Socialismo cristiano, revolucionario y chavista

Hoy se presentó, a través de una cadena nacional, el regreso a clases como una gran fiesta con música en vivo incluida.

El evento constituyó una amplia propaganda de “la realidad del país y del sistema educativo” a través del lente gubernamental. 

En la muestra: pocas escuelas, grandes anuncios y peculiares firmas y “ejecútense”, sirvieron de marco para el tejido o reconstrucción de la narrativa de la “revolución bolivariana”. 

De dicha narrativa, se pueden identificar como los mensajes de fondo más resaltantes:

1. Reconstrucción de la imagen de Nicolás como el presidente humilde, en sintonía con el pueblo y abrazado por los niños, que es galardonado con un gorro de cocinero, por las madres procesadoras.

2. El afianzamiento de la ANC como instancia “legítima”, al hacerse acompañar en el recorrido de la cadena,  por dos “constituyentistas”.

3. La consolidación del “poder de la pareja presidencial” y la exaltación de Jaua como figura clave para el “proceso revolucionario”, especialmente en la formación de valores a través del sistema educativo. 

4. El relanzamiento del pensamiento “ideológico” del grupo en el poder, al asumir su religión-política “formalmente” como referente ideológico, rebautizándolo como “Socialismo Cristiano, revolucionario y chavista” (bueno, con algunos adjetivos adicionales que se me escapan); manteniendo al denominado “comandante eterno” como figura central, a Maduro como su hijo y heredero; y reiterando el “Chávez Vive”, como consigna y saludo.

5. La presentación de una nueva alianza: la unión espiritual-militar encarnada por un cura y un militar en cadena nacional. Ésta nueva “unión” ratifica el carácter militarista del grupo en el gobierno, ya que, además del lenguaje recurrentemeente empleado por los voceros gubernamentales y de las figuras estructurales como la “guerra popular prolongada” incluida en el “Plan de la Patria”, todas las alianzas que se construyen, son denominadas “sector x”-militar.

6. La ratificación del paternalismo como relación “Estado-Sociedad”, que “garantiza” el bienestar de la población, a cambio de sumisión y de una relación clientelar, materializada, en este momento, a través del “carnet de la patria”; retribuida con votos, lealtad partidista y participación en manifestaciones y actos de propaganda, y que excluye a todo el que no participe en ese arreglo.

Esta es la narrativa de hoy, contra ella compiten todos los grupos críticos y opositores para llegar a los sectores beneficiados, ampliar sus audiencias y revelar la situación real de Venezuela, ante el resto de los países de mundo.

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A falta de pan… ¡guerra!

Cuando tenía 3 años mi familia se mudó a Villa de Cura, en aquel momento, la puerta del llano, pueblo fundado por Juan de Bolívar y Martínez de Villegas -o Bolívar y Villegas para nosotros los villacuranos, y abuelo del Libertador para los libros de historia.

(#BTW cada vez que releo algo de la vida de Simón y su familia, -como hice ahora para recordar el nombre completo de su abuelo-, no puedo evitar preguntarme si alguno de los que está o ha estado en este des-gobierno, se ha leído o, al menos, tiene una vaga idea de quién era y de dónde venía Bolívar)

Llegamos a La Villa, porque mi padre quiso apoyar el emprendimiento de mi abuelo materno, Neptalí que decidió meterse en ese pueblo para trabajar una panadería -fíjense que digo “para trabajar una” y no “para trabajar en una”, porque se trataba de su emprendimiento.

Con  Neptalí estaba Machillo, -que hoy pudiera haber sido llamado “Neptalí Segundo” o “Junior”- mi tío serenatero y buena nota que, por su inmensa generosidad, tenía más ahijados que monedas en el bolsillo, que cantaba, guitarra en mano, como los dioses y que hacía las tortas y dulces más divinos de toda la región.

Les hablo de la Panadería Bolívar, ubicada en la calle Bolívar de Villa de Cura.

En Cagua, una rama cercana de la familia, tenía un similar emprendimiento, de la mano de Pepe, alias, Pepito un simpático gigante con cuya familia nos criamos como hermanos.

Y como las panaderías son emprendimientos familiares, mi mamá dejó su puesto de contadora en una petrolera, para irse a la Villa, y trabajar, entre otras, atendiendo el mostrador.

Hija, nieta y sobrina de panaderos y pasteleros, mis recuerdos de infancia y adolescencia están llenos de referencias de trabajo.

(A ver “revolucionarios”, repitan conmigo: T-R-A-B-A-J-O, ahora todo junto “TRABAJO”, con mayúsculas y no por gritado. Obviamente, ellos no conocen su significado, pero al menos, “por ahora”, sabrán como se deletrea).

Comprar y pagar los insumos para preparar el pan, -se que decir “comprar y pagar” parece redundante, pero algunas personas no entienden mucho que se “compra” invirtiendo dinero, pagando por lo que se obtiene-, contratar, formar y administrar personal, hacer inventario, preparar los insumos y equipos, -comprar y mantener estos últimos también-, limpiar, atender al público, hacer caja, llevar la contabilidad, pagar impuestos, comprar y cambiar bombillos, pintar paredes, pagar la luz y el agua, y hasta cargar sacos de harina, forman parte de las actividades que se realizan en una panadería.

Los dueños de una panadería, se levantan de madrugada para ir a prender el horno, lo que garantiza que esté a la temperatura adecuada para hornear el primer pan de la mañana. Mientras el horno se calienta, preparan los insumos para hacer la masa y comienza el proceso de producción.

La Panadería Bolívar abría a las 6 am, por lo que mi abuelo y mi tío, a veces con mi abuela, debían estar allá cerca de las 4 para poder calentar el horno y arrancar el trabajo. La panadería la abría mi papá a las 6 y la cerraba, con mi mamá, a las 10 de la noche.

La Panadería Bolívar

¡Así era la elaboración del pan en la Panadería Bolívar! En la foto, que seguramente tomó mi papá, mi abuelo es el que alza la tabla de pan. De espaldas, mi abuela y mi tío.

(Había panaderías en las que el horno debía ser pre-calentado en la noche, para lo que el emprendedor, salía de su casa, a esas horas, para prenderlo y apagarlo y así, además de evitar accidentes, garantizar que la temperatura que lograda al inicio de la mañana, fuera la adecuada).

Preparar la masa para hacer pan -y más en las cantidades en las que se produce en las panaderías-, no se reduce a mezclar harina con agua y ponerle un poco de levadura para que levante. Implica hacer la mezcla adecuada y de acuerdo a los tipos de pan que se quieren producir, amasar, dejar en reposo y dependiendo del tipo de pan, volver a amasar, cortar, amasar, cortar, moldear -incluyendo “simpático” el corte del pan en el lomo, colocarlo en las bandejas enharinadas, dejar reposar el tiempo suficiente y luego hornear, con el cuidado y la temperatura correcta, para que el pan esté listo, sin quemarse, secarse o quedar crudo por dentro. En algunos casos, el pan amasado y casi listo, se puede guardar un tiempo en una cava, a la temperatura adecuada para que mantenga la calidad y la frescura, pero en ese caso, hay que sacarlo de la cava con suficiente antelación, para que se “caliente”, antes de ser metido al horno.

Amasar es todo un arte, pero también es un trabajo duro y rudo. ¿Alguna vez has amasado a mano para hacer pan? Si no lo has hecho, y consigues harina, prúebalo, es una muy buena experiencia.

(Si consigues harina, dije, porque sin harina no hay pan. Esa es otra de las cosas que reiteradamente parece desconocer este gobierno).

La preparación de los dulces también es una tarea ardua y delicada. En ella hay mucho de arte y el proceso tiene tantas variantes como diversidad tenga la oferta de la panadería. En la Bolívar, los dulces eran riquísimos todos. Eso ya lo dije, ¿verdad?

Pero una panadería no está completa, sin unas mesas, un buen café y excelente trato de los que están detrás del mostrador. Así que el trabajo de todos, realmente importa.

Si preparas café o jugos, además del trabajo de preparación, tienes que lavar y mantener limpias las tasas, los platos y los vasos. Si calientas un cachito o preparas un sándwich, debes tener la plancha a la temperatura adecuada, el plato limpio y la servilleta lista para entregarlos al cliente. Hoy se usan platos de cartón y vasos plásticos, lo que reduce un poco el trabajo, pero no lo elimina.

En las panaderías siempre hay cestas para botar la basura y esas también deben mantenerse limpias y, preferiblemente, vaciarlas con mucha frecuencia.

En la Panadería Bolívar, también hubo helados que se servían en copa, gracias a una inversión hecha por mi papá en una gran máquina de hacer helado que estaba a la vista de todos, a la altura del mostrador.

El café, en la Panadería Bolívar era mundial, especialmente, los domingos en la tarde, cuando estaba jojota y me dejaron aprender a usar la greca, -bueno, lo de “mundial” es un modismo contemporáneo y algunos amigos de la familia que iban a pasar un rato por la panadería, decían que les gustaba que les preparara el café.

En la Bolívar creció, como trabajador Saúl . Saúl y Julieta, son una muy querida pareja que aprendieron cómo trabajar una panadería, y que posteriormente se bautizaron como emprendedores, en el otro extremo de la Avenida Bolívar, con la Panadería la Romana. Ellos, como mis abuelos, tíos y padres, saben el significado de la palabra “trabajo”. Ellos aprendieron lo que significa trabajar, con la experiencia y el ejemplo.

Muchos recuerdos afloran en mi mente -más inquieta y triste que de costumbre- desde que a este gobierno se le ocurrió inventar como excusa la “guerra del pan” para atacar a los emprendedores, dueños y trabajadores de las panaderías, con regulaciones absurdas y descabelladas amenazas.

Ahora tenemos a las milicias y a las personas que distribuyen los CLAP, haciendo de “inspectores” de las panaderías, para que el gobierno pueda cumplir con la arbitraria amenaza de “transferir a los CLAP” las panaderías que “no cumplan” con un “instructivo” elaborado por el gobierno, para regular su producción.

Cuando a uno lo agarra la hora del desayuno, o la del almuerzo, en la calle y no te dio tiempo de llevarte la comida en una lonchera, ni te da tiempo para otra cosa, no hay nada mejor que meterte en una panadería y comerte un cachito de jamón, o de su nueva versión que es de jamón y queso paisa.

Pero, ahora, tampoco podrás hacer eso, porque el gobierno, en su “infinita sabiduría”, decidió regular cuanta harina tendrán mensualmente las panaderías y en qué cosas se puede emplear. Eso en los casos en los que las panaderías sigan al pié de la letra la absurda regulación establecida en el “instructivo”, porque aquellas que, por alguna razón, no logren cumplirla, habrán dejado de ser panaderías y pasarán a ser locales desde los que los CLAP, con su “impecable preparación de maestros panaderos y comerciantes”, estarán aprovechándose de un nuevo negocio “ocupado temporalmente” por el gobierno y en consecuencia, condenado a la quiebra y el fracaso.

Obviamente, este gente no tiene idea de lo que es trabajar, ponerle empeño a algo, emprender, construir. Prefieren inventar fantasmas y excusas, robar, arruinar y destruir.

Esta nueva declaración de guerra gubernamental, es un ejemplo de cómo se maneja la dinámica de una sociedad sustentada en el control absoluto del Estado, en la anulación de todos los derechos de los ciudadanos y en las relaciones de poder basadas en la lógica y en el lenguaje de la guerra, tal como se establece en el llamado “Plan de la Patria”.

Hoy, frente a esta nueva acción gubernamental, podemos decir: así es como se ve y como se vive, lo que en el “Plan de la Patria” se denomina “unión cívico-militar” y “guerra popular prolongada”.

Cuando el caldo de cultivo es resentimiento y prepotencia, y la dinámica social invocada es la guerra, se consagra el miliciano como brazo ejecutor de la tiranía.

PS 1: ¡Gracias a mi hermana Marisol por la foto!

PS 2: o aclaratoria innecesaria para los resentidos de siempre -opositores incluidos-, mi familia vendió la Panadería Bolívar antes de que murieran mi papá, mis abuelos y mi tío, que murieron hace décadas.

Entre gallos y fantasmas: ¡Estado de Excepción!

Como es costumbre “revolucionaria”, a última hora del viernes, entre gallos y fantasmas, Nicolás se encadena y anuncia un “Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica“.

Con su cara muy lavada y sin pudor, declara:

“He decidido aprobar un nuevo Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica que me dé el poder de derrotar la guerra económica y derrotar las amenazas internacionales y nacionales” (Para los que quieran leer la reseña completa, la cita la tomé de aquí)

Lo dice como si:

  • el desabastecimiento acompañado de las kilométricas colas para comprar alimentos;
  • el deterioro de los hospitales que incluye ausencia de insumos para la atención y contaminación de áreas clave;
  • la desaparición de medicamentos que afecta a la población en general, pero con mayor riesgo a los que padecen enfermedades crónicas o de medicación especial;
  • el racionamiento y la falta de agua reiterado en muchas partes del país combinado con el suministro de agua contaminada en otras;
  • los apagones, cortes programados y no programados por racionamiento eléctrico;
  • las suspensiones de clases en las escuelas por cortes de luz, por decreto de racionamiento, por inseguridad o por falta de alimentación y agua;
  • el desmantelamiento de las universidades y centros de investigación por los ataques reiterados y la falta de presupuesto, con la consecuente fuga de talentos y los intentos de sustituirmos con espacios dedicados a la “formación de cuadros”;
  • el descarado desfalco del presupuesto del país y las reservas internacionales por corruptos y tráfico de influencia, enchufados y empresas de maletín;
  • el incremento de bandas de delincuentes y mafias asociadas al narcotráfico que azotan a la población, convertiendo al país en una colcha de retazos formada por ghettos;
  • el desmantelamiento de aparato productivo, incluyendo la destrucción, quiebre y cierre de empresas nacionales y privadas, incautadas y expropiadas;
  • la transformación de las policías y la Guardia Nacional en grupos de choque, represión y de custodia de los civiles y los alimentos, y de la Fuerza Armada en un grupo beligerante y partidista al servicio de la “revolución”, acompañada por la designación de funcionarios militares en cargos de administración pública;
  • la desprofesionalización del ejercicio público en todos los ámbitos con la mediocridad y pésima gestión, como consecuencia directa;
  • la sumisión de los poderes públicos al caprichoso servicio del ejecutivo;
  • y el desmantelamiento institucional producto de la recurrente violación de la Constitución y las leyes,

no fueran el producto de estos 17 años de gestión, de la implantación de un modelo anarco-guerrillero-milico-militarista que no conoce sino la lógica de guerra y la sumisión como forma de relación gobierno-pueblo; con un equipo que no tiene idea, ni de gestión pública ni le interesó tenerla mientras gastaba los abundantes recursos de la renta petrolera.

Su declaración a esa hora y un viernes, como bien lo sabe, genera incertidumbre, inquietud y zozobra en la población. Lo sabe y lo hace, sin presentar el texto del decreto para el conocimiento de todos como parte de la estrategia, como la lógica de guerra lo indica, sembrar temor para intentar paralizar a la mayoría.

El anuncio, en esta oportunidad, le agrega un término a la denominación del decreto que incrementa las suspicacias. Ahora, en lugar de ser un “Decreto de Estado de Emergencia Económica” como fue el 2.184 del 14 de enero, prorrogado el 11 de marzo por el 2.270; se trata de un “Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica“.

¿Estado de Excepción, en este momento y en este contexto?

Nicolás y algunos de sus ministros, en su estilo de comunicacional combinando cadenas con tuits, expusieron algunas razones y consecuencias que podemos encontrar en la prensa y en sus TL en twitter.

Sin embargo, como sus razones estaban plagadas de fantasmas en conspiración y como mi salud no me permitió salir a manifestar hoy (con las ganas que tengo de poder salir a manifestar), me puse a hacer una mi colección de hechos de estos tiempos y anuncios de ayer, que dibuja el panorama en el que se hace el anuncio.

El panorama, hasta el momento, me queda así:

1. Defensa ante supuestas amenazas externas: Uribe y USA, y prevención/proteccion ante la posibilidad de aplicación de la Carta Democrática.
2. Prevención ante avance de enjuiciamiento por corrupción a gobernantes de otros países, como Cristina y Dilma.
3. Amedrentamiento para paralizar a la crítica interna, en las filas de su partido, con despidos a funcionarios que firmaron el revocatorio.
4. Paralización de la oposición y descrédito a su liderazgo con anuncios del revocatorio en el 2017 y retraso del calendario.
5. Criminalización del liderazgo político y de defensores de DDHH, vinculando a los primeros con la promoción de violencia en la calle y a los segundos con conspiración y recepción de fondos de gobiernos extranjeros.
6. Neutralización de la Asamblea Nacional a través de saboteo directo con ataques a diputados, de ausencia del oficialismo en las sesiones, de criminalización por acusaciones a diputados e intento de destituir a la directiva por el TSJ.
7. Intimidación a la población con militarización de zonas populares e incremento de la presencia y el control militar en lugares de distribución de alimentos.
8. Continuación de la estrategia de OLP para intimidar a unos y atajar la guerra interna que tienen sus clanes y mafias.
9. Neutralización de las protestas con bloqueos a manifestaciones, no otorgar permisos, represión, ataques a manifestantes por parte de grupos violentos y organismos de seguridad, y detenciones arbitrarias.
10. Invalidación de los partidos opositores por supuesta falta de requisitos ante el CNE.
11. Incrementos de ataques contra medios y periodistas, incluyendo uso de la violencia contra periodistas en el ejercicio de sus funciones y decomiso y destrucción de equipos.
12. Importante aumento de precios de productos de la canasta básica.

Este es el panorama en el que Nicolás hace su anuncio.

Seguramente me faltaron hechos, amenazas y anuncios, pero con los colectados, hasta el momento, lo que me queda muy claro, es que el “decreto” persigue proteger al ejecutivo y su élite, mientras desarrolla una nueva fase en su estrategia de guerra que incluye profundizar el control del poder y continuar con la desinstitucionalización, corrupción y el abuso, apostando a la sumisión y paralización de la población, a la neutralización del liderazgo opositor -y también al liderazgo que se declara oficialista pero se considera alterno y crítico- e intenta inhibir las iniciativas de apoyo internacional.

¡Así es que un “revolucionario” gobierna!

¡Ésta es la guerra de Nicolás contra el país, contra el pueblo!

Lógica “económico-revolucionaria”

Pasamos 17 años sin hacer planificación, mantenimiento ni renovación del sistema eléctrico, sin mantener ni construir nuevas represas, sin cuidar los bosques ni reforestar y sin explorar ni emplear nuevas tecnologías para producir energía eléctrica, ni crear incentivos para que los empresarios en algunas áreas se autoabastezcan.

Cuando se necesita racionamiento, se reduce el horario de suministro a los centros comerciales que son consumidores de un bajo porcentaje de electricidad en las ciudades, pero que albergan a muchos comerciantes, especialmente medianos y pequeños que son buenas fuentes de empleo, y grandes comercios del sector alimentación,  que proveen a pesar de la escasez producida por la “política económica” revolucionaria.

Con horario reducido de suministro, los centros comerciales y los comercios que albergan, se ven obligados a reducir la jornada laboral y a aumentar inversión en vigilancia, dada la galopante inseguridad que tenemos y la ineficacia de los cuerpos de seguridad.

La disminución de los ingresos forzada por ésto, es el peor incentivo para lograr la inversión en fuentes de energía para autoabastecerse.

En su lugar, se quiebran comercios, se produce más desempleo y se reducen las opciones para comprar productos escasos.

La “causa revolucionaria” será que los empresarios no se autoabastecen de electricidad.

Lectura deseada: Dar luz a los centros comerciales para evitar estas consecuencias, sería quitar la luz a los pobres para dársela a los ricos.

Guerra asimétrica como política de Estado

Cuando dos grupos están en conflicto y uno de ellos utiliza estrategias de guerra para la confrontación, estamos en guerra.

En nuestro caso, aunque no queramos asumirlo, el gobierno nos tiene sumidos en una descarnada guerra, una salvaje guerra asimétrica: Paramilitares, GNB y PNB, contra ciudadanos en protesta pacífica.

Opositores al gobierno convocan una manifestación y el gobierno convoca otra. Los opositores anuncian que se trata de una marcha con un objetivo y una ruta determinada, el gobierno, haciendo alarde de su total abuso de poder, no sólo niega el permiso para transitar por esa ruta, sino que convoca su manifestación hacia el mismo punto, o hacia uno que resulte más emblemático para demostrar que sus partidarios tienen pase de cortesía hasta para Miraflores, mientras que todo el que se le oponga tendrá el paso restringido o bloqueado.

Para “neutralizar” la capacidad de movilización de la oposición, el gobierno anuncia la toma de espacios públicos y realización de conciertos, pero también dice, sin que medie pudor alguno, que para manifestar, un municipio caraqueño gobernado por un alcalde de su tolda política, es espacio vedado para la oposición.

Cuanto más restricciones se imponen desde el poder, más manifestaciones convocan y realizan los opositores. El gobierno, para completar su cerco, decide sin motivo, cerrar buena parte de las estaciones del metro para evitar el traslado “inconveniente” de quién quiere protestar en estos momentos.

Pero esta dimensión de la guerra asimétrica tiene otra terrible cara. En las manifestaciones pacíficas de los opositores, ante cualquier excusa y sin previo aviso, la GNB desata una lluvia de gases lacrimógenos de diverso tipo.

Si, ante la lluvia de gases, a los opositores no les da por salir corriendo, les salen también sus dosis de perdigones, aderezados con metras o a disparados a quemarropa.

Pero como la represión no es sólo labor de la GNB o de la PNB, es muy común que las manifestaciones sean agredidas por los grupos paramilitares afectos al gobierno, que hemos visto en innumerables oportunidades protegidos y escoltados por la GNB.

En los enfrentamientos resultantes de la represión a las manifestaciones, muchos periodistas son agredidos y su material es decomisado, para que ni el país ni el mundo se enteren, de primera mano y de buena fuente, lo que aquí ocurre. Algunos han sido detenidos y otros están amenazados por la violencia de los grupos paramilitares.

Estos periodistas, por cierto, como parte de esa guerra asimétrica, tienen restringida también su libertad para informar, ya que la mayoría de los medios de comunicación han pasado a estar controlados por el Gobierno, algunos de los que no están totalmente controlados, se aplican autocensura, y porque las restricciones, como la de no otorgar los dólares para la compra de papel con el que se imprimen los periódicos, ha hecho que varios medios hayan tenido que cerrar y otros, disminuir a su mínima expresión sus versiones impresas.

Pero como si eso no fuera poco, los medios también son acusados de conspiración por el gobierno, y en más de una oportunidad han tenido que enfrentar denuncias ante los tribunales.

Como colofón de la guerra asimétrica en su dimensión comunicacional, es importante recordar que mientras la oposición hace maromas para poder comunicar lo que aquí sucede, utilizando fundamentalmente, SMS, internet y las redes sociales, el gobierno, haciendo alarde de todo su poder y control, realiza interminables cadenas de radio y televisión en las que presenta, no sólo su lectura de la historia, sino su versión de lo que sucede en la cotidianidad, a modo de “historia contemporánea oficial“, aprovechando para insultar y amenazar, para no perder la costumbre, a todo el que ose manifestar o pensar diferente.

En las últimas semanas, tal como sucediera el 11 de abril de 2002, esas cadenas casualmente coinciden con una fuerte embestida de los grupos paramilitares o de la GNB y la PNB a algún grupo de manifestantes, de los que se mantienen a toda hora en las calle haciendo ejercicio de sus derechos políticos.

Esta guerra asimétrica, hasta la fecha, ha tenido cientos de heridos, más de dos decenas de muertos -varios de ellos por tiros en la cabeza-, y muchos detenidos, de los cuales, muchos también han sido torturados. Las cifras con detalle y precisión las llevan actualizadas las organizaciones de defensa de los derechos humanos que han hecho un magnífico y duro trabajo en estos difíciles años y especialmente en estas últimas semanas.

A los jóvenes que protagonizan las protestas, se les persigue, golpea y detiene.

Cuando cae la noche y hasta la madrugada, los grupos paramilitares y la GNB arremeten contra diversos espacios en los que los manifestantes se mantienen haciendo resistencia y como consecuencia del uso ilegal y desmedido de la fuerza, muchos niños y ancianos son afectados, así como todos los ciudadanos que se encuentran resguardados en sus hogares y no están participando de ninguna forma en la protesta. En estas arremetidas se practican allanamientos sin orden judicial, que son ilegales y también violan los derechos humanos de los ciudadanos.

Para rematar este dantesco panorama, ayer Nicolás Maduro, anunció que emplearía “medidas drásticas” para extinguir las protestas. Así el gobierno asume con firmeza su declaración de guerra a quién ose disentir y reclamar y como debe ser poco asimétrica a sus ojos esta guerra, promete darle mayor intensidad.

Pero es menester recordar que esta guerra asimétrica no comenzó el pasado 12 de febrero, ni el 2 o el 4, en respuesta a las manifestaciones de los estudiantes, esta guerra de los violentos contra el país, tiene ya varios años, ha evolucionado en intensidad y forma y se ha nutrido, por una parte, con el discurso incendiario y de odio que han empleado desde antes del inicio de esta etapa, sus voceros, comenzando por el ex-presidente Chavez que desde su campaña electoral, en 1998, profería amenazas contra los políticos del estatus quo; que posterior a su toma de posesión, desde la presidencia, se encargó de insultar y amenazar al sector con el que se planteara el conflicto de turno, incluyendo a la iglesia, para mantener la efervescencia de su mandato.

También se ha nutrido de la promoción del enfrentamiento permanente utilizado como táctica para fomentar la división nacional. Esta tuvo como uno de sus primeros eventos y seguramente ya olvidado por muchos, cuando por televisión, Chavez increpó a Elías Santana, como representante de las organizaciones de la Sociedad Civil en ese momento, a encontrarse, cada uno y frente a frente con su “Sociedad Civil” en una esquina y así medir sus dimensiones y fuerzas.

Pero uno de los alimentos más funestos de esta guerra, ha sido el visto bueno que el gobierno le dio a sus grupos de choque, de “liberación” o de guerrilla, y ahora autodenominados “colectivos”. A esos grupos, totalmente irregulares en la lógica institucional de un Estado, el gobierno, desde sus diversos frentes, los promovió, armó, apoyó y hasta les ha dado informalmente “competencias”, en cadena nacional, para “resguardar el orden”.

Estos grupos paramilitares, que tienen mucho tiempo operando y organizándose a la sombra y con el visto bueno del gobierno, tuvieron como precedente de anuencia para actuar en la calle, en contra de las manifestaciones opositoras, en el 2002, el día que los grupos armados dirigidos por Lina Ron se apostaron frente a una manifestación opositora que protestaba pacíficamente a las afueras de la sede del TSJ, y ante los ojos de la policía y la guardia, la atacaron para sacarla de allí.

Estos grupos paramilitares, se han convertido en el soporte del gobierno y, cada vez mejor armados y organizados, han sido protagonistas también del incremento de la inseguridad en el país y corresponsables de los más de 200.000 asesinatos que hemos tenido en los últimos 15 años. (*)

Estos grupos gozan de total impunidad, ante la mirada cada día menos incrédula de la población.

Impunidad para los paramilitares, como para los pistoleros de Puente Llaguno en el 2002, mientras quién disiente puede tener garantía de cárcel, a pesar de que no medie, para ello, un juicio justo o apegado a derecho. En algunos casos hemos visto con total indignación, como frente a un abuso de poder y violación de los derechos humanos de algún manifestante, el brazo judicial del gobierno en esta guerra asimétrica, termina incriminando a las víctimas y endilgándoles algún delito para garantizar su juicio y potencial condena.

La criminalización de la protesta es también una táctica empleada en esta guerra asimétrica del poder contra la población.

Actualmente, el brazo judicial del poder, tiene el descaro de ordenar a algunos Alcaldes el desmantelamiento de las barricadas ubicadas en sus municipios, omitiendo la que debería ser una orden, sino previa, simultánea, al gobierno nacional, de desarmar a los grupos paramilitares autodenominados colectivos.

Pero la asimetría de esta guerra, en la dimensión judicial, no se restringe a la impunidad de unos y la incriminación de otros, sino que se extiende al mundo de los privados de libertad.

Ya son conocidas por todos, las precarias condiciones en las que se encuentran las cárceles venezolanas y el terrible hacinamiento de los privados de libertad, pero, esta situación por una parte, contrasta con los privilegios que reciben los pranes que en ella habitan y a los que, en muchos casos, el gobierno ha cedido de hecho el control de las cárceles; y por la otra, se hace peligrosamente grave con el trato vejatorio e inhumano al que son sometidos algunos privados de libertad cuyos casos están vinculados con hechos políticos y que, han tenido como consecuencia el riesgo de la salud y hasta de la vida de los mismos. Esta situación en las prisiones, contraviene a todas luces, lo establecido en las convenciones sobre derechos humanos de los privados de libertad.

Pero la progresión de esta guerra asimétrica, tiene muchas otras dimensiones.

Una de ellas se manifiesta, específicamente en los momentos electorales. En esos casos y a lo largo de todo el proceso electoral, hemos estado en presencia de tácticas de guerra asimétrica en las que el gobierno hace uso descarado de los recursos públicos para garantizar la penetración de su campaña por todos los medios -inclusive utilizando regalos masivos de bienes e insumos con la pretensión de obtener votos- y la movilización de los votantes a los centros el día de las elecciones.

Esta movilización, por cierto, está acompañada de una logística previa y en el momento de la votación, que incluye la ubicación de personas, con nombre y apellido y lugar de residencia, el despliegue de una red de búsqueda y traslado a los centros de votación y el pase de asistencia, con firma del votante incluida en los kioskos denominados “puntos rojos” que se ubican en las cercanías de los centros electorales, y también, la vigilancia del votante en el momento de emitir el voto, para que no se “confunda” en su elección.

Estas tácticas electorales son complementadas con las amenazas de rigor, para que los funcionarios públicos y los beneficiarios de las misiones asistan a los actos de campaña organizados por el gobierno; para que, en el momento de la votación, no se quede ninguno de los de sus listas sin votar; y para los quienes tengan preferencia por opciones diferentes a las del gobierno, no puedan ejercer su voto libremente.

A lo largo del día, estas tácticas electorales son acompañadas por acciones de amedrentamiento protagonizadas por los grupos paramilitares del gobierno, que en sus motos recorren las ciudades y que, en horas de la noche, cuando no se han cerrado las mesas o se comienzan a realizar los escrutinios, se apostan afuera de los centros electorales para atemorizar a votantes, testigos y miembros de mesa.

Otra dimensión en la que se observa la progresión de esta guerra asimétrica, es en desarrollo institucional del Estado. En esta dimensión se conjugan múltiples tácticas que se entrelazan con otras dimensiones. Pero específicamente, es importante mencionar la violación permanente de lo establecido en la legislación que establece las bases y las reglas del juego institucional en Venezuela, comenzando por los convenios sobre derechos humanos y por lo establecido en la propia Constitución.

Si nos ponemos a enunciar las violaciones y distorsiones que hemos presenciado en estos 15 años, la lista sería larga. Pero quizá baste como ejemplo, con citar a una de las más ilustrativas de la distorsión institucional que se deriva de esta nefasta práctica, que es la aprobación de un plan de la nación que, en lugar de constituir un proyecto para un país que debe garantizar inclusión y pluralidad política, tal como se establece en la Constitución, se convierte en un instrumento para desarrollar un proyecto partidista específico, el proyecto del partido que se encuentra ejerciendo el gobierno.

Las violaciones registradas en este campo, son agravadas por una instrumentación recurrente del mecanismo habilitante para dejar en manos del poder ejecutivo la elaboración y modificación de los textos legales, desplazando del debate de los representantes del pueblo, electos en cada Estado, y traspasando al ejecutivo el poder para legislar. Y también por una distorsión de la dinámica natural de los espacios parlamentarios, cuando se trata de neutralizar el trabajo de los diputados de los grupos opositores y de todo diputado que disienta del poder establecido, con prácticas vejatorias y antidemocráticas que han incluido restricciones en el derecho de palabra, insultos, abucheos por parte del público presente en las sesiones de la Asamblea Nacional, amenazas y hasta agresiones violentas por parte de otros parlamentarios o de individuos ajenos al parlamento que entraron con la anuencia de la directiva de turno de ese poder.

En esta dimensión, por cierto, se han dado tácticas que se cruzan con la dimensión comunicacional de esta guerra, cuando se ha limitado la entrada a algunos medios y periodistas para cubrir las sesiones de discusión en la Asamblea Nacional.

Son 15 años de una instrumentación progresiva de tácticas y mecanismos que han terminado sumiendo a Venezuela en una terrible guerra asimétrica que tiende a agudizarse en estas últimas semanas con la salida permanente de la población a protestar en las calles y el empeño del gobierno de arremeter contra ellas, en lugar de buscar mecanismos para el entendimiento nacional y la solución a los múltiples problemas que dan origen y sustento a estas protestas.

Frente a eso, por cierto, algunos se preguntarán por la actuación de los otros poderes públicos en los que se debería sustentar la defensa del pueblo y la preparación de los casos en los que se deberían enjuiciar a quiénes comenten delitos y violan los derechos humanos de la población.

Bueno, nuestra historia en esa dimensión está marcada por notable inexistencia de división entre los poderes públicos que hace que la Fiscalía actúe como un instrumento del ejecutivo para dar forma a la criminalización de la protesta y de la disidencia y que la Defensoría pretenda actuar como Fiscalía en algunos casos, pero que termine actuando como Procuraduría en todos, pero en lugar de defender al Estado, se comporte como el abogado defensor del partido de gobierno y sus prácticas de abuso de poder. Para corroborar ésto, basta con escuchar la presentación reciente del informe de la Defensoría del Pueblo sobre las denuncias hechas por las organizaciones que defienden los derechos humanos y ver cómo dedicó gran parte de su intervención a presentar “la historia oficial” de los hechos, y no la información que sustenta los casos de violación de los derechos humanos de los ciudadanos.

Aún faltan por mencionar otras dimensiones en las que se desarrollan y se han desarrollado, durante estos 15 años las tácticas que han sustentado y nos han llevado a este estado de guerra asimétrica. Sin embargo, mencionarlas todas haría demasiado extenso este escrito.

No obstante, hay una dimensión en la que la asimetría de esta guerra, a pesar de estar en su contra, juega a favor de los opositores, esa es la dimensión de las acciones de calle, y aunque parezca paradójico viendo lo que sucede, juega a favor, cuando la ventaja se expresa en otras unidades, porque frente al poderío de las armas del gobierno, frente al constante abuso de poder y la impunidad de los grupos paramilitares, se yergue inteligencia y persistencia incansable de jóvenes estudiantes, liceístas y universitarios; la creatividad de artistas que ponen su grano de arena para promover la reflexión en las calles; la insistencia de los ciudadanos indignados y cansados del descalabro institucional, económico y político en al que se ha llevado el país y el empuje de un liderazgo político que se reconstruye en medio de este proceso, todos ellos, con sus errores y sus aciertos, con sus malas y buenas tácticas, dan un espacio de respiro a la esperanza.

Pero para que este espacio de respiro no se asfixie, requiere revisarse y emprender una ruta de encuentro, desde las bases y con total humildad y reconocimiento del otro, con quiénes, desde otras historias de vida y por razones totalmente valederas, se aproximan a la dinámica del país, desde otra perspectiva, con otras prioridades y otras tácticas.

#SOSVenezuela

(*) Aquí encontrarán una progresión de las cifras de fallecidos por año.

Al que no le guste, que se vaya!

Hoy tuve el placer de escuchar una maravillosa tertulia, con la excusa del libro Armando el rompecabezas de un paísde @EdicionesBVzla, entre Cesar Miguel Rondón @cmrondon, Colette Capriles @cocap y Alberto Barrera Tyszka @Barreratyszka.

Como una buena tertulia puso a danzar varias ideas al ritmo de la necesidad de comprensión y profundidad. Tuvimos mucha suerte los que allí nos citamos, pero espero que alguien la haya grabado formalmente –además de un par de chicas que lo hacían con sus celulares-, la transcriba y la ponga a disposición de todos, para que muchos más tengan la oportunidad de pasearse por esas reflexiones y permitan que les orienten las propias.

En mi caso, hay un par de hipótesis que tengo y que quiero comentar.

1. No podemos confundir polarización política con identidad nacional fracturada

La polarización política, en este momento, ha cobrado la forma de dos grandes opciones electorales, dos grupos casi iguales de electores, en magnitud. Esta expresión es el producto, por una parte, de la evolución del proyecto personal de Chavez y por la otra, del esfuerzo por concretar una alternativa de gobierno fraguada desde la mesa de la unidad. La primera con una cohesión que se ha puesto en alto riesgo a partir de la desaparición física de Chavez y la segunda, con una cohesión en consolidación, a partir de la emergencia de un liderazgo claro y reconocido encarnado en el candidato presidencial y los principales voceros de la unidad.

Hablo de opciones electorales y no de visiones de país, porque creo que, a pesar de que ahora está mejor dibujada la unidad opositora en términos de la visión nacional que persigue, aún no se trata de un proyecto de país, claro, sólido y compartido por todos, por una parte; y porque, por la otra, dentro de las filas del oficialismo, con la desaparición física de Chavez, se perdió la cohesión en torno a un grupo de ideas que por muy desestructurado y contradictorio que haya resultado durante estos 14 años, constituía un proyecto político, personalísimo, pero que dibujaba algunos rasgos de un país deseado.

Hasta aquí podemos decir que tenemos dos grupos electorales en pugna por el poder, con visiones de país en construcción o en destrucción, según el caso.

En términos de visiones de país, la opción opositora construye su cuerpo de ideas en un espacio de debate signado por el pluralismo político. Esta construcción, dada la diversidad ideológica presente, no ha resultado muy fácil, pero se ha identificado un grupo de ideas base. En ésta, los millones de electores que la forman, aún no tienen unidad sobre las ideas identificadas. Sin embargo, el liderazgo emergente de su candidato presidencial y de sus principales voceros, ha marcado algunas importantes pautas. La cohesión está dada por la existencia de un liderazgo claro y reconocido.

Por su parte, la opción oficialista, que hasta hace poco derivaba su cuerpo de ideas de lo dicho por su líder máximo, ahora, en ausencia de una plataforma pluralista que reconozca y legitime sus facciones, se revuelve en pugnas internas, que formalmente, no hace aguas, mientras la necesidad de defender su permanencia en el poder los obliga a mantenerse cohesionados en contra de los opositores. En este grupo, las ideas de país en sus bases, se mantienen alineadas con las promesas, incumplidas, pero idealizadas del proyecto vendido por quién fuera su líder máximo. La fuente de cohesión se perdió y ahora se trata de mantener, a duras penas, por la fuerza.

Está claro entonces que existe polarización y fuerte fractura política, sin embargo, en términos de identidad nacional, la cosa es de otro tenor.

2. Vivimos un esfuerzo de imposición de una nueva narrativa

Al respecto voy a comenzar diciendo que concuerdo con Colette cuando afirma que vivimos la intención de imponer, por parte del grupo que detenta el poder, una nueva identidad nacional que desconoce y excluye todo lo que le resulta diferente e inconveniente.

Sin embargo, particularmente pienso, que este esfuerzo más que intentar construir e imponer nuevos rasgos de una identidad nacional, plantea la imposición de una nueva narrativa sustentada en una re-lectura o una lectura fabricada nuestra historia y de los rasgos constitutivos de nuestra cultura, que no recoge aspectos muy relevantes de lo que somos, porque solamente está dirigida a sustentar la polarización política y no tanto a producir una real transformación social, a partir del reconocimiento e inclusión en nuestra identidad de rasgos y fragmentos integrantes de la venezolanidad que también definen lo que somos, pero que han sido recurrentemente excluidos.

Esta narrativa, está concebida como una nueva interpretación de nuestra estructura y dinámica social que, por su afán polarizador, está constituida por la confrontación de dos facciones, fabricadas para sustentar la polarización y la división política, los pobres excluidos contra los traidores a la patria vendidos al imperialismo.

Esta narrativa no asoma, ni por equivocación, la complejidad de nuestra estructura socio-cultural, producto, entre muchas otras cosas, de nuestra larga tradición de migraciones, ni nuestra intrincada dinámica social y política, signada por un toque de adolescencia en nuestro nivel de madurez republicano-ciudadana. No las asoma, y mucho menos las refiere como base necesaria para comprendernos y a partir de ellas y de otras, reconstruir la idea de venezolanidad.

Pero insisto, es más una narrativa a la que, recientemente se le ha respondido con otra narrativa mucho más consistente con la lectura de nuestra dinámica social y política cotidiana, que una identidad nacional nueva, aunque en dicha narrativa se apele a algunos ingredientes que podrían formar parte de un referente de identidad.

3. La anti-identidad como identidad nacional

Como dije antes, el asunto de la identidad nacional, es de un tenor diferente tanto al de la polarización política, como al de la narrativa que pretende sustentarla. De hecho, el tema de la identidad nacional es tan complejo que sería pretencioso tratar de plasmar su problemática en pocas líneas. Por ello, sólo voy a esbozar un par de ideas que creo debemos considerar en el debate.

La primera es que, después de mucho tiempo y de haber tenido unos claros rasgos con los que orgullosamente la mayoría de los venezolanos nos identificábamos, actualmente, una de nuestras mayores coincidencias, en términos de identidad, es que nos sentimos extranjeros en nuestra patria, ya sea que nos sentimos extranjeros gran parte del tiempo o que nos sentimos así en parte importante de su territorio. Es decir, nos define la “no pertenencia” como cualidad de vinculación con el territorio y su gente.

Esta “no pertenencia” es propia de la estructura de guetos que experimentamos de forma generalizada durante los últimos años y que, a pesar de que una parte de la población que se encontraba excluida podía haberla experimentado desde hace muchos más años, se convirtió en un rasgo generalizado, bajo el impulso de la polarización política. Esta, que, en un primer momento, hacía que nos sintiéramos extranjeros en partes específicas del territorio, con el tiempo, se ha magnificado y hemos terminado sintiéndonos ajenos al país.

Este rasgo es más importante en algunos grupos sociales que en otros, pero todos sufrimos una especie de desarraigo de la patria, porque, en este momento, no se parece a la que ninguno de nosotros soñó. Ese desarraigo, constituye un nivel de escisión de la identidad muy profundo y personal porque no está construido por grupos de personas cohesionados que se identifican entre sí, pero que no se reconocen en grupos distintos, sino que se desprende de una ruptura de cada persona con su sueño de país que, a falta de proyectos compartidos, se produce desde la intimidad del ser.

La segunda es que, a esa sensación de no pertenencia nueva para algunos y de vieja data para otros, se une el vacío por la inexistencia de una “idea” compartida que nos dé un nuevo sentido de identidad nacional, esa especie de engrudo que nos permite tener cohesión como país, a pesar de la diversidad y las diferencias. Pero la inexistencia de una “idea” compartida, buena parte de ese vacío que sentimos, creo que es más el producto del empeño en desconocer y menospreciar al otro que de la real ausencia de elementos que puedan constituirse en esa “idea” de nos compartida; empeño que, por cierto, a pesar de que ya existía como un rasgo latente en nuestra idiosincrasia, se ha exacerbado, extendido y arraigado como una más de las consecuencias de la polarización política.

Así tenemos como identidad un sentimiento de no pertenencia, unido a un rechazo al otro al que soy incapaz de reconocerle virtudes aunque tenga las mismas que yo me reconozco y de paso, le achaco todos los males y le endilgo todos mis defectos sin reconocerme reflejado en ellos; es decir, “ni pertenezco” “ni me identifico” se perfilan contradictoriamente, como dos de los rasgos comunes de identidad que tenemos actualmente los venezolanos.

No obstante, si pudiéramos mapear socio-cultural y geográficamente a nuestra sociedad, podríamos dibujar un mapa de grupos con rasgos culturales diversos, distribuidos en guetos a nivel espacial, que no se reconocen mutuamente, pero en los que podemos identificar superpuesta una red de valores y de creencias compartidas y cruzadas. Obviamente, aun cuando en términos espaciales están bastante claros los bordes, en términos socio-culturales, no podríamos identificarlos con tanta claridad, porque la superposición los permea y los trasciende, como también los traspasa la sensación de no pertenencia.

Finalmente, la tercera idea, es que a pesar de que no nos gustan y de que no las queremos reconocer como propias, en este momento hay una serie de creencias que son en las que coincidimos con mayor fuerza y las que, de hecho, podemos reconocer como parte de nuestra identidad. Creencias como: “Las reglas del juego están hechas para ser violadas cuando no me convengan, pero si las viola otro, y eso me afecta, lo considero una afrenta y reclamo su no cumplimiento”; y “Venezuela es un territorio en disputa, el que gane se queda y el que pierda, se asimila y si no le gusta, se va”; son creencias que están de diversa manera y con distintos niveles arraigadas en nuestro pensamiento, que se manifiestan, más de lo que aceptamos, cotidianamente y muchas veces en acciones que pasan desapercibidas porque no nos resultan relevantes. Pero son creencias que están ahí y si ponemos atención podremos sentir su presencia abrumadora.

La “no pertenencia”, la “no identificación” y nuestro “lado oscuro”, lamentablemente, son ideas comunes que actualmente, aunque no queramos, nos identifican y sobre ellas tenemos que actuar, comenzando por reconocer su existencia, para poner la reconstrucción de la identidad nacional en otro plano y poder comenzar efectivamente a trabajar sobre ella.

Del pensamiento único al pluralismo político

En estos días, vivimos un pico en la tensión política del país muy pocas veces, o nunca, experimentado. Esa tensión, como es obvio y normal que suceda, nos está forzando a poner el foco de nuestra atención en la polarización y el conflicto, haciendo que se desvíe de aspectos que son fundamentales para salir de esta crisis y para comprender la naturaleza de lo que nos está sucediendo.

Esto es obvio, porque el candidato del oficialismo, juramentado como presidente de forma apresurada en estos días, ha asumido la misma estrategia que utilizaba con mucha frecuencia Chavez, apelar a la “paz” insultando y amenazando, colocando en “el otro bando” y señalando de “traición y conspiración” a todo el que piense diferente. Y como en algunas de las más tristes épocas de nuestra historia contemporánea, el discurso es aderezado con una “cacería de brujas” que busca identificar y excluir a aquellos que han pasado agachados en su expresión política pública, pero que han manifestado su desacuerdo político mediante el voto. Pésima estrategia en un país cada vez más claramente fracturado en dos mitades prácticamente iguales y peor aún siendo la estrategia de quién debería encabezar, urgentemente, un gran esfuerzo de reconciliación y reconstrucción de espacios de convivencia entre los venezolanos.

Hay muchas cosas que explican esa conducta. Pero de ellas, quiero llamar la atención sobre una en particular.

El pluralismo político que forma parte de nuestra tradición republicana y que es una de las características reconocidas de nuestra república en la Constitución aprobada en 1999, en este momento, no es más que una cualidad emergente del sistema. Es decir, tal como se entendería en el pensamiento complejo o en la teoría de la complejidad, se trata de una cualidad que no se aprecia en las partes que constituyen al sistema, pero que emerge, como cualidad del mismo, cuando se le trata como un todo. Si lo vemos con ojos republicanos, el sistema no reconoce, en la práctica, la existencia del pluralismo político como una expresión natural de los ciudadanos, organizados y no organizados, y de su pensamiento político, a la vez que las instituciones del sistema expresan polarización a ultranza adoptando una de las variantes de la misma; pero el espíritu ciudadano está impregnado de pluralismo a tal punto, que cada vez es mucho más una cualidad que se aprecia en diversos elementos del comportamiento del sistema.

El opacamiento del pluralismo como cualidad del sistema, sucedió a pesar de nuestra idiosincrasia y tradición porque, por una parte, los oficialistas nunca entendieron que la preferencia electoral por un candidato, incluso el apoyo reiterado y el reconocimiento de un liderazgo, no es nunca igual a la construcción de una alternativa única ni en términos de preferencia electoral, ni en términos de organización política y mucho menos en términos de pensamiento político. Muchos esfuerzos han realizado para aglutinar a su gente y para hacerlo de forma organizada desde el nacimiento del MBR, su paso por el MVR y la constitución de los círculos bolivarianos, hasta la actual selección del PSUV como opción electoral del oficialismo y la pretensión de utilizar a las milicias, las comunas y otras figuras de organización de base, como expresión organizada de la población a favor del movimiento oficialista.

Por su parte, el aglutinamiento de los “anti” forjó diversos esfuerzos de unidad que se iniciaron con la Coordinadora Democrática y que hoy se expresan en la MUD. En ese ámbito fueron muchos los que tampoco entendieron la naturaleza del pluralismo a la primera y hay aún muchos que aún no la comprenden, a pesar de que fue justamente ese espíritu es el que orientó la conformación de sus estructuras. En el movimiento opositor, esa falta de comprensión se ha expresado y aún se expresa en algunos casos, en dos tipos de conductas, aquellas de los que pretenden capitalizar los esfuerzos de la unidad a favor de una organización específica y aquellas de los que quieren la anulación de todos, en discurso y propuesta, en favor de un discurso específico y único, que casualmente es el suyo.

En ambos casos, la visión que impera en ellos, oficialistas y opositores, es la que ve a la sociedad expresada como la lucha de un pensamiento-cultura-poder hegemónico versus uno contrahegemónico, una visión anacrónica que nos acompaña hasta nuestros días.

La buena noticia en este caso, es que a pesar de que quiénes están en el liderazgo del oficialismo mantienen esta visión anacrónica, no es el caso de lo que se fragua en la alternativa democrática. Lo vemos en la conducta de quiénes encabezan la vocería de la MUD y de muchas de sus organizaciones y en el discurso y conducta de quién asumió su liderazgo como candidato. Pero también se expresa en la conducta de la ciudadanía como electorado que claramente ha ido evolucionando en la expresión de sus preferencias, tal como se aprecia en esta infografía.

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Infografía construida con los mapas de El Universal que están elaborados con datos del CNE y lo pueden ver en http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/elecciones-2013/130411/mapa-de-resultados-electorales

Todavía, sin completar la auditoría solicitada, podemos ratificar que el pluralismo político definitivamente se está convirtiendo en una cualidad emergente del sistema, así lo expresan, entre muchas otras cosas, el voto de cientos de miles de ciudadanos que en 2012 dieron apoyaban al oficialismo y que el 14 de abril cambiaron su preferencia, porque el nuevo candidato ya no los convencía o sencillamente porque quería darle la oportunidad a una alternativa en el poder, dado lo malo que ha sido el actual oficialismo en el gobierno. Una alternativa justamente caracterizada por la diversidad, por ser una alianza entre diversos y diferentes.

Creo que una de las cosas en las que debemos poner nuestro foco de atención es en que, a pesar de todos los esfuerzos sostenidos fieramente y con abuso de recursos durante estos 14 años, los venezolanos somos diversos por naturaleza; nuestras organizaciones políticas están constituidas por gente que coincide en algunas cosas y diverge en muchas otras.

Dada esa naturaleza, nuestro punto, nuestro reto, en primer lugar es la reconciliación y el reencuentro y, en segundo lugar, es cómo hacer para construir, más allá del discurso y de estas primeras prácticas, una alternativa política viable, una opción real de poder que se fragüe en torno a las coincidencias y que sea capaz de incorporar las diferencias y propiciar dicho reencuentro; como lograr que ese espíritu, que es el que orientó la conformación de la MUD y se expresa claramente en el discurso de los máximos exponentes del liderazgo de la alternativa democrática, permee para que su expresión llegue realmente hasta las bases y pueda estructurarse en reglas de convivencia claras que nos permitan impulsar el reencuentro y la reconstrucción del país desde ya y también, para que se constituya en cimientos, a la hora de ejercer el poder y ser gobierno.

Tanto va el cántaro a la fuente… (R058 y hierbas derivadas) / Olga Ramos (TPyC)

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.
Carlos Marx y Federico Engels

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Hoy es domingo de fotografía… Bueno era…

Para quiénes hacemos ciudadanía, incluso antes de que se hiciera popular el término, porque pensamos que el ejercicio de la ciudadanía es un asunto serio -tan serio como lo es la construcción de un país- no es extraño dejar el placer de salir a tomar fotos un domingo para escribir una nota que se consideraba innecesaria hasta esta mañana.

Porque, en efecto, cada opinión que se emite, cada acto que se promueve o en el que se participa, cada acción política, incluso, cada omisión, tienen consecuencias más temprano que tarde, en nuestras vidas como habitantes de un país. En otras palabras, lo que contribuimos a que pase, por acción, o lo que dejamos que pase, por omisión, determina la dinámica en la que se va a desarrollar nuestra vida, a pesar de que hay mucha gente que no se siente responsable de lo que sucede en su entorno.

De hecho, muchísima gente parece que da la construcción del país por sentada, pareciera creer que el país que tenemos existe independientemente de nosotros, que es un contexto de vida en el que tuvieron la suerte o la mala suerte de vivir y no la resultante de sus acciones y omisiones que tienen tanto poder constructivo, o destructivo, como las acciones.

Es por eso porque, como reza el dicho, tanto va el cántaro a la fuente, hasta que se rompe, que decido interrumpir mi salida a tomar fotografías para escribir estas líneas.

Desde que comenzaron las discusiones sobre descentralización en el país, se abogaba por darle mayor autonomía a las escuelas. Autonomía para contratar y despedir a su personal, para definir su proyecto educativo y para administrar sus recursos, es decir, una relativa autonomía para que desde la escuela se pudiera ejercer una gestión con competencias y recursos que garantizara una educación de calidad para todos. Esa mayor autonomía estaba acompañada de la apertura de espacios de participación para la comunidad educativa en la toma de decisiones. Se trata entonces de una lucha vieja, aunque no de un debate resuelto, porque salvo la dotación de cierta autonomía para el desarrollo microcurricular (1), había y hay mucha discusión sobre cuál era el nivel de autonomía más efectivo para las escuelas y cuáles competencias se manejarían mejor desde instancias municipales o estadales.

Sobre lo que no había discusión era sobre la necesidad de incorporar a la comunidad educativa en la gestión escolar, cosa que, por cierto, para aquel momento estaba más que resuelta -de forma- por la resolución 751, en la que se establecía una estructura de organización de los diversos actores de la comunidad, así como mecanismos y campos para su participación en la gestión. Claro está, la participación estaba restringida a “promover o propiciar” acciones, a cooperar con diversos aspectos del proceso educativo, a velar por el buen funcionamiento de las escuelas y a contribuir con aportes económicos o prestación de servicios en “el desarrollo de las programaciones del plantel y a su conservación y mantenimiento”. Esta resolución fue promulgada en 1986 pero comenzó a instrumentarse con mucha dificultad, por lo que en muchas escuelas no tuvo real presencia.

En términos de toma de decisiones, lo que se establecía para el momento en que fue promulgada la resolución 751, consistía en un mecanismo de participación de carácter consultivo en las decisiones generales de gestión escolar. Posteriormente, con la inclusión de los proyectos pedagógicos en la gestión de las escuelas, se estableció como mecanismo que la Asamblea General de la Comunidad Educativa -que se debía realizar de forma obligatoria al inicio del año escolar- tuviera carácter decisorio en la aprobación de ese proyecto.

No obstante, era más que evidente que la aprobación de la Constitución en 1999 tuviese como consecuencia natural la modificación de toda la institucionalidad que rige al sistema educativo, lo que incluía desde la LOE hasta la resolución 751.

No voy a entrar en detalles sobre la evolución de ese proceso desde la aprobación de la Constitución hasta aquí, aunque de ser necesario escribiré posteriormente al respecto, porque lo que quiero es enfocar la atención en la Resolución 058.

En torno a la aprobación de esta resolución se han prendido todas las alarmas y se ha desatado una dinámica intensa de debate y acción. Esto es muy natural dado el clima político que vivimos que está signado por una fuerte pugna entre visiones diferentes del país y del ejercicio de la democracia y hasta el de la política. Sin embargo, cuando salió la resolución -que me hicieron llegar unos buenos amigos en lo que la vieron, por correo- pensé que se trataba de una “provocación” en medio de la intensa dinámica electoral que tenemos entre dos procesos electorales vitales para el país, y esperé que nadie mordiera el anzuelo. Lamentablemente, me equivoqué. (2)

Sin entrar en más consideraciones al respecto, paso a dar mi opinión sobre la resolución. Creo que la R-058 es mala como instrumento normativo porque:

1. Tiene un montón de vacíos que hacen demasiado complicada su aplicación en las escuelas. Creo que esos vacíos, a pesar de lo que dicen algunos funcionarios públicos, no responden a que ésta está fundamentada en una visión de democracia participativa que permite que cada escuela haga su propia adaptación de la resolución de acuerdo a sus características, porque el esquema que establece es único, hay una estructura con unos participantes determinados y unas funciones preestablecidas, que, para comenzar, no se pueden aplicar de la misma manera en un Centro de Educación Inicial, que en una Unidad Educativa que ofrezca toda la educación Básica -que incluye desde inicial hasta media. No hablemos de las diferencias necesarias que se deberían desprender del tipo de organización, de la dependencia de la escuela, de las características de su oferta educativa y de su ubicación geográfica, que deberían tener correlato en la organización del Consejo Educativo en cada escuela.

2. Establece una mezcla entre la organización por tópicos de interés, por funciones y la gremial asignando roles similares y pesos idénticos a naturalezas, en todo caso, diversas.

3. Tiene unas omisiones imperdonables como que en el Comité Académico no estén presentes los padres.

4. Asigna a los comités funciones que son propias de la escuela, como instancia más desagregada del Estado, o de las dependencias del Ministerio de Educación y otros organismos de gobierno, pero además no les asigna de forma simultánea competencias legales para poder desarrollar esas funciones, ni los recursos económicos para ello. Por tanto, a través de ella se está cediendo responsabilidades propias del Estado como garante del derecho a la educación, pero no está dotando de poder al Consejo Educativo para asumir esas responsabilidades. En este caso, estamos hablando de dos problemas: uno asociado a la realización del derecho a la educación que tiene que ver con quién debe asumir la garantía del mismo y la otra, a la capacidad de gestión de las escuelas y sus consejos educativos que, sin personalidad jurídica -porque las escuelas oficiales no la tienen-, sin competencias legales y sin recursos, no pueden garantizar que lo que se les asigna se ejecute.

Un ejemplo entre los varios que permiten ilustrar este punto, es la asignación de la responsabilidad de “Garantizar el desarrollo del Programa de Alimentación Escolar (PAE)” al “Comité de Ambiente, Alimentación y Salud Integral”, ” junto con los consejos comunales”. Esta es una responsabilidad que corresponde al Estado y que forma parte integrante del derecho a la educación que, dicho sea de paso, desde su creación, pero especialmente en los últimos 5 años, ha tenido serios problemas para su instrumentación por lo que el Ministerio ha cambiado varias veces su forma de gestión.

Si en una escuela falla la alimentación, en el mejor de los casos, se suspende media jornada de clases, pero los niños se quedan sin ingerir alimentos y sin parte del tiempo para su aprendizaje, que sabemos es irrecuperable .

La alimentación es una responsabilidad muy importante para dejarla en manos de un comité que tiene adicionalmente 8 funciones asignadas, en el que, salvo los empleados de la escuela -directivos, docentes, trabajadores administrativos y obreros, contratados para cumplir otras funciones propias de sus cargos- los que participan, lo hacen de forma voluntaria; en el que no se establece que los que participen -en ninguno de los casos- deben tener, como requisito, la competencia o la capacidad técnica para desarrollar una actividad como ésta -que incluye no sólo el manejo y la preparación de alimentos, sino también el diseño del menú técnicamente adecuado para las necesidades y características de los estudiantes de una escuela en particular- y al que no se le asigna por ninguna parte, los recursos materiales y económicos que permitan su realización.

Una asignación de funciones hecha de esta manera, no sólo es contraria a la lógica de los derechos humanos que obliga al Estado a garantizarlos, sino que condena a la escuela al fracaso en su gestión.

5. Asociado a esta cesión de responsabilidades, también la resolución presenta una confusión en el ejercicio de las funciones derivada de una visión errada, desde mi punto de vista, de lo que se denomina “democratización de la gestión escolar”. La gestión escolar puede democratizarse estableciendo esquemas participativos en la toma de decisiones e incorporando diversidad de criterios en la misma.

Sin embargo, el establecimiento de esquemas más participativos, no se traduce en que las decisiones se tomen sin la mediación de los criterios profesionales necesarios para sustentarlas.

Tal como lo recuerda Mariano Herrera en un artículo publicado recientemente en Ultimas Noticias, (3) hay funciones relativas al derecho a la educación, que tienen carácter técnico, que requieren formación y competencias para ello y que deben ser desarrolladas por profesionales con la formación y la experiencia pertinente.

Ello no quiere decir que los miembros de la comunidad educativa que, por diversas razones, no tienen la calificación técnica para ejercer ciertas funciones, no puedan participar en la toma de decisiones, incluyendo la evaluación de los resultados de la gestión de quiénes si la tienen; tampoco quiere decir que no puedan formar parte de los comités encargados de la realización de ciertas funciones, pero esa participación debe tener ciertas características y ámbitos; es, lo menos, poco sensato, que tenga otros.

6. Tiene unas inclusiones innecesarias e inexplicables como la participación en el comité de Madres, Padres, Representantes y Responsables de los “responsables” -que es una figura de presencia ocasional y sin poder legal en la vida de los niños y jóvenes- y de las “vocerías de los colectivos sociales de la comunidad y de la escuela” que pueden tener presencia en los comités por tópico, pero que no tienen por qué participar en los que tienen más como carácter gremial, a menos que por el rol que cumplen en la escuela, formen parte del gremio.

7. Tiene distorsiones provocadoras al identificar referentes de doctrina que no están incluidos en la Constitución.

Y sobre este punto me voy a detener para decir varias cosas.

La primera de ellas es que educación es un asunto político dada la trascendencia que tiene, para la sociedad, el rol que cumple en su consolidación institucional y en la construcción de ciudadanía. La educación permite la formación de la ciudadanía que la sociedad decide tener y que se refleja en los valores y principios contenidos en la Constitución.
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De hecho, es una parte de las funciones de la educación, preservar y desarrollar, en sus ciudadanos, el modelo de sociedad y de ciudadanía que está contenido en la Constitución. En ese caso, la educación tiene una función claramente política. De allí se deriva la premisa según la cual, el proceso de enseñanza tiene una dimensión política que ha estado tan discutida en los últimos días.
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En una sociedad como la cubana, en la que la Constitución establece la ideología del país, la educación sirve como brazo reproductor de esa lógica ideológica en sus ciudadanos; pero en una sociedad como la venezolana, que consagra en su Constitución el pluralismo político y la libertad de pensamiento, la educación tiene que promover la formación de un individuo crítico que se autodetermine política e ideológicamente y que desarrolle, respete y ejerza los valores, principios y reglas de juego democráticos que están consagrados en la Constitución.
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Esto es lo que está en el espíritu de la tesis del Estado Docente promovido por Prieto que ha formado parte de la lógica institucional del sistema educativo a lo largo de nuestra historia y que este gobierno comenzó a poner con nombre y apellido en el marco normativo vigente, a partir de la promulgación de la LOE en 1999.
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Como se puede ver, una cosa es el propósito político y otra el contenido político que se le quiera dar a la educación en una sociedad.
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La segunda de ellas es que esta visión que se desprende naturalmente de la tesis del Estado Docente promovido por Prieto, se ve tergiversada por una tendencia, un tanto perversa, que ha existido tradicionalmente en nuestro país de confundir Estado con gobierno y gobierno con partido, por lo que, en muchos casos se utilizan los recursos del Estado y del gobierno para facilitar el logro de los objetivos del partido que se encuentra en el gobierno. Como digo, esta tendencia es tradicional en nuestro país, no es algo que se pueda identificar como un invento o novedad de este gobierno, ni del gobierno nacional, aunque en este momento, como muchas otras cosas, esté especialmente magnificado. Esta tendencia tiene mucho que ver con esa anacrónica visión de hegemonía con la que se pretende manejar el poder y que, en la práctica, es contraria a los principios democráticos.
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Cuando se confunde Estado con gobierno y gobierno con partido, es lógico que se pretenda utilizar a la educación como el espacio para la formación de los futuros “militantes” o partidarios, porque no se ve ninguna diferencia entre la ideología del partido y los ideales de sociedad consagrados en la Constitución. Esta pretensión la hemos presenciado muchas veces y hemos llamado la atención sobre la misma en innumerables oportunidades. Esta se ha desarrollado de forma espasmódica y puntual, tanto en intentos por incorporar ciertos contenidos en los programas o en los libros de texto, como en los de imponer algunas prácticas en la dinámica de algunas escuelas y con un poco más de insistencia e intensidad, en la organización de actos proselitistas con participación de niños y jóvenes o al convertir actos de divulgación de programas o acciones de gobierno, en actos de proselitismo político. Un ejemplo reciente fue uno de los primeros temas publicados en este blog. (Pueden verlo aquí)
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Otra de las consecuencias de esta confusión es la utilización de ciertos instrumentos de política pública como mecanismos para la promoción de las características que le da a la sociedad una parcialidad política y que, a diferencia del caso cubano, no están incluidas como tales en la Constitución. Me refiero a que lo que conocíamos como el Plan de la Nación, dejó de llamarse así para convertirse en un instrumento de empuje del “socialismo” y lo que el gobierno denomina la “doctrina bolivariana” como modelo de país. Y es por eso que, cuando en las leyes, normas y programas educativos se hace referencia al Plan de la Nación, con el nombre que recibe actualmente, mi crítica es al contenido del plan, no a que la política educativa esté orientada a darle cumplimiento o a que se enmarque en el mismo, que es lo que se debe hacer en una sociedad con un mínimo de organización en sus políticas públicas y en la gestión del Estado.
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La tercera de ellas, es que, volviendo a la discusión inicial, el que la educación tenga una dimensión política no significa que se pueda considerar como un acto exclusivamente político. Sin embargo, aunque así pudiera considerarse, todo acto político tiene una dimensión ética que se desprende de los valores y principios en los que se sustenta. Ese es, desde mi punto de vista, parte importante del meollo del problema.
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En este momento, estamos ante la expresión de una ética-política muy particular, la ética revolucionaria, que se sustenta en varias premisas, de las cuales, en esta situación hay dos que, desde mi punto de vista, son las que aplican. La primera es la que sostiene que el fin justifica los medios, por lo cual, cualquier acción que conduzca a la construcción del modelo revolucionario, está plenamente justificada y la segunda está asociada al ejercicio de la política estrictamente como una disputa por el poder, en la que, como decía hace no mucho en un escrito también en este blog, el peso de un bando determina la existencia política del otro, es decir, el que tiene mayor peso, electoral, en este caso, aunque sea por un voto, se considera con la legitimidad suficiente para ejercer el poder de forma hegemónica, haciendo desaparecer al otro como actor político.
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Creo que es sobre la ética-política y las variantes existentes en este momento en Venezuela, sobre lo que debe girar buena parte de la discusión política de fondo. Sobre la ética que deben tener nuestros gobernantes, funcionarios y educadores, en su ejercicio público, sobre la que tienen y la que deberían tener de acuerdo a los principios y valores contenidos en la Constitución. Es allí donde está una parte importante de la discusión.
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Y la cuarta, se relaciona con la naturaleza de la participación que se promueve en esta resolución. Aunque por la forma en que algunas personas, críticas a la Resolución 058 han presentado su posición, pareciera que lo que se cuestiona es la legitimidad de la participación en las escuelas de los actores tanto escolares como extra-escolares, creo que profundizar en el diseño de mecanismos para garantizar la participación en las escuelas de la comunidad es lo que se esperaba como natural desarrollo de la normativa relativa a las comunidades educativas.
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Pero no una participación tangencial, sino central, porque así como es un asunto político para la sociedad la construcción de ciudadanía, es un asunto político natural para la comunidad la formación ciudadana que se da en las escuelas que en ella se localizan. Se trata de dos niveles naturales relativos a la construcción de ciudadanía. En ese caso, es natural que las organizaciones sociales, culturales, deportivas y comunitarias que hacen vida en ciertos espacios socio-geográficos, se vinculen a lo que sucede en las escuelas ubicadas en ellos.
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Sin embargo, en términos políticos ¿qué es lo que no puede suceder?
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– Que las escuelas, en ninguno de sus espacios, sean utilizadas para el desarrollo de actividades político partidistas o de proselitismo político. Eso está establecido en el artículo 12 de la LOE vigente.
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– Que los criterios que priven en la toma de decisiones sobre la gestión escolar sean partidistas.
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– Que para la inscripción de un Consejo Educativo de una escuela, se ponga como requisito que sus miembros sean militantes de alguna parcialidad política como ha sucedido en muchos casos con los Consejos Comunales.
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– Que se vean las credenciales político-partidistas de los empleados de una escuela -docentes, directivos, trabajadores administrativos y obreros- a la hora de hacer sus evaluaciones de desempeño, sus promociones o ascensos o a la hora de evaluar las credenciales de los aspirantes a ocupar algunos de esos cargos.
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– Que se limite la participación de cualquiera de los miembros de la comunidad porque no comparte una visión política o porque no milita en determinado partido.
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Esas son las cosas que no pueden suceder en las escuelas, a pesar de que se entienda que la educación tiene una dimensión política y es un asunto político tanto de interés de la sociedad en general como de cada una de las comunidades que se localizan en todo el territorio nacional.
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Y a pesar de lo largo que está quedando ésto, para finalizar, sólo voy a esbozar un par de temas sobre participación y ejercicio democrático que, con el texto de la Resolución 058, en lugar de aclararse se oscurecen.
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La Constitución de 1999 introduce la democracia participativa en nuestra dinámica política. Sin embargo, eso no quiere decir que los mecanismos de carácter representativo desaparecen de nuestro modelo político. Eso queda claro con la existencia de todas las instancias de representación política que se mantienen en nuestro modelo actual.
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De hecho, queda claro en las instancias que se mantienen y en las nuevas que, con respaldo en el texto constitucional o no, se han estado creando, porque aunque algunos crean que “desaparece” el sentido de la “representación” en el actual juego democrático, la figura del “vocero” no hace más que “suavizarlo”, porque éste no es más que un representante de un determinado colectivo.
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Esto se ve claramente también, en la Resolución 058, cuando se somete a un mecanismo revocatorio (4) a los voceros que formen parte del Consejo Educativo y de sus diversos comités.
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Lo que no queda establecido es el mecanismo mediante el cual se obliga a estos voceros a ser los que, en efecto, porten la voz de las personas que forman los colectivos a los que representan. Esto es vital para que funcione de forma realmente democrática un sistema representativo, y es una de las cosas que más ha fallado en nuestra tradición democrática. En esto, la resolución, por borrosa, se queda corta y hay mucha tela que cortar en este ámbito hasta encontrar un verdadero conjunto de reglas de juego que permitan establecer los mecanismos que hagan más efectivo y democrático este modelo de participación.
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El segundo tema está relacionado con la atomización de la participación para la definición de las políticas públicas en el sector.
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La promoción de mecanismos de democracia participativa desde la aprobación de la Constitución de 1999, se ha encontrado con un gran vacío de diseño institucional que garantice que la “democracia participativa” deje de ser un par de palabras y se convierta en una serie de prácticas que realmente den mayor poder al ciudadano en la definición de las políticas púbicas que en todos los ámbitos de gobierno se definen e instrumentan.
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El mecanismo de participación más directa que tenemos actualmente, es el voto, ya sea éste el que se instrumenta alzando la mano en una reunión de condominio, en una Asamblea de Ciudadanos, o introduciéndolo en una urna en un proceso referendario. Pero el ejercicio del voto, cuando no se ha tenido la oportunidad de participar en el proceso mediante el que se forma la decisión en cuestión, no es un ejercicio democrático en el fondo. Si en una asamblea de condominio, la junta llega con un par de opciones para que los propietarios escojan, sin que medie la posibilidad de informarse y de discutir -que implica que todos puedan conocer y debatir los puntos de vista de todos sobre el tema en decisión- no se puede considerar ni realmente democrático ni participativo.
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Lo mismo sucede en una Asamblea de Ciudadanos, incluso en una consulta nacional sobre algún tema, porque lo que hace democrático y participativo a un proceso, no es que se desarrolle en un ámbito político determinado, como puede ser una Asamblea de Ciudadanos, o que se resuelva con un mecanismo específico, como puede ser un referendum consultivo, lo que lo hace democrático y participativo es la posibilidad de formar parte, de incidir, en el debate y en la formación de las opciones de decisión.
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Por eso es que son tan difíciles los procesos de decisión cuando se basan en esquemas “asamblearios” y por eso es que los mecanismos de democracia “representativa” no pierden vigencia a pesar de la importancia del protagonismo ciudadano en las decisiones.
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Con la Resolución 058, si bien abre un espacio para el debate y la participación en temas relacionados con el funcionamiento de las escuelas, no se resuelve un problema de participación que como sociedad tenemos, la participación de los ciudadanos en el debate y la definición de las políticas públicas que orienten el desarrollo de la educación en Venezuela, la participación en, por ejemplo, la definición de las características del ciudadano que estamos formando, o pretendemos formar, en el sistema escolar. Estas que, como dije anteriormente, se deprenden de la Constitución, pero se desarrollan en el currículo y cuyas directrices nacionales son  de obligatorio cumplimiento en todas las escuelas del país, con el desarrollo institucional actual, quedan a discreción exclusiva del Ministerio y a los métodos de consulta que por voluntad propia decida instrumentar.
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Este tipo de decisiones de política pública no pueden manejarse en un esquema de asambleas por Consejos Educativos porque restringe la participación ciudadana y la expresión de las opiniones al ámbito comunal, atomizando el debate y la capacidad de incidencia ciudadana en la toma de decisiones de carácter nacional. Ese es un tema pendiente que surge nuevamente en el marco de la discusión de la Resolución 058 y que no puede dejarse de lado o darse por sentado.
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Ahora me despido, dejándoles, a falta de fotos, una imagen de “Los Proverbios Flamencos” del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo que encontré, cuando estaba tomando la forzada decisión, esta mañana, de cambiar mi agenda dominical. (5)
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Olga Ramos (TPyC)
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(1) Las reformas curriculares en Venezuela, específicamente para la educación básica (en este momento educación primaria)  incluyeron el desarrollo de un proyecto educativo en cada escuela que adaptara los contenidos curriculares a las características y necesidades de su comunidad y que los maestros los adaptaran a las características, necesidades e intereses de cada grupo de estudiantes a través de proyectos de aprendizaje seleccionados con la participación de los estudiantes.

(2) A esta altura, en mi borrador, tengo marcadas las partes en las que algunos lectores me habrán catalogado de blandengue, pacata o colaboracionista; un par en las que otros lectores  habrán pensado “eso no es conmigo”; y habrá otras en las que me tildarán de “traidora a la patria”. Los que quieran saber si las pegaron, me pueden escribir en privado y les cuento cuáles eran, o me pueden decir, desde su punto de vista, cuáles piensan que eran, porque seguro se me escapan muchas.

(3) Pueden leer el artículo en este enlace en su blog

(4) A mi, la verdad, es que me resulta un tanto exagerada su inclusión, pero es un mecanismo natural y legítimo en un esquema tal como se estableció en la Constitución.

(5) El cuadro lo tomé de este blog

Rabo de nube

La lluvia es profundamente romántica, como la revolución. La primera se asocia a la limpieza, al agua llevándose desde las partículas de contaminación en el aire, hasta los desechos en la tierra; y la segunda está asociada a la imagen de arrancar de cuajo lo que “no funciona” para dar paso a un nuevo orden, que se pretende más justo. Ambas comparten la imagen de preparar el terreno para que algo nuevo pueda echar raíces y florecer.

En mi caso, cuando llueve, como ahora, tengo algunas sensaciones recurrentes.

En primer lugar recuerdo mi infancia y adolescencia en Villa de Cura y la fascinación que sentía -y aún siento- por un buen palo de agua, con rayos y truenos, por un intenso aguacero llanero. El olor a tierra mojada que lo precede, es algo tan hermoso y refrescante que me produce sensación de hogar, de refugio.

Si el aguacero es muy fuerte y ventea, me da por sacar la cámara y tratar de captar la trayectoria del agua, los cruces de las gotas, el entramado anárquico que produce el viento y las copas de los árboles danzando.

Sin embargo, cuando llueve y estoy en Caracas, como ahora, el romanticismo se empapa de realismo y no puedo evitar pensar en las personas que viven en un rancho, a las que separa de la lluvia sólo una plancha de zinc o una débil platabanda -que en muchos casos no significa que las proteja de la lluvia porque igualmente se mojan. O a las que la respiración se les entrecorta porque la lluvia siempre es una amenaza de inundación o derrumbe. Pienso en la sensación de inseguridad y en el miedo que pueden estar sintiendo, por horas, y también pienso en la posibilidad de que estén anestesiadas por tantas veces, tanto riesgo, que para protegerse, ya no hagan consciente el susto.

Es tan intensamente contradictorio…

Como parte de esa mezcla de romanticismo con realismo, y como si se tratara de un mantra, cuando llueve, hay canciones que se instalan a cantarse en mi cabeza. Son varias, pero hay una, la más recurrente, de Silvio Rodríguez, Rabo de Nube.

Como es costumbre y sigue lloviendo, se me ocurrió escucharla y compartirla en Facebook.

Encontré un video, en youtube, con una versión bellísima interpretada por Silvio con Pablo que, una vez más, me puso a reflexionar. Abajo les inserto el video para que puedan escuchar, en boca de Silvio, la presentación y recuerden -o se enteren, aquellos que no lo saben- que “rabo de nube” es el término con el que los campesinos cubanos denominan a los tornados. También les copio la letra, al final, para que la lean con detenimiento, para que puedan repasar en palabras la enorme tristeza que encierra como metáfora revolucionaria.

Porque, la verdad es que es una buena metáfora: Silvio, la compone haciendo uso de una armonía muy suave y hermosa, tan distante a un tornado y sus secuelas, como un proceso revolucionario a los ideales que persigue. Las imágenes “un torbellino en el suelo y una gran ira que sube (…) un aguacero en venganza”, obviamente simbolizan el tornado, pero también ilustran la esencia de un proceso “revolucionario” que tiene como principio desmontar, destruir, eliminar la institucionalidad existente, para dar paso a lo nuevo.

No hay manera de que un tornado no deje destrucción y daños a su paso, es propio de su naturaleza. Y muchas veces el daño es de tal magnitud que no hay nada que prenda, que se requiere una reparación profunda y sumamente costosa. Como cuando la lluvia es tan fuerte y persistente, que se lleva la capa fértil del suelo o que empapa tanto la tierra que ésta pierde su contextura, haciéndose proclive al derrumbe o tiende a desmoronarse.

Cuando pasa un tornado, lo que deja detrás, en lugar de esperanza, es tristeza. Es quizá ese el mensaje más importante de la canción de Silvio, porque su armonía si bien es suave y bella, está cargada de nostalgia y trasmite una profunda tristeza que es acompañada -o explicada- en la letra por la imagen que le imprime el término “parezca” que está en los versos al final de las dos estrofas: “que cuando escampe parezca nuestra esperanza”.

Y es que no importa lo nobles y positivos que sean los cambios que se persiguen, cuando la ruta que se toma no es consistente con la armonía que ellos prefiguran, es inevitable que se instalen en un marco de tristeza, derivado de la forma, del destruir para construir y de lo que se llevó la destrucción en su camino. Es por eso que es inevitable, como dice la letra de Silvio que lo que quede sólo parezca nuestra esperanza, no la constituya realmente.

A diferencia del llamado a la revolución, y por muy malo que sea el sistema que se quiere cambiar, la ruta reformista apuesta a su transformación a partir de lo que existe, sin negarlo, aprovechándolo como punto de partida y rescatando sus aspectos positivos. Es por ésto que desde mis tiempos universitarios, me aparté de la ruta “revolucionaria” e identificándome como “reformista”, a pesar de ir a contracorriente -de hecho, uno de los insultos preferidos de mis amigos revolucionarios, era gritarme “reformista”.

Después de hoy, cada vez que llueva, creo que agregaré a mis sensaciones recurrentes, el recuerdo y la certeza de no haberme equivocado en mi juventud temprana, cuando opté, contracorriente, por el “reformismo” en lugar de declararme “revolucionaria”, cuando entendí por qué “el fin justifica los medios”, máxima revolucionaria, dio paso a “el fin determina los medios para alcanzarlo”.

El video:

La letra:

Rabo de nube (Silvio Rodríguez)

Si me dijeran pide un deseo
preferiría un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.