Mar de fondo

Ayer Nicolás Maduro hizo varios anuncios y declaraciones solapadas en medio de una simulación-caricatura de asamblea popular.

Al grito de ¿quieren que congele los precios? la gente respondía con consignas afirmativas, y Maduro decía “aprobado”. Esa fantochada la hemos visto muchas veces, no es ninguna novedad.

Tampoco es novedoso, de hecho, cada vez es más frecuente, que Maduro le pida a la gente que salga a defender sus decisiones en la calle. Sin embargo, ayer esa solicitud iba acompañada de la advertencia de que sus decisiones y políticas no podían ejecutarse sin el concurso de la gente defendiendo su ejecución en la calle.

Luego, volvió a invocar la inconstitucional condición de la “unión cívico-militar” como soporte de las acciones de “defensa” que debía hacer el pueblo en la calle.

Ese conjunto de declaraciones, lo hemos visto muchísimas veces, con distinto orden y variadas intensidades en los más diversos contextos desde hace tiempo.

Esta vez, llama la atención su combinación, la intensidad y el significado de lo que plantea. Maduro llamó a sus partidarios a la confrontación en la calle, mentando la Paz, antes, durante y después, pero ese fue el llamado.
También anunció una inaceptable “constituyente”, cuya presentación tiene tantas irregularidades como provocaciones, pero con la que pretende decretar la muerte de la República y que hizo que el país centrara la atención en ella. Un paso más en el golpe de estado continuado que su gobierno tiene años dando.

Ante ese anuncio, entiendo que lo natural es que la gente centre su atención en la “constituyente”, pero Nicolás Maduro anunció el paquete completo.

“Constituyente” ilegal y chimba y congelación de precios, no tienen vida sin la confrontación en la calle. La dictadura lo sabe y su jugada, ante la presión internacional y el incremento de las protestas, fue escalar el conflicto, pero poniéndolo en manos de la gente. Delegando en las personas el control de la pretendida y sobrevenida “institucionalidad”.

Esa jugada, se apoya en la necesidad de la gente y busca que sus partidarios, aquellos que estaban volteándose por cansancio y desesperación, vuelvan al “redil” y se conviertan en los protagonistas de la confrontación.

El gobierno sabe que cuenta con la FANB, la GNB, la PNB y la mayoría de las policías estadales y municipales, pero además, sabe que tiene a su servicio a todos los grupos paramilitares y parapoliciales que ha creado, financia y protege, y también tiene a los inconstitucionales milicianos. Los hemos visto actuando conjuntamente.

El gobierno sabe que cuenta con las armas, ante un país, desarmado pero en protesta. El gobierno actúa con la petulancia del que sabe que no tiene la razón, pero que opta por la sumisión del contrario porque tiene el poder del fuego, los recursos y las mafias.

El gobierno llama a sus partidarios a la confrontación, que no es más que la declaración de una guerra civil, con esquema de guerrilla y disfrazada.

Eso, como la ilegalidad de la “constituyente”, debe saberlo el mundo y nosotros debemos tenerlo muy claro.

Hoy vimos las primeras muestras de cómo se puede desarrollar esa confrontación en la calle.

Escribo ésto, luego de regresar de la tranca en la Trinidad, y de leer en las noticias que unos paramilitares, de los que acompaña y protege siempre la GNB, hicieron un boquete en un muro de un edificio residencial en una zona de Caracas, que ardían dos apartamentos incendiados -no se sabe si por acción de unas lacrimógenas que lanzó la guardia o por acción de los paramilitares-, que hay varios sitios donde se mantiene la represión y que hay un grupo de oficialistas lanzando cohetes y piedras al Palacio Legislativo y amenazando con tomarlo.

Creo que debemos meter también esta dimensión de los anuncios de Maduro ayer, de lo que sucede, en nuestros análisis y escenarios de decisión y que debemos hacer la denuncia internacional, apoyándonos en la transmisión que se hizo de su discurso, desde la concentración oficialista.

Una toma de la tranca en la Trinidad, hoy 2 de mayo, 2:20 pm

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Para terminar, les dejo este fragmento de lo que acabo de vivir, para pensar:

En el camino de ida a ver cómo estaba la tranca esta tarde, me crucé con mucha gente tratando de llegar a un lugar en el que pudieran agarrar un bus o una camionetica. Nunca me había cruzado con tantos chavistas en esa zona. Todos estaban arrechos porque no podían ir a sus casas.

Supe que eran chavistas porque cuando pasaban decían bajito “viva Chavez” para que lo escuchara la persona con la que se cruzaban, o hacían algún comentario crítico a la tranca.

Uno de los que habló un poco menos bajo, dijo: ¿vieron, esa es la gente que quieren que los gobierne?

Hablaba desde la impotencia de quién se sabe perdido, de quién siente que le están arrebatando el país. Hablaba desde el resentimiento, pero con la convicción de que para ellos, el final del conflicto implica exclusión.

Ese, el resentimiento, fue el alimento de Chavez al inicio y es algo que arrastramos desde nuestra historia de sociedad dividida, que no hemos podido resolver.

El resentimiento y la exclusión es lo que hace que la #DictaduraEnVenezuela siga teniendo apoyo de alguna gente.

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Así actúa la #DictaduraEnVenezuela

Anoche cuando se me estaba acabando el saldo del teléfono por quinta o sexta vez esta semana, escuché unas detonaciones a lo lejos. Parecían tiros y eran demasiados como para pensar que era la policía frustrando un robo.

 
Como tenía muy poco saldo, en lugar de revisar en Twitter lo que pasaba, seguí intentando recargar por la app del teléfono. 

 
Al rato, entró un mensaje de mi hermana preguntando cómo estaba todo, minutos mas tarde, el de una amiga que vive relativamente cerca que decía solamente: ¿Estás bien?

 
Obviamente, algo pasaba cerca. Ella me contó que por su zona, a esa hora, se había prendido un cacerolazo, en rechazo a la acción de un grupo de paramilitares(*) que estaban atacando en una zona muy cerca. 

 
A esa hora había reseñas de protestas de opositores, pero también violencia y saqueos por parte de los paramilitares financiados, sostenidos y apoyados por la #DictaduraEnVenezuela. Circulaba mucha información basura, pero también información seria y de fuentes confiables. 

 
Al rato, otra ráfaga de detonaciones a la misma distancia.

 
Luego, otra amiga que emigró, y con la que había tenido un intercambio 4 horas antes, me escribe: Hola, ¿Esta todo bien por tu casa? Chateando con ella, volvieron a sonar disparos. 

 
Pensaba, ahora los disparos suenan lejos, pero pronto podría pasar como a la gente de El Valle, por poner un ejemplo, y sonar al otro lado de la puerta de tu casa.

 
En ese momento, recordé parte de lo que le había escrito 4 horas antes, como respuesta a la recurrente pregunta ¿cómo ves todo? que nos hacemos a diario los venezolanos. 

 
Aquí les dejo como lo veo. Es un texto sencillo, escrito #ModoChat y bastante simple. Está copiado casi idéntico, aunque tiene unos detalles añadidos hace un rato, cuando lo compartía con otro amigo, que también emigró, pero hace mucho tiempo.

 
Así veo a la #DictaduraEnVenezuela: 



¿El gobierno está escalando el conflicto, está buscando la violencia máxima? ¿Cómo los ayuda eso?

Violencia = caos + pérdida de legitimidad de opositores => chavismo se mantiene en el poder con esquema dictatorial.

 

La violencia es promovida por ellos en acción y en discurso. 

 
En acción con restricciones a la AN, abuso de poder en el ejecutivo, represión y uso desmedido e ilegal de la fuerza por parte de organismos de seguridad, detenciones arbitrarias, confiscación de bienes, saqueos y violencia por sus grupos paramilitares y para policiales. 

 
En discurso por amenazas, amedrentamiento, criminalización de opositores, generación de caos, angustia y desesperanza a través de rumores y tergiversación de los hechos.

 
¿Hay otras opciones?



Otras opciones = Restablecer el Estado de derecho (reconocer que no hay separación de poderes (permitir remoción de magistrados del TSJ y nombramiento de unos que cumplan los requisitos)) o llamar a elecciones con CNE institucional o respetar la Constitución => chavismo pierde el poder



Al perder el poder pierden acceso a recursos y esquema de impunidad = no tienen como financiar a sus paramilitares + no pueden usar a los militares + se pueden desarticular mafias y pranatos + pueden ir presos aquí y en el exterior + pérdida de capitales producto de corrupción por repatración.



Conclusión, pierden demasiado por lo que harán todo lo que puedan por no salir del poder. 



El problema con ellos es que está tan extendidas las violaciones a la institucionalidad y los derechos humanos, la corrupción y las mafias que, dentro de ellos, no hay prácticamente de quién agarrarse para impulsar un cambio.

 
Mientras copiaba el texto ordenado para publicarlo aquí y escribía el relato introductorio, pensaba en que quedaría mejor con un final que muestre un resquicio de salida o de esperanzas, pero no puedo decir nada optimista o diferente a que como se ven las cosas, si el oficialismo insiste en escalar el conflicto y aumentar la violencia, al resto sólo nos sale seguir resistiendo, protestando, organizándonos y haciendo escuchar nuestra voz adentro y afuera.

(*) Ella dijo “colectivos” pero insisto en que a las cosas hay que denominarlas como son y esos son grupos irregulares, paramilitares o parapoliciales. 

A falta de pan… ¡guerra!

Cuando tenía 3 años mi familia se mudó a Villa de Cura, en aquel momento, la puerta del llano, pueblo fundado por Juan de Bolívar y Martínez de Villegas -o Bolívar y Villegas para nosotros los villacuranos, y abuelo del Libertador para los libros de historia.

(#BTW cada vez que releo algo de la vida de Simón y su familia, -como hice ahora para recordar el nombre completo de su abuelo-, no puedo evitar preguntarme si alguno de los que está o ha estado en este des-gobierno, se ha leído o, al menos, tiene una vaga idea de quién era y de dónde venía Bolívar)

Llegamos a La Villa, porque mi padre quiso apoyar el emprendimiento de mi abuelo materno, Neptalí que decidió meterse en ese pueblo para trabajar una panadería -fíjense que digo “para trabajar una” y no “para trabajar en una”, porque se trataba de su emprendimiento.

Con  Neptalí estaba Machillo, -que hoy pudiera haber sido llamado “Neptalí Segundo” o “Junior”- mi tío serenatero y buena nota que, por su inmensa generosidad, tenía más ahijados que monedas en el bolsillo, que cantaba, guitarra en mano, como los dioses y que hacía las tortas y dulces más divinos de toda la región.

Les hablo de la Panadería Bolívar, ubicada en la calle Bolívar de Villa de Cura.

En Cagua, una rama cercana de la familia, tenía un similar emprendimiento, de la mano de Pepe, alias, Pepito un simpático gigante con cuya familia nos criamos como hermanos.

Y como las panaderías son emprendimientos familiares, mi mamá dejó su puesto de contadora en una petrolera, para irse a la Villa, y trabajar, entre otras, atendiendo el mostrador.

Hija, nieta y sobrina de panaderos y pasteleros, mis recuerdos de infancia y adolescencia están llenos de referencias de trabajo.

(A ver “revolucionarios”, repitan conmigo: T-R-A-B-A-J-O, ahora todo junto “TRABAJO”, con mayúsculas y no por gritado. Obviamente, ellos no conocen su significado, pero al menos, “por ahora”, sabrán como se deletrea).

Comprar y pagar los insumos para preparar el pan, -se que decir “comprar y pagar” parece redundante, pero algunas personas no entienden mucho que se “compra” invirtiendo dinero, pagando por lo que se obtiene-, contratar, formar y administrar personal, hacer inventario, preparar los insumos y equipos, -comprar y mantener estos últimos también-, limpiar, atender al público, hacer caja, llevar la contabilidad, pagar impuestos, comprar y cambiar bombillos, pintar paredes, pagar la luz y el agua, y hasta cargar sacos de harina, forman parte de las actividades que se realizan en una panadería.

Los dueños de una panadería, se levantan de madrugada para ir a prender el horno, lo que garantiza que esté a la temperatura adecuada para hornear el primer pan de la mañana. Mientras el horno se calienta, preparan los insumos para hacer la masa y comienza el proceso de producción.

La Panadería Bolívar abría a las 6 am, por lo que mi abuelo y mi tío, a veces con mi abuela, debían estar allá cerca de las 4 para poder calentar el horno y arrancar el trabajo. La panadería la abría mi papá a las 6 y la cerraba, con mi mamá, a las 10 de la noche.

La Panadería Bolívar

¡Así era la elaboración del pan en la Panadería Bolívar! En la foto, que seguramente tomó mi papá, mi abuelo es el que alza la tabla de pan. De espaldas, mi abuela y mi tío.

(Había panaderías en las que el horno debía ser pre-calentado en la noche, para lo que el emprendedor, salía de su casa, a esas horas, para prenderlo y apagarlo y así, además de evitar accidentes, garantizar que la temperatura que lograda al inicio de la mañana, fuera la adecuada).

Preparar la masa para hacer pan -y más en las cantidades en las que se produce en las panaderías-, no se reduce a mezclar harina con agua y ponerle un poco de levadura para que levante. Implica hacer la mezcla adecuada y de acuerdo a los tipos de pan que se quieren producir, amasar, dejar en reposo y dependiendo del tipo de pan, volver a amasar, cortar, amasar, cortar, moldear -incluyendo “simpático” el corte del pan en el lomo, colocarlo en las bandejas enharinadas, dejar reposar el tiempo suficiente y luego hornear, con el cuidado y la temperatura correcta, para que el pan esté listo, sin quemarse, secarse o quedar crudo por dentro. En algunos casos, el pan amasado y casi listo, se puede guardar un tiempo en una cava, a la temperatura adecuada para que mantenga la calidad y la frescura, pero en ese caso, hay que sacarlo de la cava con suficiente antelación, para que se “caliente”, antes de ser metido al horno.

Amasar es todo un arte, pero también es un trabajo duro y rudo. ¿Alguna vez has amasado a mano para hacer pan? Si no lo has hecho, y consigues harina, prúebalo, es una muy buena experiencia.

(Si consigues harina, dije, porque sin harina no hay pan. Esa es otra de las cosas que reiteradamente parece desconocer este gobierno).

La preparación de los dulces también es una tarea ardua y delicada. En ella hay mucho de arte y el proceso tiene tantas variantes como diversidad tenga la oferta de la panadería. En la Bolívar, los dulces eran riquísimos todos. Eso ya lo dije, ¿verdad?

Pero una panadería no está completa, sin unas mesas, un buen café y excelente trato de los que están detrás del mostrador. Así que el trabajo de todos, realmente importa.

Si preparas café o jugos, además del trabajo de preparación, tienes que lavar y mantener limpias las tasas, los platos y los vasos. Si calientas un cachito o preparas un sándwich, debes tener la plancha a la temperatura adecuada, el plato limpio y la servilleta lista para entregarlos al cliente. Hoy se usan platos de cartón y vasos plásticos, lo que reduce un poco el trabajo, pero no lo elimina.

En las panaderías siempre hay cestas para botar la basura y esas también deben mantenerse limpias y, preferiblemente, vaciarlas con mucha frecuencia.

En la Panadería Bolívar, también hubo helados que se servían en copa, gracias a una inversión hecha por mi papá en una gran máquina de hacer helado que estaba a la vista de todos, a la altura del mostrador.

El café, en la Panadería Bolívar era mundial, especialmente, los domingos en la tarde, cuando estaba jojota y me dejaron aprender a usar la greca, -bueno, lo de “mundial” es un modismo contemporáneo y algunos amigos de la familia que iban a pasar un rato por la panadería, decían que les gustaba que les preparara el café.

En la Bolívar creció, como trabajador Saúl . Saúl y Julieta, son una muy querida pareja que aprendieron cómo trabajar una panadería, y que posteriormente se bautizaron como emprendedores, en el otro extremo de la Avenida Bolívar, con la Panadería la Romana. Ellos, como mis abuelos, tíos y padres, saben el significado de la palabra “trabajo”. Ellos aprendieron lo que significa trabajar, con la experiencia y el ejemplo.

Muchos recuerdos afloran en mi mente -más inquieta y triste que de costumbre- desde que a este gobierno se le ocurrió inventar como excusa la “guerra del pan” para atacar a los emprendedores, dueños y trabajadores de las panaderías, con regulaciones absurdas y descabelladas amenazas.

Ahora tenemos a las milicias y a las personas que distribuyen los CLAP, haciendo de “inspectores” de las panaderías, para que el gobierno pueda cumplir con la arbitraria amenaza de “transferir a los CLAP” las panaderías que “no cumplan” con un “instructivo” elaborado por el gobierno, para regular su producción.

Cuando a uno lo agarra la hora del desayuno, o la del almuerzo, en la calle y no te dio tiempo de llevarte la comida en una lonchera, ni te da tiempo para otra cosa, no hay nada mejor que meterte en una panadería y comerte un cachito de jamón, o de su nueva versión que es de jamón y queso paisa.

Pero, ahora, tampoco podrás hacer eso, porque el gobierno, en su “infinita sabiduría”, decidió regular cuanta harina tendrán mensualmente las panaderías y en qué cosas se puede emplear. Eso en los casos en los que las panaderías sigan al pié de la letra la absurda regulación establecida en el “instructivo”, porque aquellas que, por alguna razón, no logren cumplirla, habrán dejado de ser panaderías y pasarán a ser locales desde los que los CLAP, con su “impecable preparación de maestros panaderos y comerciantes”, estarán aprovechándose de un nuevo negocio “ocupado temporalmente” por el gobierno y en consecuencia, condenado a la quiebra y el fracaso.

Obviamente, este gente no tiene idea de lo que es trabajar, ponerle empeño a algo, emprender, construir. Prefieren inventar fantasmas y excusas, robar, arruinar y destruir.

Esta nueva declaración de guerra gubernamental, es un ejemplo de cómo se maneja la dinámica de una sociedad sustentada en el control absoluto del Estado, en la anulación de todos los derechos de los ciudadanos y en las relaciones de poder basadas en la lógica y en el lenguaje de la guerra, tal como se establece en el llamado “Plan de la Patria”.

Hoy, frente a esta nueva acción gubernamental, podemos decir: así es como se ve y como se vive, lo que en el “Plan de la Patria” se denomina “unión cívico-militar” y “guerra popular prolongada”.

Cuando el caldo de cultivo es resentimiento y prepotencia, y la dinámica social invocada es la guerra, se consagra el miliciano como brazo ejecutor de la tiranía.

PS 1: ¡Gracias a mi hermana Marisol por la foto!

PS 2: o aclaratoria innecesaria para los resentidos de siempre -opositores incluidos-, mi familia vendió la Panadería Bolívar antes de que murieran mi papá, mis abuelos y mi tío, que murieron hace décadas.

El gen de la corrupción

Hace un par de días entré a un supermercado a comprar cacao. Aprovechado que lo conseguí -cosa que, como sabrán, no sucede con frecuencia- tomé una cestita, agarré plátanos, cambures, ajo, una botella de agua y busqué la caja para clientes con pocos productos, para pagar.

Como no era hora de mucha gente, ninguna caja estaba habilitada para clientes con pocos productos. Por cierto, me llamó la atención que tampoco había una habilitada para la atención de personas con necesidades especiales, de hecho, sólo había 3 cajeros, cada uno con una larga cola.

En todas las colas había una mezcla de personas con un carro lleno y personas con 2 o 3 productos, de clientes jóvenes y adultos mayores, de gente sola haciendo su recorrido y de parejas haciendo cola y buscando productos a la vez.

Vistas las semejanzas, escogí una. El último de la fila escogida, ahora el penúltimo -sólo por 3 minutos- era un señor, como de mi edad, con un carrito ocupado a un cuarto de capacidad. Minutos más tarde, apareció una señora con un par de productos, los agregó al carrito y se fue a continuar la compra. Ellos eran de los hacían mercado juntos: mientras ella colectaba productos con calma, él “adelantaba” haciendo la cola.

La cola ocupaba todo el pasillo a lo largo, casi no se movía, y cuando avanzó un poco, ya tenía varias personas atrás. La chica que me seguía, solo llevaba de compra, un par de bandejitas.

En esta oportunidad y a diferencia de otras, estas eran colas silenciosas. Casi nadie hablaba, incluyendo los que iban en grupo o en pareja.

Ya a dos personas de pagar, apareció un hombre alto, flaco y con un casco en brazos, se acercó a la mujer de la pareja que me precedía y le pidió bajito que lo dejara pagar primero porque él tenía un sólo producto.

Mi mente de ciudadana ilusa, se imaginó la negativa de la mujer, acompañada de la invitación al personaje del casco, a que consultara al resto de las personas que estábamos en la larga cola, -varios con muy pocos productos, como la chica de las dos bandejitas- si estábamos de acuerdo con dejarlo pasar. Sin embargo, ella le dio permiso para colearse. Para ninguno de los dos parecía importar ese detalle a la hora de decidir y ni hablar de su acompañante, que no se dio ni por enterado.

Como era de esperarse, protesté directamente dirigiéndome a los dos. El hombre del casco se volteó hacia la caja y se hizo el loco para no darse por aludido. La mujer sólo atinó a repetir que lo hacía porque él tenía un solo producto que pagar y no lograba incorporar en la ecuación para su permiso de coleo, que la cola era larga, que todos teníamos tiempo haciéndola y que en ella había personas con también con pocos productos que, dado su criterio, también deberían pasar primero que ella.

El hombre del casco, para sentirse apoyado en su solicitud, le contó, también bajito, a una supervisora del supermercado que iba pasando, que él se iba a pagar sin hacer cola, porque tenia una sola cosa que comprar. La supervisora escuchó y no dijo nada como si le hubiera hecho un comentario irrelevante sobre el clima.

Durante la argumentación de mi protesta, una Señora que estaba como cuatro  puestos detrás de la chica de las dos bandejitas, y que obviamente pensaba que lo sucedido sólo era mi problema, me sugirió que aprovechara la disposición de la pareja precedente y que también pagara primero.

Ante ese comentario, me detuve a observar la cola y pude apreciar que había gente a la que le daba lo mismo la coleada, gente a la que le molestaba pero prefería no decir nada y gente, como la señora, a la que le parecía que lo justo era que yo también me coleara.

Por cosas como estas es que tenemos el país como lo tenemos, fue la frase más repetida y a la vez más incomprendida que repetí en mi conversa-protesta en la cola. La chica de las dos bandejitas, me daba la razón y hacía comentarios de protesta también bajitos, bueno, realmente, sólo los conversaba conmigo.

La mujer artífice del permiso para colear,  que en su esfuerzo por no sentirse cuestionada, paseaba su vista por el supermercado, detuvo horrorizada la mirada, cuando vio algo que le llamó la atención y que le parecía oportuno para hacer un comentario crítico.

En ese momento, se volteó y me dijo, también en voz baja.

– Mira, el tipo del supermercado le está entregando, encaletado, azúcar a un Guardia Nacional.

Lo dijo con cara y con tono, de “eso” es lo que tiene el país así. Y agregó un par de frases más que reforzaban la idea.

Como la estantería obstaculizaba mi ángulo de visión, me asomé al final del pasillo y pude ver la triste escena: un hombre, ataviado con el uniforme del supermercado estaba agachado detrás de unos muebles sacando unos paquetes de azúcar y efectivamente, entregándoselos a otro hombre con uniforme de la Guardia Nacional.

En ese momento, pensé que si se tratara de una venta previa que el GNB había dejado guardada allí, mientras trabajaba, seguramente estaría guardada en bolsas del supermercado y las habría reclamado en la taquilla correspondiente, factura en mano, por lo que, la escena, tal cual como se desarrollaba, resultaba demasiado sospechosa.

Pensé también que lo lógico, antes de concluir que no se trataba de una compra previa guardada, sino de una entrega encaletada, habría sido preguntar y una vez puesto el abuso en evidencia, elevar una clara y diáfana protesta.

Mientras me lamentaba mentalmente por haberme quedado sin pila en el celular para tomar una foto de esa curiosa escena y ejerciendo mi lógica plena, me volteé hacia la mujer y le dije, en voz clara y entendible, hasta por los protagonistas de la escena azucarada:

– El que el señor del supermercado le dé azúcar encaletada a un Guardia Nacional, es en el fondo, exactamente lo mismo que Usted deje que ese señor del casco se colee y eso es lo que tiene al país, como como lo tenemos.

Ella se volteó a la caja y todos guardaron silencio.

Me volví a asomar para ver como iba la entrega, pero ya el GNB y el trabajador del supermercado, habían terminado su faena y hecho mutis.

Mientras caminaba del supermercado un par de cuadras, hasta el estacionamiento en el que había dejado el carro, pensando en lo sucedido, decidí que iba a escribir un post sobre ello.

Al día siguiente, cuando comencé a ordenar las ideas para hacerlo, me tropecé por twitter con una extraña noticia “a Wilmito le disparan mientras pasea con su familia por Margarita”.

En ese momento, ante una frase como esa, mi mente, acostumbrada a usar los diminutivos por cariño, asoció la frase a la imagen de una familia, de un niño -“Wilmito”-, probablemente con hermanitos y de manos de papá y mamá. Así que decidí hacer una pausa en la tarea autoimpuesta, e investigar.

“Wilmito” resultó no ser un inocente niñito, resultó ser un “pran” -de acuerdo a la nota de Runrunes, el primero que existió en Venezuela- que estaba en Margarita de “vacaciones” con su familia.

En cualquier país, -sin saber que ese señor ha estado detenido en varias cárceles (Vista Hermosa, Tocuyito y Tocorón) como se recoge en la nota que, al respecto, hace El Nacional-, la gente se podría preguntar con absoluta naturalidad: ¿cómo puede ser que una persona que está presa, aparezca en otro estado, en una isla, a la que, para llegar necesitas tomar un avión y por tanto, pasar por los controles de la seguridad del Estado, sin ser detectado y detenido? ¿cómo pudo suceder ésto?

Bueno, para algunas personas, la explicación también la recoge la reseña previa: en diciembre, “Wilmito” fue “beneficiario” de un “régimen de confianza”, otorgado por la Ministro Varela (*).

Me imagino que, tal como recoge la noticia en la reseña hecha por el Efecto Cocuyo -citando información del Correo del Caroní- el fundamento de la decisión, además de lo que dice el documento, estará asociado a las características de su “gestión”: “su pranato se ha caracterizado por mantener una “paz armada” dentro de la cárcel, así como una amplia red de extorsión en el comercio local. Eran conocidas sus recurrentes entradas y salidas del penal, su trabajo para humanizar el centro de reclusión con actividades de esparcimiento y recreación, y hasta por tener una columna de opinión en un diario nacional”. (**)

Sin embargo, me llamó poderosamente la atención de que ese “régimen de confianza” incluyera vacaciones en la isla, por lo que me fui a los artículos citados en el documento y encontré que, de acuerdo al artículo 161, “Wilmito” debió haber sido “ubicado” en “una unidad de producción o un área especial del recinto penitenciario” en el que se encontraba cumpliendo la condena, por lo que, a menos de que exista una “unidad de producción” en Playa Parguito, el “régimen de confianza”, no le permitía andar de paseo vacacional con su familia, tranquilamente.

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Pero además, imagino que el paseo por Playa Parguito, si no se considera una fuga, al menos debe contar como “falta disciplinaria”, por lo que, de acuerdo al artículo 164, en este momento, se considerará terminado ese “régimen de confianza”, en consecuencia, “Wilmito” habrá perdido los “privilegios” ganados y sólo conservará los que como “pran” antes tenía.

Y a esta altura, quizá algún lector se preguntará porqué echo estos dos cuentos en el mismo post. ¿Qué tienen en común lo sucedido con “Wilmito”, con la historia de la mujer que colea al señor del casco y que se queja de la entrega de azúcar encaletada que hace un trabajador del supermercado a un GNB?

Pues que los tres eventos están signados por “el gen de la corrupción”.

Notas:

(*) El documento en el que queda registrado este acto, lo puedes ver en la imagen publicada por la periodista @MachadoSabrina en este tuit

(**) Para los que quieran leer un par de notas que amplían la información sobre “Wilmito”, dejo noticias publicadas en el Correo del Caroní: Noticia 1 y Noticia 2

PS: Muy agradecida al amigo @cnietopalma que después de publicar, me pasó este enlace del portal Runrunes, con muchos más detalles del caso

Frente a la provocación como política de Estado, hay que tomar partido

El país se ha convertido en una avalancha de noticias, desde hace 17 años.

La estrategia

Sí, no se trata de una novedad de este momento. Recuerdo que cuando todo ésto comenzaba, lo señalábamos en los análisis que hacíamos en la Red de Veedores, como parte de la estrategia del gobierno para disipar fuerzas, dispersar las iniciativas de organización y protesta y, en consecuencia, debilitar todo esfuerzo por articular grupos que hicieran oposición al modelo que trataba de instalarse desde el gobierno.

Sin embargo, ahora, la sensación de bombardeo, con la consecuente asfixia asociada, es más fuerte. Todos nos sentimos más agobiados, porque las noticias se tornan cada vez más espantosas y dolorosas, por el efecto acumulativo que nos indica que no se trata de hechos fortuitos y pasajeros, sino que forman parte de nuestra cotidianidad; y también porque nos llegan mucho más cerca o nos tocan directamente.

Las reacciones

La desesperación lleva a algunos a paralizarse y deprimirse, mientras que otros se aferran a sus creencias y rezan; a otros les da por solo quejarse y también están los que les da por reaccionar peleándose con todo el mundo, así como los que deciden convertirse en jueces y sólo se enfocan en buscar culpables; por otra parte, encontramos a los que deprimidos o no, buscan nuevas opciones de vida y emigran, y los que, por el contrario, deciden quedarse; algunos se organizan para para actuar, mientras que otros actúan sin organizarse; pero también nos encontramos con aquellos que no se dejan llevar por la desesperación y se enfocan en construir, aunque entre ellos están los que lo hacen sólo para garantizar su bienestar, los que lo hacen poniendo el énfasis en el bienestar colectivo y también los que combinan ambos en su empeño.

Seguramente quien lea, podrá identificar su estado de ánimo y tipo de acción, entre estas categorías y reconocer en ellas las de muchas personas de su entorno. Incluso, podrán sentir que se identifican a veces con una y otras veces con otras, pero todos nos podemos sentir retratados en este rompecabezas de emociones y acciones en que se ha convertido actualmente Venezuela.

La estrategia y sus tácticas

Pero más allá de la categoría con la que cada quién se identifique, lo importante es entender que el bombardeo de temas de agenda, de noticias y de asuntos, es una estrategia política con la que hemos convivido durante 17 años y con la que aún, no hemos podido lidiar exitosamente, a pesar de algunos esfuerzos -así sea de una parte del liderazgo y a veces puntuales-, por enfocarnos en fijar y mantener un abanico específico de temas de agenda y una ruta de trabajo.

Pero dentro de esa estrategia, hay varias tácticas. Una es la mentira, el falseamiento de la realidad para hacer creer que los reclamos del otro son sin fundamento. Otra táctica es banalización de temas y situaciones, intentando hacerlos, para los que no son críticos o los desconocen, irrelevantes y lograr así el mismo efecto. Una tercera es el amedrentamiento que está dirigido a demostrar poderío, mientras se trata de generar temor y en consecuencia impotencia. Y una cuarta, es el ataque directo que también está dirigido a demostrar poderío, abusando de mecanismos legales o modificándolos para justificar la acción, con lo que además, de generar indefensión en la población, se construye una institucionalidad paralela que permite y justifica acciones y abuso de poder posteriores.

A veces las acciones son directas y frontales, pero otras, se realizan desde el mundo de la contrainformación, en forma de rumor.

Todas ellas constituyen formas de provocación que tienen como propósitos: sacar de foco al otro, convertir respuestas políticas en emocionales, generar miedo e indefensión, a la vez que ganar espacio en control y reconstrucción institucional.

¿Por qué sigue siendo exitosa?

Pero esta estrategia sigue siendo exitosa, en nuestro caso, por un par de características de la ciudadanía y el liderazgo, que aún están demasiado extendidas y que nos hacen una sociedad poco madura cívica y políticamente.

La primera de ellas es la tendencia a aferrarse a un salvador como única forma de mantener la esperanza de cambio. Esta tendencia es una de las formas en las que se manifiesta el locus de control externo. En nuestro caso, por salvador se debe entender a una variedad de figuras que incluyen las religiosas.

En efecto, ante la adversidad política, algunos apuestan por la intervención de Dios y la Virgen, en el mejor de los casos encarnada en líderes de la iglesia que incluyen al Papa; otros encarnan su esperanza en un líder político específico -aunque en la mayoría de los casos no tengan idea de sus propuestas políticas-, o en la figura popular de turno que, aunque no pertenezca al ámbito político, consideran que pudiera salvarnos; otros siguen esperando que los militares –preferiblemente “institucionales”- aparezcan; y otros le asignan ese poder superior a instancias como la Asamblea Nacional o a mecanismos como la Carta Democrática.

La otra característica, es la manía de poner la reconstrucción del país en “stand by” y en panorámica, como si en lo que nos hemos convertido como país, no fuera nuestro reflejo como personas y producto de la dinámica de nuestras acciones y omisiones, de nuestra conducta ciudadana cotidiana, la de todos, todos los días, por lo que pareciera que estamos esperando que las cosas cambien, para que llegue el momento de reconstruir al país, donde sí vamos a participar.

Cuando Venezuela cambie, por ejemplo:

  • dejaremos de mirar con asco y menosprecio a la gente que no nos gusta porque es pobre o rica o porque tiene costumbres diferentes, por tanto, se acabará el resentimiento como forma de relación entre los venezolanos;
  • dejaremos de ver como enemigo al que piensa diferente y ante un espacio de debate, en lugar de pelear sin escuchar, trataremos de escucharnos e identificando los naturales desacuerdos, construiremos en común a partir de los acuerdos;
  • dejaremos de desconfiar del otro porque consideraremos que todos los intereses, salvo que violen los derechos humanos, son legítimos y que el arte de la convivencia y de la política, está en lograr construir acuerdos incluyéndolos;
  • dejaremos de comernos los semáforos, colearnos, utilizar nuestras redes para saltar procedimientos y requisitos, de pagar soborno o matraca para evitar una multa, hacer un trámite más rápido o tener un privilegio o beneficio fuera de las normas o la ley;
  • dejaremos de hacernos la vista gorda ante las arbitrariedades gubernamentales, sea cual sea la tendencia política del gobernante, o de si circunstancialmente nos “beneficia” o nos “conviene”; pero también dejaremos de hacernos la vista gorda ante la violación de derechos de terceros, así como, ante la violación de las normas por terceros, pensando que “eso no es problema nuestro”;
  • cumpliremos con nuestros deberes ciudadanos y reclamaremos cuando se nos violen nuestros derechos y los de los otros.

Estos, son sólo algunos ejemplos de conductas, que, de asumirlas en la cotidianidad, nos ayudarían a tener desde ahora, una Venezuela diferente, porque el país lo reconstruimos todos, en cada acción ciudadana, y en cada minuto de cada día.

Cada acción ciudadana incide en el cambio institucional y político del país

Pero hay otro nivel de cambio también necesario que, aunque no lo parezca, se construye cada día y al que, como ciudadanos podemos contribuir en primer lugar comprendiéndolo y en segundo lugar, sumando acciones concretas para abonarlo.

Se trata del cambio institucional y político que garantice que el país también tendrá un gobierno diferente y de evitar que el que venga, en lugar de seguir destruyendo, reconstruya institucional, económica y políticamente a Venezuela.

Muchas de las acciones necesarias que están en nuestras manos, como ciudadanos, son las descritas arriba, pero ellas deben estar acompañadas, al menos de otra: tomar partido. Sí, aunque a muchos les suene extraño o les pueda parecer contradictorio con lo dicho hasta el momento, les invito a que piensen que sólo a partir de reconocer las diferencias, podemos trabajar tomando como base las coincidencias y para ello, tenemos que definir, como ciudadanos, cuál es la Venezuela que queremos.

¿Ya tomaste partido?

No se trata de enunciar un par de frases con lugares comunes o vacías, sino de pensar en qué tipo de sociedad queremos vivir. ¿Qué tanto Estado y cuánto libre juego o mercado? ¿Estado para qué? ¿Qué tantos impuestos? ¿Cómo y en qué se deberían invertir? ¿Quién debe decidir qué y cómo relacionarnos con los que toman las decisiones? ¿Qué tipo de educación obligatoria y común queremos como ciudadanos? ¿Cuáles son nuestros derechos y nuestros deberes? ¿Hasta dónde llegan? (ésto por no hacer una larga lista)

Tomar partido nos permite saber qué queremos de nuestro liderazgo político y qué proyectos y prácticas son realmente compatibles y nos acercan a esa visión, y cuáles, por atractivas que nos parezcan en un momento, nos alejan de ella. Pero también, tomar partido nos permite identificar coincidencias y diferencias con nuestros familiares, vecinos y concuidadanos, para poder construir con ellos, a partir de acuerdos, una Venezuela en la que efectivamente nos veamos reflejados todos.

Pero, así como “salir de esto” o cambiar de gobierno, no son eventos mágicos o de efecto inmediato, tampoco lo son tomar partido, identificar acuerdos y diferencias con el otro, así como tampoco construir una Venezuela en la que efectivamente nos veamos reflejados todos.

Tomar partido es un evento personalísimo que requiere de la reflexión e investigación de cada quien, en el que puede ayudar conversar y discutir con otras personas para escuchar puntos de vista y aclarar y afinar ideas. También sirve acercarse a los partidos políticos existentes y aunque no se tenga como pretensión inscribirse en ellos para militar en sus filas (cosa que nos haría mucho bien al país, a los partidos y a los ciudadanos), puede ser de utilidad conocer a sus políticos y planteamientos para enriquecer las ideas propias y definirse.

Pero tomar partido, no es sinónimo de volvernos iluminados y portadores de la verdad, y como ya sabemos la Venezuela que queremos, y es fantástica, nos dedicaremos a convencer a los otros de que tenemos la razón. Es decir, tomar partido no significa que podamos cambiar la fórmula de “lograr el éxito por arte de magia”, por la imposición como forma de acción política y ciudadana. Eso, de lo que deberíamos estar cansados por las prácticas de estas últimas décadas, nos impediría pasar a construir con otros. Tampoco es sinónimo de desarrollar y presentar una excelente batería de argumentos que nos suenen convincentes para lograr el apoyo de otros.

Y construir viabilidad

La visión de construcción o reconstrucción política y ciudadana tiene que incluir la noción de viabilidad política que para muchos no es familiar y a otros tiende a sonarle a chanchullo.

Toda acción política debe ser viable para ser exitosa, toda estrategia y visión a largo plazo, también. Pero la viabilidad no es una propiedad de las acciones, estrategias o visiones, es una condición del momento y contexto en el que se plantea que se construye y que implica manejo del poder y entendimiento, y toma tiempo, depende de los actores y su capacidad de acción y de negociación, así como de su credibilidad y el apoyo con el que cuenten.

Analizar la viabilidad de nuestras propias acciones políticas, nos permite entender y diseñar estrategias para modificarlas, modificar la acción y las condiciones en las que se da para incrementar su viabilidad. Analizar las de otros actores, nos permite comprender y actuar en consecuencia.

Pero lo más importante, dejar de esperar al “salvador”, tomar partido y comenzar a actuar como nos imaginamos que lo haríamos en esa Venezuela en la que efectivamente nos veamos todos reflejados, nos aclara cómo analizar e incidir en la viabilidad política de las acciones de cambio que, como sociedad nos proponemos.

Entre gallos y fantasmas: ¡Estado de Excepción!

Como es costumbre “revolucionaria”, a última hora del viernes, entre gallos y fantasmas, Nicolás se encadena y anuncia un “Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica“.

Con su cara muy lavada y sin pudor, declara:

“He decidido aprobar un nuevo Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica que me dé el poder de derrotar la guerra económica y derrotar las amenazas internacionales y nacionales” (Para los que quieran leer la reseña completa, la cita la tomé de aquí)

Lo dice como si:

  • el desabastecimiento acompañado de las kilométricas colas para comprar alimentos;
  • el deterioro de los hospitales que incluye ausencia de insumos para la atención y contaminación de áreas clave;
  • la desaparición de medicamentos que afecta a la población en general, pero con mayor riesgo a los que padecen enfermedades crónicas o de medicación especial;
  • el racionamiento y la falta de agua reiterado en muchas partes del país combinado con el suministro de agua contaminada en otras;
  • los apagones, cortes programados y no programados por racionamiento eléctrico;
  • las suspensiones de clases en las escuelas por cortes de luz, por decreto de racionamiento, por inseguridad o por falta de alimentación y agua;
  • el desmantelamiento de las universidades y centros de investigación por los ataques reiterados y la falta de presupuesto, con la consecuente fuga de talentos y los intentos de sustituirmos con espacios dedicados a la “formación de cuadros”;
  • el descarado desfalco del presupuesto del país y las reservas internacionales por corruptos y tráfico de influencia, enchufados y empresas de maletín;
  • el incremento de bandas de delincuentes y mafias asociadas al narcotráfico que azotan a la población, convertiendo al país en una colcha de retazos formada por ghettos;
  • el desmantelamiento de aparato productivo, incluyendo la destrucción, quiebre y cierre de empresas nacionales y privadas, incautadas y expropiadas;
  • la transformación de las policías y la Guardia Nacional en grupos de choque, represión y de custodia de los civiles y los alimentos, y de la Fuerza Armada en un grupo beligerante y partidista al servicio de la “revolución”, acompañada por la designación de funcionarios militares en cargos de administración pública;
  • la desprofesionalización del ejercicio público en todos los ámbitos con la mediocridad y pésima gestión, como consecuencia directa;
  • la sumisión de los poderes públicos al caprichoso servicio del ejecutivo;
  • y el desmantelamiento institucional producto de la recurrente violación de la Constitución y las leyes,

no fueran el producto de estos 17 años de gestión, de la implantación de un modelo anarco-guerrillero-milico-militarista que no conoce sino la lógica de guerra y la sumisión como forma de relación gobierno-pueblo; con un equipo que no tiene idea, ni de gestión pública ni le interesó tenerla mientras gastaba los abundantes recursos de la renta petrolera.

Su declaración a esa hora y un viernes, como bien lo sabe, genera incertidumbre, inquietud y zozobra en la población. Lo sabe y lo hace, sin presentar el texto del decreto para el conocimiento de todos como parte de la estrategia, como la lógica de guerra lo indica, sembrar temor para intentar paralizar a la mayoría.

El anuncio, en esta oportunidad, le agrega un término a la denominación del decreto que incrementa las suspicacias. Ahora, en lugar de ser un “Decreto de Estado de Emergencia Económica” como fue el 2.184 del 14 de enero, prorrogado el 11 de marzo por el 2.270; se trata de un “Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica“.

¿Estado de Excepción, en este momento y en este contexto?

Nicolás y algunos de sus ministros, en su estilo de comunicacional combinando cadenas con tuits, expusieron algunas razones y consecuencias que podemos encontrar en la prensa y en sus TL en twitter.

Sin embargo, como sus razones estaban plagadas de fantasmas en conspiración y como mi salud no me permitió salir a manifestar hoy (con las ganas que tengo de poder salir a manifestar), me puse a hacer una mi colección de hechos de estos tiempos y anuncios de ayer, que dibuja el panorama en el que se hace el anuncio.

El panorama, hasta el momento, me queda así:

1. Defensa ante supuestas amenazas externas: Uribe y USA, y prevención/proteccion ante la posibilidad de aplicación de la Carta Democrática.
2. Prevención ante avance de enjuiciamiento por corrupción a gobernantes de otros países, como Cristina y Dilma.
3. Amedrentamiento para paralizar a la crítica interna, en las filas de su partido, con despidos a funcionarios que firmaron el revocatorio.
4. Paralización de la oposición y descrédito a su liderazgo con anuncios del revocatorio en el 2017 y retraso del calendario.
5. Criminalización del liderazgo político y de defensores de DDHH, vinculando a los primeros con la promoción de violencia en la calle y a los segundos con conspiración y recepción de fondos de gobiernos extranjeros.
6. Neutralización de la Asamblea Nacional a través de saboteo directo con ataques a diputados, de ausencia del oficialismo en las sesiones, de criminalización por acusaciones a diputados e intento de destituir a la directiva por el TSJ.
7. Intimidación a la población con militarización de zonas populares e incremento de la presencia y el control militar en lugares de distribución de alimentos.
8. Continuación de la estrategia de OLP para intimidar a unos y atajar la guerra interna que tienen sus clanes y mafias.
9. Neutralización de las protestas con bloqueos a manifestaciones, no otorgar permisos, represión, ataques a manifestantes por parte de grupos violentos y organismos de seguridad, y detenciones arbitrarias.
10. Invalidación de los partidos opositores por supuesta falta de requisitos ante el CNE.
11. Incrementos de ataques contra medios y periodistas, incluyendo uso de la violencia contra periodistas en el ejercicio de sus funciones y decomiso y destrucción de equipos.
12. Importante aumento de precios de productos de la canasta básica.

Este es el panorama en el que Nicolás hace su anuncio.

Seguramente me faltaron hechos, amenazas y anuncios, pero con los colectados, hasta el momento, lo que me queda muy claro, es que el “decreto” persigue proteger al ejecutivo y su élite, mientras desarrolla una nueva fase en su estrategia de guerra que incluye profundizar el control del poder y continuar con la desinstitucionalización, corrupción y el abuso, apostando a la sumisión y paralización de la población, a la neutralización del liderazgo opositor -y también al liderazgo que se declara oficialista pero se considera alterno y crítico- e intenta inhibir las iniciativas de apoyo internacional.

¡Así es que un “revolucionario” gobierna!

¡Ésta es la guerra de Nicolás contra el país, contra el pueblo!

Lógica “económico-revolucionaria”

Pasamos 17 años sin hacer planificación, mantenimiento ni renovación del sistema eléctrico, sin mantener ni construir nuevas represas, sin cuidar los bosques ni reforestar y sin explorar ni emplear nuevas tecnologías para producir energía eléctrica, ni crear incentivos para que los empresarios en algunas áreas se autoabastezcan.

Cuando se necesita racionamiento, se reduce el horario de suministro a los centros comerciales que son consumidores de un bajo porcentaje de electricidad en las ciudades, pero que albergan a muchos comerciantes, especialmente medianos y pequeños que son buenas fuentes de empleo, y grandes comercios del sector alimentación,  que proveen a pesar de la escasez producida por la “política económica” revolucionaria.

Con horario reducido de suministro, los centros comerciales y los comercios que albergan, se ven obligados a reducir la jornada laboral y a aumentar inversión en vigilancia, dada la galopante inseguridad que tenemos y la ineficacia de los cuerpos de seguridad.

La disminución de los ingresos forzada por ésto, es el peor incentivo para lograr la inversión en fuentes de energía para autoabastecerse.

En su lugar, se quiebran comercios, se produce más desempleo y se reducen las opciones para comprar productos escasos.

La “causa revolucionaria” será que los empresarios no se autoabastecen de electricidad.

Lectura deseada: Dar luz a los centros comerciales para evitar estas consecuencias, sería quitar la luz a los pobres para dársela a los ricos.