Llora, pero no olvides

Cuando uno le ha metido a la música y a la poesía toda la vida y en los tiempos estudiantiles, fue militante de un movimiento político y hasta dirigente estudiantil, es inevitable que los acontecimientos te enlacen con los recuerdos, especialmente si tienen forma de poema hecho canción.

En esta oportunidad, desde que secuestraron a los hermanos Requesens y más después de que soltaron a Rafaela para ensañarse e incriminar a Juan, tengo como sonido de fondo, como una especie de hilo musical mental, la versión del poema “Hombre preso que mira a su hijo”, de Mario Benedetti, tal como la cantara Pablo Milanés.

Confieso que nunca, ni cuando era estudiante, he podido cantar esa canción completa, sin que se me haga un nudo en la garganta, pero en esta última década, no he podido cantarla sin llorar y cada vez se me comienzan a aguar los ojos antes.

“Realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre.”

Hoy (realmente ayer empatado con esta madrugada), que ha sido un día largo, me preguntaba cómo hubiera escrito Benedetti este poema, si hubiera vivido, o conocido, la Venezuela actual y qué le cambiaría Pablo, para poder cantarla desde su flanco, seguramente crítico, a lo que aquí llaman “revolución”.

Estoy segura que, desde los primeros años de este despropósito, el poema-canción hubiese sido diferente, aunque probablemente, hubieran tenido que modificarla, algunas veces a lo largo de estas dos décadas.

De hecho, por el tipo de tortura que describe, ese poema, tal como fue escrito, quizás se podría haber aplicado a mi amigo Germán, un militante de Acción Democrática, al que quiero y respeto muchísimo, que estuvo preso y luego exilado, durante el gobierno de Pérez Jiménez.

Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

Sin embargo, quizás hubiera quedado algo fuerte para cantarla en mi época de estudiante, en la que también había perseguidos políticos y estudiantes detenidos, entre los que, por cierto, predominaban los que secuestraban y saqueaban camiones, quemaban cauchos y tiraban piedras en las protestas. Sí, los que creían y practicaban la lucha armada, buena parte de ellos, eran los que se levantaban religiosamente los jueves, a tiempo, para trancar las entradas de la Central a las 11 am, en su rutina de protesta. Entre ellos estaban, como ya saben, los que hoy nos des-gobiernan.

Pero aunque, hubiese podido quedar algo fuerte, nunca hubiese estado de más cantarla, porque era una forma de denunciar la tortura como práctica que, en aquel momento, como ahora, nos llenaba de indignación, así fueran muchos menos los casos, y las “técnicas” resultaran diferentes.

Y así como no es la primera vez que lloro cuando la canto, tampoco es la primera que la tengo como hilo musical mental. De hecho desde los primeros presos políticos de este gobierno, me refiero a los policías de abril del 2002, entre otros, cada vez que meten a alguien preso, lo secuestran, o lo desaparecen, recuerdo mis tiempos de estudiante y como nos horrorizaban los relatos de los amigos detenidos, que, honestamente, no son ni la sombra de los que hoy conocemos, mientras los versos: “uno no siempre hace lo que quiere, uno no siempre puede…” suenan como música de fondo, en mi cabeza.

Si en los 80’s sentimos indignación, cuando supimos que a Tony lo habían golpeado en la cabeza, con una guía telefónica para que hablara, a pesar, por cierto, de que no tenía nada que decir; y nos indignamos cuando vimos a un par de ex-presos denunciando torturas ante el Congreso de la República, con partes de su abdomen moradas por los golpes recibidos, no hay manera de que no sintamos una indignación mayor escuchando los relatos y conociendo los casos de los presos políticos de esta última década y media.

Pero además de sentir indignación, protestar la arbitrariedad cometida y exigir la liberación de Juan, así como del resto de los presos políticos que existen en Venezuela, tenemos que mirar lo que está sucediendo en todas sus dimensiones e integrar elementos que muchos están dejando fuera de la ecuación, a la hora de analizar, bueno, para una buena parte, a la hora de reaccionar.

“Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.

Y jugué por ejemplo a la escondida
si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.”

Con esta gente en el poder, todos deberíamos saber hoy, que no es necesario golpear para torturar y que la tortura, es uno más de los mecanismos utilizados para fortalecer su control social y político por la vía de la sumisión.

Hay toda una estrategia comunicacional, muy eficazmente orquestada, dirigida a ello.

También deberíamos saber que hay una serie de mecanismos dirigidos a quebrar la dignidad de las personas, con el mismo fin, y para los que no se necesita detener a nadie.

Y como complemento, hay una serie de mecanismos para mantenernos divididos y enfrentados, minando la confianza que es necesaria para la convivencia, como condición ideal para garantizar el éxito de la sumisión, como norma de relación de las personas con el Estado. Esta condición es especialmente útil, para quienes cultivan y se manejan en una lógica de guerra permanente.

Esto, lo deberíamos saber todos después de tantos años, sobre todo, porque lo saben muy bien, quiénes lo usan como método para el control y la sumisión.

En este escrito, no voy a tocar ni el tema de los videos, ni a especular sobre lo sucedido con Juan, en su lugar, voy a sugerir que se lean este artículo de Fernando Mires sobre la tortura: Preso Político.

“demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre”

Lo que sí voy a hacer, es llamar, en este momento, la atención sobre una parte de lo que nos está sucediendo y es que estamos fracturados y en un “atajaperros” permanente. Estamos atrapados en la confrontación múltiple y desbandada.

En lugar de ponernos en los zapatos del otro y comprender, debatir con argumentos, es mucho más fácil atacar e insultar al otro. Parece que es más importante drenar que pensar, descargar que actuar, como si ello nos condujera a una salida. Tenemos quebrada la ciudadanía, especialmente la ciudadanía política y es imperativo, enfocarnos y hacer esfuerzos por reconstruirla.

De hecho, en lugar de escucharnos y comunicarnos, para tratar de construir una salida conjunta, porque cada quien por su lado, no lo podrá lograr, ante el tremendo abuso de poder del que somos sujetos cotidianamente; vivimos pugnando por el poder inútil, el de controlar lo que no tiene impacto, el control del rebaño que está, una parte paralizado por la desesperanza y la otra sumiso por el control y el clientelismo. Una estéril pelea por el poder de controlar el desarticulado espacio de los críticos a este des-gobierno.

Así difícilmente derrotaremos la exitosa campaña propagandística y comunicacional del des-gobierno y podremos llegar más allá de los críticos activos, para ampliar la base ciudadana que garantice una real reconstrucción de esto que hoy llamamos, erróneamente, Venezuela.

Tenemos que asumir que el pluralismo se construye sobre la base de las diferencias. ¿Estamos preparados para ello?

Personal y políticamente, tengo diferencias con mucha gente, pero no puedo apalancarme en las diferencias para profundizar la fractura, ni puedo escudarme en ellas, para que, en lugar de debatir con argumentos, me dedique a insultarlos sin ton ni son, solamente basada en supuestos, o incluso, aunque estuviera basada, legítimamente, en algunos hechos.

(Voy con un ejemplo sencillo, para ilustrar a lo que me refiero: desde hace muchos meses tengo diferencias con las posiciones que Fernando Mires ha asumido, con respecto a lo que está sucediendo en Venezuela, y especialmente con la forma de tratar algunas posiciones críticas entre el liderazgo opositor, sin embargo, lo leo y lo recomiendo, cuando considero que lo que escribe puede ser un buen aporte para entender mejor lo que estamos viviendo).

A esta altura, creo que las últimas estrofas del poema, están embadurnadas del romanticismo de la resistencia, de la época en la que fue escrito, aunque, hoy, ni nunca, hayan sido muy realistas.

Es por eso que, en este momento creo que, tanto Mario como Pablo, harían justicia y omitirían o retocarían la penúltima estrofa del poema. Para mi gusto, quedaría así:

“Llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.

Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos

Llorá
pero no olvides”.
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#NoAlArcoMineroDelOrinoco

Ayer me uní a una campaña por twitter, cuyo propósito era y es, llamar la atención sobre los impactos negativos que tendrá, para el país y para el ambiente, el que se siga avanzando en la errada política de extracción minera, que se adelanta en el denominado “Arco Minero”, en Venezuela.

Cuando me decidí a participar, pensé en que la mejor forma de ayudar a visibilizar la situación, era compartiendo, en un hilo de tuits, algunos de mis recuerdos sobre la explotación minera en el país, de cuando hice mi tesis de grado.

Es probable que muchos de los que me conocen sepan que me gradué en la Universidad Simón Bolívar, de Urbanista en 1991, aunque buena parte no sabrá que recién graduada hice algunos trabajos de consultoría vinculados a estudios de impacto ambiental y que hice la tesis en un poblado minero.

Estudiar Urbanismo te da una perspectiva muy particular del ejercicio profesional, no importa en el área en el que termines desarrollándolo. Pero además, en este caso, haber vivido esa experiencia en Las Claritas, hace décadas, me permite poner en perspectiva lo que puede suceder con el Arco Minero, de seguir con la política que se está impulsando.

A continuación, y para que no quede perdido en un montón de tuits sobre diversos temas, les copio el hilo con la etiqueta #NoAlArcoMineroDelOrinoco, con un par de notas adicionales para poner en contexto la experiencia.

El hilo:

Hice mi tesis de grado, en un asentamiento minero al sur del Estado #Bolívar y pude ver en primera línea, los impactos de la extracción de oro: contaminación de ríos, de peces y de personas (por mercurio), y desforestación de grandes extensiones
#NoAlArcoMineroDelOrinoco

Cuando hice mi tesis, en ese asentamiento minero al sur del Estado #Bolívar, pude ver la cara de desesperanza de los mineros, el descuido de quienes manejaban concesiones y comerciaban la extracción, así como el abuso de poder de militares
#NoAlArcoMineroDelOrinoco

Condenar a la gente de la zona a la miseria y a las consecuencias para la salud de la contaminación, por la ilusión de la extracción, es irresponsable. Condenar al país a las consecuencias de la contaminación, también es irresponsable. #NoAlArcoMineroDelOrinoco

La extracción de minerales, como actividad productiva de un país, debe ser solo considerada, en la magnitud y bajo las condiciones que garanticen los mínimos impactos para la población y el ambiente. Lo demás, es irresponsable y debería ser delito #NoAlArcoMineroDelOrinoco

#BTW Nunca olvidaré al Sr que fue diagnosticado con contaminación de mercurio y se lo cotorrearon diciéndole que, como el mercurio precipitaba, sólo esperarían a que se le depositara en los pies, que luego se lo extraían abriendo un hueco en el pulgar #NoAlArcoMineroDelOrinoco

Tampoco olvidaré a la familia con rostros famélicos por el hambre, que vivían gracias a que la Sra planchaba ropa y que justificaban sus condiciones de vida, diciendo que “así era la fiebre del oro”
#NoAlArcoMineroDelOrinoco

Un domingo despertamos escuchando noticias. Era la regente del prostíbulo que leía la prensa por unos parlantes para que la gente estuviera informada. Ella fue secretaria de un militar, que la estafó robando las ganancias del “negocio” y la dejó varada
#NoAlArcoMineroDelOrinoco

Otra cosa que jamás olvidaré y que me impactó demasiado, fue la irresponsabilidad en el manejo del mercurio que había, no sólo en las minas, sino en las “compras de oro”, donde abiertamente quemaban lo extraído para evaporar el mercurio y pesar el oro
#NoAlArcoMineroDelOrinoco

PS: la tesis fue una experiencia en equipo con una gran amiga y, obviamente, también Urbanista, que se llama Dafne Gil y en una de las salidas de campo, nos acompañó un rato, otro gran amigo, biólogo y fotógrafo, Inti Suárez, quién viajó con nosotras a tomar fotos. En aquel momento, no existía este tipo de medios, pero estoy segura de que, de haber existido, hubiéramos hecho una especie de bitácora en línea, llamada algo así como ” Las Claritas, otro mundo”.

PS2: Cuando Dafne y yo apostamos por tomar un asentamiento minero como caso para nuestra tesis, la primera reacción de la coordinación de la carrera, fue negarnos la propuesta, argumentando que los asentamientos mineros siempre eran temporales. Cuando llegamos a las Claritas, encontramos muchos ranchos de zinc, pero también casas de ladrillo, muy bien hechas y pintadas -una adornada con flores azules de plástico en las columnas de madera de la entrada-, la mayoría tenían las puertas abiertas y se podía entrar sin tocar, directo hasta la sala; comercios de diversos tipos, incluyendo las compras de oro, abastos y bares -y el prostíbulo que mencioné en uno de los tuits-; una sede de la CVG-Tecmin en la que funcionaban las oficinas y las residencias de los trabajadores que hacían la “supervisión” en las minas; y en lo que podría ser la zona central del asentamiento, había una medicatura, una iglesia y una escuela, que fueron construidas por el dueño de la concesión, antes de la llegada de la CVG, que se mantenían casi en perfecto estado; y muchos habitantes de larga data, algunos tenían hasta 13 años de residencia en el poblado.

PS3: También tuvimos la oportunidad de visitar y conversar con los habitantes de un par de asentamientos pemones ubicados cerca de Las Claritas y conocer algo de su perspectiva sobre lo que estaba sucediendo en la zona.

#DialogoDiaAntes #6D

¿Alguien sabe qué han dicho los “representantes” del gobierno en la mesa de sobre mañana?

Pensando en ellos, les dejo el texto de una serie de tuits que acabo de enviar:

A esta hora, muchos piensan que el gobierno no cree en el diálogo y sólo lo usa para ganar tiempo. Es lógico pensar así.

Pero más allá de si creen en el diálogo o lo usan, la pregunta es si los que participan por el gobierno en ese proceso, son actores válidos realmente.

Un diálogo efectivo, se da entre actores que se reconocen mutuamente y que son capaces de hacer cumplir lo que acuerdan.

Hasta ahora, los actores del gobierno en la mesa, han demostrado que no son capaces de cumplir con los acuerdos.

Algunos representantes del gobierno, hasta han declarado que no les corresponde hacer cumplir parte de los acuerdos.

Cuando voceros del gobierno declaran que no les corresponde hacer cumplir los acuerdos, ¿engañan o es que no pueden? Porque si pueden engañan y si no pueden, poco o nada hacen en la mesa y es necesario que se sienten los que si pueden hacer que los acuerdos se cumplan.

Vivimos una crisis que requiere de medidas coyunturales inmediatas, pero también medidas a corto, mediano y largo plazo.

La gravedad de la destrucción institucional y del desmantelamiento de la economía y los sistemas sociales no tiene precedentes.

La reconstrucción institucional y sistémica requiere reconocer los problemas, su magnitud y sus causas. Requiere la adopción de acuerdos entre los diversos sectores sociales y políticos que hacen vida en el país. Requiere que esos sectores se reconozcan como interlocutores y sean actores válidos con capacidad de acuerdo y acción.

Si alguna de las partes está constituida por actores sin capacidad de acuerdo y acción debe reconstituirse.

Otra condición es que los actores reconozcan que existen problemas, e identificarlos y enunciarlos conjuntamente; y que asuman que una vez reconocidos y enunciados conjuntamente, es imprescindible llegar a acuerdos para solucionarlos.

Durante el proceso, la honestidad de las partes es fundamental y es contraproducente generar falsas expectativas en la población.

Las partes deben hablar al país con claridad sobre las soluciones y las condiciones y dificultades para construirlas. Reconocer y comunicar la magnitud de los problemas y las dificultades para encontrar soluciones viables, es vital. Pero también es vital reconocer y comunicar los obstáculos que se encuentren para construir acuerdos e instrumentarlos.

Aquí, las dificultades incluyen el desarme de grupos para-policiales y para-militares y el desmantelamiento de mafias.

Hay que hablar muy claro, sin generar falsas expectativas sobre una ruta que incluya desde coyuntura hasta largo plazo.

Sin actores válidos, reconocimiento de problemas y acuerdos conjuntos, todo esfuerzo, más temprano que tarde, se perderá.

Entonces, Señores del gobierno ¿van a seguir con el manguareo? ¿tienen la capacidad real de sentarse a dialogar y cumplir lo acordado?

Señores de la MUD, ¿van a hablar claro al país sobre magnitud y complejidad de problemas y van a presentar la ruta coyuntura-largo plazo?

#1S sólo será un paso más en el foso

Hoy me llegó, por un DM en Twitter, este mensaje: “El #1S COMIENZA EL FINAL https://t.co/78DL6xSEqU

Les dejo aquí mi respuesta ampliada:

El #1S no comienza el final de nada. 

El final del país comenzó en los 90s con el desmoronamiento de los partidos, el auge del clientelismo, el inicio de la corrupción, el aumento de la prepotencia ciudadana que pensó que podía vivir sin los partidos, la continuación de la prepotencia militar que siempre ha creído que los gobiernos civiles son una concesión temporal a un sector de la sociedad que no tiene con que gobernar, y con la consolidación de la alianza entre partidos de izquierda radical con la guerrilla -y sus infiltrados en la FA- que le dio fuerza a la idea de tomar el poder por las armas, en lugar de acceder a él por la vía democrática.

Evitar que el país termine de morir de mengua y reconstruirlo, requiere más que una toma, la realización de un referendo y un cambio de gobierno. 

Sacar a Venezuela de este foso implica un trabajo largo y arduo que incluye reconstrucción institucional y reconciliación nacional.

Reconciliación nacional, reconocernos como iguales más allá de la diversidad y las diferencias, iguales en derechos y en deberes y más que “tolerar” la presencia del otro en el territorio nacional, aceptarla y hacer esfuerzos sinceros de integración y convivencia.

Reconstrucción institucional, es decir, la reconstrucción de las reglas que estructuran el funcionamiento de la sociedad y la depuración de las organizaciones que las implementan y controlan, y comienza con un cambio de actitud en ciudadanos, dirigentes políticos y militares, sobre su responsabilidad en lo que sucede cotidianamente en el país y como se relaciona eso con su conducta diaria. 

Ese cambio de actitud pasa, por cierto, porque se dejen de vender ilusiones para romper con la desesperanza de la gente y lograr que participe masivamente en manifestaciones, recolección de firmas, referendos o elecciones.

Vender ilusiones como “El #1S COMIENZA EL FINAL” o como que una vez revocado Maduro Venezuela despegará y estará boyante en un año, sólo alimenta el imediatismo que tanto nos caracteriza, y nos hace daño, como sociedad.

Si marcho el #1S, será para exigir al #CNE que cumpla con la ley y deje de sabotear el Revocatorio, pero también, por el cambio de actitud que Venezuela necesita en todos sus militares, políticos y ciudadanos. 

Sin ese cambio de actitud, el #1S sólo será un paso más en el foso, en el que ya caímos y nos estamos hundiendo.

Ni Dios, ni la FA: A propósito de audios, cuentos, rumores verdes y creencias religiosas!

A ver, la FA tiene un rol.  Si lo cumple, como es su deber, hace lo correcto.

Me preocupa la tendencia al endiosamiento de quienes hacen el trabajo por el cual le pagamos y me aterra el gen del “militar salvador” que tanto daño nos hace como país.

La FA tiene que hacer su trabajo y no está entre sus funciones reconocer o desconocer ningún resultado electoral.

Por otra parte y con mucho respeto a las creencias religiosas de cada quien. Como dije ayer, el tiempo de Dios es perfecto, pero el tiempo del país es el de los ciudadanos y depende de nosotros.

El 6 de diciembre, ni Dios ni la FA. Debemos asumir de una vez, que este fue un proceso civil, con un gran triunfo ciudadano. Y lo que pase de ahora en adelante, seguirá dependiendo de todos nosotros.

¡Todos a ROREPEAR!

Los que hemos hecho mucho y reiteradamente, seguiremos haciendo y revisando lo hecho, para hacerlo mejor (cualquier detalle que podamos identificar como mejorable, es importante y seguro encontraremos muchos, porque si no hiciera falta cambiar, la historia y el país serían otros) reenfocar y afinar, es imprescindible.

Los que han hecho mucho, pero aplicando ventajismo y replicando lo que dicen querer cambiar,  tendrán que seguir haciendo, pero radicalmente diferente, comenzando por cambiar su actitud y asumir su responsabilidad. Recuerden que el fin no justifica los medios, sino que los medios determinan la cualidad de lo que alcanzan. Si quieres un país sin trampas, no las uses para llegar a él.

Los que critican y se quejan mucho, pero actúan poco o no actúan, tendrán que actuar más y criticar menos. Asumir su responsabilidad y las consecuencias de su acción (no actuar es actuar por omisión, implica responsabilidades y tiene consecuencias)

Todos, sin excepción, tenemos algo que cambiar y mejorar, si queremos que el país cambie. Ahora, como le dije a un amigo que me preguntó por tuiter qué hacer, a todos nos sale “rorepear”

Rorepea: Respira, organiza, reflexiona, extiende, puentea, expresa, actúa!

Respira,
organiza,
reflexiona,
extiende tus redes,
puentea, con quien difieres
expresa,
actúa.

¡Todos a ROREPEAR!

Venezuela nos necesita a todos…

Me temo que las reacciones al discurso que Lorenzo Mendoza dio a los trabajadores de su empresa y que alguien socializó en las redes, responde más a una combinación de la necesidad de que aparezca el nuevo “líder indiscutible” o “salvador de la patria”, con la falta de reconocimiento al otro y de valoración a la diversidad, que implica todos podemos pensar diferente, y que tenemos derecho a hacerlo y a expresarlo; más una tendencia a la lectura, de hechos, textos y mensajes, descontextualizada y a la necesidad, también obvia, por supuesto, de no querer sentirse juzgado, por una parte, y de sentirse comprendido por todos y poder expresar la frustración y profundo dolor por lo que estamos viviendo y por la decisión que al respecto tomamos, sea emigrar o quedarnos.

Creo que lo más importante, en este caso, es que cada quién -los que se fueron y los que se quedaron, los que aplauden lo dicho por Mendoza atacando a los que se fueron, pero también los que atacan a Mendoza por lo dicho- evalúe su reacción y comprenda, asimile y procese sus causas, para que el debate que a raíz de ésto pueda darse, sea de mayor provecho para todos.

Creo también que es natural emigrar, que en ciertos momentos y contextos, es deseable para enriquecer nuestra formación y vivencias, como bien dijo la querida Kira Kariakin en su Facebook. Que en otros contextos, como el que vivimos ahora, también es lógico hacerlo por múltiples razones y que muchas veces emigrar, en momentos así, abre una ventana de ayuda para las familias, para la parte que se queda, que, desde otro país, puede ser apoyada y ayudada por quienes deciden emigrar. Eso lo debería tener muy claro este país, en el que la mayoría de la población somos bi – nacionales de primera, segunda o tercera generación.

Pero también creo que ni emigrar ni quedarse, son sinónimos de amor al país, que podemos hacer mucho aquí o desde fuera, y aún más, creo que no logramos nada quedándonos, sin hacer algo efectivo por la reconstrucción de la ciudadanía y de la nación. Sobre eso, sobre nuestra capacidad de comprender, nuestra capacidad de reconocer al que piensa diferente y respetarlo, sobre nuestras expectativas de futuro, nuestro papel y el tipo de cambio y liderazgo que esperamos y aspiramos; sobre nuestras reacciones y sus causas, sobre nuestros dolores, nuestras heridas personales y colectivas, sobre como drenar y sanar; y sobre nuestras acciones cotidianas y sus consecuencias en la construcción del país que tenemos y el que queremos, podrían girar muy bien nuestras reflexiones e intercambios a partir de lo dicho por Mendoza y sus secuelas.

Eso sería un gran avance.

Drenando ando…

“¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana!

Cuando vi la cara eufórico-arrecha de la señora que me gritaba esa consigna como respuesta a mi planteamiento, entendí que estaba perdiendo el tiempo”

Hoy tenía una cita con mi tocaya OlgaK () en los Palos Grandes. Como hacemos desde que nos conocimos, hace tanto tiempo como el que tiene este gobierno en el poder, nos citamos para conversar e intercambiar impresiones sobre lo que está sucediendo. La amistad de OlgaK es una de las grandes adquisiciones que debo a esta etapa política de Venezuela.

Camino a la cita, llegando al distribuidor Altamira, saqué mi celular, a riesgo de un robo o una multa, para fotografiar una cantidad impresionante de vehículos oficiales, identificados como “Unidades de Patrullaje Inteligente” que estaban estacionados en la zona del módulo en el distribuidor y en la esquina del Banco del Libro, subiendo hacia Altamira. Un poco más adelante, en la cola que estaba armada antes de llegar a la Plaza Francia, las monté directamente en twitter. (Fueron 3 tuits, aunque sólo dos llegaron a salir, y los podrán ver, con fotos, en mi TL @olgaramos)

Estando estacionada en la cola, se me acercó un muchacho a entregarme un volante sobre la protesta que estaba adelante. Bajé el vidrio y me fijé, en la distancia, que una camionetica por puesto que tenía rato viendo, parada en la Francisco de Miranda, aún no había cruzado la protesta, por lo que le comenté al muchacho, que entendía la protesta, pero que era importante pensar en esa gente que iba en la camionetica que, seguramente, mucha de ella se había levantado a las 4 de la mañana para llegar a su trabajo y garantizar la comida de sus hijos ese día, y que a esa hora iba de regreso a su casa, cansada, quizá sin comer bien, parada en esa camionetica con fatiga y que así no les iba a llegar el mensaje que querían comunicar con motivo de su protesta y mucho menos iban a poder ganárselos para la lucha. El chico, muy amablemente, me dijo que entendía, pero que los muchachos que estaban en la intersección estaban haciendo un embudo y decidían cuando pasaba la gente.

El chico siguió haciendo sus entregas y yo seguí estacionada en mi cola.

En eso pasaron dos chamos que parecían estudiantes. Los llamé y les pregunté que si estaban en la protesta. Como me dijeron que sí, comencé a comentarles lo mismo que a su compañero, utilizando de ejemplo la misma camionetica que aún no se había movido. Estos dos me miraron con cara de “¿qué le pasará a la vieja esta?” y cuando insistí en que era importante lograr la empatía con la gente, uno de ellos señaló la trompa de mi carro, vi que el carro de adelante se había movido un metro y me dijo, en tono de burla, “fíjese, Usted está trancando el tránsito, muévase”, se dio media vuelta, chocó los 5 con su amigo y ambos se fueron riendo calle abajo, en dirección a la Torre Británica.

Adelanté un metro, al rato apareció otra chica y un poco más atrás había otro muchacho haciendo lo mismo, repartiendo el mismo volante a los carros, cuando ella se acercó a mi ventana, adivinen lo que hice: le expliqué de nuevo la importancia de generar empatía con el que piensa diferente, les comenté, ya a ambos, porque el otro muchacho también se acercó, que pensaba que muchos de los que no estaban en la lucha no eran precisamente indiferentes y que había que buscar formas más creativas e inteligentes de llegarles. Les propuse que, en lugar de hacer el embudo trancando el paso, que podrían dejar un canal abierto para que pasaran más rápido todos, en especial las camioneticas, autobuses y metrobuses y que ellos podrían irse a 5 cuadras de la plaza, montarse en las unidades de transporte, repartir directamente en las unidades los volantes a las personas y conversar un poco con ellos, para generar acercamiento y bajarse cuando llegaran a la plaza para mantener su punto de protesta. La chica me dijo que era usuaria de las camioneticas y que entendía como se podían sentir esas personas, por lo que le dijo a su compañero que le parecía razonable mi lógica y se fue a la esquina a hablar con otros muchachos.

Como no tenía otra cosa que hacer, mientras estaba en la cola, me puse a hablar con estudiante, joven y manifestante que tuviera cerca, hasta que finalmente llegué a la intersección. Allí, como me quedé en la mitad sin poder avanzar, comencé a conversar con tres personas de las que estaban en la calle. A ellos les comenté la importancia de la empatía, les dije lo mismo que a los anteriores, pero esta vez no corrí con tanta suerte y los señores, esta vez no eran muchachos, comenzaron a increparme. Les expliqué que tenía muchos años en ésto y que a mi no tenían que convencerme de la importancia de la protesta, pero ellos seguían subiendo el tono y terminamos discutiendo a todo volumen. Uno de los manifestantes argumentaba que si la gente que iba en las camioneticas se paraba a trabajar a las 4 am, y estaba agotada a esa hora, que él se había parado a manifestar a las 5 am. Confieso que aún no entiendo la lógica de su argumento.

En medio de la acalorada discusión, unas mujeres comenzaron a corear, con cara de arrechera y mirándome: ¡Y no, y no, y no me da la gana, una dictadura igualita a la cubana! Como dije al principio de este escrito, cuando les vi la cara, entendí que estaba perdiendo mi tiempo, no era esa la manera, ni el lugar de llegarles, por lo que me monté en el carro para irme. Esperando que se abriera el paso, ellos seguían gritando y me chocó un motorizado, que siguió como si nada. Obviamente, me bajé molesta a ver lo que le había pasado a mi carrito y en ese momento, un grupo de estudiantes se acercó y pedí conversar con ellos de nuevo.

A pesar de que entre ellos seguía el Sr que argumentaba que él estaba ahí desde las 5 am y, en ese momento me dijo que si ya sabe que hay protesta, “no suba a esta hora por aquí”; en esta última conversación dos cosas marcaron la diferencia: la primera de ellas, fue la actitud de uno de los estudiantes que mostró estar abierto a escuchar y me dijo que entendía mi punto de vista, que ellos estaban haciendo las cosas como creían correcto, pero que obviamente que cometían errores, y que estaban trabajando para mejorar. Él, como los muchachos de antes, los estudiantes (salvo los dos resabiados burlones), tenía una actitud respetuosa de las diferencias y la disposición a conversar con argumentos. A él, como a los otros, agradezco muchísimo su actitud.

La otra cosa que marcó la diferencia y que fue la que realmente calmó a los que seguían cayéndome a gritos para tratar de “convencerme” no sé exactamente de qué, fue que una señora de las que estaba en la manifestación, se acercó y me preguntó: ¿Usted es la de educación, verdad? y yo le dije que sí, a lo que ella se volteó al grupo y les dijo, ella es la de educación, y algo así como que ella es de los nuestros y le ha echado muchas bolas. Agradezco muchísimo también a esa señora, por su amabilidad, pero me preocupó notablemente que no fueron los argumentos ni la actitud abierta del estudiante lo que calmó a los eufórico-arrechos. Si no llego a ser “la de educación”, sino cualquier otra persona, los argumentos no hubiesen valido de nada para el resto de los manifestantes y esa persona hubiese tenido que marcharse con los gritos a cuestas y callarse ante la arbitrariedad de los exaltados.

Al llegar a la Plaza de los Palos Grandes, le comenté lo sucedido a mi tocaya y también le narré como el día que se paró el metro por un daño en un riel y tuvieron que prestar el servicio mediante autobuses de PDV y metrobuses, pasó algo similar; aunque esa noche sólo discutí con una amiga que insistía que era suficiente con lo poco que los dejaban pasar, porque, para ella, el gesto era que los dejaran pasar de vez en cuando.

Le comentaba a mi tocaya que conversé sobre ello con algunos de los presentes, y que me había puesto en el lugar de los que venían parados en las unidades de transporte para tratar de imaginar lo que podían haber sentido al ver a un pocotón de manifestantes detener el tráfico, pensando en lo cada vez más riesgoso que podría ser atrasar la hora de llegada a su zona y el trayecto entre la estación del metro a su casa, que para muchos de ellos, llegar a pie a sus casas, a partir de cierta hora, literalmente, pone en riesgo sus vidas.

Pensé además, en cómo se sentirían rodeados por un grupo grande de manifestantes que les gritaban consignas y me imaginé que me pasara algo similar pero en medio de una manifestación del oficialismo, que sabiéndome opositora o suponiéndome “indiferente”, trataran de convencerme a pleno grito, de que debía pensar como ellos y bajarme del bus para unirme a su lucha.

Pensé en que una “invitación” eufórica y a gritos, probablemente podría producir miedo en cualquiera y en el mejor de los casos, rechazo.

Hoy, experimenté en carne propia, lo que puede sentirse recibiendo ese tratamiento, pero identificándome como opositora en una manifestación en la que un grupito estaba ganado por ese tenor. No puedo imaginar el temor que pueden sentir los no alineados, los desconfiados, los indiferentes y los oficialistas, experimentando como tales, una situación similar.

Esa noche fue muy reveladora. Tuve también otra imagen que me dejó preocupada, sobre todo porque no era la primera vez que la tenía, aunque esta vez identifiqué algo con lo que poder ilustrarla.

A esa hora, era ya de noche y había mucha gente en la Plaza Francia.

Había una clase de medicina, espectacular, no sólo por el tipo de protesta, sino por el excelente profesor que la daba; había grupos haciendo oración y recordando con respeto a los asesinados durante los largos días de protestas; había gente mirando y había gente manifestando.

La mayoría de los manifestantes estaban congregados en la esquina sureste de la plaza. En ese nutridísimo grupo, me llamó poderosamente la atención la cantidad de personas que estaban con pancartas sólo mostrándoselas a los otros que también estaban mostrando sus pancartas, en algunos casos, los más desafortunados, se las mostraban solamente a las espaldas de las personas que estaban delante de ellos protestando, con o sin pancartas.

Muchos de los manifestantes gritaban consignas, algunos lo hacían eufóricos. Mientras estuve allí, vi con mucho interés cómo había manifestantes que se acercaban a los autobuses y les pintaban SOS Venezuela, entre otras cosas, en las ventanas, debo confesar que se veían especialmente simpáticos los autobuses de PDV con esas pintas.

Tomé una foto de un metrobus luciendo un SOS Venezuela en su parabrisas y la subí a twitter con la leyenda “interesante…”.

Pero como les comenté hace poco, me preocupaba la cantidad de gente parada en los autobuses que estaban atrapados en un tráfico detenido por una protesta.

Pensaba en ellos y también en los eufóricos -los eufóricos-arrechos y los simplemente eufóricos-, pensaba en el encuentro de esas dos realidades y lo que podían estar sintiendo los que pensaban diferente atrapados en un autobús, rodeados de gente gritando consignas a esa hora de la noche, y, por alguna razón, me acordé de los trabajadores de los peajes de las autopistas -cuando existían peajes, se cobraba por transitar y el cobro se mediaba con la entrega de una tarjeta (seguramente muy pocas personas recuerdan los peajes y las tarjetas).

La imagen que me asaltó desde mis recuerdos, fue la de una de las tantas largas y lentas colas que se formaban en el peaje de salida de Caracas o el de llegada a Valencia, en la que los trabajadores salían de la caseta y comenzaban a abanicar frenéticamente la tarjeta que tenían en la mano, como si con ese sencillo acto, contribuyeran a aligerar y progresivamente eliminar la cola, mientras para cualquier espectador atrapado en la cola sin poder moverse, o avanzando muy lentamente en su carro, se trataba sólo de una imagen inexplicable, una persona blandiendo una tarjeta al viento, derrochando energía inútilmente, drenando adrenalina para sentirse que podía contribuir efectivamente con su trabajo. (Para quiénes no recuerden esa época, basta con que piensen en un fiscal de tránsito, agitando su mano y sonando su pito, en medio de una tranca…)

Y fue justamente esa imagen la que le comentaba a mi tocaya que me impresionó más de aquella noche y que la he visto repetidas veces a lo largo de estas protestas, la imagen de gente que en lugar de enfocar sus energías en acciones creativas, que puedan generar empatía, que tengan un objetivo claro, derrochan sus energías drenando su rabia, su indignación por lo que todos los días sucede y su impotencia ante un gobierno que cada vez hace más derroches de abuso de poder.

Y está bien drenar de vez en cuando, porque somos seres humanos y es sano drenar, pero hay formas y lugares para drenar y la protesta no puede convertirse en uno permanente para ello.

Quiero llamar la atención sobre ésto, porque es importante que se entienda que hay una diferencia abismal entre enfocar la energía en la protesta, pacífica, constructiva, generadora de una salida viable para Venezuela y enfocarse en drenar la rabia y la indignación, corriendo entre otras, el riesgo de echar para atrás a gritos, lo que otros construyen con mucho esfuerzo, que es generar ese espacio de empatía con el que piensa diferente o con el que coincide con nosotros en los motivos, pero no comparte nuestra lucha o nuestra forma de protesta; y también porque tenemos que entender que la lucha es por la democracia, no en contra del que muchos denominan “indiferente”, o de aquel que, por la razón que sea, no nos acompaña en la calle. Tenemos que entender que a todos ellos, nos los tenemos que ganar con perseverancia e inteligencia.

Inteligencia como la que, por ejemplo, se desplegó ayer en la Plaza Brión de Chacaito, con la actividad promovida por los estudiantes y denominada: El que va ganando no tranca la mesa.

Gritarle al otro “despierta”, “reacciona”, “indiferente”, en lugar de sumar, resta.

Generar empatía, construir un espacio de lucha común y superar la tendencia al “drenando ando”, de cada uno de nosotros depende.

Una nota al margen, no tan al margen:

Como dirigente estudiantil que fui en mis tiempos universitarios, creo en los jóvenes de los liceos y de las universidades, creo en su capacidad organizativa, en su capacidad para analizar política y estratégicamente las luchas y trazar rutas creativas, acertadas y empáticas. Creo que son interlocutores válidos y valiosos para cualquier dirigente político de trayectoria, así se lo he hecho saber a algunos amigos que se me han acercado a plantearme la necesidad de “hablar con los muchachos” para “orientarlos”.

Porque creo en ello, cuando converso o discuto con alguno de ellos, los valoro como actores políticos que son y me dirijo a ellos de tú a tú, como pares, como ciudadanos que son, en ejercicio legítimo y valioso de sus derechos políticos y ciudadanos. Espero lo mismo de ellos y de cualquier ciudadano.

Con ellos, como con cualquiera de nuestros representantes electos, o los diversos líderes políticos que hoy tenemos, soy exigente, porque creo en un liderazgo político serio y diferente.

Creo que todos tenemos la responsabilidad y el deber de hacerlo, de tratarlos como líderes y ciudadanos que son, de plantarnos a su lado, de tú a tú, de discutir sobre lo que está sucediendo y la forma que están tomando las acciones de calle, todas, las que nos parecen creativas y las que consideramos pueden convertirse en un error; tenemos la responsabilidad y el deber de hacerles saber que hay muchas muestras de madurez, creatividad e irreverencia en sus acciones de calle, pero también que aún deben discutir más para consolidar la unidad de sus grupos, porque en estos días se aprecian algunas obvias divergencias.

Tenemos la responsabilidad y el deber de debatir con ellos y construir juntos la lógica y el tenor de esta lucha. 

Y tenemos la responsabilidad y el deber de exigirles a ellos, al liderazgo social y al político partidista, que se sienten juntos a debatir y a construir una salida política viable para Venezuela.

 

 

 

¡Caballos de hierro sitian la ciudad!

El año chino del caballo, comienza con una manada de caballos de hierro sitiando la ciudad.

Hoy la ciudad está revuelta, asustada. El país está enredado tratando de procesar el potencial de los motorizados como comunidad, con sus propias reglas, que es capaz de organizarse y protestar.

Motorizados Unidos de Venezuela se llama la organización que se hizo vocera de la protesta de este viernes.

Su vocero dijo cuatro cosas en sus declaraciones (*) que no podemos perder de vista:

1. “Hemos sido punta de lanza de este proceso, muchas veces hemos tenido choque con la oposición en los momentos políticos que se han dado en Venezuela”

2. “Nos ponen como interlocutor a Gerardo Blyde junto con Capriles Radonski, para que tome una decisión en contra de los motorizados bolivarianos”

En estas dos primeras afirmaciones es obvia la distorsión de lo que sucede. Un problema que es de seguridad y que está abordado por las autoridades con competencia para ello, es planteado como un problema partidista, para el que esta organización pretende “escoger” a sus interlocutores.

Las otras dos afirmaciones, tomadas de la misma fuente:

3. “Nosotros en la calle podemos dar buenos resultados,  tenemos planes de seguridad e inteligencia”

4. “Somos los que estamos en la calle, sabemos cómo,  cuándo y hasta quiénes cometen los delutos”

También presentan una distorsión del problema y la institucionalidad asociada. Los cuerpos de seguridad del Estado son los encargados de los planes de seguridad e inteligencia, pero ellos, los motorizados oficialistas, que son los que están en la calle -ambas cosas dichas por su vocero- tienen sus propios planes. ¿Qué significa ésto para la institucionalidad y en qué se traduce para la seguridad ciudadana? ¿Será que alguno piensa que los ciudadanos tendremos que acudir a ellos cuando uno de sus colegas motorizados no ataque, nos robe o golpee nuestro carro, o cuando saqueen una gandola como la del distribuidor de Los Ruices,  con la muerte del conductor incluida?

Pero la última afirmación es la más grave de todas: ellos saben “hasta quienes cometen los delitos” y me pregunto, ¿lo saben y no lo han dicho a las autoridades? ¿su ética revolucionaria permite que contribuyan con la seguridad, señalando a los que cometen los delitos?

Ellos, como atienden a su propia lógica y enfoque del problema, entregaron un documento al INTT, con exigencias sobre la regulación de horarios y seguridad. Ellos escogieron a su interlocutor, para que les garantice incidir en las decisiones.  No respetan los canales institucionales, pero dicen llamar al “diálogo”. En otro medio, se dice que “los motorizados elevan su voz por la pacificación y una mejor patria”. (**)

Habrá que preguntarles qué significa eso para ellos y si no recuerdan el reglamento parcial de la Ley de Transporte y Tránsito Terrestre promulgada por Hugo Chavez en octubre de 2010 (GO 39.771), en la que se regulaban los términos de circulación de motos y se prohibían cosas obvias, como no circular por las aceras o llevar menores de 10 años en moto, que son cosas que vemos a diario, tres años después,  en la ciudad.

También habrá que preguntarles como calza su visión de “pacificación y mejor patria” con la acción de los motorizados en Ocumare del Tuy, el pasado miércoles, que “protestaban” por el “ajusticiamiento” de uno se los promotores del Movimiento por la Paz y la Vida, portando armas, en una acción que los habitantes denominaron como un “toque de queda hamponil”. (***)

Estas protestas, y esta visión distorsionada del problema y su institucionalidad, es producto de las reglas de juego que los motorizados han “construido” con el poder de turno, para garantizar el binomio adhesión- complacencia.

Esas reglas informales son ilegales, en la mayoría de los casos, y algunas, violatorias de la Constitución,  pero son tan reales como cualquier otra y ese es un gran problema a resolver, por la distorsión institucional fraguada esta última década.

Estamos, como país, entrampados  en las consecuencias de un populismo-autoritarismo, que pretende esconderse en la ilusión de “democracia participativa”.

Pero nos toca lidiar con ello y re-construir una visión del problema y de la institucionalidad relacionada, de manera urgente, pero señores motorizados oficialistas, respetando la institucionalidad, sin amenazas y menos frente a sus armas.

(*) Ultimas Noticias
(**) Venezuela al Día
(***) Toma de Ocumare del Tuy

PS: esta mañana, 01022014, encontré este relato que describe al motivo de la protesta de Ocumare, en sus propias palabras. Al leerlo me pregunto, si ese es el tipo de planes de seguridad al que se refirió el vocero de la protesta de motorizados de ayer en Caracas: “Nosotros somos más malos que el hampa”

PS2: responsablemente modifiqué la referencia (***) debido a que la fuente citada inicialmente, contenía una foto que no se correspondía a ese día.

Un par de referencias más de lo que ha vivido Ocumare en estos días y que nos hace reiterar la pregunta: ¿eso es lo que estos grupos entienden por planes de seguridad, por pacificación y por patria nueva?

En El Nacional

En El Universal