Cortoelec no sabe que cable cortar

Ayer vi unas imágenes de protesta por la exclusión de Caracas del plan de racionamiento de Cortoelec.

En ellas el mensaje siempre fue: para que los sifrinos de Caracas puedan darse sus lujos, nosotros nos sacrificamos ahorrando.

Yo entiendo la arrechera del país ante una medida que es discriminatoria. Pero si el mensaje hubiera atacado el problema de fondo que produce la crisis eléctrica o hubiera estado dirigido a los enchufados, me hubiera parecido lógica su intención.  Pero como estaba presentado, me resultó innecesariamente antipático y fuera de foco.

Según los genios de Cortoelec, no hay racionamiento en Caracas, por ser la sede de los poderes públicos y eso tiene relativo sentido, porque se podría aplicar racionamiento selectivo, si tuvieran idea del diseño del cableado y supieran dónde cortar para no afectar las sedes de los poderes públicos.

Pero no, como los caraqueños sabemos por experiencia, la red es un desastre de cables cruzados y pésimo diseño. Recuerden que Cortoelec no supo como racionar en el 2010, en muchas zonas de Caracas, sin afectar los servicios de salud y las escuelas. Ahora tampoco tiene idea.

Y más allá de ese desastre, hay otro que muchos olvidan y que quizá otros desconocen. En Caracas, es tradición de décadas, que la única forma en que llega la luz a los sectores populares en expansión no controlada y a las invasiones, es por robo y autoconexión. Y aunque se emprendieron unos pocos esfuerzos por regularizar la situación en los 80s, no se logró ni remotamente, detener esa práctica y ordenar el sistema para que la luz llegara como al resto y que cada quien pagara por el servicio que tenía.

Producto de ello tenemos innumerables zonas en las que la luz sigue llegando gracias a esos precarios arreglos, a riesgo de que se produzcan accidentes de varios tipos por sobrecarga.

Para los que aún no entienden el caos eléctrico de Caracas, esta foto (de la que desconozco el autor y la tomé en préstamo del muro de Iruña) muestra el estilo popular de auto-acceso a la luz.

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¿Creen Ustedes que la exclusión de Caracas  del racionamiento es para no molestar a los sifrinos, o para impedir la paralización de los poderes públicos, que de hecho ya tienen horario reducido y viernes no laborables?

No, en Caracas no cortan la luz, porque en muchos sectores, especialmente los populares, no hay cuchilla que bajar y como dice el cartel, Cortoelec no sabe que cable cortar.

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Dejar de volar ¿vértigo o comodidad?

Viendo cantar a Nina, mejor dicho, viendo como Nina se vacilaba la canción, la energía y significado que con cada frase expresaba y quería comunicar y como asomaba reiteradamente esa sonrisa irreverente y retadora; no podía dejar de recordar a San Feliz ayer, lo sucedido y las diversas explicaciones y pronósticos asociados, recordar las miles de quejas y llamados a la acción y reacción de otros de todos los días, los innumerables mensajes en torno al tema de moda en nuestra “apropiada” dinámica de polarización “¿es más valiente o responsable o patriota o útil, el que se va o el que se queda?”

Veía a Nina, recordaba que vivimos todo eso sobre una cama de horas de colas, de miradas de desconfianza, de caras de terror y paranoia y de llantos de desesperación y muertes, y me preguntaba:

¿en verdad, como país y como ciudadanos, queremos ser libres, o es demasiada la responsabilidad de asumir las riendas de nuestras vidas, de producir para afrontar nuestros gastos, de elegir probidad a la viveza?

¿Querremos descubrir que podemos volar y hacerlo, sin esperar que alguien nos cuente como se ve el mar desde el cielo o mueva las alas por nostros, para garantizar que no nos vayamos a pique?

Volar alto puede dar vértigo, pero a veces no se deja de volar por vértigo, sino por comodidad.

Vean a Nina Simone…

(Tomado en préstamo del muro de Kelly)