecer los espacios de incidencia de la oposición, y en la oposición, se mantienen las pugnas por el poder de influir en las decisiones sobre la estrategia y las tácticas, que facilitan el control de los espacios por parte del gobierno.

La situación es inédita y muy complicada. Quien crea que tiene “la solución” a lo que estamos viviendo y que, por su método puede convencer o forzar al resto de reconocerla o asumirla, parece que no ha evolucionado desde 1999, ni en los términos de análisis, ni en la comprensión de lo que estamos viviendo.

También están los que descubrieron el análisis de los procesos similares en otros países, como fuente o insumo para la comprensión y la toma de decisiones en Venezuela, pero no entienden que lo nuestro es inédito, por lo que los aprendizajes de las otras experiencias pueden ser valiosos, pero relativos, así que tomar otras experiencias, al pie de la letra, no garantiza que lo que hicieron en ellas, funcione.

Otro elemento que influye en la entropía en la que nos hemos convertido como sociedad, es la adopción mejorada y generalizada de dos prácticas nefastas para el funcionamiento de sociedades democráticas: el clientelismo político, heredado de las prácticas de Acción Democrática en sus gobiernos y repotenciado por la magnitud y su combinación con el miedo, por el chavismo; y la “operación política” que es una especie de “componenda-macolla forzada” en la que eran muy duchos, históricamente, los masistas, pero que ahora se ha convertido en una práctica recurrente de muchos grupos políticos. La operación política, fuerza “acuerdos” sin debate de argumentos, en operaciones de “incidencia” en la toma de decisiones, construyendo falsas “mayorías”, al momento de decidir.

Es más que evidente que, dicho ésto, no voy a decir que yo si tengo la solución o si sé cuál es la ruta a la salida de lo que estamos viviendo, porque sería contradictorio y ridículo.

Lo que sí voy y quiero decir, es que para que podamos aspirar a tener una Venezuela diferente, requerimos transformar unos elementos de fondo, Algunos de ellos, asociados al comportamiento de la dirigencia política, y otros, asociados a la ciudadanía.

Requerimos una ciudadanía consistente entre el discurso y la práctica, que sea capaz de involucrarse, más allá de las manifestaciones, en las acciones políticas y ciudadanas necesarias para construir un cambio de fondo. Pero también, una ciudadanía que se distancie de las prácticas disfrazadas de “conveniencia”, que asuma una ética ciudadana basada en el respeto al otro y a las normas, que se expresa en cosas tan elementales y sencillas,  como seguir los procedimientos y no comerse los semáforos. Una práctica en la que las acciones de desobediencia, sean eso y no en la que el esquivar las normas sólo contribuya a la entropía magnificada y vacía de contenido. Una ciudadanía que no esté esperando que aparezca un nuevo “mesías” a resolver sus problemas y que tampoco espere que, ante este adversario, las estrategias y tácticas políticas, se debatan abiertamente en los medios o en las redes sociales.

Y requerimos una dirigencia que asuma con humildad la complejidad y lo inédito de nuestra situación y que por tanto, no se erija como el nuevo portador de “la solución”, con la prepotencia del un “salvador” pre-claro. Sino entienda que puede tener razón en lo que aprecia y lo que dice, pero que la complejidad de lo que sucede amerita construir con otros, una visión más completa y acordar una estrategia que se desprenda de allí. Que entienda que es posible equivocarse, porque no estamos jugando solos y en muchos casos, estamos jugando temporalmente, desfasados, por lo que analizar el potencial error en la táctica es lo normal y conveniente, y el error no enviste de “sabiduría” y en consecuencia de “poder” al que alertó sobre su posibilidad de ocurrencia, en un momento específico.

Pero, lo más importante, es que requerimos que, sin asumir que eso signifique ingenuidad en el análisis o la acción, esa dirigencia construya una ética política diferente, en la que cualquier forma de clientelismo y de operación política sea desterrada. Si no logramos eso, siempre volveremos a tener una especie de “más de lo mismo”.

Actuar con base a principios no puede ser entendido, ni como una camisa de fuerza que hay que evitar, ni como una posición excelsa e infalible. Es imprescidible construir una ética política que permita flexibilidad en la acción, pero que no se convierta en tramoya y macolla, evadiendo los principios para lograr el control del poder a toda costa.

Comentario político-electoral

Antes de salir a mi paseo por el domingo “electoral”, intercambiando con unos amigos y escuchando los reportes del “Servicio de Información” (un valioso resumen de noticias que me llega por WhastApp en notas de voz), supe que un par de candidatos en la “contienda” estaban haciendo intensas denuncias sobre irregularidades en el proceso, que incluían la presencia de puntos rojos en las cercanías de los centros electorales y el voto “asistido” (diría mejor, amedrentado) y que decían tener documentación que las respaldaban.

En ese momento, recordé unos de los grandes vacíos que sentí durante el período de campaña: las denuncias de las irregularidades provenientes de los comandos de campaña de los candidatos. Varias organizaciones de derechos humanos y voceros políticos, de organizaciones e independientes, que no estaban participando en la contienda, hicieron denuncias, algunas documentadas y otras no, pero todas ponían en evidencia los delitos electorales recurrentemente cometidos por el oficialismo, que hizo gala de su abuso de poder, antes y durante la campaña.

En ese contexto, se apreciaron unas tímidas y pocas menciones a dichos abusos, por las organizaciones y personas participando directamente en el proceso, pero ni suficientes para el tenor del abuso y la violación de las normas, pero tampoco con la intensidad de hoy.

A beneficio de inventario, habrá que analizar este comportamiento y meterlo, como dato en el análisis de algún potencial escenario electoral.

Mi paseo por el domingo “electoral”

Como se trató de una pequeña vuelta de observación y sin credencial, no entré en los centros y me remití ver el comportamiento de la gente en las afueras de los centros, en la zona donde tengo años ejerciendo mi derecho al voto.

Mi centro electoral y los más cercanos en la zona, 6 en total, estaban totalmente vacíos. En 4 de ellos, pude pasar por las entradas y me llamó la atención que dos de ellos, estaban custodiados, como de costumbre por un par de Guardias Nacionales del Plan República, pero los otros dos tenían la puerta entrecerrada y del otro lado de la reja había mujeres milicianas. En las inmediaciones de esos 4 centros, había unos pocos carros, unos 2 o 3 en los custodiados por las milicianas. En mi centro, había 6 y en el otro centro, ninguno.

En los dos centros a los que no pude pasar, tenían cerradas las calles, en un caso con las mesas de un aula de la escuela y en el otro, con una cinta. En ninguno de los dos se veía cola en la entrada. Bueno, ni cola, ni gente esperando en la calle o curioseando como es costumbre en estos procesos, pero en ambos casos había un punto rojo muy cerca de la entrada del centro. Uno de los puntos rojos tenía tres mesas para el escaneo del “carnet de la patria” (eso decía un papel pegado al borde de la mesa) y había un par de personas paradas debajo del toldo, aunque ninguna de ellas parecía estar en el proceso de “escaneo”. El otro punto rojo tenía una sola mesa, había unas 4 personas sobre ella (y una saliendo), por lo que parecía que estaban en plena acción de “escaneo”. Como no tenía credencial, no me acerqué tampoco a conversar con ellos.

La diferencia en la dinámica social entre las zonas, sí fue notable. En la primera zona que incluye dos urbanizaciones de la zona de la Trinidad, no había casi personas en las calles. En la segunda, que es el pueblo de Baruta, había mucha gente en la calle. En la mayoría de los casos, especialmente en el casco, la gente estaba haciendo compras y actividades que no parecían tener relación ni con el centro electoral, ni con el punto rojo. Saliendo del casco, en la principal de Baruta, había mucha gente en colas esperando transporte público. Pero en las inmediaciones del otro centro electoral de Baruta, no había casi gente, y la mayoría de la poca que pude ver, estaba en el punto rojo.

Por cierto, mientras estaba dando la vuelta para salir de esa calle, porque estaba cerrado el paso, como les comenté, pude ver a un motorizado que creo que estaba en las mismas que yo, porque se paró miró el centro y el punto rojo, pero en su caso, llamó por teléfono, quizás para hacer un reporte. (Comentario de especulación pura)

Otra cosa que llamó mi atención, fue que, aproximadamente a la 1 pm, un grupo de entre 12 y 14 motorizados, sin identificación visible, pero en grupo, pasaron por la zona, atravesando la principal de la Trinidad y devolviéndose en el semáforo de la Procter (haciendo un cruce ilegal, por cierto), rumbo a la autopista.

El uso político-partidista del sistema educativo

Antes de cerrarles el recuento sobre mi paseo por el domingo “electoral”, debo comentarles que he recibido mensajes que han circulado por los chats de dos zonas educativas, los chats oficiales, los que usan los supervisores y el jefe de zona para comunicarse con los directores de las escuelas. En ambos casos, el tema de hoy es el mismo: preguntar si habían cumplido con su voto y su cuota de votantes.

En uno de los casos, la solicitud estuvo acompañada con un regaño-amenaza, el propio jefe de zona dijo en un audio, que al mediodía, la mayoría de los directores de ese Estado no había reportado, ni siquiera su propio voto, y que eso no era posible porque el “presidente Maduro” les había dado un “bono de compensación”, por la labor que ejercen.

De acuerdo a lo dicho por el jefe de zona, parece que el bono no estaba relacionado con su labor como directores de escuela, sino como militantes de una opción política, porque, con la frase “amor con amor se paga”, continuó el regaño y la solicitud de que los directores informaran a sus salas situacionales -sí, las del sistema educativo- y a los acompañantes circuitales, cuántos de ellos y cuántos de sus trabajadores “chavistas” han ido a votar.

El audio continuó con la amenaza. Sí, el jefe de zona dijo: “tenemos mecanismos para saber cuando ustedes votan”.

Luego expresó su preocupación por saber lo que estaba pasando y por saber “dónde están” las asambleas patrióticas de maestros y maestras, así como, la organización que tienen en las escuelas.

Y finalizó con el engaño siguiente: “necesitamos amarrar todos los votos, ningún voto está de más” (…) “vamos a triunfar, pero ese triunfo tiene que ser con contundencia”.

Como verán, toda una colección de delitos electorales y al ejercicio de la administración pública en un solo audio.

De vuelta al paseo

Ahora sí, para cerrar mi paseo por el domingo “electoral”, les dejo estas 3 fotos. No tomé más, porque no estaba en labores de observación formal.

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Centro electoral en la Unidad Educativa Monseñor Lucas Castillo, en Baruta, frente al Cementerio

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Punto rojo en las inmediaciones del centro electoral que está en la Unidad Educativa Monseñor Lucas Castillo, frente al Cementerio de Baruta

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Centro electoral ubicado en el Instituto Arturo Michelena en La Trinidad.

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Reflexiones post-electorales

Una de las mejores cosas que tiene asumir que estamos en dictadura y gobernados por grupos de corruptos y mafiosos, es tener la certeza de que no tiene sentido generarse falsas expectativas con cada acción política puntual.
Quienes se generan falsas expectativas, o quienes las usan para promover la participación de otros, hoy tienen que recoger sus palabras y “reparar daños”.
Claro está, no generarse falsas expectativas no significa no reconocer que el liderazgo político podría hacer las cosas diferentes y demostrar que ha aprendido más durante estas dos décadas.  Tampoco significa no reconocer que buena parte de la ciudadanía tampoco ha aprendido y sigue esperando que alguien resuelva los problemas y concrete el cambio en el país.
A esta hora, aún esperamos que se terminen de recoger las actas, cosa que sabemos que siempre se toma tiempo, y que el liderazgo presente un caso para investigación de fraude, sólido e irrefutable.  
Pero también esperamos muy buenas explicaciones sobre la acción tardía frente a la presencia de los nicaragüenses y la inacción institucional ante los cambios de centros a última hora, porque lo que se hizo fue organizar el “resuelve” en comandita, facilitando el traslado de votantes, que fue una buena medida, pero que institucionalmente, no era suficiente. 
Mientras esperamos que avancen esas acciones, podemos dedicarnos al deporte nacional de acusarnos o insultarnos unos a otros (parece que esa opción va ganando hasta ahora), o podemos respirar muy profundo y reflexionar sobre algunas cosas.
Aquí les dejo algunas preguntas para que las tomen como ejemplo:
1. ¿Pertenece Usted a algún grupo u organización política o ciudadana, o simpatiza con alguna actualmente?
2. Si pertenece a alguna organización o hace activismo ciudadano en su sector, ¿cuántas personas forman parte de su grupo? ¿cuál es el alcance real de sus acciones y cuánto significa eso en el tejido organizacional ciudadano?
3. Como ciudadano ¿cuándo cree que habrá un cambio real en Venezuela? ¿Cómo cree que se dará ese cambio? ¿Quién y con quién lo construiría?
4.¿Cómo puede contribuir como ciudadano y cómo puede contribuir su grupo, si pertenece a alguna organización o grupo de activistas, a construir una salida real para Venezuela?
5. ¿Cómo cree que se puede construir gobernabilidad y estabilidad en Venezuela, si se diera un cambio de gobierno? ¿Qué podría aportar Usted y su grupo? ¿Qué estarían dispuestos a sacrificar y a ceder?
6. ¿Cómo se propone trabajar cambios culturales importantes para la construcción de ciudadanía como la erradicación del clientelismo y la “viveza criolla”?
7. ¿Cómo, con qué estrategia y en cuanto tiempo se puede lograr construir tejido social robusto que contribuya con un cambio real en Venezuela y que ayude a garantizar gobernabilidad en el marco de una guerra en contra de las mafias desplazadas del gobierno, si se lograra impulsar un cambio?
8. ¿Con cuáles de las mafias y grupos armados vinculados a los grupos en el gobierno considera que se debería negociar para garantizar viabilidad de un cambio y la gobernabilidad posterior?
9. ¿Qué estaría dispuesto a perdonar y a quién para facilitar la transición y para construir viabilidad y gobernabilidad de un cambio?
10. Para los que no les gustan los partidos políticos existentes: ¿estarían en disposición a construir un nuevo partido político que se convierta en alternativa de poder? ¿cómo, cuando, por dónde comenzaría? ¿Cuánto tiempo cree que le tomaría?
Estas son algunas preguntas para una reflexión política pura y dura, que pueden ayudar a ciudadanos, activistas, militantes y dirigentes partidistas a ubicarnos en el panorama que hoy vivimos y pensar, más allá de los escenarios de algunos teóricos y de la batalla campal de insultos y acusaciones, cuál es nuestro rol y el alcance de nuestras acciones y cómo integrarnos en la construcción de una salida viable y duradera.

Así actúa la #DictaduraEnVenezuela

Anoche cuando se me estaba acabando el saldo del teléfono por quinta o sexta vez esta semana, escuché unas detonaciones a lo lejos. Parecían tiros y eran demasiados como para pensar que era la policía frustrando un robo.

 
Como tenía muy poco saldo, en lugar de revisar en Twitter lo que pasaba, seguí intentando recargar por la app del teléfono. 

 
Al rato, entró un mensaje de mi hermana preguntando cómo estaba todo, minutos mas tarde, el de una amiga que vive relativamente cerca que decía solamente: ¿Estás bien?

 
Obviamente, algo pasaba cerca. Ella me contó que por su zona, a esa hora, se había prendido un cacerolazo, en rechazo a la acción de un grupo de paramilitares(*) que estaban atacando en una zona muy cerca. 

 
A esa hora había reseñas de protestas de opositores, pero también violencia y saqueos por parte de los paramilitares financiados, sostenidos y apoyados por la #DictaduraEnVenezuela. Circulaba mucha información basura, pero también información seria y de fuentes confiables. 

 
Al rato, otra ráfaga de detonaciones a la misma distancia.

 
Luego, otra amiga que emigró, y con la que había tenido un intercambio 4 horas antes, me escribe: Hola, ¿Esta todo bien por tu casa? Chateando con ella, volvieron a sonar disparos. 

 
Pensaba, ahora los disparos suenan lejos, pero pronto podría pasar como a la gente de El Valle, por poner un ejemplo, y sonar al otro lado de la puerta de tu casa.

 
En ese momento, recordé parte de lo que le había escrito 4 horas antes, como respuesta a la recurrente pregunta ¿cómo ves todo? que nos hacemos a diario los venezolanos. 

 
Aquí les dejo como lo veo. Es un texto sencillo, escrito #ModoChat y bastante simple. Está copiado casi idéntico, aunque tiene unos detalles añadidos hace un rato, cuando lo compartía con otro amigo, que también emigró, pero hace mucho tiempo.

 
Así veo a la #DictaduraEnVenezuela: 



¿El gobierno está escalando el conflicto, está buscando la violencia máxima? ¿Cómo los ayuda eso?

Violencia = caos + pérdida de legitimidad de opositores => chavismo se mantiene en el poder con esquema dictatorial.

 

La violencia es promovida por ellos en acción y en discurso. 

 
En acción con restricciones a la AN, abuso de poder en el ejecutivo, represión y uso desmedido e ilegal de la fuerza por parte de organismos de seguridad, detenciones arbitrarias, confiscación de bienes, saqueos y violencia por sus grupos paramilitares y para policiales. 

 
En discurso por amenazas, amedrentamiento, criminalización de opositores, generación de caos, angustia y desesperanza a través de rumores y tergiversación de los hechos.

 
¿Hay otras opciones?



Otras opciones = Restablecer el Estado de derecho (reconocer que no hay separación de poderes (permitir remoción de magistrados del TSJ y nombramiento de unos que cumplan los requisitos)) o llamar a elecciones con CNE institucional o respetar la Constitución => chavismo pierde el poder



Al perder el poder pierden acceso a recursos y esquema de impunidad = no tienen como financiar a sus paramilitares + no pueden usar a los militares + se pueden desarticular mafias y pranatos + pueden ir presos aquí y en el exterior + pérdida de capitales producto de corrupción por repatración.



Conclusión, pierden demasiado por lo que harán todo lo que puedan por no salir del poder. 



El problema con ellos es que está tan extendidas las violaciones a la institucionalidad y los derechos humanos, la corrupción y las mafias que, dentro de ellos, no hay prácticamente de quién agarrarse para impulsar un cambio.

 
Mientras copiaba el texto ordenado para publicarlo aquí y escribía el relato introductorio, pensaba en que quedaría mejor con un final que muestre un resquicio de salida o de esperanzas, pero no puedo decir nada optimista o diferente a que como se ven las cosas, si el oficialismo insiste en escalar el conflicto y aumentar la violencia, al resto sólo nos sale seguir resistiendo, protestando, organizándonos y haciendo escuchar nuestra voz adentro y afuera.

(*) Ella dijo “colectivos” pero insisto en que a las cosas hay que denominarlas como son y esos son grupos irregulares, paramilitares o parapoliciales. 

Una agenda educativa para diputados

Desde el poder legislativo se pueden hacer muchas cosas para contribuir con la garantía del derecho a la educación en Venezuela, y con la mejora del desempeño que el Estado ha tenido hasta el momento. Sin pretender agotar la agenda al respecto, tocaré 4 asuntos imprescindibles, que incluyen algunas deudas que el Estado tiene con el país.

I. La legislación pendiente

La promulgación de la Ley Orgánica de educación entre gallos y medianoche, en pleno período vacacional, en agosto del 2009, nos dejó un documento en términos generales mediocre, en el que, por citar algunas cosas, se dio al traste con la estructuración de un modelo de gestión descentralizado, al concentrar el poder en los ministerios de educación; y se desdibujaron los principios del sistema con una pésima y enredada redacción de artículos y temas fundamentales, en los que, en algunos casos, intentaron conjugar conceptos contrapuestos y excluyentes vaciando de significado y sentido la norma que pretendían desarrollar.

Ese documento, requiere una revisión que permita mejorar o modificar, cuando corresponda, la institucionalidad que pretende definir, así como aclarar y precisar aspectos y temas borrosos, pero sobre todo que permita limpiarla de elementos que están cercanos a la inconstitucionalidad. Sin embargo, esta no es la deuda más urgente.

Más urgente, tanto que debería formar parte de las primeras acciones que se esperaría de la próxima gestión legislativa, es la discusión y aprobación de las Leyes especiales de Educación Básica y de Educación Universitaria, así como de la Ley de Carrera Docente, que, de acuerdo a las disposiciones transitorias de la LOE, deberían tener más de 5 años aprobadas.

La ausencia de estos instrumentos normativos, ha dificultado la gestión de los dos subsistemas de educación y ha facilitado la instrumentación de medidas provisionales, con débil institucionalidad y en muchos casos con visos inconstitucionales, a través de resoluciones temporales que terminan convirtiéndose en permanentes. Ejemplo de ello, son las resoluciones que se han utilizado durante los últimos 8 años, para el ingreso y evaluación del personal docente de las escuelas; y la controversial Resolución 058 que sustituyó el régimen de comunidades educativas, por una figura engorrosa de difícil instrumentación, que, además de presentar problemas de inconstitucionalidad en algunos aspectos, incluye la “delegación de funciones” a comités en las escuelas, imposibles de cumplir porque no se les dota ni de capacidad de decisión, ni de recursos para ejercer efectivamente la gestión en temas tan delicados y estratégicos como el mantenimiento y la alimentación escolar, por ejemplo.

La discusión y aprobación de estas 3 leyes son deudas de la Asamblea Nacional con el país, que una próxima gestión deberá considerar urgentes.

En el marco de la discusión y aprobación de la Ley de Educación Básica, tendría que retomarse la discusión sobre la descentralización del sistema educativo iniciada en la década de los 90s y que tuvo como consecuencia el inicio de un proceso de transferencia de competencias y escuelas, que fue congelado y sufrió un lamentable retroceso en los últimos 17 años.

En cuanto a la Ley de Educación Universitaria, hay documentos que se han debatido y presentado ante la Asamblea Nacional, por lo que la discusión no partiría de cero, pero es imprescindible que en el debate se incluyan temas que permitan redefinir los modelos que se desarrollan en las diversas instituciones que hoy forman parte del sistema, pero sobre todo, corregir las desviaciones que hacen que muchas de las nuevas organizaciones denominadas “universidades”, no sean más que “liceos” grandes en los que se otorgan títulos que, en algunos casos, no cuentan con estándares mínimos que garanticen calidad en la formación profesional, ni con el aval del organismo encargado de dar el visto bueno a la oferta educativa en ese nivel.

Con relación a la Ley de Carrera Docente, hay un par de temas relacionados con las condiciones laborales de los docentes que, en algunos aspectos, pueden no resultar del agrado de parte de los gremios existentes, pero que deben ser discutidos con ellos con la profundidad y sinceridad que el país requiere. El primero de ellos es la naturaleza de los estándares que constituyen el sistema de evaluación para el ingreso y ascenso de los profesionales de la educación. El debate en este tema debe considerar, en primer lugar, la exclusión de todos los indicadores y elementos incluidos en las normas utilizadas en estos últimos años, que evalúan más la adscripción partidista de los docentes, que su formación o desempeño; y en segundo lugar, la incorporación de estándares que reflejen el desempeño profesional y los resultados en el aprendizaje de los estudiantes. Estos estándares deben ir más allá de las tradicionales verificaciones sobre el cumplimiento de aspectos administrativos (asistencia, puntualidad, elaboración de planificación, etc) y obviamente, deben constituir un sistema que permita e incentive el aprendizaje y la mejora permanente, pero también que premie a los profesionales que con esfuerzo y dedicación, logran el mejor desempeño y aprendizaje en los estudiantes.

El segundo tema, implica la discusión de un nuevo arreglo contractual que, no se mate de entrada citando derechos adquiridos, sino que permita negociar, con incremento en los beneficios sociales y económicos de los docentes, la cantidad de días hábiles de vacaciones al año, ya que, con los 60 días hábiles que corresponden al gremio, como beneficio adquirido, más los días feriados de cada año, se ha hecho imposible extender la duración del año escolar para contar con 200 días de clases. Y nos referimos a 200 días de clase, más los días necesarios para las demás actividades docentes, no, a la norma tibia contenida en el artículo 49 de la actual LOE que establece una duración del año escolar de 200 días hábiles que, como todos sabemos, incluyen los días de clases, más los períodos correspondientes de actividades administrativas con las que se inician y cierran los lapsos y el año escolar.

II. El presupuesto educativo

La discusión y aprobación de las leyes de presupuesto, se ha convertido en un acto simbólico en el que el ejecutivo presenta una propuesta, a todas luces, deficitaria en términos económicos, pero deficitaria también como propuesta de gestión de los órganos de la administración pública. Este segundo aspecto, es consecuencia de la forma y contenidos que han tomado los Planes Operativos del ejecutivo, en el caso de educación, de los ministerios rectores.

En este aspecto, la Asamblea Nacional como parte de sus funciones de control del gobierno y la administración pública, podría promover la definición de estándares que permitieran mejorar los planes operativos de los ministerios, así como su gestión y sus resultados; y en su función legislativa, debería exigir al ejecutivo que sincerara las solicitudes presupuestarias.

Pero en función de mejorar el financiamiento del sistema educativo, la Asamblea Nacional también, podría trabajar en la redefinición de algunas reglas de juego, específicamente, en la recuperación del mecanismo de la LOCTI que permitía a las universidades, junto con el sector productivo, diseñar y ejecutar proyectos de innovación e investigación con los recursos destinados para ello en dicho instrumento normativo. Este mecanismo fue secuestrado por el ejecutivo, privando a las universidades de financiamiento y al sector productivo de conocimientos e innovaciones, con el agravante de que, desde hace algún tiempo, se desconoce el destino los recursos recaudados por esa vía.

Además, el poder legislativo, podría estudiar y considerar la aplicación de nuevos esquemas, como el existente en Uruguay que permite el financiamiento de la educación primaria con un impuesto inmobiliario, cuya recaudación es asignada de forma directa al funcionamiento de las escuelas de este nivel.

III. Sistema de evaluación de la calidad de la educación

Como es del conocimiento de los actuales diputados de la Asamblea, y debe serlo de los actuales candidatos, en el texto de la recién aprobada Ley de Presupuesto, hay un proyecto del MPPE denominado “Creación del Observatorio del Sistema de Educación Básica”. La siguiente captura de pantalla contiene el enunciado de dicho proyecto, tal como está incluido en la Ley.

proyecto observatorio 1

En la presentación de inicial que se hace de los proyectos, en ese mismo capítulo, el MPPE incluye la siguiente y breve justificación:

proyecto observatorio 2

Al respecto, es importante recordar:

a) Que el sistema educativo contaba con el SINEA (Sistema Nacional de Evaluación de los Aprendizajes) a finales de la década de los 90s. El SINEA fue diseñado en el país y se comenzó a administrar en las escuelas que ofrecían educación primaria y secundaria. Ese sistema, era perfectible como todo mecanismo de evaluación en desarrollo, estaba constituido por una batería de pruebas e indicadores de contexto valiosos e interesantes. En sus primeras aplicaciones arrojó bajo desempeño de las escuelas y de los estudiantes y sus resultados pudieron utilizarse como insumos para reorientar la política educativa, pero, en su lugar, en el momento en el que los resultados indicaban que el modelo de Escuelas Bolivarianas tenía menor desempeño que el resto de los modelos de escuelas del sistema, el ministerio decidió dejar de aplicar las pruebas y suspenderlo indefinidamente sin justificación, ni evaluación que avalara esa decisión.

Con respecto a sistemas de evaluación similares que respondan a acuerdos internacionales suscritos por el país, también es importante resaltar, que Venezuela no ha participado en las cuatro ediciones del sistema instrumentado en América Latina por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de UNESCO, sistema en el que han participado casi todos los países de la región, incluyendo a Cuba, por cierto.

De la misma manera, y aunque no se encuentra en el marco de convenios suscritos por el país, Venezuela se ha negado a participar en pruebas internacionales como PISA, en las que también participan casi todos los países de la región y en la que de forma autónoma y con mucho trabajo para conseguir los recursos para su financiamiento, participó recientemente, la Gobernación del Estado Miranda.

En todo caso, con pruebas nacionales, internacionales o con una combinación de ambas, como se hace en múltiples países, es imprescindible que existan mecanismos que permitan evaluar periódicamente el desempeño de los estudiantes para poder corregir y reorientar el trabajo de enseñanza en las escuelas.

b) Que con la incorporación de los sistemas de información digitales, el ministerio contaba, a finales de la década de los 90s, con el SISE (Sistema de Información del Sistema Educativo) que, si bien no se encontraba disponible para el acceso público en internet en ese momento, podía ser solicitado y utilizado por cualquier ciudadano para analizar el estatus de la oferta educativa, consultando variables asociadas a las características de infraestructura y dotación de las escuelas, a la matrícula y proyectos desarrollados; incluso, en sus inicios se podía tener con precisión la nómina docente que trabajaba en el sistema escolar por escuela, independientemente de la dependencia de éstas.

Ese sistema evolucionó y se puso a disposición del país en internet. Pasó por varias denominaciones y, la última versión de acceso público, incluía dos mecanismos: uno de consulta, público para todos los ciudadanos que quisieran conocer las características de las escuelas, plantel por plantel, o hacer consultas por unidades territoriales o tipos de escuelas; y uno cerrado para el ingreso de los datos de cada plantel, al que los directivos encargados de cargar la data, accedían con una clave. Ese sistema, a partir del 2005, fue dejando progresivamente de ofrecer algunos datos y en el 2010 fue cerrado totalmente al público, como mecanismo de consulta y acceso a la información. Hasta hace pocos meses, al consultar la página, aparecía un mensaje notificando que el sistema estaba en mantenimiento -el mantenimiento más largo de la historia de los sistemas, desde que existe internet-. Actualmente, las páginas relacionadas con ese sistema dan error y lo único a lo que se tiene acceso, es a un mecanismo para que las escuelas puedan cargar la data, pero sin la posibilidad de realizar ningún tipo de consulta.

Si como dice el objetivo específico del proyecto, el ministerio quisiera contribuir con la democratización del acceso a la información, poniendo a disposición de la ciudadanía las estadísticas y los datos detallados que dice que ofrecerá con la constitución de ese observatorio, podría comenzar por colgar en internet los textos de las memorias y cuentas, incluyendo el capítulo de estadísticas y activar el mecanismo de consulta del sistema de información que desactivó en el 2010.

c) Más que un observatorio para suministrar datos que permitan sustentar la planificación educativa, tal como dice el texto de la justificación de este proyecto, -datos que dicho sea de paso, ya existen en el ministerio aunque no sean conocidos por la ciudadanía, ni tengan la calidad deseable- lo que el país necesita es un sistema de evaluación del desempeño del sistema educativo que tenga dos dimensiones: una que responda al enfoque de derecho y permita valorar que tan cerca estamos, como sociedad, de garantizar la realización del derecho a una educación de calidad para todos, y una que responda a las necesidades de formación que se desprendan de la Constitución y el Plan de la Nación, para verificar si los ciudadanos, al egresar de cada uno de los niveles del sistema, han logrado desarrollar las competencias y construir los aprendizajes que se ofrecen en ellos y que se estiman como deseables para la sociedad venezolana.

Ese observatorio debería, entre otras cosas, tener independencia del poder ejecutivo, es decir, ser autónomo como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) creado en México en el 2002, o como el INEED Uruguayo creado en el 2012. Además de su autonomía, y dado que la certificación de aprendizajes en Venezuela, la realiza de forma particular cada escuela (*), la institución que se cree, debería tener mecanismos de evaluación que permitan mejorar la gestión escolar en sus dimensiones administrativa y pedagógica, pero que también permitan conocer si las escuelas están logrando los objetivos educativos que se plantean y los que, en términos de formación de su ciudadanía, se plantea el país en general.

Vistas las carencias del sistema educativo en cuanto a la producción y acceso a la información y en cuanto a la evaluación de su desempeño, tanto en la garantía y realización del derecho a la educación, como en el logro de la educación deseada, una de las acciones que debería tomar la Asamblea Nacional, es la discusión y creación de un sistema de evaluación del desempeño, autónomo como los existentes en Uruguay o en México, que dé cuenta al país sobre la calidad de la educación que se ofrece y sirva de mecanismo de control del ejecutivo y de referencia al momento de diseñar las políticas públicas educativas.

IV. Consistencia de los planes nacionales con la Constitución

Finalmente, como parte la de su función legislativa, la Asamblea Nacional, tiene el deber de corregir el uso político-partidista que se ha hecho de los documentos aprobados como Planes de la Nación. Este es un aspecto que abarca a todos los sectores de la vida nacional, pero en el caso del sector educativo se relaciona con aspectos muy específicos que, en términos de contenidos y mandatos, no pueden formar parte de esos planes porque constituyen violaciones a los principios y definiciones establecidos en el texto constitucional, y son contrarios a lo consagrado en los acuerdos y pactos internacionales que definen el marco en el que debe garantizarse el derecho a la educación.

La próxima Asamblea Nacional debe devolverle el apego a la Constitución a los Planes de la Nación y debe promover la eliminación de los sesgos político-partidistas que afectan, entre otras, la política educativa y la naturaleza del derecho a la educación en Venezuela.

(*) Al respecto, es importante recordar que, aunque existen programas obligatorios, cada escuela y cada docente diseña su planificación y su evaluación, por lo no que hay parámetros que permitan afirmar con certeza, que dos bachilleres egresados de dos escuelas diferentes, que obtengan la misma calificación como resultado de sus evaluaciones, tengan una formación equivalente en logros y calidad, lo cual deja sin referentes de evaluación de resultados reales al sistema.

 

¡Las cartas están echadas!

Cuando, como ahora, las bajas pasiones y nuestros demonios personales y sociales se exhiben, tendemos naturalmente a sentirnos ajenos a lo que sucede y a perder la esperanza.

Sin embargo, eso que puede resultarnos decepcionante, vergonzoso y desesperanzador, es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque aunque lo rechacemos, nos resulte ajeno y lo veamos contrario a nuestra naturaleza ciudadana y social, eso, lamentablemente también es parte de la Venezuela que somos. Es nuestra cara oculta, nuestra configuración oscura. Una configuración que, hasta ahora, estaba visible sólo en algunos, pero que,  obviamente, estaba latente en muchos otros. Esa, en estas circunstancias, afloró y lo hizo en magnitudes preocupantes.

Digo que es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque las sociedades, esencialmente, muestran su naturaleza de forma engañosa. Manifestan unas creencias, exhiben una cualidades y simultáneamente, ocultan otras. Las que se exhiben forman parte de los rasgos predominantes y socialmente aceptados. Pero a veces, hay unas para las que, la forma en la que se exhiben puede también resultar engañosa, haciendo que sean socialmente aceptadas conductas que encierran o se sustentan en rasgos socialmente cuestionados, por lo que, cuando aflora su naturaleza y se expresan de la forma más burda, resulta altamente esclarecedor sobre lo que tenemos y queremos como sociedad.

Es como la utilidad de los “espejos de aumento”: en ellos se ve magnificado lo que nos gusta y queremos ser y también lo que rechazamos y no queremos en nuestras vidas.

En nuestro caso hay rasgos que siempre estuvieron ahí, lo que sabemos incluso por el uso de algunas costumbres y refranes, que ahora están mostrándose en su peor manifestación.

¿Ejemplos?

“Se acata pero no se cumple” por mencionar el más nombrado, que, a la vez, es el más utilizado por la mayoría, independientemente del color político, cuando se está frente a un desacuerdo. O entre las prácticas, la “viveza del venezolano”, utilizado por muchos también.

Pero ¿qué cosas podemos identificar en lo que nos está sucediendo? Desde mi punto de vista, creo que las más relevantes serían:

1. Falta de probidad.

2. Locus de control externo.

3. Baja estima y desconfianza.

4. Falta de pertenencia.

5. Menosprecio al conocimiento – superficialidad.

6. Menosprecio al trabajo y a la impecabilidad.

Éstas dan origen, entre otras, a la baja cohesión social, al desconocimiento y falta de reconocimiento del otro; a la baja productividad; a la desesperanza aprendida; a la prepotencia y la chapucería; y a esa mezcla de oportunismo, facilismo, miedo, anomia y sumisión que se ha expresado con mucha fuerza últimamente.

Ésta Venezuela que vemos que también somos y que ahora podemos reconocer claramente que no queremos ser, nos da todas las pistas de la tarea pendiente si de verdad apostamos por una Venezuela con la que nos sintamos identificados y en la que queramos vivir.

Y ahora te pregunto:

1. ¿Cuál de los rasgos que rechazas, sientes que puede estar presente o que ha formado parte de tus prácticas ciudadanas en el pasado o en el presente?

2. ¿Crees que Venezuela somos todos? Si es así, ¿Qué crees que tenemos que hacer para constituirnos en una Nación?

3. ¿Crees que para que el país cambie los otros, los que actúan como no te gusta, son ellos, sólo ellos los que deben cambiar?

4. ¿Crees que una Venezuela diferente se construye sólo cambiando de gobernantes? Si no lo crees, ¿con cuáles cambios estás dispuesto a contribuir como ciudadano?

5. ¿Cuánto tiempo crees que nos tomará tener una Venezuela unida, proba, responsable, comprometida y productiva?

6. ¿Ya metiste la acción ciudadana para reconstruir a Venezuela como parte de tu agenda? ¿Cuántas horas pretendes dedicarle y en que piensas emplearlas?

7. ¿Cuántas personas que piensan y actúan diferente forman parte de tu familia y de tu círculo de amigos? ¿Cómo piensas hacer para reconstruir tus relaciones con ellos y para ampliar ese círculo? ¿Cómo piensas hacer para dejar de pelear con ellos y encontrar espacios en los que se pueda restablecer la confianza, el afecto y dónde se puedan comenzar a construir algunos acuerdos?

Hay diferentes dimensiones y niveles en la reconstrucción de Venezuela, pero el cambio no será posible, ni duradero, si no trabajamos la dimensión humana y social cotidianamente, nosotros mismos.

Esa es nuestra responsabilidad.

¡Yo la asumí!

¿Tú estás dispuesto a asumirla?

¡El momento llegó!

Hora de mi receso vespertino, para variar lo uso para ponerme al día con las noticias del momento, veo con tristeza y preocupación que la situación tiene el mismo tenor que ayer, por lo que, para poder volver al trabajo, con la necesaria concentración, uso la escritura para expresarme. Algunos ya leyeron buena parte de ésto mientras lo escribía en twitter, pero para quiénes no lo hayan leído o para quiénes prefieran verlo completo y revisado, publico este post.

¡Buenas tardes #Twitterlandia!

Hoy era un día para amanecer chalequeando a los caraquistas o sólo concentrada en la llegada de mi hermanita que viene a visitarnos después algún tiempo de haber tomado la decisión de establecer su vida en otros predios, donde estuviera garantizado el derecho a la seguridad y a la vida.

Sin embargo, en Venezuela y en estos tiempos, los motivos de felicidad siempre están acompañados por otros que indignan y preocupan: Venta de leche y azúcar por cucharadas; guarimbas y “protestas” montadas artificialmente para impedir la manifestación de otros, acompañadas de amenazas y amedrentamiento, todo ello protegido por quienes tienen el deber de garantizar los #DDHH de todos (que si a ver vamos, si coinciden manifestaciones de protesta, que coincidan y coexistan, que el derecho a la protesta sea ejercido por todos y garantizado por los órganos de seguridad del Estado y no que la protesta sea criminalizada o protegida, dependiendo de a quién beneficie su presencia) y para rematar, la continuación de la guerra del miedo, ahora empapelando del centro de la ciudad con estos afiches, en los que se pretende convertir en “enemigos” de la gente y “culpables” de lo está sucediendo, a los principales líderes de la oposición (@hcapriles, @MariaCorinaYA y @leopoldolopez).

Racionamiento, abuso de poder y amedrentamiento, dibujan un claro ambiente de promoción de la violencia que sólo hace sonreír a los que se valen del miedo para conservar el poder, o a los que se aferran a todo lo que pueda prefigurar una salida mágica que les devuelva el poder perdido o que restablezca un “orden” añorado.

A algunos de ellos, los podemos identificar por sus claros discursos y a otros, porque tienen semanas llamando a la abstención desde el anonimato o haciendo gala de su acostumbrada práctica de sólo reclamo y no acción, en una computadora ubicada en el país o cómodamente en el exterior.

Pero quienes promueven la violencia para justificar o provocar sus salidas deseadas, sólo tendrán éxito si les hacemos el juego, sólo si caemos en la dinámica de la violencia, el miedo, el ensañamiento y la confrontación.

De nosotros depende el camino que tomemos.

Aunque no lo parezca, éste es un momento crucial, el momento de tomar partido, el momento de asumir un rumbo y sostener la decisión; el momento de decidir si le hacemos el juego a los que sólo entienden la violencia y el enfrentamiento como forma de coexistencia, o si optamos por la construcción de una Venezuela diferente, que sea de verdad incluyente, en la que todos, a partir de las diferencias que existen y que tenemos que reconocer y respetar, construyamos un espacio de convivencia.

Venezuela, aunque le disguste a algunos, debe ser hogar para todos, y todos que tenemos el deber y oportunidad de hacerla posible.

¡Este es un momento de definiciones, toma tu decisión y actúa en consecuencia!

La lluvia, como la tristeza, no cesa.

Como si fuera día de elecciones, me desperté este domingo de madrugada.

Aún no había salido el sol y el sonido de la lluvia, el de un torrente aguacero, me trasladó a mis días de infancia.

Sin salir de la cama, para variar, porque debo confesar mi adicción a la información, me puse a revisar el twitter y las noticias, mientras me preguntaba si estaban a buen resguardo los libros en la Feria de la Lectura de Altamira y pensaba, como de costumbre cuando llueve, en cómo estarían quiénes no tienen un buen techo para resguardarse o aquellos cuyo techo está ubicado en zonas con riesgo de derrumbe o inundación.

Amaneció y se develó un cielo del mismo gris nube-aguacero que tantas veces disfruté, en otro tiempo, pero a la misma hora, en Villa de Cura.

Sin embargo, a diferencia de aquellos días, la de hoy es una mañana triste.

Triste porque paseando por los 140 caracteres de mis panas, encontré el video que documenta la agresión a la Red de Observadores Electorales de Asamblea de Educación (@observa14a), el día de las elecciones. En él, reconozco el talante paciente y pacífico de mis colegas, especialmente el de José Domingo Mujica que, como se ve en el video, fue el que salió desde el principio a ver qué pasaba y trató de “negociar” paz en tan inaceptable incursión. Lástima que no se grabó el audio, porque las imágenes no dicen los mismo sin él. Al final, les dejo el video para que Ustedes lo vean.

Triste también, porque pensando en esa agresión, tan extraña y fuera de lugar el día de las elecciones, no podía sacar de mi mente las imágenes del Diputado Suplente del PSUV, arremetiendo a “coñazo” limpio y con furia desmedida a sus colegas opositores. Ese “carajito” como diría mi padre, es “docente”, preside el Sindicato Nacional de la Fuerza Unitaria Magisterial en el estado Aragua , (Sinafum), y es villacurano, -aunque a la luz de los hechos, creo que le sale más decir que es “villano”- para vergüenza de todos los que, aunque no oriundos, nos criamos o pasamos por ese pueblo, el del Santo Sepulcro y el abuelo de Bolívar.

Triste porque ese episodio fue la “respuesta” que la bancada oficialilsta pudo dar, ante el reclamo por un hecho que, por sí sólo, revestía una gravedad inconmensurable: la decisión reiterada del Diputado Presidente de la Asamblea Nacional, de volarse la institucionalidad para “silenciar” a buena parte del país, negando la intervención en el debate a los diputados opositores, en una clara y flagrante violación a nuestros derechos políticos.

Y finalmente, para no hacer la lista más larga, triste porque iniciando el Día Mundial por la Libertad de Prensa, fue asesinado un periodista, Johny González reportero del diario Líder, saliendo de su trabajo al terminar su guardia. Triste la pérdida, tristes las condiciones en la que se produjo, pero más triste e indignante la reacción de Nicolás con sus declaraciones poco serias y “paranoicas” a juro, vieja estrategia castrista por cierto, totalmente fuera de lugar en el país, en éste y todo momento y que produjo una oleada de indignación en mucha gente, recogida y reconocida, cuando #ECDTMNM se convirtió en TT en twitter anoche. Afortunadamente, frente a este hecho, hay muchas posiciones razonables, entre las que se encuentra la reacción de su gremio.

Termino de escribir y la lluvia, como la tristeza, no cesa.

El video

Al que no le guste, que se vaya!

Hoy tuve el placer de escuchar una maravillosa tertulia, con la excusa del libro Armando el rompecabezas de un paísde @EdicionesBVzla, entre Cesar Miguel Rondón @cmrondon, Colette Capriles @cocap y Alberto Barrera Tyszka @Barreratyszka.

Como una buena tertulia puso a danzar varias ideas al ritmo de la necesidad de comprensión y profundidad. Tuvimos mucha suerte los que allí nos citamos, pero espero que alguien la haya grabado formalmente –además de un par de chicas que lo hacían con sus celulares-, la transcriba y la ponga a disposición de todos, para que muchos más tengan la oportunidad de pasearse por esas reflexiones y permitan que les orienten las propias.

En mi caso, hay un par de hipótesis que tengo y que quiero comentar.

1. No podemos confundir polarización política con identidad nacional fracturada

La polarización política, en este momento, ha cobrado la forma de dos grandes opciones electorales, dos grupos casi iguales de electores, en magnitud. Esta expresión es el producto, por una parte, de la evolución del proyecto personal de Chavez y por la otra, del esfuerzo por concretar una alternativa de gobierno fraguada desde la mesa de la unidad. La primera con una cohesión que se ha puesto en alto riesgo a partir de la desaparición física de Chavez y la segunda, con una cohesión en consolidación, a partir de la emergencia de un liderazgo claro y reconocido encarnado en el candidato presidencial y los principales voceros de la unidad.

Hablo de opciones electorales y no de visiones de país, porque creo que, a pesar de que ahora está mejor dibujada la unidad opositora en términos de la visión nacional que persigue, aún no se trata de un proyecto de país, claro, sólido y compartido por todos, por una parte; y porque, por la otra, dentro de las filas del oficialismo, con la desaparición física de Chavez, se perdió la cohesión en torno a un grupo de ideas que por muy desestructurado y contradictorio que haya resultado durante estos 14 años, constituía un proyecto político, personalísimo, pero que dibujaba algunos rasgos de un país deseado.

Hasta aquí podemos decir que tenemos dos grupos electorales en pugna por el poder, con visiones de país en construcción o en destrucción, según el caso.

En términos de visiones de país, la opción opositora construye su cuerpo de ideas en un espacio de debate signado por el pluralismo político. Esta construcción, dada la diversidad ideológica presente, no ha resultado muy fácil, pero se ha identificado un grupo de ideas base. En ésta, los millones de electores que la forman, aún no tienen unidad sobre las ideas identificadas. Sin embargo, el liderazgo emergente de su candidato presidencial y de sus principales voceros, ha marcado algunas importantes pautas. La cohesión está dada por la existencia de un liderazgo claro y reconocido.

Por su parte, la opción oficialista, que hasta hace poco derivaba su cuerpo de ideas de lo dicho por su líder máximo, ahora, en ausencia de una plataforma pluralista que reconozca y legitime sus facciones, se revuelve en pugnas internas, que formalmente, no hace aguas, mientras la necesidad de defender su permanencia en el poder los obliga a mantenerse cohesionados en contra de los opositores. En este grupo, las ideas de país en sus bases, se mantienen alineadas con las promesas, incumplidas, pero idealizadas del proyecto vendido por quién fuera su líder máximo. La fuente de cohesión se perdió y ahora se trata de mantener, a duras penas, por la fuerza.

Está claro entonces que existe polarización y fuerte fractura política, sin embargo, en términos de identidad nacional, la cosa es de otro tenor.

2. Vivimos un esfuerzo de imposición de una nueva narrativa

Al respecto voy a comenzar diciendo que concuerdo con Colette cuando afirma que vivimos la intención de imponer, por parte del grupo que detenta el poder, una nueva identidad nacional que desconoce y excluye todo lo que le resulta diferente e inconveniente.

Sin embargo, particularmente pienso, que este esfuerzo más que intentar construir e imponer nuevos rasgos de una identidad nacional, plantea la imposición de una nueva narrativa sustentada en una re-lectura o una lectura fabricada nuestra historia y de los rasgos constitutivos de nuestra cultura, que no recoge aspectos muy relevantes de lo que somos, porque solamente está dirigida a sustentar la polarización política y no tanto a producir una real transformación social, a partir del reconocimiento e inclusión en nuestra identidad de rasgos y fragmentos integrantes de la venezolanidad que también definen lo que somos, pero que han sido recurrentemente excluidos.

Esta narrativa, está concebida como una nueva interpretación de nuestra estructura y dinámica social que, por su afán polarizador, está constituida por la confrontación de dos facciones, fabricadas para sustentar la polarización y la división política, los pobres excluidos contra los traidores a la patria vendidos al imperialismo.

Esta narrativa no asoma, ni por equivocación, la complejidad de nuestra estructura socio-cultural, producto, entre muchas otras cosas, de nuestra larga tradición de migraciones, ni nuestra intrincada dinámica social y política, signada por un toque de adolescencia en nuestro nivel de madurez republicano-ciudadana. No las asoma, y mucho menos las refiere como base necesaria para comprendernos y a partir de ellas y de otras, reconstruir la idea de venezolanidad.

Pero insisto, es más una narrativa a la que, recientemente se le ha respondido con otra narrativa mucho más consistente con la lectura de nuestra dinámica social y política cotidiana, que una identidad nacional nueva, aunque en dicha narrativa se apele a algunos ingredientes que podrían formar parte de un referente de identidad.

3. La anti-identidad como identidad nacional

Como dije antes, el asunto de la identidad nacional, es de un tenor diferente tanto al de la polarización política, como al de la narrativa que pretende sustentarla. De hecho, el tema de la identidad nacional es tan complejo que sería pretencioso tratar de plasmar su problemática en pocas líneas. Por ello, sólo voy a esbozar un par de ideas que creo debemos considerar en el debate.

La primera es que, después de mucho tiempo y de haber tenido unos claros rasgos con los que orgullosamente la mayoría de los venezolanos nos identificábamos, actualmente, una de nuestras mayores coincidencias, en términos de identidad, es que nos sentimos extranjeros en nuestra patria, ya sea que nos sentimos extranjeros gran parte del tiempo o que nos sentimos así en parte importante de su territorio. Es decir, nos define la “no pertenencia” como cualidad de vinculación con el territorio y su gente.

Esta “no pertenencia” es propia de la estructura de guetos que experimentamos de forma generalizada durante los últimos años y que, a pesar de que una parte de la población que se encontraba excluida podía haberla experimentado desde hace muchos más años, se convirtió en un rasgo generalizado, bajo el impulso de la polarización política. Esta, que, en un primer momento, hacía que nos sintiéramos extranjeros en partes específicas del territorio, con el tiempo, se ha magnificado y hemos terminado sintiéndonos ajenos al país.

Este rasgo es más importante en algunos grupos sociales que en otros, pero todos sufrimos una especie de desarraigo de la patria, porque, en este momento, no se parece a la que ninguno de nosotros soñó. Ese desarraigo, constituye un nivel de escisión de la identidad muy profundo y personal porque no está construido por grupos de personas cohesionados que se identifican entre sí, pero que no se reconocen en grupos distintos, sino que se desprende de una ruptura de cada persona con su sueño de país que, a falta de proyectos compartidos, se produce desde la intimidad del ser.

La segunda es que, a esa sensación de no pertenencia nueva para algunos y de vieja data para otros, se une el vacío por la inexistencia de una “idea” compartida que nos dé un nuevo sentido de identidad nacional, esa especie de engrudo que nos permite tener cohesión como país, a pesar de la diversidad y las diferencias. Pero la inexistencia de una “idea” compartida, buena parte de ese vacío que sentimos, creo que es más el producto del empeño en desconocer y menospreciar al otro que de la real ausencia de elementos que puedan constituirse en esa “idea” de nos compartida; empeño que, por cierto, a pesar de que ya existía como un rasgo latente en nuestra idiosincrasia, se ha exacerbado, extendido y arraigado como una más de las consecuencias de la polarización política.

Así tenemos como identidad un sentimiento de no pertenencia, unido a un rechazo al otro al que soy incapaz de reconocerle virtudes aunque tenga las mismas que yo me reconozco y de paso, le achaco todos los males y le endilgo todos mis defectos sin reconocerme reflejado en ellos; es decir, “ni pertenezco” “ni me identifico” se perfilan contradictoriamente, como dos de los rasgos comunes de identidad que tenemos actualmente los venezolanos.

No obstante, si pudiéramos mapear socio-cultural y geográficamente a nuestra sociedad, podríamos dibujar un mapa de grupos con rasgos culturales diversos, distribuidos en guetos a nivel espacial, que no se reconocen mutuamente, pero en los que podemos identificar superpuesta una red de valores y de creencias compartidas y cruzadas. Obviamente, aun cuando en términos espaciales están bastante claros los bordes, en términos socio-culturales, no podríamos identificarlos con tanta claridad, porque la superposición los permea y los trasciende, como también los traspasa la sensación de no pertenencia.

Finalmente, la tercera idea, es que a pesar de que no nos gustan y de que no las queremos reconocer como propias, en este momento hay una serie de creencias que son en las que coincidimos con mayor fuerza y las que, de hecho, podemos reconocer como parte de nuestra identidad. Creencias como: “Las reglas del juego están hechas para ser violadas cuando no me convengan, pero si las viola otro, y eso me afecta, lo considero una afrenta y reclamo su no cumplimiento”; y “Venezuela es un territorio en disputa, el que gane se queda y el que pierda, se asimila y si no le gusta, se va”; son creencias que están de diversa manera y con distintos niveles arraigadas en nuestro pensamiento, que se manifiestan, más de lo que aceptamos, cotidianamente y muchas veces en acciones que pasan desapercibidas porque no nos resultan relevantes. Pero son creencias que están ahí y si ponemos atención podremos sentir su presencia abrumadora.

La “no pertenencia”, la “no identificación” y nuestro “lado oscuro”, lamentablemente, son ideas comunes que actualmente, aunque no queramos, nos identifican y sobre ellas tenemos que actuar, comenzando por reconocer su existencia, para poner la reconstrucción de la identidad nacional en otro plano y poder comenzar efectivamente a trabajar sobre ella.

Del pensamiento único al pluralismo político

En estos días, vivimos un pico en la tensión política del país muy pocas veces, o nunca, experimentado. Esa tensión, como es obvio y normal que suceda, nos está forzando a poner el foco de nuestra atención en la polarización y el conflicto, haciendo que se desvíe de aspectos que son fundamentales para salir de esta crisis y para comprender la naturaleza de lo que nos está sucediendo.

Esto es obvio, porque el candidato del oficialismo, juramentado como presidente de forma apresurada en estos días, ha asumido la misma estrategia que utilizaba con mucha frecuencia Chavez, apelar a la “paz” insultando y amenazando, colocando en “el otro bando” y señalando de “traición y conspiración” a todo el que piense diferente. Y como en algunas de las más tristes épocas de nuestra historia contemporánea, el discurso es aderezado con una “cacería de brujas” que busca identificar y excluir a aquellos que han pasado agachados en su expresión política pública, pero que han manifestado su desacuerdo político mediante el voto. Pésima estrategia en un país cada vez más claramente fracturado en dos mitades prácticamente iguales y peor aún siendo la estrategia de quién debería encabezar, urgentemente, un gran esfuerzo de reconciliación y reconstrucción de espacios de convivencia entre los venezolanos.

Hay muchas cosas que explican esa conducta. Pero de ellas, quiero llamar la atención sobre una en particular.

El pluralismo político que forma parte de nuestra tradición republicana y que es una de las características reconocidas de nuestra república en la Constitución aprobada en 1999, en este momento, no es más que una cualidad emergente del sistema. Es decir, tal como se entendería en el pensamiento complejo o en la teoría de la complejidad, se trata de una cualidad que no se aprecia en las partes que constituyen al sistema, pero que emerge, como cualidad del mismo, cuando se le trata como un todo. Si lo vemos con ojos republicanos, el sistema no reconoce, en la práctica, la existencia del pluralismo político como una expresión natural de los ciudadanos, organizados y no organizados, y de su pensamiento político, a la vez que las instituciones del sistema expresan polarización a ultranza adoptando una de las variantes de la misma; pero el espíritu ciudadano está impregnado de pluralismo a tal punto, que cada vez es mucho más una cualidad que se aprecia en diversos elementos del comportamiento del sistema.

El opacamiento del pluralismo como cualidad del sistema, sucedió a pesar de nuestra idiosincrasia y tradición porque, por una parte, los oficialistas nunca entendieron que la preferencia electoral por un candidato, incluso el apoyo reiterado y el reconocimiento de un liderazgo, no es nunca igual a la construcción de una alternativa única ni en términos de preferencia electoral, ni en términos de organización política y mucho menos en términos de pensamiento político. Muchos esfuerzos han realizado para aglutinar a su gente y para hacerlo de forma organizada desde el nacimiento del MBR, su paso por el MVR y la constitución de los círculos bolivarianos, hasta la actual selección del PSUV como opción electoral del oficialismo y la pretensión de utilizar a las milicias, las comunas y otras figuras de organización de base, como expresión organizada de la población a favor del movimiento oficialista.

Por su parte, el aglutinamiento de los “anti” forjó diversos esfuerzos de unidad que se iniciaron con la Coordinadora Democrática y que hoy se expresan en la MUD. En ese ámbito fueron muchos los que tampoco entendieron la naturaleza del pluralismo a la primera y hay aún muchos que aún no la comprenden, a pesar de que fue justamente ese espíritu es el que orientó la conformación de sus estructuras. En el movimiento opositor, esa falta de comprensión se ha expresado y aún se expresa en algunos casos, en dos tipos de conductas, aquellas de los que pretenden capitalizar los esfuerzos de la unidad a favor de una organización específica y aquellas de los que quieren la anulación de todos, en discurso y propuesta, en favor de un discurso específico y único, que casualmente es el suyo.

En ambos casos, la visión que impera en ellos, oficialistas y opositores, es la que ve a la sociedad expresada como la lucha de un pensamiento-cultura-poder hegemónico versus uno contrahegemónico, una visión anacrónica que nos acompaña hasta nuestros días.

La buena noticia en este caso, es que a pesar de que quiénes están en el liderazgo del oficialismo mantienen esta visión anacrónica, no es el caso de lo que se fragua en la alternativa democrática. Lo vemos en la conducta de quiénes encabezan la vocería de la MUD y de muchas de sus organizaciones y en el discurso y conducta de quién asumió su liderazgo como candidato. Pero también se expresa en la conducta de la ciudadanía como electorado que claramente ha ido evolucionando en la expresión de sus preferencias, tal como se aprecia en esta infografía.

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Todavía, sin completar la auditoría solicitada, podemos ratificar que el pluralismo político definitivamente se está convirtiendo en una cualidad emergente del sistema, así lo expresan, entre muchas otras cosas, el voto de cientos de miles de ciudadanos que en 2012 dieron apoyaban al oficialismo y que el 14 de abril cambiaron su preferencia, porque el nuevo candidato ya no los convencía o sencillamente porque quería darle la oportunidad a una alternativa en el poder, dado lo malo que ha sido el actual oficialismo en el gobierno. Una alternativa justamente caracterizada por la diversidad, por ser una alianza entre diversos y diferentes.

Creo que una de las cosas en las que debemos poner nuestro foco de atención es en que, a pesar de todos los esfuerzos sostenidos fieramente y con abuso de recursos durante estos 14 años, los venezolanos somos diversos por naturaleza; nuestras organizaciones políticas están constituidas por gente que coincide en algunas cosas y diverge en muchas otras.

Dada esa naturaleza, nuestro punto, nuestro reto, en primer lugar es la reconciliación y el reencuentro y, en segundo lugar, es cómo hacer para construir, más allá del discurso y de estas primeras prácticas, una alternativa política viable, una opción real de poder que se fragüe en torno a las coincidencias y que sea capaz de incorporar las diferencias y propiciar dicho reencuentro; como lograr que ese espíritu, que es el que orientó la conformación de la MUD y se expresa claramente en el discurso de los máximos exponentes del liderazgo de la alternativa democrática, permee para que su expresión llegue realmente hasta las bases y pueda estructurarse en reglas de convivencia claras que nos permitan impulsar el reencuentro y la reconstrucción del país desde ya y también, para que se constituya en cimientos, a la hora de ejercer el poder y ser gobierno.