Reflexiones post-electorales

Una de las mejores cosas que tiene asumir que estamos en dictadura y gobernados por grupos de corruptos y mafiosos, es tener la certeza de que no tiene sentido generarse falsas expectativas con cada acción política puntual.
Quienes se generan falsas expectativas, o quienes las usan para promover la participación de otros, hoy tienen que recoger sus palabras y “reparar daños”.
Claro está, no generarse falsas expectativas no significa no reconocer que el liderazgo político podría hacer las cosas diferentes y demostrar que ha aprendido más durante estas dos décadas.  Tampoco significa no reconocer que buena parte de la ciudadanía tampoco ha aprendido y sigue esperando que alguien resuelva los problemas y concrete el cambio en el país.
A esta hora, aún esperamos que se terminen de recoger las actas, cosa que sabemos que siempre se toma tiempo, y que el liderazgo presente un caso para investigación de fraude, sólido e irrefutable.  
Pero también esperamos muy buenas explicaciones sobre la acción tardía frente a la presencia de los nicaragüenses y la inacción institucional ante los cambios de centros a última hora, porque lo que se hizo fue organizar el “resuelve” en comandita, facilitando el traslado de votantes, que fue una buena medida, pero que institucionalmente, no era suficiente. 
Mientras esperamos que avancen esas acciones, podemos dedicarnos al deporte nacional de acusarnos o insultarnos unos a otros (parece que esa opción va ganando hasta ahora), o podemos respirar muy profundo y reflexionar sobre algunas cosas.
Aquí les dejo algunas preguntas para que las tomen como ejemplo:
1. ¿Pertenece Usted a algún grupo u organización política o ciudadana, o simpatiza con alguna actualmente?
2. Si pertenece a alguna organización o hace activismo ciudadano en su sector, ¿cuántas personas forman parte de su grupo? ¿cuál es el alcance real de sus acciones y cuánto significa eso en el tejido organizacional ciudadano?
3. Como ciudadano ¿cuándo cree que habrá un cambio real en Venezuela? ¿Cómo cree que se dará ese cambio? ¿Quién y con quién lo construiría?
4.¿Cómo puede contribuir como ciudadano y cómo puede contribuir su grupo, si pertenece a alguna organización o grupo de activistas, a construir una salida real para Venezuela?
5. ¿Cómo cree que se puede construir gobernabilidad y estabilidad en Venezuela, si se diera un cambio de gobierno? ¿Qué podría aportar Usted y su grupo? ¿Qué estarían dispuestos a sacrificar y a ceder?
6. ¿Cómo se propone trabajar cambios culturales importantes para la construcción de ciudadanía como la erradicación del clientelismo y la “viveza criolla”?
7. ¿Cómo, con qué estrategia y en cuanto tiempo se puede lograr construir tejido social robusto que contribuya con un cambio real en Venezuela y que ayude a garantizar gobernabilidad en el marco de una guerra en contra de las mafias desplazadas del gobierno, si se lograra impulsar un cambio?
8. ¿Con cuáles de las mafias y grupos armados vinculados a los grupos en el gobierno considera que se debería negociar para garantizar viabilidad de un cambio y la gobernabilidad posterior?
9. ¿Qué estaría dispuesto a perdonar y a quién para facilitar la transición y para construir viabilidad y gobernabilidad de un cambio?
10. Para los que no les gustan los partidos políticos existentes: ¿estarían en disposición a construir un nuevo partido político que se convierta en alternativa de poder? ¿cómo, cuando, por dónde comenzaría? ¿Cuánto tiempo cree que le tomaría?
Estas son algunas preguntas para una reflexión política pura y dura, que pueden ayudar a ciudadanos, activistas, militantes y dirigentes partidistas a ubicarnos en el panorama que hoy vivimos y pensar, más allá de los escenarios de algunos teóricos y de la batalla campal de insultos y acusaciones, cuál es nuestro rol y el alcance de nuestras acciones y cómo integrarnos en la construcción de una salida viable y duradera.

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Derecho a la Paz en #12AccionesPorLaPaz

Ayer, con la coordinación del Centro de Justicia y Paz, Cepaz, se iniciaron unas jornadas de activismo por la paz y los derechos humanos. 
Éstas se estarán desarrollando entre el 21 de septiembre, que se conmemora el Día Internacional de la Paz, y el 2 de octubre, que es el Día Internacional de la No Violencia.
La idea que impulsa a CEPAZ para organizar estas jornadas, es promover la paz en el país, para fomentar la tolerancia y el respeto a las diferencias, con la premisa: “pequeñas acciones ciudadanas hacen posible cambiar la manera en que nos relacionamos con los demás, y que si estas se replican durante varios días, terminan convirtiéndose en un poderoso agente de cambio”.
Aquí les dejo el video de presentación de esas jornadas:


Así, en la #PlazaFrancia de #Altamira, diversas organizaciones y personas estuvimos dándole vida a #PasaTuGrulla, doblamos grullas con la orientación de los voluntarios de CEPAZ, pero especialmente, con la sapiencia de las queridas Lidia Coronado (@lidiaorigami en instagram) y Giannina Provenzali (@laprovenzalita)
Y también hablamos sobre los 12 derechos.
Aquí les dejo, ordenadas y redactadas, parte de las ideas, que compartí sobre el Derecho a la Paz.

En términos llanos y sin pretensión de hacer referencia a teorías, podemos decir que la Paz es un estado y un propósito, social y personal, pero también es un derecho humano.
La Paz se experienta internamente y se desarrolla en un contexto que la determina.
Como estado y como propósito, es dinámica, por ello, las sociedades y las personas, estamos en una búsqueda y reconstrucción permanente, interior y de las condiciones de contexto, que nos permitan experimentarla y mantenerla.
Como estado, en las sociedades y las personas, se experimenta como equilibrio, estabilidad y tranquilidad, y para las sociedades, se traduce en convivencia.
Como propósito, la búsqueda incluye que cesen la guerra y la confrontación y se superen la ira, el odio y el resentimiento. 
Como derecho humano, la Paz es un derecho complejo que, para realizarse, depende de la garantía de muchos otros derechos.
Entre los derechos relacionados con el derecho a la Paz, de acuerdo al sistema de Naciones Unidas, tenemos el derecho a la participación, política y en los asuntos públicos, lo que implica que se garanticen y se ejerzan los derechos a la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión.
Tenemos el derecho a la justicia en todas sus dimensiones que incluyen el derecho a la verdad y a la reparación en casos de violaciones de derechos humanos; el derecho a la seguridad también en todas sus dimensiones, incluyendo el derecho a exigir el desarme completo, pero también, el derecho a vivir en un ambiente sano.
Enlazados con ellos y en consecuencia, se requieren garantizar el derecho a la objeción de conciencia, a la resistencia y a la desobediencia civil, especialmente en contextos en los que la Paz esté amenazada y en los que el régimen viole los derechos humanos; así como el derecho a emigrar y al refugio.
Y finalmente, se relacionan y determinan la garantía y posibilidad de realización del derecho a la Paz, derecho al desarrollo y a tener un medio ambiente sostenible, pero muy especialmente, un derecho que como el derecho a la Paz es transversal y complejo, el derecho a la educación, que en este caso, se enfoca en ser educado en y para la paz.
Como se trata de un derecho humano, es importante señalar que los ciudadanos, todos y sin discriminación, somo titulares del mismo y el Estado, tiene la obligación de garantizarlo de forma adecuada y oportuna.
Obviamente, las personas tenemos responsabilidad en la construcción de la Paz. Esa responsabilidad se expresa en el reconocimiento y respeto al otro y en la construcción y mantenimiento de la convivencia, fortaleciendo la institucionalidad y respetando las normas que, como sociedad formalmente, nos damos. De igual manera, se expresa en el ejercicio de nuestro deber como ciudadanos, a exigir al Estado que garantice la Paz para todos. 
En esa exigencia, que es la forma que toma lo que se denomina actualmente, corresponsabilidad, es importante que los ciudadanos seamos especialmente activos exigiendo a los organismos del Estado, la garantía del derecho a la Paz y todos los derechos que la hacen efectiva, y recordando que no se puede restaurar un derecho, o la inclusión de sectores en una sociedad, apalancándose en la violación de los derechos, o en la exclusión, de otros. No se puede incluir, a través de la generación de nuevas o diferentes formas de exclusión.
Y en el plano social y personal, es importante recordar que no se puede construir la Paz, cultivando el resentimiento.

Como era de esperarse, la 4.000 estuvo presente. 


Foto de Ana María Ramírez (@amramirezy) Gracias Ana, por la idea y la foto.

Socialismo cristiano, revolucionario y chavista

Hoy se presentó, a través de una cadena nacional, el regreso a clases como una gran fiesta con música en vivo incluida.

El evento constituyó una amplia propaganda de “la realidad del país y del sistema educativo” a través del lente gubernamental. 

En la muestra: pocas escuelas, grandes anuncios y peculiares firmas y “ejecútense”, sirvieron de marco para el tejido o reconstrucción de la narrativa de la “revolución bolivariana”. 

De dicha narrativa, se pueden identificar como los mensajes de fondo más resaltantes:

1. Reconstrucción de la imagen de Nicolás como el presidente humilde, en sintonía con el pueblo y abrazado por los niños, que es galardonado con un gorro de cocinero, por las madres procesadoras.

2. El afianzamiento de la ANC como instancia “legítima”, al hacerse acompañar en el recorrido de la cadena,  por dos “constituyentistas”.

3. La consolidación del “poder de la pareja presidencial” y la exaltación de Jaua como figura clave para el “proceso revolucionario”, especialmente en la formación de valores a través del sistema educativo. 

4. El relanzamiento del pensamiento “ideológico” del grupo en el poder, al asumir su religión-política “formalmente” como referente ideológico, rebautizándolo como “Socialismo Cristiano, revolucionario y chavista” (bueno, con algunos adjetivos adicionales que se me escapan); manteniendo al denominado “comandante eterno” como figura central, a Maduro como su hijo y heredero; y reiterando el “Chávez Vive”, como consigna y saludo.

5. La presentación de una nueva alianza: la unión espiritual-militar encarnada por un cura y un militar en cadena nacional. Ésta nueva “unión” ratifica el carácter militarista del grupo en el gobierno, ya que, además del lenguaje recurrentemeente empleado por los voceros gubernamentales y de las figuras estructurales como la “guerra popular prolongada” incluida en el “Plan de la Patria”, todas las alianzas que se construyen, son denominadas “sector x”-militar.

6. La ratificación del paternalismo como relación “Estado-Sociedad”, que “garantiza” el bienestar de la población, a cambio de sumisión y de una relación clientelar, materializada, en este momento, a través del “carnet de la patria”; retribuida con votos, lealtad partidista y participación en manifestaciones y actos de propaganda, y que excluye a todo el que no participe en ese arreglo.

Esta es la narrativa de hoy, contra ella compiten todos los grupos críticos y opositores para llegar a los sectores beneficiados, ampliar sus audiencias y revelar la situación real de Venezuela, ante el resto de los países de mundo.

Mar de fondo

Ayer Nicolás Maduro hizo varios anuncios y declaraciones solapadas en medio de una simulación-caricatura de asamblea popular.

Al grito de ¿quieren que congele los precios? la gente respondía con consignas afirmativas, y Maduro decía “aprobado”. Esa fantochada la hemos visto muchas veces, no es ninguna novedad.

Tampoco es novedoso, de hecho, cada vez es más frecuente, que Maduro le pida a la gente que salga a defender sus decisiones en la calle. Sin embargo, ayer esa solicitud iba acompañada de la advertencia de que sus decisiones y políticas no podían ejecutarse sin el concurso de la gente defendiendo su ejecución en la calle.

Luego, volvió a invocar la inconstitucional condición de la “unión cívico-militar” como soporte de las acciones de “defensa” que debía hacer el pueblo en la calle.

Ese conjunto de declaraciones, lo hemos visto muchísimas veces, con distinto orden y variadas intensidades en los más diversos contextos desde hace tiempo.

Esta vez, llama la atención su combinación, la intensidad y el significado de lo que plantea. Maduro llamó a sus partidarios a la confrontación en la calle, mentando la Paz, antes, durante y después, pero ese fue el llamado.
También anunció una inaceptable “constituyente”, cuya presentación tiene tantas irregularidades como provocaciones, pero con la que pretende decretar la muerte de la República y que hizo que el país centrara la atención en ella. Un paso más en el golpe de estado continuado que su gobierno tiene años dando.

Ante ese anuncio, entiendo que lo natural es que la gente centre su atención en la “constituyente”, pero Nicolás Maduro anunció el paquete completo.

“Constituyente” ilegal y chimba y congelación de precios, no tienen vida sin la confrontación en la calle. La dictadura lo sabe y su jugada, ante la presión internacional y el incremento de las protestas, fue escalar el conflicto, pero poniéndolo en manos de la gente. Delegando en las personas el control de la pretendida y sobrevenida “institucionalidad”.

Esa jugada, se apoya en la necesidad de la gente y busca que sus partidarios, aquellos que estaban volteándose por cansancio y desesperación, vuelvan al “redil” y se conviertan en los protagonistas de la confrontación.

El gobierno sabe que cuenta con la FANB, la GNB, la PNB y la mayoría de las policías estadales y municipales, pero además, sabe que tiene a su servicio a todos los grupos paramilitares y parapoliciales que ha creado, financia y protege, y también tiene a los inconstitucionales milicianos. Los hemos visto actuando conjuntamente.

El gobierno sabe que cuenta con las armas, ante un país, desarmado pero en protesta. El gobierno actúa con la petulancia del que sabe que no tiene la razón, pero que opta por la sumisión del contrario porque tiene el poder del fuego, los recursos y las mafias.

El gobierno llama a sus partidarios a la confrontación, que no es más que la declaración de una guerra civil, con esquema de guerrilla y disfrazada.

Eso, como la ilegalidad de la “constituyente”, debe saberlo el mundo y nosotros debemos tenerlo muy claro.

Hoy vimos las primeras muestras de cómo se puede desarrollar esa confrontación en la calle.

Escribo ésto, luego de regresar de la tranca en la Trinidad, y de leer en las noticias que unos paramilitares, de los que acompaña y protege siempre la GNB, hicieron un boquete en un muro de un edificio residencial en una zona de Caracas, que ardían dos apartamentos incendiados -no se sabe si por acción de unas lacrimógenas que lanzó la guardia o por acción de los paramilitares-, que hay varios sitios donde se mantiene la represión y que hay un grupo de oficialistas lanzando cohetes y piedras al Palacio Legislativo y amenazando con tomarlo.

Creo que debemos meter también esta dimensión de los anuncios de Maduro ayer, de lo que sucede, en nuestros análisis y escenarios de decisión y que debemos hacer la denuncia internacional, apoyándonos en la transmisión que se hizo de su discurso, desde la concentración oficialista.

Una toma de la tranca en la Trinidad, hoy 2 de mayo, 2:20 pm

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Para terminar, les dejo este fragmento de lo que acabo de vivir, para pensar:

En el camino de ida a ver cómo estaba la tranca esta tarde, me crucé con mucha gente tratando de llegar a un lugar en el que pudieran agarrar un bus o una camionetica. Nunca me había cruzado con tantos chavistas en esa zona. Todos estaban arrechos porque no podían ir a sus casas.

Supe que eran chavistas porque cuando pasaban decían bajito “viva Chavez” para que lo escuchara la persona con la que se cruzaban, o hacían algún comentario crítico a la tranca.

Uno de los que habló un poco menos bajo, dijo: ¿vieron, esa es la gente que quieren que los gobierne?

Hablaba desde la impotencia de quién se sabe perdido, de quién siente que le están arrebatando el país. Hablaba desde el resentimiento, pero con la convicción de que para ellos, el final del conflicto implica exclusión.

Ese, el resentimiento, fue el alimento de Chavez al inicio y es algo que arrastramos desde nuestra historia de sociedad dividida, que no hemos podido resolver.

El resentimiento y la exclusión es lo que hace que la #DictaduraEnVenezuela siga teniendo apoyo de alguna gente.

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A falta de pan… ¡guerra!

Cuando tenía 3 años mi familia se mudó a Villa de Cura, en aquel momento, la puerta del llano, pueblo fundado por Juan de Bolívar y Martínez de Villegas -o Bolívar y Villegas para nosotros los villacuranos, y abuelo del Libertador para los libros de historia.

(#BTW cada vez que releo algo de la vida de Simón y su familia, -como hice ahora para recordar el nombre completo de su abuelo-, no puedo evitar preguntarme si alguno de los que está o ha estado en este des-gobierno, se ha leído o, al menos, tiene una vaga idea de quién era y de dónde venía Bolívar)

Llegamos a La Villa, porque mi padre quiso apoyar el emprendimiento de mi abuelo materno, Neptalí que decidió meterse en ese pueblo para trabajar una panadería -fíjense que digo “para trabajar una” y no “para trabajar en una”, porque se trataba de su emprendimiento.

Con  Neptalí estaba Machillo, -que hoy pudiera haber sido llamado “Neptalí Segundo” o “Junior”- mi tío serenatero y buena nota que, por su inmensa generosidad, tenía más ahijados que monedas en el bolsillo, que cantaba, guitarra en mano, como los dioses y que hacía las tortas y dulces más divinos de toda la región.

Les hablo de la Panadería Bolívar, ubicada en la calle Bolívar de Villa de Cura.

En Cagua, una rama cercana de la familia, tenía un similar emprendimiento, de la mano de Pepe, alias, Pepito un simpático gigante con cuya familia nos criamos como hermanos.

Y como las panaderías son emprendimientos familiares, mi mamá dejó su puesto de contadora en una petrolera, para irse a la Villa, y trabajar, entre otras, atendiendo el mostrador.

Hija, nieta y sobrina de panaderos y pasteleros, mis recuerdos de infancia y adolescencia están llenos de referencias de trabajo.

(A ver “revolucionarios”, repitan conmigo: T-R-A-B-A-J-O, ahora todo junto “TRABAJO”, con mayúsculas y no por gritado. Obviamente, ellos no conocen su significado, pero al menos, “por ahora”, sabrán como se deletrea).

Comprar y pagar los insumos para preparar el pan, -se que decir “comprar y pagar” parece redundante, pero algunas personas no entienden mucho que se “compra” invirtiendo dinero, pagando por lo que se obtiene-, contratar, formar y administrar personal, hacer inventario, preparar los insumos y equipos, -comprar y mantener estos últimos también-, limpiar, atender al público, hacer caja, llevar la contabilidad, pagar impuestos, comprar y cambiar bombillos, pintar paredes, pagar la luz y el agua, y hasta cargar sacos de harina, forman parte de las actividades que se realizan en una panadería.

Los dueños de una panadería, se levantan de madrugada para ir a prender el horno, lo que garantiza que esté a la temperatura adecuada para hornear el primer pan de la mañana. Mientras el horno se calienta, preparan los insumos para hacer la masa y comienza el proceso de producción.

La Panadería Bolívar abría a las 6 am, por lo que mi abuelo y mi tío, a veces con mi abuela, debían estar allá cerca de las 4 para poder calentar el horno y arrancar el trabajo. La panadería la abría mi papá a las 6 y la cerraba, con mi mamá, a las 10 de la noche.

La Panadería Bolívar

¡Así era la elaboración del pan en la Panadería Bolívar! En la foto, que seguramente tomó mi papá, mi abuelo es el que alza la tabla de pan. De espaldas, mi abuela y mi tío.

(Había panaderías en las que el horno debía ser pre-calentado en la noche, para lo que el emprendedor, salía de su casa, a esas horas, para prenderlo y apagarlo y así, además de evitar accidentes, garantizar que la temperatura que lograda al inicio de la mañana, fuera la adecuada).

Preparar la masa para hacer pan -y más en las cantidades en las que se produce en las panaderías-, no se reduce a mezclar harina con agua y ponerle un poco de levadura para que levante. Implica hacer la mezcla adecuada y de acuerdo a los tipos de pan que se quieren producir, amasar, dejar en reposo y dependiendo del tipo de pan, volver a amasar, cortar, amasar, cortar, moldear -incluyendo “simpático” el corte del pan en el lomo, colocarlo en las bandejas enharinadas, dejar reposar el tiempo suficiente y luego hornear, con el cuidado y la temperatura correcta, para que el pan esté listo, sin quemarse, secarse o quedar crudo por dentro. En algunos casos, el pan amasado y casi listo, se puede guardar un tiempo en una cava, a la temperatura adecuada para que mantenga la calidad y la frescura, pero en ese caso, hay que sacarlo de la cava con suficiente antelación, para que se “caliente”, antes de ser metido al horno.

Amasar es todo un arte, pero también es un trabajo duro y rudo. ¿Alguna vez has amasado a mano para hacer pan? Si no lo has hecho, y consigues harina, prúebalo, es una muy buena experiencia.

(Si consigues harina, dije, porque sin harina no hay pan. Esa es otra de las cosas que reiteradamente parece desconocer este gobierno).

La preparación de los dulces también es una tarea ardua y delicada. En ella hay mucho de arte y el proceso tiene tantas variantes como diversidad tenga la oferta de la panadería. En la Bolívar, los dulces eran riquísimos todos. Eso ya lo dije, ¿verdad?

Pero una panadería no está completa, sin unas mesas, un buen café y excelente trato de los que están detrás del mostrador. Así que el trabajo de todos, realmente importa.

Si preparas café o jugos, además del trabajo de preparación, tienes que lavar y mantener limpias las tasas, los platos y los vasos. Si calientas un cachito o preparas un sándwich, debes tener la plancha a la temperatura adecuada, el plato limpio y la servilleta lista para entregarlos al cliente. Hoy se usan platos de cartón y vasos plásticos, lo que reduce un poco el trabajo, pero no lo elimina.

En las panaderías siempre hay cestas para botar la basura y esas también deben mantenerse limpias y, preferiblemente, vaciarlas con mucha frecuencia.

En la Panadería Bolívar, también hubo helados que se servían en copa, gracias a una inversión hecha por mi papá en una gran máquina de hacer helado que estaba a la vista de todos, a la altura del mostrador.

El café, en la Panadería Bolívar era mundial, especialmente, los domingos en la tarde, cuando estaba jojota y me dejaron aprender a usar la greca, -bueno, lo de “mundial” es un modismo contemporáneo y algunos amigos de la familia que iban a pasar un rato por la panadería, decían que les gustaba que les preparara el café.

En la Bolívar creció, como trabajador Saúl . Saúl y Julieta, son una muy querida pareja que aprendieron cómo trabajar una panadería, y que posteriormente se bautizaron como emprendedores, en el otro extremo de la Avenida Bolívar, con la Panadería la Romana. Ellos, como mis abuelos, tíos y padres, saben el significado de la palabra “trabajo”. Ellos aprendieron lo que significa trabajar, con la experiencia y el ejemplo.

Muchos recuerdos afloran en mi mente -más inquieta y triste que de costumbre- desde que a este gobierno se le ocurrió inventar como excusa la “guerra del pan” para atacar a los emprendedores, dueños y trabajadores de las panaderías, con regulaciones absurdas y descabelladas amenazas.

Ahora tenemos a las milicias y a las personas que distribuyen los CLAP, haciendo de “inspectores” de las panaderías, para que el gobierno pueda cumplir con la arbitraria amenaza de “transferir a los CLAP” las panaderías que “no cumplan” con un “instructivo” elaborado por el gobierno, para regular su producción.

Cuando a uno lo agarra la hora del desayuno, o la del almuerzo, en la calle y no te dio tiempo de llevarte la comida en una lonchera, ni te da tiempo para otra cosa, no hay nada mejor que meterte en una panadería y comerte un cachito de jamón, o de su nueva versión que es de jamón y queso paisa.

Pero, ahora, tampoco podrás hacer eso, porque el gobierno, en su “infinita sabiduría”, decidió regular cuanta harina tendrán mensualmente las panaderías y en qué cosas se puede emplear. Eso en los casos en los que las panaderías sigan al pié de la letra la absurda regulación establecida en el “instructivo”, porque aquellas que, por alguna razón, no logren cumplirla, habrán dejado de ser panaderías y pasarán a ser locales desde los que los CLAP, con su “impecable preparación de maestros panaderos y comerciantes”, estarán aprovechándose de un nuevo negocio “ocupado temporalmente” por el gobierno y en consecuencia, condenado a la quiebra y el fracaso.

Obviamente, este gente no tiene idea de lo que es trabajar, ponerle empeño a algo, emprender, construir. Prefieren inventar fantasmas y excusas, robar, arruinar y destruir.

Esta nueva declaración de guerra gubernamental, es un ejemplo de cómo se maneja la dinámica de una sociedad sustentada en el control absoluto del Estado, en la anulación de todos los derechos de los ciudadanos y en las relaciones de poder basadas en la lógica y en el lenguaje de la guerra, tal como se establece en el llamado “Plan de la Patria”.

Hoy, frente a esta nueva acción gubernamental, podemos decir: así es como se ve y como se vive, lo que en el “Plan de la Patria” se denomina “unión cívico-militar” y “guerra popular prolongada”.

Cuando el caldo de cultivo es resentimiento y prepotencia, y la dinámica social invocada es la guerra, se consagra el miliciano como brazo ejecutor de la tiranía.

PS 1: ¡Gracias a mi hermana Marisol por la foto!

PS 2: o aclaratoria innecesaria para los resentidos de siempre -opositores incluidos-, mi familia vendió la Panadería Bolívar antes de que murieran mi papá, mis abuelos y mi tío, que murieron hace décadas.

El gen de la corrupción

Hace un par de días entré a un supermercado a comprar cacao. Aprovechado que lo conseguí -cosa que, como sabrán, no sucede con frecuencia- tomé una cestita, agarré plátanos, cambures, ajo, una botella de agua y busqué la caja para clientes con pocos productos, para pagar.

Como no era hora de mucha gente, ninguna caja estaba habilitada para clientes con pocos productos. Por cierto, me llamó la atención que tampoco había una habilitada para la atención de personas con necesidades especiales, de hecho, sólo había 3 cajeros, cada uno con una larga cola.

En todas las colas había una mezcla de personas con un carro lleno y personas con 2 o 3 productos, de clientes jóvenes y adultos mayores, de gente sola haciendo su recorrido y de parejas haciendo cola y buscando productos a la vez.

Vistas las semejanzas, escogí una. El último de la fila escogida, ahora el penúltimo -sólo por 3 minutos- era un señor, como de mi edad, con un carrito ocupado a un cuarto de capacidad. Minutos más tarde, apareció una señora con un par de productos, los agregó al carrito y se fue a continuar la compra. Ellos eran de los hacían mercado juntos: mientras ella colectaba productos con calma, él “adelantaba” haciendo la cola.

La cola ocupaba todo el pasillo a lo largo, casi no se movía, y cuando avanzó un poco, ya tenía varias personas atrás. La chica que me seguía, solo llevaba de compra, un par de bandejitas.

En esta oportunidad y a diferencia de otras, estas eran colas silenciosas. Casi nadie hablaba, incluyendo los que iban en grupo o en pareja.

Ya a dos personas de pagar, apareció un hombre alto, flaco y con un casco en brazos, se acercó a la mujer de la pareja que me precedía y le pidió bajito que lo dejara pagar primero porque él tenía un sólo producto.

Mi mente de ciudadana ilusa, se imaginó la negativa de la mujer, acompañada de la invitación al personaje del casco, a que consultara al resto de las personas que estábamos en la larga cola, -varios con muy pocos productos, como la chica de las dos bandejitas- si estábamos de acuerdo con dejarlo pasar. Sin embargo, ella le dio permiso para colearse. Para ninguno de los dos parecía importar ese detalle a la hora de decidir y ni hablar de su acompañante, que no se dio ni por enterado.

Como era de esperarse, protesté directamente dirigiéndome a los dos. El hombre del casco se volteó hacia la caja y se hizo el loco para no darse por aludido. La mujer sólo atinó a repetir que lo hacía porque él tenía un solo producto que pagar y no lograba incorporar en la ecuación para su permiso de coleo, que la cola era larga, que todos teníamos tiempo haciéndola y que en ella había personas con también con pocos productos que, dado su criterio, también deberían pasar primero que ella.

El hombre del casco, para sentirse apoyado en su solicitud, le contó, también bajito, a una supervisora del supermercado que iba pasando, que él se iba a pagar sin hacer cola, porque tenia una sola cosa que comprar. La supervisora escuchó y no dijo nada como si le hubiera hecho un comentario irrelevante sobre el clima.

Durante la argumentación de mi protesta, una Señora que estaba como cuatro  puestos detrás de la chica de las dos bandejitas, y que obviamente pensaba que lo sucedido sólo era mi problema, me sugirió que aprovechara la disposición de la pareja precedente y que también pagara primero.

Ante ese comentario, me detuve a observar la cola y pude apreciar que había gente a la que le daba lo mismo la coleada, gente a la que le molestaba pero prefería no decir nada y gente, como la señora, a la que le parecía que lo justo era que yo también me coleara.

Por cosas como estas es que tenemos el país como lo tenemos, fue la frase más repetida y a la vez más incomprendida que repetí en mi conversa-protesta en la cola. La chica de las dos bandejitas, me daba la razón y hacía comentarios de protesta también bajitos, bueno, realmente, sólo los conversaba conmigo.

La mujer artífice del permiso para colear,  que en su esfuerzo por no sentirse cuestionada, paseaba su vista por el supermercado, detuvo horrorizada la mirada, cuando vio algo que le llamó la atención y que le parecía oportuno para hacer un comentario crítico.

En ese momento, se volteó y me dijo, también en voz baja.

– Mira, el tipo del supermercado le está entregando, encaletado, azúcar a un Guardia Nacional.

Lo dijo con cara y con tono, de “eso” es lo que tiene el país así. Y agregó un par de frases más que reforzaban la idea.

Como la estantería obstaculizaba mi ángulo de visión, me asomé al final del pasillo y pude ver la triste escena: un hombre, ataviado con el uniforme del supermercado estaba agachado detrás de unos muebles sacando unos paquetes de azúcar y efectivamente, entregándoselos a otro hombre con uniforme de la Guardia Nacional.

En ese momento, pensé que si se tratara de una venta previa que el GNB había dejado guardada allí, mientras trabajaba, seguramente estaría guardada en bolsas del supermercado y las habría reclamado en la taquilla correspondiente, factura en mano, por lo que, la escena, tal cual como se desarrollaba, resultaba demasiado sospechosa.

Pensé también que lo lógico, antes de concluir que no se trataba de una compra previa guardada, sino de una entrega encaletada, habría sido preguntar y una vez puesto el abuso en evidencia, elevar una clara y diáfana protesta.

Mientras me lamentaba mentalmente por haberme quedado sin pila en el celular para tomar una foto de esa curiosa escena y ejerciendo mi lógica plena, me volteé hacia la mujer y le dije, en voz clara y entendible, hasta por los protagonistas de la escena azucarada:

– El que el señor del supermercado le dé azúcar encaletada a un Guardia Nacional, es en el fondo, exactamente lo mismo que Usted deje que ese señor del casco se colee y eso es lo que tiene al país, como como lo tenemos.

Ella se volteó a la caja y todos guardaron silencio.

Me volví a asomar para ver como iba la entrega, pero ya el GNB y el trabajador del supermercado, habían terminado su faena y hecho mutis.

Mientras caminaba del supermercado un par de cuadras, hasta el estacionamiento en el que había dejado el carro, pensando en lo sucedido, decidí que iba a escribir un post sobre ello.

Al día siguiente, cuando comencé a ordenar las ideas para hacerlo, me tropecé por twitter con una extraña noticia “a Wilmito le disparan mientras pasea con su familia por Margarita”.

En ese momento, ante una frase como esa, mi mente, acostumbrada a usar los diminutivos por cariño, asoció la frase a la imagen de una familia, de un niño -“Wilmito”-, probablemente con hermanitos y de manos de papá y mamá. Así que decidí hacer una pausa en la tarea autoimpuesta, e investigar.

“Wilmito” resultó no ser un inocente niñito, resultó ser un “pran” -de acuerdo a la nota de Runrunes, el primero que existió en Venezuela- que estaba en Margarita de “vacaciones” con su familia.

En cualquier país, -sin saber que ese señor ha estado detenido en varias cárceles (Vista Hermosa, Tocuyito y Tocorón) como se recoge en la nota que, al respecto, hace El Nacional-, la gente se podría preguntar con absoluta naturalidad: ¿cómo puede ser que una persona que está presa, aparezca en otro estado, en una isla, a la que, para llegar necesitas tomar un avión y por tanto, pasar por los controles de la seguridad del Estado, sin ser detectado y detenido? ¿cómo pudo suceder ésto?

Bueno, para algunas personas, la explicación también la recoge la reseña previa: en diciembre, “Wilmito” fue “beneficiario” de un “régimen de confianza”, otorgado por la Ministro Varela (*).

Me imagino que, tal como recoge la noticia en la reseña hecha por el Efecto Cocuyo -citando información del Correo del Caroní- el fundamento de la decisión, además de lo que dice el documento, estará asociado a las características de su “gestión”: “su pranato se ha caracterizado por mantener una “paz armada” dentro de la cárcel, así como una amplia red de extorsión en el comercio local. Eran conocidas sus recurrentes entradas y salidas del penal, su trabajo para humanizar el centro de reclusión con actividades de esparcimiento y recreación, y hasta por tener una columna de opinión en un diario nacional”. (**)

Sin embargo, me llamó poderosamente la atención de que ese “régimen de confianza” incluyera vacaciones en la isla, por lo que me fui a los artículos citados en el documento y encontré que, de acuerdo al artículo 161, “Wilmito” debió haber sido “ubicado” en “una unidad de producción o un área especial del recinto penitenciario” en el que se encontraba cumpliendo la condena, por lo que, a menos de que exista una “unidad de producción” en Playa Parguito, el “régimen de confianza”, no le permitía andar de paseo vacacional con su familia, tranquilamente.

regimen-tutelado

Pero además, imagino que el paseo por Playa Parguito, si no se considera una fuga, al menos debe contar como “falta disciplinaria”, por lo que, de acuerdo al artículo 164, en este momento, se considerará terminado ese “régimen de confianza”, en consecuencia, “Wilmito” habrá perdido los “privilegios” ganados y sólo conservará los que como “pran” antes tenía.

Y a esta altura, quizá algún lector se preguntará porqué echo estos dos cuentos en el mismo post. ¿Qué tienen en común lo sucedido con “Wilmito”, con la historia de la mujer que colea al señor del casco y que se queja de la entrega de azúcar encaletada que hace un trabajador del supermercado a un GNB?

Pues que los tres eventos están signados por “el gen de la corrupción”.

Notas:

(*) El documento en el que queda registrado este acto, lo puedes ver en la imagen publicada por la periodista @MachadoSabrina en este tuit

(**) Para los que quieran leer un par de notas que amplían la información sobre “Wilmito”, dejo noticias publicadas en el Correo del Caroní: Noticia 1 y Noticia 2

PS: Muy agradecida al amigo @cnietopalma que después de publicar, me pasó este enlace del portal Runrunes, con muchos más detalles del caso

¡La desgracia en que se ha convertido #Venezuela!

Si algo tiene la gente en Venezuela, es una enorme capacidad para enfocarse en el intercambio de afecto independientemente de las circunstancias. Una sonrisa, un abrazo, con los panas, una muestra de solidaridad con un desconocido, forman parte de nuestro día a día. Vivir una fecha como la de hoy -día del amor y la amistad-, en Venezuela, incluso puede ser extremadamente empalagoso.

Sin embargo, el primer pensamiento que cruzó mi mente al despertar, fue que tenía que llamar a dos laboratorios para preguntar cuando reanudaban la producción de sus medicamentos, o la importación si es que no los podían seguir produciendo en Venezuela.

Y es que en estos tiempos, días como hoy se celebran a destajo en medio de una vorágine de noticias y realidades que te aplastan.

Tengo varios amigos, cuyo bienestar depende de medicamentos que no se consiguen ahora. Para otros, es la salud y la vida lo que está en juego, también por la falta de medicamentos.

Tengo amigos y conocidos mucho más delgados y no, como en mi caso, por causas de fuerza mayor, sino por la mayor de todas las causas: no están comiendo ni bien ni completo, porque no hay comida suficiente y accesible en Venezuela.

Conozco gente que hoy llora a algún familiar o amigo fallecido por falta de medicamentos, de atención médica o porque un antisocial lo mató para robarlo.

He leído la desesperación de maestros porque no les alcanza lo que ganan para vivir y también porque unos malandros una vez más -la séptima en lo que va de año-, le robaron la comida a la escuela, la comida que pertenece a los muchachitos, con la que garantizan tener algo en el estómago, al menos, mientras intentan aprender. Esa escuela queda pared con pared de una sede policial.

Tampoco te salvas si eres comunicador o defensor de derechos humanos. Si algún funcionario se cruza en tu camino, mientras haces tu trabajo, la mayoría de las veces voluntario -léase no remunerado-, puedes terminar en un “paseo” arbitrario, por alguna sede del Sebin. Si tu trabajo es impactante, o si eres manifestante o político crítico, el paseo puede transformarse en “pase” de entrada sin salida, gracias a la “independencia” del poder judicial.

Pero si eres empresario o comerciante, no te descuides, que para ti Venezuela también tiene un trato especial. En tu caso, te reserva el pago de vacuna para garantizar la “seguridad” de tus bienes y de los de tu empresa. Si no cumples, ya sabes, los que controlan tu zona, te organizarán un decomiso o un saqueo, que es lo mismo, aunque con tecnología y excusa diferente.

Esta tarde tengo ensayo, e iré a cantar con un nudo aferrado a mi garganta. Si hoy no sonrío o no te devuelvo tus afectuosas felicitaciones por el día del amor y la amistad, no te ofendas. No es personal.

No hay sonrisa, abrazo ni gesto de solidaridad que opaque la desgracia de país en que se ha convertido Venezuela.

#1S sólo será un paso más en el foso

Hoy me llegó, por un DM en Twitter, este mensaje: “El #1S COMIENZA EL FINAL https://t.co/78DL6xSEqU

Les dejo aquí mi respuesta ampliada:

El #1S no comienza el final de nada. 

El final del país comenzó en los 90s con el desmoronamiento de los partidos, el auge del clientelismo, el inicio de la corrupción, el aumento de la prepotencia ciudadana que pensó que podía vivir sin los partidos, la continuación de la prepotencia militar que siempre ha creído que los gobiernos civiles son una concesión temporal a un sector de la sociedad que no tiene con que gobernar, y con la consolidación de la alianza entre partidos de izquierda radical con la guerrilla -y sus infiltrados en la FA- que le dio fuerza a la idea de tomar el poder por las armas, en lugar de acceder a él por la vía democrática.

Evitar que el país termine de morir de mengua y reconstruirlo, requiere más que una toma, la realización de un referendo y un cambio de gobierno. 

Sacar a Venezuela de este foso implica un trabajo largo y arduo que incluye reconstrucción institucional y reconciliación nacional.

Reconciliación nacional, reconocernos como iguales más allá de la diversidad y las diferencias, iguales en derechos y en deberes y más que “tolerar” la presencia del otro en el territorio nacional, aceptarla y hacer esfuerzos sinceros de integración y convivencia.

Reconstrucción institucional, es decir, la reconstrucción de las reglas que estructuran el funcionamiento de la sociedad y la depuración de las organizaciones que las implementan y controlan, y comienza con un cambio de actitud en ciudadanos, dirigentes políticos y militares, sobre su responsabilidad en lo que sucede cotidianamente en el país y como se relaciona eso con su conducta diaria. 

Ese cambio de actitud pasa, por cierto, porque se dejen de vender ilusiones para romper con la desesperanza de la gente y lograr que participe masivamente en manifestaciones, recolección de firmas, referendos o elecciones.

Vender ilusiones como “El #1S COMIENZA EL FINAL” o como que una vez revocado Maduro Venezuela despegará y estará boyante en un año, sólo alimenta el imediatismo que tanto nos caracteriza, y nos hace daño, como sociedad.

Si marcho el #1S, será para exigir al #CNE que cumpla con la ley y deje de sabotear el Revocatorio, pero también, por el cambio de actitud que Venezuela necesita en todos sus militares, políticos y ciudadanos. 

Sin ese cambio de actitud, el #1S sólo será un paso más en el foso, en el que ya caímos y nos estamos hundiendo.

Patrimonio intangible: Entre Villa de Cura y San Francisco

Nada como despertarse un domingo y dirigir la atención -sin anestesia, ni desayuno- a twitter y de allí, al país.

Un elefante y para colmo enfermo, es la imagen recurrente con la que @Leonardo_Padron, en su crónica -magnífica como siempre pero irremediablemente triste- nos entrelaza relatos que deben sonarnos a todos cotidianos. Entre ellos, llama mi atención la despedida de alguien que deja el país por falta de oportunidad.

Una hora más tarde, me descubro con los ojos pegados al texto del Proyecto de Ley Orgánica de Cultura que, amablemente, compartió @giselakozak en su cuenta de twitter esta mañana. Después de una primera lectura y sin ánimos de análisis, mi vista se pasea entre los artículos 3, 4 y 42.

Entre ellos se lee que “la cultura venezolana es multiétnica, pluricultural, diversa, intercultural, dinámica”, (art. 3) que por ello, el Estado y los particulares tenemos el deber de fomentar el diálogo intercultural para lo que “todas las culturas populares constitutivas de la venezolanidad serán especialmente protegidas y promovidas, reconociéndose y respetándose bajo el principio de igualdad de las culturas”, (art. 4) y si alguien osara dañar “Patrimonio Cultural tangible e intangible de la nación” será sancionado moralmente (art. 42)

Mientras hacía ese recorrido recurrentemente, varias imágenes vinieron a mi memoria:

La casa de Inocencio Utrera, una especie de sabio que vivía frente a la Panadería Bolívar en Villa de Cura.  Recuerdo que era una persona tranquila y pausada y que su casa parecía un oscuro e inquietante laberinto lleno de cosas, entre las que resaltaban libros por todas partes y unas viejas máquinas de escribir. Más allá de su casa, Inocencio era un personaje respetado y admirado por la comunidad de la Villa.

A unas cuadras de allí, también en el mundo de las palabras, quedaba la oscura Librería Principal. El librero, el Sr Echeverría, un vasco -conocido como el comunista- era un hombre muy simpático con una conversa muy interesante.

Los domingos, después de misa, se citaban en una mesa de la Panadería Bolívar, los tres curas del pueblo, el Padre Marcos, el Padre Felipe y el Padre Salvador, este último el artífice de los Niños Cantores de Villa de Cura, los tres promotores de la escuela artesanal y de un par de excelentes escuelas en la Villa -una ellas tenía un internado en el que becaban a jóvenes que no tenían recursos para que pudieran estudiar. La retórica usada en sus sermones y algunas conversas en la panadería, tuvieron como consecuencia que me declarara “atea” a los 9 años. A pesar de ello, siempre contaron con mi respeto y admiración por su trabajo.

En esa misma panadería, otras tardes, recuerdo prepararle el café a los amigos de la familia que pasaban de visita, mientras Saúl, un villacurano que comenzó como ayudante de panadero y terminó comprando la panadería, colocaba los dulces en la nevera. Preparar café, poner la cantidad de café adecuada, compactada dependiendo del tipo de café; calentar la leche y sacarle espuma sin el exceso de vapor que la pusiera “aguada”; aprender la combinación y el gusto de cada cliente-amigo; era un arte que se me daba bien, al decir, entre otros, del Sr Silva -un simpático amigo portugués, dueño de una ferretería, de ojos verde claros y conversa inteligente.

Nadia, una amiga de la familia, creo que libanesa, pasaba de vez en cuando por la casa con su maleta repleta de “trapos” para la venta. Si querías comprar muebles, ibas a la mueblería del Sr Jorge, que era Sirio o Libanés, pero si de hacer mercado se trataba, lo que salía era ir al supermercado chino.

El Señor Marcos, esta vez no el cura sino el del transporte que nos llevaba a la escuela, tenía 23 hijos de su propia cosecha y de la misma madre. En su autobús, con Waleska Hernández y su pequeña hermana Sarahy, aprendí a tocar cuatro y a cantar hermosas tonadas; también aprendí muchas canciones -tonadas, pasajes, joropos y valses- en clases y fuera de ellas con las “Señoritas” Tibisay y Gisela, las maestras de quinto y sexto grado de mi escuela primaria. Gracias a ellas, por cierto, salíamos de parranda en navidad -tocando y cantando- en la parte de atrás de un camión por toda la Villa -que peligro-. Mientras en casa, al compás del Laud de mi padre, aprendí a tocar guitarra y timple, a cantar isas, folías, malagueñas canarias, así como a apreciar la música clásica y hasta la pop del momento, pegada del tocadiscos de casa, con la colección de discos de mis padres. A cantar serenatas aprendí con mi Tío Neptalí, un tremendo serenatero de gran corazón y piel aceitunada, con una aterciopelada voz y una buena guitarra. Unos años más tarde, de la mano del maestro Bino Ruta, aprendí a tocar piano y conocí a maravillosos acordeonistas italianos como Salvador y María Pía Vona.

Con una mezcla de tiempos, a lo largo de mi infancia, esas y otras muy parecidas, eran las imágenes de mi pueblo, la Villa de Cura en la que crecí. En ella, a un lado de la Iglesia, hay o había un busto de Bolívar y Villegas, el abuelo del Libertador; muy cerca por cierto, de la casa del Santo Sepulcro donde se dice que se vio alguna vez a Zamora y del lado opuesto de la iglesia al que se encuentra la gruta donde se dice que la Virgen de Lourdes apareció una vez y por la que miles de peregrinos, todos los años, se dan cita en el pueblo.

Alternando con esas imágenes, recuerdo un par de opuestos ríos de gente cruzándose diagonalmente en una esquina al cambiar el semáforo.

Una imagen imponente que nos dejó congelados contemplándolos.

Desde el primer peldaño de la escalera del autobús que nos llevó del aeropuerto al hotel, tenía la impresión de estar en la India, en China, en Ecuador o Bolivia, en algún país europeo, en Japón, todo mezclado e intermitente.

Así fue mi llegada a San Francisco. No de Asís que quedaba a pocos kilómetros del Villa de Cura, sino a San Francisco en Estados Unidos.

Los pocos días que estuve allí, los dediqué a las reuniones y actividades del curso por el que llegué a aquellas tierras y a recorrer la ciudad a pié que es como mejor se conocen los lugares y su gente. En mis paseos por San Francisco, tenía la misma sensación que cuando vivía en Villa de Cura, pero obviamente magnificada por las dimensiones de la ciudad, por el tipo de actividades y su nivel de desarrollo y también porque la gama de su diversidad cultural era mucho más amplia. Se que suena loco o extraño, en el mejor de los casos, pero es cuestión de esencias.

(Aquí va mi confesión en este post: desde que comencé a escribir me he reído mucho imaginando la cara de algunos lectores, ante mi osadía de comparar a San Francisco con Villa de Cura, aunque no menos de lo que me he reído de mi osadía)

De hecho, pensándolo bien, esa es una de las razones por las que San Francisco me atrae como ciudad, porque, en esencia tiene el mismo atributo que Villa de Cura, es un lugar de encuentro, un espacio de mezcla, intercambio, coexistencia y convivencia, que no es precisamente lo mismo.

Si tuviera que identificar lo que para mi define la venezolanidad diría, sin duda alguna y a los ojos de mi experiencia en Villa de Cura, que la diversidad cultural es una de sus cualidades fundamentales, pero no sólo con el tamiz de los ojos “ancestrales” con el que se ha pretendido acotar en estos últimos años, sino con la riqueza de la construcción y reconstrucción permanente que le han imprimido tanto las oleadas de emigrantes que nos hemos dado cita en estas tierras, como la reconocida “hospitalidad” y “calidez” del venezolano, originario -o emigrante de varias generaciones y con varias combinaciones y mezclas- Esa, que se ha bombardeado a mansalva últimamente, es parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado.

Pero me refiero a la diversidad en acción, en intercambio, en convivencia, no simplemente en coexistencia que, amable u hostil, no implica ni el reconocimiento y aceptación que la preceden, ni la integración que se requiere para que podamos hablar de una diversidad efectiva.

Esa cualidad existe, a pesar de que está resquebrajada por la evolución de nuestra dinámica socio-política teniendo como consecuencia que, en lugar de ampliarse el espacio de intercambio y encuentro, se profundicen el desconocimiento y el desencuentro.

Esa es una cualidad que se puede identificar como emergente del sistema porque es el producto de la interacción de las diversas culturas que lo conforman y que forma parte importante de la venezolanidad, por lo que debe ser reconocida e integrada en lo que asumamos como “nuestro patrimonio” -con el perdón de las precisiones técnicas y de la UNESCO- o, si lo ponemos en términos de identidad, como nuestra “conciencia histórica” (*).

Esa, que como dije antes, considero parte de mi “patrimonio cultural intangible” más preciado, es la más hermosa imagen que podemos reconocer cuando, como habitantes de esta nación, nos miramos al espejo.

(*) Asumiendo la precisión propuesta por Gisela Kozak @giselakozak y recogida por Michelle Roche @michiroche en su Álbum de Familia, me refiero a la definición de Manuel Caballero.