Ayer tuve una de las peores experiencias de mi vida, incluso, emocionalmente peor que las que viví, hace unos años, en plena quimioterapia.
Debo decir que hubo un par de antecedentes, hace unos días, pero no tan fuertes como el de ayer.
Y es que en Venezuela, todo se ha complicado y marginalizado.
Uno de los eventos previos, estuvo relacionado con el traslado, perdí horas para poder conseguir cómo trasladarme y que funcionara de forma efectiva, porque, entre otras, hay gente que cree que decir «sí» a una solicitud de viaje, a una hora determinada, se puede ajustar con «señora, ¿pero no puede ahora? porque yo tengo otro compromiso a las 11». Horas tratando de coordinar el traslado, sin poder hacer lo pendiente, para perder el viaje, porque el Señor decidió aceptar el trabajo, a pesar de que no podía.
El otro evento previo, fue más grave. Pasé también horas, tratando de conseguir un laboratorio en el que hacerme unos exámenes adicionales.
Para estar en contexto, debo decir, que el día previo tuve cita médica y para poder comenzar el tratamiento, tenía que tomarme una muestra para hacerme unos exámenes de laboratorio. Por el nivel de agotamiento y la hora, lo que hice al salir de la consulta, no pudo incluir la investigación de la mañana siguiente.
A primera hora, y en ayunas por si era necesario, comencé a llamar. Los primeros laboratorios a los que llamé, eran los que me quedaban cerca. De los 4 exámenes que decía el récipe, había uno del que o no tenían idea, o no sabían qué era, porque la solución en esos casos, terminaba siendo «pero por qué no se hace éste (y decían el nombre de otro que les parecía útil, por la similitud de nombres). Como imaginarán, muy profesionales todas las respuestas. Bueno, salvo la del laboratorio que dijo que no lo tenía.
Sin embargo, en todos, en todos (lo reitero a propósito), me dijeron que tenía que estar en ayunas. Con ese dato y dada mi condición, no era opción hacerme 3 de 4, y esperar a conseguir dónde hacerme el cuarto otro día, en ayunas, porque se atrasaba el inicio del tratamiento. Así que apelé por uno serio, que me queda lejos.
Cuando logré comunicarme, cosa que no es nada fácil, hablé con una persona seria que me dijo que esos 4 exámenes «NO eran en ayunas» y me dio el presupuesto. Así que desayuné, mientras coordinaba el traslado, resolví tener el dinero para pagar, medicamentos, traslado y exámenes, y me fui.
Llegué lentamente, le entregué el récipe al cajero y cuando iba a pagar, el monto superaba mucho, el que me habían dado. Mientras le explicaba al Sr que el presupuesto me lo habían dado ellos por teléfono, él me explicaba que, para hacer uno de los exámenes, (el fulano examen que nadie conocía o tenía), me tenía que hacer 2 más.
En ese momento, si ya me sentía débil, el alma se me fue al piso, porque además de no haber llevado suficiente dinero para pagarlos, esos dos exámenes sí requerían ayuno. No se pueden imaginar el nivel de arrechera, decepción y desesperación que sentía. Tuve que sentarme a pensar y a coger fuerzas, porque estaba en riesgo el inicio de mi tratamiento, además de perder el viaje y tener que volver, al día siguiente en ayunas.
Mi motivo de indignación mayor, era por qué no me habían dado la información correcta, si fui precisa con mis preguntas. Por cierto, lo que quería era llorar. No era posible que no se tomaran las cosas en serio y menos ellos, porque son uno de los mejores laboratorios.
La única opción era insistir en que me explicaran por qué no me dieron la información correcta y dejar el reclamo, antes de irme. Así que en lo que salió alguien con bata de la sección donde se toman las muestras, lo llamé y le expliqué la situación preguntando por qué no me habían dado la información correcta.
Para no hacer más largo este relato, porque aún falta lo sucedido ayer, les cuento que hablé con varias personas, algunas de las que, a su vez, consultaron con otras, porque la situación se debatía entre lo dicho por la persona que me dio el presupuesto y el cajero. Era un problema de «interpretación». Cuando llegaron a un acuerdo, la respuesta fue que la razón la tenía quien me había dado el presupuesto, por lo que no tenía ni que pagar exámenes adicionales, ni volver en ayunas. Un montón de tiempo y energía perdidos para llegar a lo mismo que incluyó otro entuerto, porque cuando entré para que me tomaran la muestra, hubo un retroceso y el ciclo, aunque más corto, se repitió.
Una vez hechos los exámenes, ya podía comenzar el tratamiento, así que aprovechando dónde estaba, fui caminando a una sede de Locatel cercana, en la que me aplicaron la primera dosis, que ya había comprado, y me devolví a la casa tan agotada que no podía ni escribir este relato. No me cansaré de repetir que la gente de Locatel es gente seria y responsable. Muchas gracias.
Como las dosis de lo que me tengo que inyectar son, en esta primera fase, interdiarias, ayer me tocaba la segunda dosis. Bueno, adivinen. NO me la pude poner.
Comencé temprano a llamar a los sitios cercanos, a los que podía llegar caminando, porque tenía un problema técnico que me impedía pagar el traslado.
Este episodio duró todo el día. Los tres sitios más cercanos: uno cerró, en el otro no administran nada inyectado y el otro jamás contesta el teléfono ni los mensajes, tiene 3 números y cuentas en las redes sociales. También tiene 3 números para compra y envío de productos. De esos, uno siempre contesta, pero no tenía forma de averiguar si en la sede cercana, inyectaban. Una opción era ir caminando y preguntar, pero mi energía no me daba como para perder el viaje, así que preferí buscar otras opciones, antes.
De los 3 sitios no tan cercanos, pero a los que todavía podría ir caminando, uno tampoco administraba nada inyectado; el segundo que supuestamente es un servicio público, no me podía atender, porque no era un tratamiento referido por ellos. En ese caso, no había opciones porque ellos no incluyen ni hematólogos, ni oncólogos en su personal, así que nunca me podría referir alguien de su equipo. Claro, «si quiere señora, puede escribirnos por correo, para solicitar un presupuesto», a ver si la podemos atender. Un servicio público, que no atiende a todos los ciudadanos por igual.
En el tercero, la persona que me atendió me dijo, «sí señora, aquí se inyecta, entra dentro del programa llamado aplicación de medicamentos, pero es caro, cada inyección le sale por…» y cuando me dijo el monto, no lo podía creer, inyectarme una dosis me costaba 7 veces lo que cuesta la dosis. No lo acepté. Si llevo todo, incluyendo inyectadora, la aplicación, me costaba, por cierto, más cara que el kit de toma de muestras, en el laboratorio que incluye, enfermera, agujas, inyectadora y 3 tubos de ensayo. Eso es inaceptable.
Así que busqué una opción adicional. Esa no me queda a una distancia a pie, fácil en estas condiciones, pero me dije, si funciona, voy y vengo despacito. Me metí en la página, solicité chatear con atención al cliente, me atendieron rápido, como siempre y pregunté con precisión si en Ia sede de mi zona, estaban inyectando y me dijeron que sí. Así que esperé que bajara un poco el sol y arranqué a caminar.
En el trayecto de ida, tuve que pararme 3 veces, afortunadamente, en dos de ellas me pude sentar (un banco y un murito). Cuando llegué a la farmacia, me fui directamente a donde inyectan, pregunté si podía esperar sentada y me dejaron usar una silla.
En la zona había un chico tomándole la tensión a un señor y cuando terminó, me preguntó si había ido a tomármela. Obviamente, le expliqué que no, que había ido a que me aplicaran una dosis de mi tratamiento y, oh sorpresa, me dijo que ellos ahí, «NO estaban inyectando».
Casi me da una vaina.
Le expliqué que había ido caminando, especificando el punto de partida para que tuviera idea del trayecto, y que había hecho ese esfuerzo porque ellos me habían dicho que, en esa sede, estaban prestando ese servicio.
El chico muy amable y sin entender lo que había pasado, se ofreció a hablar con la «Doctora». La señora Doctora se acercó a explicarme que ella «no estaba autorizada» para aplicar inyecciones. Que ella, solamente, aplicaba vacunas (*). Cosa que reiteró, después de escuchar 2 veces que ellos me habían dicho que podía ir a esa sede.
Pensando en Ia hora, en el trayecto de regreso y en qué estaba perdiendo la temporalidad del tratamiento, insistí, pero por su negativa, respiré profundo, y ante la cara de asombro del montón de clientes presentes, le menté la madre a la farmacia un par de veces, volví a respirar y salí caminando a la velocidad que mi fuerza e indignación-decepción, me lo permitía.
En el trayecto de regreso, que tuve que hacer más lentamente y con muchas más paradas, logré sentarme 5 veces gracias a que hay muros bajos en la zona y al banco de la parada de autobús que, afortunadamente, seguía vacío.
Mientras estaba en mi antepenúltima sentada, a solo 3 cuadras de mi casa (las cuadras son largas), el murito en el que me senté un rato, quedaba en una esquina. Cuando cogí mínimo y me fijé en el carro que estaba parado frente a mí, vi que tenía el «sombrerito» de taxi, y sin ver, ni siquiera el nombre de la línea, me levanté, me acerqué y le pregunté al conductor ¿cuánto costaba el traslado hasta mi casa? Y el taxista me respondió «¿cuánto me da usted?» Y cuando vio mi cara de desconcierto, me dijo, «era para ayudarla señora».
No podía salir de mi asombro. Si le estoy preguntando su tarifa, me la dice y yo decido si la pago o no. Es un servicio que estoy contratando, no un favor que estoy pidiendo. No importa la cara de agotamiento que tenga.
Como es obvio, seguí mi trayecto con sentadas para descansar y cuando llegué a mi casa, lo primero que hice, después de quitarme la mascarilla y desinfectarme, fue agarrar el teléfono y escribir a la farmacia. Tanto la chica del chat de atención al cliente, como la supervisora con la que solicité hablar por teléfono, fueron amables y tomaron mi reclamo. Por la hora, no había otras opciones viables. Una de ellas se ofreció a llamarme hoy para decirme en cuáles sedes, sí están aplicando inyecciones.
Sin embargo, como el saldo de la jornada, además del agotamiento y la indignación, fue la pérdida de confianza y la interrupción del ritmo de mi tratamiento, creo que hoy voy a comenzar por resolver lo del traslado y a comunicarme con Locatel para ver en qué sede, no tan lejana, puedo ir a que me apliquen la inyección.
Por cierto, lo más triste, triste porque el resto es desconcertante e indignante, aunque no sorprendente, es que extraño los días en la que me iba caminando, ida y vuelta, desde Colinas de Bello Monte hasta las Torres del Silencio, a comprar unos mapas para mis trabajos en la universidad.
Nota al margen: este país está culturalmente perdido, reconstruirlo pasa por muchas cosas, comenzando por las nociones de respeto, responsabilidad y ciudadanía. Quien no lo entienda, necesita revisarse.
(*) Imagino que las vacunas las aplica por telepatía, porque si no está autorizada a inyectar, no pude vacunar.
Una nota adicional: Obviamente, para las experiencias que han visto, o vivido, algunos, quizás esto que narro no les suene tan grave, pero en contraste con mi experiencia previa, cuando estaba en tratamiento por el LNH-CGB, hay un abismo en 3 cosas: conocimiento y manejo de información profesional, respeto al cliente y al paciente (incluyendo la derivada del conocimiento de lo que está viviendo), y responsabilidad en las acciones. Venezuela no se puede convertir en el país en el que los «buenos» dan «ayudaitas» y hacen favores.