Borrador de notas educativo-reflexivas sobre el ciclón y la formación-información en Venezuela

A continuación comparto unas notas, que aún están en borrador, sobre lo sucedido con la información sobre lo del ciclón, dadas algunas reacciones que he estado viendo desde ayer, en las redes y en algunos grupos de chat.

Con respecto al alerta de ciclón, en Venezuela, hay 2 dimensiones, la científica y la política. 

Con respecto a la científica:

– La información sobre el ciclón no fue un invento del gobierno, la alerta incluía el riesgo de tocar la costa venezolana y en algunas partes, un poquito más abajo. Había páginas serias, en las que se podían ver los pronósticos y luego el comportamiento en tiempo real.

– El paso previsto del ciclón, debía considerar que hay efectos del cambio climático que están afectando y modificando algunas condiciones, lo que significa que hay fenómenos con cierto comportamiento, que también pueden cambiar, y en consecuencia, hay que tener cuidado con manejar afirmaciones que no tomen en consideración los cambios actuales.

– Del comportamiento del tiempo solo se pueden hacer predicciones, por lo que se hace seguimiento permanente, para identificar cambios potenciales en el proceso.

Obviamente, hay más detalles y precisiones, pero de éstos 3, es importante considerar que lo dicho en el último debería, haberse enseñado en educación básica desde siempre. Lo dicho en el segundo, es más reciente, por lo que, se espera que se incorpore progresivamente.

Y lo dicho en el primero, debe incorporarse en nociones básicas de alfabetización digital y manejo de la información, para toda la población.

Pero en esos aspectos, estamos muy lejos de la realidad en Venezuela. 

Con respecto a la política:

1. Queda claro que para este gobierno es más importante convertirlo todo en un evento mediático, que brindar información pertinente y oportuna. Parece que era más importante la rueda de prensa en la noche, con un gentío y toda una pantomima, que suministrar información sería y científica, más temprano, para que todo el mundo estuviera informado y pudiera decidir con tiempo, como es obligación del Estado.

2. También es evidente, la consecuencia de no tener un equipo profesional de primera, frente a las instancias del Estado.

3. El anuncio, el relativo a educación, fue irresponsable, porque: 

– Dado que se trataba de un alerta, lo prudente era hacerlo más temprano y con instrucciones más claras para que diera tiempo de comunicar y organizar acciones, en las escuelas. 

– Se anunció la suspensión por 2 días de una vez, pero por la naturaleza del fenómeno, se pudo suspender por el primer día y luego decir que se extendería, en las zonas que hiciera falta.

– Se levantó la suspensión del segundo día, a última hora, como el primer anuncio, impidiendo, nuevamente, la comunicación en las escuelas. 

– Se debió mantener la suspensión de clases solamente en las zonas en las que, de acuerdo con el alerta, había riesgo de que pasara algo, incluyendo, como se pudo ver después,  zonas con calles inundadas que difucultaban o impedían la circulación.

Ésto en educación tiene un dato importante complementario, y es que las escuelas oficiales no tienen transporte público, por lo que docentes y estudiantes, van y vienen caminando.

– En su lugar, a última hora y a finales de la transmisión, se extendió, sin ninguna justificación, la suspensión de clases a todo el territorio. Eso fue un capricho y no responde a lo que debía ser un anuncio que, en el mejor de los casos, se basara en decisiones tomadas en serio y con sustento, antes de comenzar la transmisión. 

Dejo esta notas hasta aquí y más tarde las termino de afinar, corregir y completar.

¡Una de las peores experiencias de mi vida!

Ayer tuve una de las peores experiencias de mi vida, incluso, emocionalmente peor que las que viví, hace unos años, en plena quimioterapia.

Debo decir que hubo un par de antecedentes, hace unos días, pero no tan fuertes como el de ayer.

Y es que en Venezuela, todo se ha complicado y marginalizado.

Uno de los eventos previos, estuvo relacionado con el traslado, perdí horas para poder conseguir cómo trasladarme y que funcionara de forma efectiva, porque, entre otras, hay gente que cree que decir «sí» a una solicitud de viaje, a una hora determinada, se puede ajustar con «señora, ¿pero no puede ahora? porque yo tengo otro compromiso a las 11». Horas tratando de coordinar el traslado, sin poder hacer lo pendiente, para perder el viaje, porque el Señor decidió aceptar el trabajo, a pesar de que no podía. 

El otro evento previo, fue más grave. Pasé también horas, tratando de conseguir un laboratorio en el que hacerme unos exámenes adicionales.

Para estar en contexto, debo decir, que el día previo tuve cita médica y para poder comenzar el tratamiento, tenía que tomarme una muestra para hacerme unos exámenes de laboratorio. Por el nivel de agotamiento y la hora, lo que hice al salir de la consulta, no pudo incluir la investigación de la mañana siguiente.

A primera hora, y en ayunas por si era necesario, comencé a llamar. Los primeros laboratorios a los que llamé, eran los que me quedaban cerca. De los 4 exámenes que decía el récipe, había uno del que o no tenían idea, o no sabían qué era, porque la solución en esos casos, terminaba siendo «pero por qué no se hace éste (y decían el nombre de otro que les parecía útil, por la similitud de nombres). Como imaginarán, muy profesionales todas las respuestas.  Bueno, salvo la del laboratorio que dijo que no lo tenía. 

Sin embargo, en todos, en todos (lo reitero a propósito), me dijeron que tenía que estar en ayunas. Con ese dato y dada mi condición, no era opción hacerme 3 de 4, y esperar a conseguir dónde hacerme el cuarto otro día,  en ayunas, porque se atrasaba el inicio del tratamiento. Así que apelé por uno serio, que me queda lejos.

Cuando logré comunicarme, cosa que no es nada fácil, hablé con una persona seria que me dijo que esos 4 exámenes «NO eran en ayunas» y me dio el presupuesto. Así que desayuné, mientras coordinaba el traslado, resolví tener el dinero para pagar, medicamentos, traslado y exámenes, y me fui.

Llegué lentamente, le entregué el récipe al cajero y cuando iba a pagar, el monto superaba mucho, el que me habían dado. Mientras le explicaba al Sr que el presupuesto me lo habían dado ellos por teléfono, él me explicaba que,  para hacer uno de los exámenes, (el fulano examen que nadie conocía o tenía), me tenía que hacer 2 más. 

En ese momento,  si ya me sentía débil, el alma se me fue al piso, porque además de no haber llevado suficiente dinero para pagarlos, esos dos exámenes sí requerían ayuno. No se pueden imaginar el nivel de arrechera, decepción y desesperación que sentía. Tuve que sentarme a pensar y a coger fuerzas, porque estaba en riesgo el inicio de mi tratamiento, además de perder el viaje y tener que volver, al día siguiente en ayunas.

Mi motivo de indignación mayor,  era por qué no me habían dado la información correcta, si fui precisa con mis preguntas. Por cierto, lo que quería era llorar. No era posible que no se tomaran las cosas en serio y menos ellos, porque son uno de los mejores laboratorios. 

La única opción era insistir en que me explicaran por qué no me dieron la información correcta y dejar el reclamo, antes de irme. Así que en lo que salió alguien con bata de la sección donde se toman las muestras, lo llamé y le expliqué la situación preguntando por qué no me habían dado la información correcta. 

Para no hacer más largo este relato, porque aún falta lo sucedido ayer, les cuento que hablé con varias personas, algunas de las que, a su vez, consultaron con otras, porque la situación se debatía entre lo dicho por la persona que me dio el presupuesto y el cajero. Era un problema de «interpretación». Cuando llegaron a un acuerdo, la respuesta fue que la razón la tenía quien me había dado el presupuesto, por lo que no tenía ni que pagar exámenes adicionales, ni volver en ayunas. Un montón de tiempo y energía perdidos para llegar a lo mismo que incluyó otro entuerto, porque cuando entré para que me tomaran la muestra, hubo un retroceso y el ciclo, aunque más corto, se repitió.

Una vez hechos los exámenes, ya podía comenzar el tratamiento, así que aprovechando dónde estaba, fui caminando  a una sede de Locatel cercana, en la que me aplicaron la primera dosis, que ya había comprado, y me devolví a la casa tan agotada que no podía ni escribir este relato. No me cansaré de repetir que la gente de Locatel es gente seria y responsable. Muchas gracias.

Como las dosis de lo que me tengo que inyectar son, en esta primera fase, interdiarias, ayer me tocaba la segunda dosis. Bueno, adivinen. NO me la pude poner.

Comencé temprano a llamar a los sitios cercanos, a los que podía llegar caminando, porque tenía un problema técnico que me impedía pagar el traslado.

Este episodio duró todo el día. Los tres sitios más cercanos: uno cerró, en el otro no administran nada inyectado y el otro jamás contesta el teléfono ni los mensajes, tiene 3 números y cuentas en las redes sociales. También tiene 3 números para compra y envío de productos. De esos, uno siempre contesta, pero no tenía forma de averiguar si en la sede cercana, inyectaban. Una opción era ir caminando y preguntar, pero mi energía no me daba como para perder el viaje, así que preferí buscar otras opciones, antes.

De los 3 sitios no tan cercanos, pero a los que todavía podría ir caminando, uno tampoco administraba nada inyectado; el segundo que supuestamente es un servicio público, no me podía atender, porque no era un tratamiento referido por ellos. En ese caso, no había opciones porque ellos no incluyen ni hematólogos, ni oncólogos en su personal, así que nunca me podría referir alguien de su equipo. Claro, «si quiere señora, puede escribirnos por correo, para solicitar un presupuesto», a ver si la podemos atender. Un servicio público, que no atiende a todos los ciudadanos por igual.

En el tercero, la persona que me atendió me dijo, «sí señora, aquí se inyecta, entra dentro del programa llamado aplicación de medicamentos, pero es caro, cada inyección le sale por…» y cuando me dijo el monto, no lo podía creer, inyectarme una dosis me costaba 7 veces lo que cuesta la dosis. No lo acepté. Si llevo todo, incluyendo inyectadora, la aplicación, me costaba, por cierto, más cara que el kit de toma de muestras, en el laboratorio que incluye, enfermera, agujas, inyectadora y 3 tubos de ensayo. Eso es inaceptable. 

Así que busqué una opción adicional. Esa no me queda a una distancia a pie, fácil en estas condiciones, pero me dije, si funciona, voy y vengo despacito. Me metí en la página, solicité chatear con atención al cliente, me atendieron rápido, como siempre y pregunté con precisión si en Ia sede de mi zona, estaban inyectando y me dijeron que sí. Así que esperé que bajara un poco el sol y arranqué a caminar.

En el trayecto de ida, tuve que pararme 3 veces, afortunadamente, en dos de ellas me pude sentar (un banco y un murito). Cuando llegué a la farmacia, me fui directamente a donde inyectan, pregunté si podía esperar sentada y me dejaron usar una silla.

En la zona había un chico tomándole la tensión a un señor y cuando terminó, me preguntó si había ido a tomármela. Obviamente, le expliqué que no, que había ido a que me aplicaran una dosis de mi tratamiento y, oh sorpresa, me dijo que ellos ahí, «NO estaban inyectando».

Casi me da una vaina.

Le expliqué que había ido caminando, especificando el punto de partida para que tuviera idea del trayecto, y que había hecho ese esfuerzo porque ellos me habían dicho que, en esa sede, estaban prestando ese servicio. 

El chico muy amable y sin entender lo que había pasado, se ofreció a hablar con la «Doctora». La señora Doctora se acercó a explicarme que ella «no estaba autorizada» para aplicar inyecciones.  Que ella, solamente, aplicaba vacunas (*). Cosa que reiteró, después de escuchar 2 veces que ellos me habían dicho que podía ir a esa sede.

Pensando en Ia hora, en el trayecto de regreso y en qué estaba perdiendo la temporalidad del tratamiento, insistí, pero por su negativa, respiré profundo, y ante la cara de asombro del montón de clientes presentes, le menté la madre a la farmacia un par de veces, volví a respirar y salí caminando a la velocidad que mi fuerza e indignación-decepción, me lo permitía.

En el trayecto de regreso, que tuve que hacer más lentamente y con muchas más paradas, logré sentarme 5 veces gracias a que hay muros bajos en la zona y al banco de la parada de autobús que, afortunadamente, seguía vacío. 

Mientras estaba en mi antepenúltima sentada, a solo 3 cuadras de mi casa (las cuadras son largas), el murito en el que me senté un rato, quedaba en una esquina. Cuando cogí mínimo y me fijé en el carro que estaba parado frente a mí, vi que tenía el «sombrerito» de taxi, y sin ver, ni siquiera el nombre de la línea, me levanté, me acerqué y le pregunté al conductor ¿cuánto costaba el traslado hasta mi casa? Y el taxista me respondió «¿cuánto me da usted?» Y cuando vio mi cara de desconcierto, me dijo, «era para ayudarla señora». 

No podía salir de mi asombro. Si le estoy preguntando su tarifa, me la dice y yo decido si la pago o no. Es un servicio que estoy contratando, no un favor que estoy pidiendo. No importa la cara de agotamiento que tenga.

Como es obvio, seguí mi trayecto con sentadas para descansar y cuando llegué a mi casa, lo primero que hice, después de quitarme la mascarilla y desinfectarme, fue agarrar el teléfono y escribir a la farmacia. Tanto la chica del chat de atención al cliente, como la supervisora con la que solicité hablar por teléfono, fueron amables y tomaron mi reclamo. Por la hora, no había otras opciones viables. Una de ellas se ofreció a llamarme hoy para decirme en cuáles sedes, sí están aplicando inyecciones. 

Sin embargo, como el saldo de la jornada, además del agotamiento y la indignación, fue la pérdida de confianza y la interrupción del ritmo de mi tratamiento, creo que hoy voy a comenzar por resolver lo del traslado y a comunicarme con Locatel para ver en qué sede, no tan lejana, puedo ir a que me apliquen la inyección.

Por cierto, lo más triste, triste porque el resto es desconcertante e indignante, aunque no sorprendente, es que extraño los días en la que me iba caminando, ida y vuelta, desde Colinas de Bello Monte hasta las Torres del Silencio, a comprar unos mapas para mis trabajos en la universidad. 

Nota al margen: este país está culturalmente perdido, reconstruirlo pasa por muchas cosas, comenzando por las nociones de respeto, responsabilidad y ciudadanía. Quien no lo entienda, necesita revisarse.

(*) Imagino que las vacunas las aplica por telepatía, porque si no está autorizada a inyectar, no pude vacunar.

Una nota adicional: Obviamente, para las experiencias que han visto, o vivido, algunos, quizás esto que narro no les suene tan grave, pero en contraste con mi experiencia previa, cuando estaba en tratamiento por el LNH-CGB, hay un abismo en 3 cosas: conocimiento y manejo de información profesional, respeto al cliente y al paciente (incluyendo la derivada del conocimiento de lo que está viviendo), y responsabilidad en las acciones. Venezuela no se puede convertir en el país en el que los «buenos» dan «ayudaitas» y hacen favores.

Descontento como táctica de guerra

En este blog, y por razones obvias, he hablado de la estrategia de control del poder del chavismo, basada en tácticas de guerra.

Una de las jugadas más recurrentes, es provocar el enfrentamiento de opiniones entre organizaciones y personas opositoras, por el acceso a una gota (*) de poder, o por la capacidad de incidencia en la definición de agendas públicas, entre otras, todo lo que responda a la máxima «divide y vencerás».

También, en la lógica del divide y vencerás está el trato diferencial a la población. Éste como hemos visto, está relacionado a su vez, con la sumisión política como lógica de gobierno. Si eres miembro del partido de gobierno o activista, tienes acceso a la distribución de bienes, o «beneficios sociales», si no eres activista político, pero tienes el carnet, o asistes a las convocatorias, tienes acceso a los bienes y beneficios.

Se trata de entramados de privilegios y obligaciones sobre los que se ha construido el ejercicio y el control del poder, durante más de dos décadas. Un entramado de control hipercentralizado, apuntalado en la dispersión comunal, una versión de «lo pequeño es hermoso», porque diluye la capacidad de incidencia ciudadana en el centro del poder.

Obviamente, ésto que menciono es solamente una parte de las formas que toman las tácticas de guerra, en la dinámica cotidiana.

Hay otra parte del entramado que se relaciona con el uso del discurso y el manejo de la información.

En el discurso, hemos visto durante todo este tiempo, el uso de la provocación como táctica, no sólo la provocación de confrontación de opositores contra el oficialismo, sino de confrontación de opositores entre sí y de ciudadanos, más allá de su posición política, entre sí.

En este caso, la máxima que se podría aplicar, es «el enemigo de mi enemigo, es mi amigo» y lo es, porque mientras «el otro» esté en conflicto interno, es más difícil que construya espacios de unidad para hacer oposición organizada.

Cuando esa lógica, como la del control del poder por dilución de la capacidad de incidencia, se convierte en cotidiana, no sólo se afecta la capacidad de incidencia, sino la convivencia. Ves como enemigo, a todo el que tenga una condición de vida diferente, o un poco mejor que la tuya.

El manejo del discurso y la información, tiene diversas caras, desde la gestión propagandística que se usa con frecuencia para hacer de un evento puntual, como la reparación de la infraestructura de una escuela, la muestra de instrumentación exitosa de una política pública; pasando por la mención de un opositor en un discurso, o una cadena; la invitación de personas, líderes y organizaciones, con mención pública incluida, a actos oficiales o a reuniones; la asignación de responsabilidades públicamente a un tercero de su misma tolda, como si todos no formaran parte del mismo gobierno; y la asignación de culpas a terceros, incluyendo otros países, por la ineficiencia en la gestión.

Muchos datos y desinformación, para confundir y manipular, pero con el sesgo suficiente, como para alimentar la confrontación y discordia, que además, son difundidos de forma y con contenido diferenciado, usando medios oficiales, redes de radios comunitarias, reuniones comunitarias presenciales, y redes sociales con el apoyo de bots, entre otras.

Esta es una situación que no es fácil de manejar y superar, que además penetra en todos los ámbitos de nuestras vidas. Es difícil de manejar y superar si no se tiene clara consciencia de ella y de las diferentes formas que toma. Y es más difícil, si no se identifica el uso del «lenguaje de guerra» que evoluciona con el tiempo, así como el de figuras como la «guerra popular prolongada», incluida como parte de la política de Estado en varias ediciones del «Plan de la Patria».

Hoy, como casi todos los días, desde que los problemas con el servicio eléctrico se han convertido en intensamente cotidianos, vi un intercambio por twitter en el que una persona decía que en Caracas las personas se «asombraban» por los bajones, mientras que en varios estados, el racionamiento es salvaje.

Leyéndolo, me pensaba en diversas opciones:

– Se trata de un ciudadano arrecho, cansado, obstinado, pero con información parcial que cree que en Caracas la gente se «asombra» por un bajón.

– Se trata de un oficialista o de un bot del oficialismo tratando de sembrar cizaña.

– Se trata de alguien resentido por el trato diferencial entre regiones.

– Se trata de alguien que cree que en Caracas la gente no se preocupa y arrecha por las personas que viven en las regiones más afectadas por las fallas del servicio.

Mientras pensaba en opciones, entendía que cualquiera que fuera la explicación, tenía como trasfondo 2 cosas:

– la desesperanza aprendida, tamizada por la desarticulación de las organizaciones políticas opositoras y la dispersión del poder por comunalización, que hace muy cuesta arriba la organización para llevar a cabo acciones de protesta masivas y nacionales.

– la lógica de guerra que convierte a todo el que esté en condiciones diferentes, en enemigo.

Ambas, que tienen como origen las tácticas de guerra empleadas por el oficialismo desde el primer discurso de Chávez antes de llegar al poder, son condiciones de la sociedad venezolana que requieren nuestra atención inmediata y urgente, pero desde una perspectiva que nos permita ponerlas sobre la mesa, asumirlas, analizarlas y generar estrategias y acciones para desmontarlas y poder superarlas.

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(*) Sí, dije gota y no cuota, porque dado el estatus de control del poder del oficialismo, incluyendo los recursos, lo que logra cualquier opositor o adversario, es una gota.

¿Cómo va el «llamamiento» a la «normalización de clases» en Venezuela?

Este 1 de abril del 2022, la estimada profesora Luisa Pernalete, publicó un tuit con 3 preguntas sobre lo sucedido esta semana después de que el pasado 24 de marzo, Nicolás Maduro en un programa de televisión, anunciara el regreso a la «normalidad», en el sistema educativo en Venezuela. Aquí pueden ver el tuit:

Y para que tengamos fresco el origen, les recuerdo que en un programa trasmitido por VTV, el pasado 24 de marzo, Nicolás Maduro anunció la «normalización de las clases» en todo el sistema educativo a partir del siguiente lunes. Ese anuncio fue ratificado por la ministro Santaella, en una entrevista que le hicieron en VTV, precisamente el lunes 28 de marzo, en la mañana, cuando debía estar en curso, la medida.

Es importante señalar que, oficialmente ni el ministerio, ni ninguna otra instancia del Estado, publicó o comunicó información detallada sobre cómo se realizaría la mencionada «normalización», o cómo se lograría que en las escuelas las actividades fueran totalmente presenciales. Además, dada la situación de muchas escuelas, de los servicios básicos y del transporte público, así como de las condiciones de vida de muchos estudiantes y de los docentes, el ministerio debió avisar con suficiente anticipación que se aceleraría el regreso a clases solamente presenciales, para que cada escuela diseñara su plan y solicitara el financiamiento para ello, a las respectivas instancias del Estado, en el caso de las escuelas de dependencia oficial.

Por otra parte, hay que recordar que muchas escuelas requieren mantenimiento y recuperación de su infraestructura, así como garantizar el suministro de agua y el funcionamiento del sistema de aguas servidas para poder cumplir con las medidas de bioseguridad, pero especialmente, requieren espacio para poder cumplir con el distanciamiento social.

En este marco, las preguntas de Luisa me parecieron excelentes y oportunas para comenzar este mes, y a 4 días de la fecha en la que se debió poner en práctica el «llamamiento» a la «normalización» de clases.

Sin embargo, me parece propicio, hacer unos ajustes y agregar las siguientes:

  1. ¿Cuántos alumnos y docentes se reincorporaron, en cada escuela y sección?
  2. De ellos, ¿Cuántos asistieron todos los días?
  3. Los que asistieron, ¿cómo lo hicieron y a qué costo, en tiempo y en transporte?
  4. Los que no asistieron, ¿cuáles fueron las causas? ¿Fueron causas puntuales y con solución, o problemas de fondo sin solución inmediata?
  5. ¿Los docentes que no asistieron, tuvieron suplentes?
  6. En esos casos, con o sin suplentes ¿qué hicieron los estudiantes?
  7. ¿Los estudiantes que no asistieron, tenían luz e Internet y pudieron usar el Plan Cada Familia Una Escuela?
  8. ¿Los recursos del Plan Cada Familia Una Escuela y las clases presenciales, en cada caso, estaban ajustados para que los que no asistieron, pudieran avanzar de forma coordinada con los que sí asistieron?
  9. ¿Cuáles fueron las alternativas usadas, en cada caso por los docentes, para garantizar que los estudiantes que no pudieron asistir y no tenían luz e Internet, no perdieran clases?
  10. ¿Con qué recursos y tiempo, los docentes diseñaron y desarrollaron actividades a distancia?
  11. ¿En las escuelas, en las que corresponde, tuvieron el Programa de Alimentación Escolar o su equivalente, los 4 días? (Ojo, hoy ya podemos decir, los 5 días)
  12. ¿Los alimentos suministrados, en cada comida, fueron de calidad y cumplieron con las condiciones nutricionales de acuerdo con las edades de los estudiantes?
  13. ¿Había agua en las escuelas?
  14. ¿En las escuelas que están en zonas sin agua, cómo y quién la suministró y a qué costo?
  15. ¿El sistema de aguas servidas está funcionando en cada escuela?
  16. ¿Cómo hicieron para cumplir con el distanciamiento en las escuelas con aulas pequeñas, para tener distanciamiento por la cantidad de estudiantes?
  17. ¿Todos los estudiantes, docentes, personal administrativo y obrero, padres y representantes y ciudadanos que fueron a cada escuela, cada día, tenían Tapabocas adecuado y cumplieron con todas las medidas de bioseguridad?
  18. ¿Las instalaciones estaban limpias y desinfectadas?
  19. ¿Cuáles son las acciones para ubicar, censar, registrar y establecer y ejecutar un plan de recuperación y reingreso, adecuado a cada caso, para los estudiantes que no se reincorporaron a clases?
  20. ¿Cuáles son las acciones de reincorporación o contratación de nuevos docentes?
  21. ¿Quién está diseñando y cuándo se aplicará una evaluación nacional, censal, estandarizada, para todos los estudiantes de todas las escuelas del país, para conocer el estatus de la formación y poder diseñar un plan nacional, de recuperación y restauración de los aprendizajes?
  22. ¿Quién está diseñando y cuándo se aplicará evaluación a los docentes, para diseñar programas serios de actualización para todos, y de ampliación y ajuste de la formación, para los que tuvieron que formarse en las misiones?
  23. ¿Cómo se está manejando en cada escuela, el apoyo y asesoramiento a los chambistas que están ocupando cargos docentes?
  24. ¿En cuántas escuelas está completo el personal directivo?
  25. ¿Cuántos directores, subdirectores y coordinadores tienen la formación adecuada para ejercer sus funciones?
  26. ¿Quién está diseñando y cuándo se aplicará evaluación a los docentes con funciones y cargos directivos, para diseñar programas serios de actualización para todos, y de ampliación y ajuste de la formación, para los que llegaron al cargo, sin cumplir con los requisitos?
  27. ¿Cómo será el proceso de reconstrucción de la carrera docente, que debe comenzar respetando lo establecido en el Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente?
  28. Y la contratación colectiva, ¿cuándo se revisará, se ajustará a la naturaleza de cada sector y se aprobarán y restaurarán, los beneficios establecidos?
  29. ¿Cuándo se diseñará y desarrollará el censo con la evaluación de las condiciones de cada escuela y se planificará y ejecutará la dotación, mantenimiento, y reconstrucción cuando corresponda, de cada una de las escuelas oficiales?
  30. ¿Cuándo se reconstruirá el sistema de información del subsistema de educación básica, incluyendo la restauración de la data perdida, y se pondrá a disposición de la ciudadanía, públicamente, como corresponde?

Como ven, agregué unas preguntas al hilito preguntón que publiqué más temprano y puedo seguir porque en Venezuela sobran las preguntas y lo que falta son acciones de planificación y gestión serias, así como rendición de cuentas e información oportuna y veraz, que permita conocer el estatus de la garantía y ejercicio del Derecho a la Educación de calidad para todos sin discriminación.

Salvemos la Educación o #SalvemosLaEducación

Hoy, viernes 18 de marzo, Fe y Alegría en Venezuela, como parte de la conmemoración de sus 67 años de fundada, organizó la campaña «Salvemos la Educación».

(¿Sabían que van 67 años teniendo, como país, la fortuna de contar con escuelas de Fe y Alegría?)

Como era de esperarse, decidí unirme con algunos tuits, que les copio a continuación para que se vean en secuencia.

¿Ustedes saben que, en muchas partes del país, @FeyAlegriaVE llega con educación, a donde no llega el Estado? Hoy les sugiero seguir la etiqueta #SalvemosLaEducación y participar en esta campaña, porque la educación es un asunto de todos.

En #Venezuela la #EducaciónBásica (desde inicial a media) es obligatoria, por tanto, el Estado tiene la obligación (vlr) de garantizar que sea de calidad y que no haya ningún tipo de discriminación, ni desigualdades #SalvemosLaEducación

La #EducaciónBásica es obligatoria porque en ella se sientan las bases para el ejercicio de la ciudadanía y el disfrute de una vida plena. Debemos exigir que se garantice educación de calidad para todos. #SalvemosLaEducación

Las escuelas de @FeyAlegriaVE son instituciones Privadas Subvencionadas, lo que significa que dependen de los recursos del Estado para garantizar su funcionamiento. Exigir que la subvención garantice (vlr) presupuesto completo y oportuno es fundamental. #SalvemosLaEducación

¿Se han preguntado cómo una persona con analfabetismo funcional puede desarrollar una vida plena, tomar decisiones con información y ejercer su ciudadanía? ¿Cuánto afecta su calidad de vida? Como ciudadanos debemos exigir educación de calidad para todos #SalvemosLaEducación

El ejercicio del #DerechoALaEducación es indispensable para poder ejercer otros #DerechosHumanos, esa es otra razón por la que debemos exigir que se garantice educación de calidad para todos. #SalvemosLaEducación

La docencia es una profesión que requiere formación de calidad y actualización permanente, además, el tiempo de dedicación es mucho más que el horario de clases. Por ello se necesitan condiciones y salarios buenos y atractivos. #SalvemosLaEducación

Si un docente no sabe lo que tiene que enseñar, o no sabe cómo enseñarlo en el grado o año en el que le corresponda, no importa cuanta «vocación» tenga. Es por eso que debemos exigir formación y actualización permanente para nuestros docentes. #SalvemosLaEducación

Si un docente no se alimenta de forma nutricionalmente adecuada y no cuenta con transporte y condiciones para preparar e impartir sus clases, no importa la «vocación» que tenga. Por eso debemos exigir condiciones de contratación y trabajo para los docentes. #SalvemosLaEducación

De la formación profesional y de la calidad de vida de los docentes, así como de las condiciones de las escuelas en las que realizan su trabajo, depende la calidad de educación de cada ciudadano. #SalvemosLaEducación

La calidad de la educación de cada persona, incide y afecta tu calidad de vida directa o indirectamente. Es por eso que, como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de exigir educación de calidad para todos. #SalvemosLaEducación

¿Qué harías si compras ingredientes para hacer una torta o preparar pasta, el tratamiento que te recetó el médico y tienes dudas o un problema que resolver, pero no entiendes lo que dicen las instrucciones? Hasta en los pequeños detalles la educación importa
#SalvemosLaEducación

Y durante la pandemia, ¿quién facilita y acompaña la formación en casa de los estudiantes en cada familia? ¿Cómo hicieron y hacen los hogares en los que los adultos no tienen la formación para facilitar y acompañar? ¿Así se garantiza educación de calidad? #SalvemosLaEducación

Tanto en educación presencial, como en educación a distancia y en las modalidades combinadas, son fundamentales la formación y excelencia profesional de los docentes y la formación y el acompañamiento de la familia #SalvemosLaEducación

Aunque todo el mundo debería saberlo, las escuelas «nacionales» son propiedad del ministerio, las «estadales» y las «municipales», de las gobernaciones y alcaldías respectivas. Cada instancia está obligada a garantizar su presupuesto y condiciones #SalvemosLaEducación

¿Ustedes saben cuánto cuesta, en tiempo e inversión, mantener a una escuela en condiciones óptimas, tener equipamiento y recursos actualizados, y docentes formados profesionalmente y actualizados? No se garantiza con «gestos puntuales» #ModoPropaganda
#SalvemosLaEducación

¿Saben en cuántas escuelas oficiales se garantiza diaria y efectivamente, alimentación nutricionalmente adecuada y en cuántas no hay gas, ni neveras y lo que se suministra es inaceptable? Por cierto, el #DerechoALaInformación también hay que exigirlo #SalvemosLaEducación

Hablando del #DerechoALaInformación, ¿cuándo fue la última vez que se publicó la memoria y cuenta del Ministerio de Educación (en el 2015) y ¿cuándo se pudo consultar por ultima vez, públicamente el sistema de información de #EducaciónBásica? (en el 2010) #SalvemosLaEducación

Si como ciudadanos, no exigimos educación de calidad para todos, sin discriminación ni desigualdades, estamos permitiendo y contribuyendo, con el deterioro de la calidad de vida de todos.
Si queremos un país democrático, libre, próspero y productivo #SalvemosLaEducación

¿A esta hora, tienes una idea más clara de por qué es también tu responsabilidad exigir #EducaciónDeCalidad para todos sin ningún tipo de discriminación y de cuáles son las instancias responsables, así como lo que hay que garantizar? ¿Ya dices también #SalvemosLaEducación?

¡Son las 3 de la mañana!

Ayer, a las 5:58 pm, publiqué un tuit que decía:

¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!
¡Son las 3 de la mañana!

Era mi manera de expresar uno de mis más profundos deseos en estos días: caminar con paz y tranquilidad camino a casa (vlr), como hacía en tiempos universitarios, pero también, caminar con la tranquilidad y la seguridad de que no sería atropellada cruzando una calle, o contagiada a pesar de cuidarme tanto, estos dos años. Como verán, mis deseos suenan a una mezcla de los de una joven bonchona y rebelde, con los de una señora paranoica por su seguridad.

Pero para ponerlos en contexto, les cuento que hace como un mes, -sí, en pleno fin de año-, comencé a salir a caminar un rato, todas las tardes, por razones de salud. Probaba distintas horas, para ver si encontraba una, en la que no hubiera tanta densidad de gente que esquivar.

Después de muchos intentos, mi conclusión fue que como hay tanta gente que no cumple las medidas de bioseguridad, que si no fuera por el riesgo malandro, caminaría a las 3 de la mañana. Por eso, antes de salir ayer, decidí repetir, mental y tuiteramente, esa frase como mantra.

Les cuento, como dije en el hilo que publiqué al llegar, que casi lo logro. Pero mejor les dejo el hilito a continuación:

(1/6) Casi lo logro. Había menos gente, pero mucha más de la que habría a las 3 de la mañana. Mi primera sorpresa fue un señor que decidió no comerse el semáforo, cuando decidí cruzar porque me correspondía. Ese y la chica paseando la mascota, bolsa en mano, para recoger sus desechos.

(2/6) Pero hasta ahí el paraíso. La cantidad de gente con tapabocas en cuello, codo y mano, proporcionalmente era la misma. En este caso, la tercera sorpresa fue el chamo sin tapabocas (en ninguna parte ni de adorno), pero cerveza en mano, imagino que refrescando su viernes en la tarde.

(3/6) Luego me tocó el episodio en el semáforo loco, en el que funcionan todas las luces bien, pero por el que pasa mucha gente con hambre. En ese, mientras esperaba que cambiara la luz, vi a un señor esperando que todos los que impedían su paso, se la comieran. Pero lo cumbre, ¿fue?

(4/6) Cuando cambió y al tratar de cruzar, un carro dudando, decidió comérsela. La mujer al volante me miró con pena, pero el señor copiloto, casi se desgañita y se sale por la ventana, para gritarme «el semáforoooo» y me quedé esperando «nos lo estamos comiendoooo», como correspondía.

(5/6) El resto del trayecto estuvo, como de costumbre, con carros estacionados en las aceras, gente con tapabocas en el cuello. Y cuando estaba casi llegando, venía un chico haciendo gestos raros. Como venía sin tapabocas y como la acera es estrecha, baje a la calle para darle paso.

(6/6) Me miró extrañado, le hice un gesto para que entendiera que no tenía tapabocas y comenzó a decir, en el mismo tono de sus gestos, «fumao, fumao, fumao, fumao». En ese momento pensé que era la evidencia de que se me había cumplido el deseo de caminar a las 3 de la mañana.

Bueno, como verán, fue como un resumen del infierno venezolano en pandemia. Es impresionante la cantidad de gente que usa el tapabocas, literalmente, para taparse la boca, bueno, o la barbilla, el cuello, el codo y hasta la muñeca.

También es impresionante la cantidad de gente que no lo usa, como si no existiera riesgo. (Un señor que lo tenía en el cuello, cuando le pedí que se lo pusiera si íbamos a estar en el mismo espacio, me dijo que lo tenía así, porque «Dios protege»). Por cierto, entre los que no usan tapabocas con descaro, están los GN que entran a cualquier comercio, como Pedro por su casa.

Y ni se hable de la distancia. Todavía recuerdo el día que fui por mi primera vacuna y el que me tocó ir a un trámite en el SAIME, que tuve que hacer la cola en paralelo, para garantizar la distancia, bajo la mirada incrédula y cuestionadora de funcionarios y del resto de los que esperaban el turno.

Ah, los semáforos. ¿Alguien, en este país, recuerda lo que es un semáforo, para qué sirve y cómo se usa?

Además de la «anécdota» de ayer, vale la pena recordar el día en que estuve tratando de cruzar una calle en La Trinidad. Tuve que esperar que el semáforo se pusiera rojo 3 veces, para que coincidiera con que vinieran pocos carros y motos, y poder cruzar esquivándolos. Irrespetando semáforos los motorizados son los peores, les siguen camionetas nuevas y los camiones.

Pero ésto no es nuevo en Venezuela, ni es producto de la falta de gasolina o de la pandemia. Obviamente, ambas cosas pueden haberlo agravado, porque hace tiempo, había un chiste que decía:

¿Qué es un nano segundo? Y la respuesta era, el tiempo que pasa entre que el semáforo se ponga verde y el de atrás te toque la corneta.

Ahora, la respuesta sería, «el tiempo que pasa entre frenar para respetar el semáforo y que el de atrás te toque la corneta». Porque desde hace un tiempo, respetar el semáforo, se ha convertido en una afrenta.

Bueno, el semáforo, los cruces (que se usan en cualquier momento y dirección, quizás para ahorrar combustible, como piensa alguna gente) y también las aceras, que ahora se usan como espacios de estacionamiento, mientras se hace la visita o se conversa con el pana que te tropezaste por el camino. Para lo que no parecen estar destinadas, es para caminar.

Ese día, mientras esperaba uno de los cambios de semáforo, recordaba que la impunidad comienza por las pequeñas cosas. Comerse un semáforo parece irrelevante, pero no lo es. Cuando violar las normas se convierte en lo normal, por irrelevante, infringir la ley se convierte en lo cotidiano.

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Y una anécdota al margen: un día que salí muy temprano en la tarde, me crucé con un señor en situación de calle, se notaba que tenía mucho tiempo así.

Sólo vestía un pantalón, tenía barba y cabello largos y el cuerpo lleno de tierra. Pero llevaba en sus manos una caja con papeles, libros y cuadernos. La llevaba con él y si encontraba una hoja de papel en la acera, la recogía y guardaba en la caja.

La distancia necesaria

Una de las cosas que más extraño de mis tiempos universitarios, como estudiante, es la distancia necesaria.

No me refiero obviamente, a la que hay que guardar como parte de las medidas de bioseguridad, porque entonces no había pandemia, sino a la que hay que tener para conocer, analizar, argumentar y participar en conversaciones, discusiones y debates.

Incluso, un tiempo después, cuando Twitter comenzó a popularizarse en Venezuela, era común tener y leer intercambios y debates, con información y argumentos, con los que podías concordar o diferir, rebatir, ampliar o profundizar.

De un tiempo a esta parte, la norma es «decir lo que pienso», «lo que sé», aunque la base sea una reacción o una anécdota, además de calificar, insultar, suponer, e interpretar lo dicho por otro, o contextualizar las declaraciones y opiniones, con «lo que pienso», o «me parece». Todo es obvio, pero fundamentalmente, emocional.

Se confunde, analizar tomando en consideración el contexto, con suponer; informarse con leer lo primero que arroja una búsqueda en Internet; rebatir con insultar, así sea un insulto soterrado y elegante.

Escuchar, o leer al otro, para comprender lo que dice, implica tomar distancia, comenzando por tus emociones. Comprender por qué lo dice, en determinado momento, requiere información sobre motivación y contexto.

También se toma distancia para argumentar, para escoger las ideas adecuadas y construir la forma de expresarlas, de manera que lleguen tal como queremos que sean incorporadas en el debate.

Para poder debatir académica, política o cotidianamente, se requiere escuchar y argumentar y cuando se trata de hacerlo para construir acuerdos, incluso, identificar coincidencias y divergencias, es imprescindible la distancia, la de cada quien con sus emociones.

Eso es parte de la madurez, pero es algo que, al parecer, escasea en Venezuela, en muchos ámbitos, incluyendo el ejercicio de la ciudadanía.